En el vértigo azul de una mirada

En el vértice azul de una mirada
María Ángeles Lonardi

 

 

La presentación será el próximo 20 de octubre en la Biblioteca Villaespesa a partir de las 19,30 h.   Habrá música para acompañar a la presentación.
El poema abre el libro y ganó el 1º Premio del Certamen Internacional de Cuento y Poesía «Luis B. Negreti», S.A.D.E.  (Sociedad Argentina de Escritores) de Buenos Aires Argentina, octubre de 2020.

 

 

Contraportada

Diez miradas le hicieron falta a Huidobro para descubrir la belleza entre un sueño y una catástrofe; Sabines buscó el rastro de una mirada en la sombra del agua y el eco de un suspiro; Cernuda, una mirada fugaz entre las sombras; Storni la perdió distraídamente sin volverla a encontrar; y Bécquer… Bécquer la intercambió por un mundo. ¿Cuánto vale una mirada en la poesía? María Ángeles Lonardi lo sabe bien. Por eso, los versos que componen En el vértigo azul de una mirada retoman esta imagen en un tiempo como el nuestro que demanda una mirada activa.

En estos versos Lonardi nos regala su mirada, generosa y honesta. Al igual que la de los poetas románticos, se dirige hacia adentro, se sumerge en las aguas más profundas, como diría Shelley en su «Endymion», pero también mira punzantemente al exterior, a la realidad social, y la denuncia sin tapujos. En este viaje a través de la mirada, Lonardi mira sin miedo y nos hace mirar con ella. Sin miedo.

Mirar es un acto de elección, ya lo decía Berger.

Si elegimos mirar con Lonardi nos veremos a nosotros y a nosotras mismas en los espejos de sus palabras pero también, como Alicia, los cruzaremos para ver qué hay al otro lado. Tal vez encontremos el abrazo que tanto anhelamos.

 Gerardo Rodríguez Salas

 

 

Mira desde su razón existencial, la observancia ancestral y, el tiempo de pandemia en que nos ahogamos infinitamente, sin ver el final de esos túneles de miedos individuales. Todo de vuelta, hasta encontrarse reblandeciendo el alma en los recuerdos. Busca el mapa de los recuerdos, sin hallar la llave que abre ese espacio secreto, y como quien se sumerge en lo profundo de un mar, busca las horas para entender este lapso, latido convulso del mundo, en la espera de que amaine la tormenta.

Ansía despertar ante un tiempo de paz, sin miedo al abrazo, al encuentro, a todo aquello que se nos prohibió por imposición de un invasor invisible y tras la ventana, ella, en su mirada enjaulada como la de todos en estos azarosos tiempos de muerte, sentencia a sí misma una renovación para el futuro, una energía mágica que desde ella a todos abarque.

Ivonne Sánchez Barea

 

María Ángeles Lonardi

 

Poeta, María Ángeles Lonardi

 

El vértigo azul de tu mirada

Detenida, la vida permanece
en el vértigo azul de tu mirada.
Se me escapan las fuerzas,
las palabras me faltan.
Creo que no he conocido
más dolorosa y salvaje intemperie,
como aquella que suele visitarme
cuando cierras los ojos
en frugal parpadeo.
Los versos nuevos son como los pájaros
que vuelan libres, luego,
cruzan todos los puentes
derrotando misterios
y dibujan el mapa del derroche.
Lo sé, miedo me da
esta avaricia con que ahora mido
procaz cada rizada hora sin ti.
Puede mi cuerpo torpe, ensimismado,
marchito, ya de vuelta
de locas travesías,
subyugarse con tu esencia y caer
en este y a cada instante. Confieso,
me faltan las palabras
para decir qué siento piel adentro.
El silencio de la noche es testigo
de este fiero tormento.
Dentro, cada latido es demasía,
es algarabía este parpadeo,
es ternura la luz y es este beso
nuevo perfil del sueño
del que no quiero despertar jamás.
Un remolino desconsiderado
me absorbe, me desviste
y se hace el epicentro,
el ojo oscuro, insolente huracán
por donde raudas huyen,
acotadas mis pobres esperanzas.
Aun mermadas mis posibilidades
me atrevo, trato de encontrar la clave
que descubra el misterio
del que tus ojos supieron hablarme.
Luego, me domina la incertidumbre,
cuando torpemente voy a buscarte.
Entonces me descubro vulnerable.
A pesar de saber de tu existencia,
es apenas un parpadeo tuyo
el que me hace caer
por el precipicio definitivo
y me sobra el universo todo.

©María Ángeles Lonardi

Del libro: “En el vértigo azul de una mirada”,

Editorial: Círculo Rojo, 2021.

 

 

María Ángeles Lonardi

Profesora, Poeta y Escritora

E-mail: lonardimaria@hotmail.com
Web: http://letras-sobre-papel.blogspot.com
https://www.aceandalucia.es
https://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/autores/maria-angeles-lonardi
https://www.facebook.com/mariaangeles.lonardi

Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I) y (II) y (III)

AUTOR:  JOSÉ ANTONIO SANTANO.

EL OLIVAR DE LA LUNA
 

..\» Bebe vino y besa a quien amas y deja reventar a los que te envidian\» ..   Ibn Quzman (Cancionero Andalusí)

 

Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)

 

Hoy, veintiocho de marzo de 2021, la poeta oriunda de Tetuán y almeriense de adopción Pilar Quirosa-Cheyrouze, cumpliría sesenta y cinco años. Hace ya dos de su muerte y hasta ahora no he podido escribir una sola línea sobre su vida y obra, aunque fueron muchos los días en los que algún detalle, un verso, un libro o un proyecto literario me la recordara. Después del tiempo transcurrido, una vez en calma y desde la quietud del duelo que siempre estará presente para quien la consideró una buena amiga y magnífica poeta, escribo este artículo. Con anterioridad hubo demasiados elementos extraños, circunstancias y conductas oportunistas que me alejaron del foco mismo de su temprana y sorpresiva muerte. Mi relación amistosa y literaria perduró más de veinte años, desde el mismo día y hora que decidí que mi residencia se estableciera en estas tierras, concretamente en Aguadulce (Roquetas de Mar) y compartiera mis libros de poesía con el público almeriense que así lo quiso y entre el que se halló siempre Pilar Quirosa-Cheyrouze, interesada y vigilante en todo cuanto sucedía culturalmente en su ciudad. No descubro nada si digo que Pilar Quirosa amaba la literatura en general y la poesía en particular, pero también cuidaba con esmero sus relaciones personales de amistad. Con ella el camino se hacía más llevadero, porque aunque sea difícil de aceptar, y siendo Almería una ciudad de provincias pequeña, los contubernios poéticos existían en aquellos años que le tocó vivir como presidenta del Ateneo, Jefa del Departamento de Literatura del Instituto de Estudios Almerienses (IEA) o como alma mater del Aula de Literatura del Ayuntamiento de Roquetas de Mar más tarde y que ahora, muy merecidamente, lleva su nombre a petición de las Asociaciones Andaluzas de Críticos Literarios y Colegial de Escritores. Se ha dicho hasta la saciedad que el principal pecado del español es la envidia, y mucho de ella hubo y hay todavía alrededor de los círculos literarios de la ciudad, cada uno por su lado y lejos de aunar esfuerzos, prevaleciendo así un egocentrismo incomprensible, decadente y empobrecedor a todas luces. Sin embargo, nunca vi en Pilar Quirosa atisbo de él, al contrario. A su personalidad y conocimientos literarios se acercaban tirios y troyanos, jóvenes y menos jóvenes, con la intención de medrar muchos y aprender pocos, aunque siempre estuvo predispuesta a ayudar a todos. Su abarcadora manera de entender el mundo fue parte de su excelencia personal y literaria, aunque algunos, casi siempre los mediocres, intentaran beneficiarse de su gran corazón, de su generosidad a raudales.

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)

 

Por aquellos primeros años de residencia en Almería destaco el hallazgo de un grupo de poetas que me acogió como si fuera uno más de ellos. Fue aquella una etapa literaria que nunca podré olvidar. Cómo podría hacerlo de Diego Granados, que visitaba en su casa de Albox y con quien conversé tanto de poesía; el más grande poeta almeriense que fuera y es pues nos legó su extensa y excelente obra, Julio Alfredo Egea, con quién tanto quise; Ana María Romero Yebra, por su cercanía y siempre ardiente ternura que tantas alegrías nos ha procurado con sus poemarios y cuentos infantiles; la poeta Pura López, quizá la más injustamente olvidada, con una obra de notoria calidad; mi buen amigo albojense José Antonio Sáez, al que siempre me unió su extraordinaria obra poética y del que siempre recordaré su prólogo a mi primer libro netamente almeriense Exilio en Caridemo y a la propia Pilar Quirosa con quien desde entonces y hasta el fatídico día de su muerte mantuve una sincera amistad y una complicidad literaria sin precedentes. Cómo olvidar tantos encuentros, conversaciones telefónicas sobre este o aquel proyecto, tal su inclusión en los Cuadernos de Caridemoque tuve el honor de dirigir y en los que participó con un estupendo trabajo titulado Palabras para Elisa y otros poemas, los viajes a la ciudad de Málaga durante siete años consecutivos como miembros del jurado del Premio Andalucía de la Crítica de novela y relato, las lecturas de su Aula de Literatura en Roquetas, las presentaciones de libros, sus magníficas reseñas críticas y tantos momentos vividos desde la más irreductible amistad.

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)



Es imposible olvidar lo que el corazón siente en cada latido, más aún cuando la meta es la misma a compartir desde la más generosa de las actitudes humanas: la amistad. Nunca hubo lugar para la desconfianza, para el desencuentro sino en nimias cuestiones siempre salvables. Pilar Quirosa ha dejado en la sociedad almeriense y en todos aquellos que tuvimos el placer de conocerla un gran vacío, una huella imborrable, que solo puede allanarse con la lectura de su obra, porque en ella está y estará siempre con nosotros lo mejor de la amiga, la poeta, la novelista, ensayista, cuentista y crítica Pilar Quirosa.

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)

 

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)



Hoy, 28 de marzo, nuestra querida amiga y excelsa escritora Pilar Quirosa cumpliría sesenta y cinco años, y aunque persista este duelo, no puedo sino recordar su limpia mirada, su voz enredándose a la vida en cada verso, en casa sílaba o palabra, como si en ellas una luz indescriptible se apoderara del mundo, su mundo que aún hoy late en cada ser, en cada paisaje, en todas los objetos, en cada sueño. Su voz en las aguas del mar en Tetuán, su amado Mediterráneo, en el desierto de Tabernas, en la Puerta de Purchena, en las calles y plazas de la ciudad de Almería, en la Avenida de Madrid, en el Castillo de Santa Ana en Roquetas, en las noches lluviosas de otoño, en la Biblioteca Villaespesa, en el silencio de cada aurora, como si todo siguiera igual y nunca hubiese muerto, porque nunca fallece quien con tanta intensidad amó y vivió la vida:

 

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)

 

 
 
 

Cuando decida el alba

prender la llama,

la noche se habrá colado

por esa abertura

que permanece intacta.

 

Por ese pasadizo inagotable

que frecuenta latidos de sal,

de bosques y templados horizontes

de mares y otros sueños.

 

Por esta única ventana, huésped

y desafío que la tarde te regala,

la tarde que se libera y te acompaña,

anuncio de otros días

que ya es cercana noche,

tacto y presencia,

el deseo de estar vivo.

 

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida (I)
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11 de abril de 2021
Pilar Quirosa o la celebración de la vida  (II)
José Antonio Santano


Concluía mi primera aproximación a la mujer y poeta Pilar Quirosa con los versos finales del poema “Moonligt”, perteneciente a su libro “Estela sur”, que en su día tuviera a bien dedicarme del literal siguiente: “A vosotros, José Antonio y María Isabel, mis amigos en este Sur, a vuestros hijos, Macarena y Javier y, especialmente a vuestro nieto, Juan, con las ramas abiertas hacia lo mejor del futuro, lleno de sensibilidad y esperanza. Un abrazo grande. Firma y fecha: Almería, 14/9/10”. De esto hace ahora once años. Pero la luz de su palabra sigue guiando a quien esto escribe, desde el amor por la poesía y la literatura como forma de vida y compromiso con la otredad, que siempre vivió en Pilar, en carne y alma, porque ella siempre me acompaña, nos acompaña en humano y solidario sentir. Cada día y cada noche que su recuerdo fluye por la estancia donde sigo componiendo versos y sueño, es más dolorosa su ausencia. Saber que ya no está entre nosotros es un duelo permanente que solo logro calmar con la lectura de sus libros, con la presencia de su palabra que ahora reposa sobre mi mesa en forma de tratados de verdadera amistad y compañerismo, por mucho que en ocasiones hubiera las discrepancias propias de seres diferentes, pero respetuosos con el pensamiento individual de cada uno.

 

 

Estela Sur
Pilar Quirosa y el amor a la literatura

 

Ya en el prólogo de este libro, “Estela sur”, realizado por el gran poeta y escritor granadino Fernando de Villena, se reivindica la personalidad poética de Pilar Quirosa, su estética y su estilística, al escribirse: “Estremece la lectura de estos poemas tan llenos de dolor y tan sinceros que son como quejas susurradas al aire o como tímidos alegatos contra el olvido. Para Pilar Quirosa el amor lo llena todo de sentido y su ausencia le hace andar vacilante como desterrada de las delicias de este mundo”. Fernando de Villena dice bien porque mucho es su conocimiento sobre la realidad poética española, sabe de lo bueno y lo malo, como pueden ser ciertas conductas reprochables en los saraos poéticos, pero también de la autenticidad y calidad de la poesía que se escribe no sólo en Andalucía, sino en toda España. De ahí que escriba, con toda sinceridad e imparcialidad que en “Estela sur” existe “un vitalismo, una captación sensorial de la realidad y una profunda emoción de la naturaleza: del mar y de los campos, pero todo ello siempre puesto en relación con el amor y la nostalgia”. Es evidente que conoce bien la poesía de Pilar Quirosa, los elementos esenciales que la constituyen y que hacen de ella una poeta cabal, de un humanismo cierto y una manera de entender el universo con tal clarividencia, que acercarse a sus textos poéticos nos depara una extraordinaria sensación de plenitud, de goce absoluto. Esta es la diferencia que marca a unos poetas de otros. La esencialidad estriba en la comprensión del mundo que te rodea y la expresión de ese mundo con la herramienta precisa que es el lenguaje, y ambas cosas, por fortuna, pertenecían al campo creativo de nuestra poeta Pilar Quirosa.

Hay quienes piensan y así lo han demostrado que con una simple compilación de sus poemas la deuda queda zanjada. Pero esto no es así. Hay que adentrarse en cada uno de sus libros con tal pasión que todos, sin exclusión, se han de reproducir en los volúmenes que sean necesarios, y con el estudio crítico o preliminar de todos y cada uno de ellos y de los géneros literarios tratados, para general conocimiento no solo de la sociedad almeriense, sino de la andaluza y española. Es un deber y una responsabilidad ineludible conquistar el espacio de la esencialidad de su universo literario desde todas las perspectivas posibles. Esta, lógicamente es una tarea ardua, y quizá por ese mismo hecho, se haya rechazado haber hecho realidad la edición de toda su obra literaria, pero solo estaremos parcheando si no somos capaces de concentrar todo el esfuerzo y trabajo necesario en pro de este proyecto, a todas luces, abarcador. En parte, este es mi propósito con estas reseñas puntuales, por entender que toda su vida Pilar Quirosa se consagró a la difusión de la cultura en general y de la literatura en particular. No podemos dejar que su excelente legado quede compensado con unas breves notas biobibliográficas, ajenas a la reflexión profunda sobre su extensa y magnífica obra literaria, interrumpida por su temprana muerte. Pilar Quirosa, como persona y como escritora versátil nos dio mucho más de lo que posiblemente le dimos, y aún hoy, tras su repentina muerte todavía nos ofrece el legado de su obra. Entiendo, pues, que es de justicia propagar y difundir su literatura, que es como decir, su manera de entender la vida. La cita de Plutarco que abre el poemario “Estela sur”, podría definir todo su contenido: “Tienes que vivir y no sólo existir”. Y así lo demostró nuestra poeta a cuantos tuvimos la suerte de conocerla. Para Pilar Quirosa escribir lo era todo: “Escribo de nuevo, / a golpe de lluvia / y de silencios”, de tal manera que en estos versos los símbolos que representan “la lluvia” y “los silencios” son pura esencia existencial que nos permiten conocer no solo a la poeta sino al ser humano que la alienta.

 

 

Julio Alfredo Egea
Pilar Quirosa con el amigo poeta Julio Alfredo Egea

 

 

Celebremos, pues, la vida 

al abrigo de la piel,

con el temblor de una hoja.

 

son versos que ya desde el título de estas reseñas por entregas se justifican: “Pilar Quirosa o la celebración de la vida”. Y es que en nuestra poeta no había mayor ni mejor celebración que “vivir” (carpe diem) a tope cada segundo, con la esperanza puesta en el siguiente, y así sucesivamente hasta el fin de los días.

La poesía de Pilar Quirosa goza de una mediterraneidad absoluta. Nacida en Tetuán y residente en Almería hasta su fallecimiento, el mar es su casa y su refugio, en sus olas se adormece y transporta hasta alcanzar la cima de la luz y la palabra, y en ella encontramos por momentos:

 

La misma calle, 

el mismo mar,

y, a dos pasos,

nuestra intensa geografía,

azul llanto

en el lenguaje de los sueños.

 

Los sueños que desde su Avenida de Madrid alcanza a ver en el firmamento cubierto de estrellas esplendentes. Así la vida se impone a todo y en esa realidad su voz se alza y se aposenta en los misterios del cosmos, porque siempre una luz delata el horizonte al que nunca puede renunciar quien tanto ama, aún gritando por el dolor que acrece en su mirada hacia el pasado, sea “Auschwitz”:

 

Caen las hojas de un calendario cruel,

sonidos de besos marchitados, sombras

de tantas noches de insomnio, tantos

ecos desatados en la Historia, abrazados

a la vergüenza humana.

¡Madre!, aún escucho tu llanto. ¡Madre!

 

o sea “Guernica”:

 

Duele el corazón al acecho

de las sombras inclementes. Duele

la ausencia de cordura en la piel

de los hombres.

Duele el recuerdo de ese árbol

imposible, de sabia abierta a la luz.

 

El lamento, sí, el grito picassiano

y el llanto.

 

Y la sangre derramada.

Y el coraje, todavía,

de sentirse vivo”.

 

Es el dolor humano después de haber sentido la desolación y el miedo a la oscuridad, al odio acrecentado en los corazones, la tiranía y el oprobio como formas indignas de vivir, y por ello, la poeta se rebela y se duele, porque el dolor también es una manera de saberse vivo, lo suficientemente vivo como para censurarlo en un único y aterrador grito, que no es sino la palabra poética en todo su esplendor.

 

 

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa

 

 

Claro que sí, la vida, su celebración sin condiciones. Y de eso sabía mucho Pilar Quirosa. Y el amor como pilar fundamental de la existencia. Nada más emocionante y bello que sentir el corazón abrirse de par en par a la otredad, a la entrega libre y desnuda de cuanto adentro se ha cultivado para ser compartido. Y sin embargo, qué poco ha recibido por su creciente y generosa renuncia del “yo” en pro del “nosotros”, si acaso un librito conformado por las prisas y el oportunismo incomprensible de una institución, de la que, para más inri, llegó a ser Jefa de Departamento de Literatura. Toda una vida dedicada a los demás pagada con unas migajas si nos atenemos a su amplia obra. Pero tal vez, no convenga detenerse en cuestión tan baladí, y sí, continuar con lo verdaderamente importante: su legado poético, objeto de estas líneas.

Podríamos preguntarnos por qué este aparente comienzo anacrónico, y la verdad es que no sabría decir su verdadero motivo. Tampoco considero que sea ilustrativo dilucidar en este momento los por qués de esta aventura literaria respecto a la obra poética, en principio, de una de las voces femeninas más interesantes de la poesía contemporánea española, porque, y de eso estoy convencido, de no haber sido por muerte tan repentina, Pilar Quirosa-Cheyrouze hubiese ocupado un lugar destacado en el panorama de la poesía del nuevo siglo.

Su libro “Estela sur” es un ejemplo de lo dicho. En él confluyen los elementos esenciales y los recursos estilísticos propios de una voz que, a medida que crecía y creaba su propio universo, más brillaba por su lenguaje y su permanente dedicación a expresar lingüística y semánticamente la autenticidad poética de sus textos: “Esta noche, de nuevo / se abren las puertas del mar”. El mar como paraíso existencial, el paisaje por excelencia de su poesía y la soledad como cómplice de una rutina que no impide, todo lo contrario, agrandar el acto mismo de la creación:

 

De su mano, el mar

—¿recuerdas— era sonido y paz,

lecho de algas y aliento.

El mar y el oleaje,

intenso atisbo de luz

para los ojos del niño

que contaba las estrellas.

(…)

Azul intenso, en el nombre

de la vida, pequeñas manos

agarradas al mayor de los universos.

 

Y en la arena, aquellas huellas,

aquellos primeros pasos,

recorridos junto al vuelo de su falda,

abriendo ventanas al mundo.

 

La poesía como esencia misma de la cotidianidad, el júbilo de la existencia en los detalles más nimios, en las cosas sencillas, en la descarnada realidad de la materia y la secreta luminosidad de lo invisible, de lo espiritual o de la mística de los días que nos conforman, en perfecta comunión con la naturaleza, con amorosa pasión y ternura, donde de nuevo el corazón abre sus ventanas de par en par:

 

Hay horas que parecen las últimas,

llenas de momentos insomnes,

donde se intuye el azul de las riberas

y el verde ardiente de los pinos

que descienden, plácidamente,

hasta la orilla.

 

Y hay muros insondables,

montes de cristal que injertan

parcelas de cielo aristadas,

que moldean la mañana

con tempestades de besos,

que peinan la distancia

varando una caricia.

 

Y, sin descanso, costea mi frente el mar.

 

 

Pilar Quirosa
Pilar Quirosa o la celebración de la vida  (II)
 

 

Es la mar vértigo y temblor de la mirada que observa el horizonte siempre en la esperanza de alcanzar la otra orilla, sus arenas y sus gentes, como un continuo eco que se adentra en las entrañas y la carne, en el alma y el sueño de la poeta, que no deja de bregar con la palabra y su último sentido y configurar así una verdad —su verdad—, que siempre cuidó con sabio y denodado esmero. En la luz mediterránea se conformó toda su poética y a ese mar de azules infinitos se debe y se entrega sin ningún tipo de condiciones, desnuda y libre, ligera de equipaje, como diría Machado. Todo en él, el Mediterráneo, los colores, la luz, los sonidos, los aromas y, sobre todo, sus silencios marcan la aventura creativa de Pilar Quirosa, y con ella, una nueva forma de expresión poética, una manera de ser, en la diferencia y la pluralidad, más poeta si cabe, más humana:

 

Conservo el recuerdo de un mar antiguo

que desciende hasta la orilla

y es clamor de algas y de arena.

(…)

Desde tiempos ancestrales,

donde caben los días

y se aposentan todos los instantes

que nos hablan de otras noches

henchidas de juegos y plenilunios.

 

De siluetas y de olor a salitre

en aquellos muelles que acompañaban

al fulgor de las estrellas.

(…)

Tras la ventana, hay constancia,

esta noche se precipitan las cenizas del tiempo.

 

El tiempo fluye por doquier y apresa los instantes para luego recordarlo en su fiera intensidad, esa que la palabra provoca a la luz de la estrellada noche o en el silencio que tras el ventanal recorre la alcoba y el alma de la poeta. Ahí está, siempre atenta a las señales, a los símbolos y a la historia humana que proclama en sus versos de arte mayor unas veces y de menor otras, a la gramática o la sintaxis según considere el tono o el matiz a resaltar en su escritura, en un juego de espejos metapoéticos que nos acercan al verdadero valor de su poética:

 

Cómo escribir un poema

que se deslinde de la nostalgia,

que desconvoque, para siempre,

la plasmación de la herida

y se haga fuerte, y raudo y vital

para la supervivencia.

 

Cómo gritar a los imperativos

que se desglose en pretéritos

imperfectos pero humanos,

que no tiemblen ante la mansa caída

de las hojas del castaño,

que sean lava y, al mismo tiempo,

compás de espera, página abierta,

ternura y remanso.

 

Cómo barajar el efímero tiempo,

el reloj derrotado por el paso de las horas,

el dolor que crece y se retuerce

en meandros, cómo escribir un poema.

(…)

Cómo escribir un poema

esperando el regreso de la luz,

la única estancia habitada.

 

Así en su estancia, paisaje interior y en los otros donde la vida se reactiva con cada primavera, Pilar Quirosa supo ser luz y perfume del día a pesar de tanta oscuridad, de tanto infierno enmascarado y tanto agravio consentido por la mediocridad reinante. Pero su mayor virtud fue siempre su amorosa entrega a la vida, que no es sino decir a la literatura, y a su entorno tanto familiar como amical. Nada se interpuso en ese camino elegido libremente y libremente frecuentado a lo largo de los años:

 

No he conocido

más instantes

que el placer de la palabra,

ese puente levadizo

tendido hacia el abrazo.

 

Es el tiempo y la memoria en la poesía de Pilar Quirosa inseparable de la realidad. En ella siempre el aliento de un renacer constante y permanente, capaz de eternizarse en el rumor del mar que vive tan cercano.

 

Por razones obvias

hoy renazco al ritmo de las olas,

donde se balancean los días,

y la tarde es un vuelo

de infinitos signos, reclamados

por la inercia del mar,

donde la soledad

es espejo y es quietud,

y, también, lo es,

poso de nostalgia.

 

Hibernar la noche
Pilar Quirosa o la celebración de la vida  (II)

La vida es tránsito, soledad abarcadora de silencios y emociones, espíritu y latido. Por eso la poeta quería “Hibernar otra noche / para rescatar los sueños”. Y mi deseo no es otro que Pilar Quirosa viva para siempre en la luz de la palabra, nunca en el olvido.

 
 
 
Pilar Quirosa o la celebración de la vida  (III)
 
 

Retomo la lectura de la obra poética de Pilar Quirosa con el libro “Et signa erunt”, que en su traducción viene a decir algo así como “Y las señales son”, publicado por el Ayuntamiento de Málaga en su, desgraciadamente desaparecida, colección “Ancha del Carmen”, título tomado en recuerdo de uno de los lugares más castizos o emblemáticos de dicha ciudad. El poemario vio la luz en el año 2008, siendo director de la colección el también poeta y presidente, por aquellos días, de la Asociación Colegial de Escritores, Sección Autónoma de Andalucía José García Pérez. En este poemario la poeta atiende o interioriza, podríamos decir, desde la continua observación de todo cuanto a su derredor existe y se manifiesta, las señales, las huellas o signos que se muestran en su desnudez absoluta y en el marco de lo cotidiano. Pilar Quirosa bebe de la tradición lírica española más sustanciosa para crear su propio universo poético, por ello, ahonda en la nada para alcanzar lo absoluto. Su capacidad para la creación es relevante, de ahí que el legado que nos ha dejado sea extraordinariamente valioso. Nada ni nadie podrá impedir que después de su inesperada muerte, su obra sea divulgada como se merece, por derecho propio, por haber conquistado con su verso limpio y cristalino un lugar destacado en el panorama de la poesía española contemporánea, como también andaluza. Sabía bien Pilar de los muchos obstáculos que se cruzan en el camino, tanto por ser poeta como mujer, pero todos los salvó con la serenidad que la caracterizaba. En “Et signa erunt” nuestra poeta se nos muestra así. La madurez adquirida a través de los años va calando hondo y permite a Pilar trascender la realidad que vive para transformarla en otra bien distinta, o, cuando menos, más acorde con su mirada. Es esa mirada abarcadora de todo cuanto vive y se desvive en el interior del sujeto poético lo que muta o varía, lo que le hace proceder de un modo u otro, con el convencimiento de que el resultado final será una nueva forma, un nuevo ser, un nuevo espacio o un nuevo universo, y que podría resumirse en este verso: “En la mística del silencio”.

En la presente obra, “Et signa erunt”, son muchos los silencios sugeridos, aquellos que mantienen firme sus convicciones de mujer y de poeta, tanto por su manera de amar y sentir, como por su ética y estética, de quien actúa sin limitaciones, enteramente libre. De ahí que la simbología y sus incursiones a las diferentes realidades existentes en su mundo interior nos guíen por lugares misteriosos y mágicos, segura de que solo así, los lectores hallarán matices y sensaciones nunca antes vividas. Es como un viaje sin destino preciso, pero a sabiendas que será un viaje apasionante.

“Et signa erunt” es una prueba más del buen hacer de Pilar Quirosa-Cheyrouze. El libro está constituido por tres partes que ya en sí mismas definen o aproximan al lector a la verdad poética de su autora. Precede a dichas partes constitutivas del contenido una dedicatoria expresa a Estela Carles, amiga de la infancia en Tetuán, hecho que nos aporta la consideración que para la poeta tiene la amistad y la infancia, ese inolvidable tiempo vivido en su ciudad natal: primeras relaciones y juegos, sentires y miradas junto al mar Mediterráneo y su inabarcable azul. Por ello, y en este sentido, la primera parte del libro llevará por título “Alfa” (Los días oscuros), que iniciará con una cita de nuestro olvidado Nobel Vicente Aleixandre:

“He nacido una noche de verano /

entre dos pausas. Háblame: te escucho”.

Nacer a la vida, que no es sino celebración, como siempre lo fue para Pilar Quirosa. Vivir desde principio a fin, sin importar el tiempo, sino en la armonía del cosmos; mirar a las estrellas, en todo lo creado allí a lo lejos, en la oscuridad del firmamento o una noche de verano; y escuchar lo que se habla, lo que se cuenta a la luz de esas noches estrelladas y de luna. Todo en un único universo, creado y recreado una vez y otra en la fantasía infantil, en la serena paz del silencio que brama tras la hora del sueño. Navegar por del mundo a la búsqueda siempre del amor, que nos contiene y es ofrenda siempre, porque su verdad es una. Porque para Pilar Quirosa el amor es lo que mueve el mundo:

Lo que mueve el mundo

viene dado mucho antes

de la cuenta atrás,

en juego último y necesario.

No lo dudes, amor:

lo que mueve el mundo

es el amplio espacio de tu nombre.

El mundo está en todos y cada uno de nosotros, en aquellos árboles del camino, en las aguas verdosas de un río, en las formas misteriosas de las montañas, en la mirada que descubre el horizonte al límite, en el vuelo de las aves. La noche y el silencio que habita al silencio permite a la poeta contener los asombros en la mirada siempre limpia del universo, del cielo que nunca decepciona, el juego de los gestos y los signos que descubre a medida que vive, que siente el agradable temblor de la palabra anidando la memoria. Mirar para dejar la justa señal de lo vivido, la luz del cuerpo amado ofreciéndose en su esencia:

Las miradas marcan

el territorio de la noche

y atraviesa el cielo de agosto

una lluvia de Perseidas.

El tiempo fluye por el solar de la memoria, es un tiempo necesario por soñado y vivido en aquellas noches de verano, y conformación luego de los años en esa especie de limbo que nos avisa y nos reclama la vida en soledad que la lejanía impone:

Amanece hoy

y tanta vida

se diluye ante mis ojos.

Este sol que no se apaga,

la marea oculta

y tus brazos en equilibrio.

Tanta soledad impresa.

Quirosa se recrea en la noche y el amor que la soledad recuerda si miras al instante el estrellado cielo del estío que nos deslumbra y ciega, como si solo existiera la luciérnaga viva del amor en todas las cosas del mundo. No se puede vivir de espaldas a la vida, a lo que nos alegra como a lo que nos entristece, porque lo uno y lo otro forma parte de ella, y Pilar Quirosa, la poeta y la mujer bien lo sabe, por conocimiento y por vivido. En esa diatriba el tiempo se rebela y actúa como señal de destino:

En estas horas, hoy,

sólo quería el roce de tu mano

y olvidar la perenne amenaza

del destino.

¿Es una amenaza, realmente, el destino? Piensa la poeta que en ese laberinto que se supone es el mundo, corre peligro, porque el tiempo es pura soledad, el vacío que muestra sus fauces cada noche. ¿Y el sueño, el deseo de ser y conquistar otros espacios, otro tiempo de luz y armonía, dónde encontrarlo? La respuesta no puede ser sino el amor, y hasta ese amor vuela en las alas del verso, en la ardentía de la palabra creando mundos distintos y armoniosos. Es el amor la única salida en la oscura y calma noche, cercana a los lugares que ama, a la mar de su infancia, de su vida:

Abrazas, amor,

pequeñas estelas de tiempo.

La noche en Aguadulce

y este espacio de noviembre,

despertando a la mirada.

Aquellas luces primeras

—relájate y confía en la sabiduría

del mar— allá a lo lejos,

hoy tan cerca, hora breve,

largos días,

intuyendo el horizonte.

El mar de Aguadulce, tan cercana a su ciudad de Almería, su Avda. Madrid donde los días transcurren en candente soledad, amasando sueños en su salón de siempre, allí donde recibe a los amigos o enseña a los adolescentes, allí, tan cerca y tan lejos de las pasiones; observadora tras la cristalera de cuanto acontece y sueña. En su cotidiana existencia se aferra a los símbolos, a las señales o signos que la vida pone en su camino, esperando hallar la luz en cada esquina, en calles y plazas, en la mar que aroma de algas y salitre la vida:

Somete la sinrazón a la duda.

Y regresa luego, despacio,

sin detenerte.

Es el juego de la existencia.

Et signa erunt.

Las señales que son, todas en una misma voz. Voz del tiempo y la memoria en la luminosa palabra, amorosa, solidaria y humana, por no ser ajena al dolor y las penurias del mundo. Una voz alarmada por los acontecimientos:

Ahí van los Señores de la Guerra.

Van bebiendo de sus acres sabores

en chamuscadas derrotas.

Y se lavan el honor y la honra

desde su condición ofídica.

tu abrazo inesperado.

Acontecimientos que pueden concretarse en uno, tal fue el 11-M, cuando dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York, con el resultado terrible de cientos y cientos de muertos, unos presos del fuego y otros de la desesperación al saltar desde las ventanas de los rascacielos al vacío. De nuevo la sangre y los cipreses como símbolos de la muerte, como verdaderos Jinetes del Apocalipsis. Todo parecía sucumbir, el mundo entero estaba en inminente peligro a causa de los fundamentalismos existentes, del terror sin más. Por ello la poeta se siente perdida en su soledad cotidiana, e impotente, no puede sino dolerse de todo cuanto sucede en el mundo, al pueblo americano, que es ahora también su pueblo y sus moradores sus hermanos. Ese amor fraternal anida en su corazón y en su pensamiento, no es ajena al dolor del “otro”, y de ahí que quiera reflejarlo en versos tales como:

Me está doliendo la herida

abierta del corazón

de la tierra,

la memoria brutalmente

detenida, el dolor

del silencio.

Me duele la sinrazón

de este tiempo inclemente,

las horas amputadas a la vida,

la angustia, el desamparo.

Y sentencia la poeta:

“Me duele este once de marzo, /

nacido desde el temblor de la Historia,

/ en los andenes de la cercana primavera”.

Así su mirada que es un abrazo fraterno al “otro”, al que muere y al que sufre, al que nunca más volverá a ser el mismo. Es la emoción trascendida, el corazón abierto para refugio del dolor lo que cuenta, por muchos que sean los cuerpos sepultados entre los escombros para mirar los cuerpos fantasmales, bañados de ceniza, alquitranados…Es esa mirada de poeta sabedor de su lugar en el mundo, de su canto y los silencios. En ese estar también acoge el verdadero significado de la amistad, tan enriquecedora, como legado del saber en el otro, aun distinto pero cercano en la propia concepción de un mundo afable. Por ello recuerda al poeta cordobés Vicente Núñez, seguramente asido a una copa de vino en su taberna de siempre, “El Tuta”, en la plaza Octogonal de la cordobesa Aguilar de la Frontera, y así lo cita como “voz alada en sentimiento”, y escribe estos versos correspondientes a “Poema último”:

Y al contacto

del lenguaje y de sus signos

navegamos —fieles, siempre—

por nuestra intensa memoria.

Acercados al misterio,

prolongamos el discurso

definitivo del ser último

que se atrevió a redimirnos,

inundado de atardeceres,

más allá de la partida.

No pierde ocasión Pilar Quirosa para mostrar su mediterraneidad como incansable navegante, sea por los múltiples vericuetos de la vida (“Navegábamos / por el sendero de la Historia”), porque en ese trance la Historia siempre “plena de signos y de infinitas sombras”, vislumbra el solar de la memoria y todo lo pretérito es trascendido a una realidad presente, y, a veces, también futura.

La segunda parte del libro se acoge al título Épsilon (Los ritos olvidados), precedida por una cita del poeta Jorge Guillén:

“Noche mucho más noche:

el amor ya es un hecho”.

De nuevo la noche como íntimo paisaje para el amor, en el que los silencios y las sombras, señalan la dirección del misterio y los asombros. Amor y Naturaleza en perfecta simbiosis (hojarasca de otoño, acantilado, altas copas de pinos, monte Athos…):

“Sólo las aguas, amor,

tratando de borrar el espejismo”.

El paisaje de lo vivido en amorosa entrega, desde la altura de una torre tal es el poema dedicado a Neus Bonet y titulado “Tour Eiffel”:

“En este espacio

último, París, en clave /

de hierro y de nostalgia. //

París es una urgencia

que nos convoca al deseo”.

Justamente épsilon es la quinta letra de las 24 que componen el alfabeto griego, y si nos atenemos a la numerología el 5 simboliza la libertad, siendo en la estructura del libro la parte central. En ella la melancolía o la nostalgia de la ausencia del padre:

Padre, sé que no estás,

pero te presiento,

en cada contraluz,

en el vuelo de los pájaros.

Y sé que vendrás

una noche, para siempre.

Quizá ahora, en no se sabe qué lugar, pero seguro la poeta se halle junto a él, liberada en ese espacio cósmico que tanto amaba. Los lugares amados están muy presentes, de ahí su rescate como en los poemas “En Formentor”, “Camino de Aurillac”, “Zona Cero”, “Amanecer en Valldemossa, pero también y como parte del paisaje las sombras, el ocaso, el horizonte que no es sino la palabra, esa luz que nos acoge y nos alimenta los días, como recoge el poema “Horizonte”, dedicado a su amiga bibliotecaria María José Rufete:

Jamás perece la luz

si navega la esperanza.

Nos llueve el silencio

y nos colma, voz de vida,

cuando nos abraza la palabra.

Ya en la tercera y última parte del libro, correspondiente a “Omega (Tempus fugit)”, representada por la última palabra del alfabeto griego, nos alumbra con en lo que pudiera ser su significado con una cita de Virgilio “Caelum hoc et conscia sidera testor”. La poeta viene a querer decirnos que el cielo y las estrellas son los testigos cómplices de un tiempo que nos pasará, de ahí su preocupación por el tiempo, la conciencia de su fugacidad, como lo es la propia vida. Por ello vuelve al viaje, a navegar por todos los mares posibles, a sabiendas que en ellos hallará naufragios y derrotas, pero en la esperanza que alcanzará el horizonte, y con ello, la tierra prometida, su propio universo. Ahonda en los significados y signos de la tradición clásica del mundo antiguo y es una guerrera más, una Ulises dispuesta a conquistar sus sueños:

Llueve intensamente,

y soy testigo

de una estirpe por llegar,

una leyenda negra

de mortandad y de oprobios,

cerca de los pueblos del mar.

El enemigo, su enemigo ahora es el tiempo:

“Enemigo mío, cruel tiempo,

pesadilla inmensa

generada por los lustros.

Jabalina letal

atravesando músculos y arena”.

Y piensa en regresar, pero ¿a qué mágico lugar, a qué ciudad, a qué playa o mar?; sí, el horizonte soñado todavía refulge en su memoria:

Amante y seductor de las estrellas

que todavía brillan en el horizonte,

cálido regreso a Medina Habu,

posible paraíso iluminado.

Más allá de la última playa,

más allá del Egeo,

la única salida posible.

El viaje, la partida hacia lugares desconocidos, no es sino sinónimo de sueño, de quimeras en la poesía de Pilar Quirosa, de tal manera que esa vital necesidad hace que piense y reflexione sobre la fugacidad del tiempo, por más que la esperanza de amar y ser amada sea el deseo que silencia ese tiempo de espera, ese cruel tiempo que se nos escapa presuroso. Alfa y omega, principio y fin, y un “Postrer gesto” que define la verdad poética de Pilar Quirosa cuando escribe, como colofón a este poemario los siguientes versos:

                                                        Beso mi única bandera:

las sábanas que ocultan tu cuerpo.

Pilar Quirosa

Antonio Orejudo

ENTREVISTA A ANTONIO OREJUDO


Pasan los días y, a veces, siento un vacío inmenso si no me leo, al menos, un libro al mes. Tocar el papel. Pasar páginas. Ver su formato, tipografía.. color.. olor ¿Será el olor a papel? Mirar lo que he escrito: “leer” ¿Cómo hago para insistir en “leer en papel” a diferencia de “leer en pantalla de ordenador”? En absoluto estoy en contra de las nuevas tecnologías. Sería una contradicción, yo que soy una viciosa de juegos on line, pero leer en papel sigue siendo un placer que no me quitará la ciberciencia por mucho que avance cada día.

Hablando de libros, lo último que me he leído ha sido “Un momento de descanso” de Antonio Orejudo. Como muchos seguidores de su obra ya estábamos deseando leerle de nuevo. La Colección Andanzas de Tusquets nos ofrece el placer de una obra estructurada en 241 páginas que se leen en un día festivo, o en tres si quieres rumiar e investigar nombres propios de los que narra anécdotas o lugares geográficos para visitar si nos toca la lotería. Risas. Se lo dedicas a Helena
Maribel Cerezuela: ¿Quién eres Helena con H? No pones para mi esposa o mis hijos, el mundo o una dedicatoria con frase sentenciada por un autor que murió hace años cubierto por la fama… sólo a Helena. Es curiosidad.
Antonio Orejudo: Helena es mi mujer.
Después de la dedicatoria
1.- Aparece un fantasma desde la página 11 
2.- Cómo me hice escritor desde la página 97 y por último
3.- La felicidad del hombre descansado desde la página 147
M.C.- En la primera parte- Aparece un fantasma- me peleo con la palabra escrita con tanto “Digo”, “Dice”, que a sabiendas que es Antonio Orejudo sigo leyendo cuestionándome qué habría hecho el profesor Orejudo en una clase o taller literario si un alumno osara semejante proeza…, ¿Qué habrías dicho?
A.O.- Me habría parecido un hallazgo y hubiera negociado con él para que me vendiera la idea
M.C.- Todo texto, no hay ni una foto de la portada de la universidad donde impartía clases Cifuentes ¿Será porque era un fantasma? Por cierto, lo de Ci- Fuentes, es en honor a Di Fuentes? Sería simpático y a destacar ese guiño geográfico. ¿Lo es?
A.O.- No. Cifuentes es un apellido que me parece que tiene una cierta comicidad implícita, nada estridente.
M.C.- Otro detalle para situarnos en la escena de las Américas, “Cuando llegaba a casa la temperatura no superaba los 62º Fahrenheit…  unos 17ºC, con un 70 por ciento de humedad “. 
A.O.- Me entretuve en buscar la equivalencia.
M.C.- Llegamos a la segunda parte -En como me hice escritor- Hay fotografías en la Pág. 109. Aquí pensé que la habías puesto porque te añoras con pelo largo, cuando todo se ve posible, y creemos que podremos cambiar las cosas que tenemos cercanas. Pág. 116, la más inquietante porque a la gente nos gusta el morbo a rabiar. Eso de que sea verdad y encima de la \»alegre doña Ximena\» es de lo más perverso…
A.O.- Suelo decir que esa parte es lo único real de todo el texto 😉
M.C.- Seguimos leyendo y \»La felicidad del hombre descansado\» vuelves a la carga con dos frases que resumen todo el libro… ¿Cuándo fue consciente de lo que estaba sucediendo? y ¿No le parece que ha pasado demasiado tiempo para mantener tan vivo ese odio?, con una fotografía en la Pág. 156, donde se puede leer \»Una norma permite licenciarse sin aprobar la última asignatura…\»… (¿fue esta noticia la causa que provocó el libro? nunca lo sabré.. Más fotografías en la Págs. 167, 168, 169, 170 y 231.
A.O.- No, esa noticia no provocó la escritura del libro. Cosas como esas suceden todos los días en la universidad.
M.C.- Seguiría poniendo frases que me han llamado la atención, como ¿Quién soy yo para rechazar la mediocridad? – En este tramo da la sensación, una vez más, de que te estás azotando la espalda hasta sangrar… esa imagen que tenemos de los curas que describe Martín Vigil en “Cierto olor ha podrido”, donde la sangre no llega al río, pero casi….
A.O.- No soy nada masoquista. El personaje solo se llama como yo. Pero no estoy seguro de que sea yo.
Queremos saber mucho más del autor, – aunque ya han hablado y escrito muchísimo-, así que pregunto:
M.C.- ¿Estás dolido por los estragos que consideras está haciendo o hará en un futuro próximo el famoso \»Plan Bolonia\»? 
A.O.- Sí, creo que el Plan Bolonia convierte la universidad en un centro al servicio de las empresas, y abandona los saberes que no son rentables a corto plazo.
M.C.- Cada país tiene una manera de ser…. como dirían los chinos, somos árbol, o animal o cosa… y esto también va por los comportamientos respuesta de las universidades y sus clientes los estudiantes…. ¿tiene remedio nuestra particular idiosincrasia de ver la vida? 
A.O.-La universidad sólo cambiará si hay una gran crisis social. No estoy seguro que de desearlo.
M.C.- Siempre hemos dicho que el que viajaba era más progre, más intelectual, más snob, más de todo… con respecto a los que se quedaban en su ciudad natal, estudiaban para profesor de EGB y se jubilaban a los 65 con depresión… ¿Sigue siendo importante que las nuevas generaciones de estudiantes vayan a otros países? 
A.O.-Creo que salir de tu casa es muy saludable, porque te permite ver las cosas con perspectiva, apreciar en su justa medida lo que tienes y ser consciente de lo que te falta.
M.C.- ¿Cómo se sobrelleva la decepción? ¿Crees que la literatura se hace eco de la desidia del pensamiento humano? 
A.O.-La decepción con la vida tiene muchas respuestas: respuestas farmacológicas, lucha armada o cinismo. Incluso la escritura puede ayudar a sobrellevarla.
M.C.- ¿La crisis económica ha llegado a comerse nuestras neuronas? 
A.O.-Esas que Eduardo Punset en su libro “Excusas para no pensar” dice que no desaparecen. No, la crisis económica ha sido utilizada para llevar a cabo una contrarreforma del estado del bienestar, que se ha llevado por delante en pocos meses conquistas que habían costado lustros.
M.C.- ¿Qué fue de aquél profesor que se juntaba con sus alumnos en un bar  y nos hablaba del mundo y cómo mejorarlo?
A.O.-Nunca he tenido un profesor semejante. Lo único que querían arreglar mis profesores era su apartamento.
M.C.- Hablas de un suicidio… ¿es un guiño a un profesor de Historia como fue Agustín Díaz de Toledo o hay alguien más?
A.O.-No conocí a Agustín Díaz de Toledo. No es una referencia velada a nadie. Es simplemente un personaje.
M.C.- ¿La humanidad se está suicidando un poco cada día? 
A.O.-No sé si tanto, pero no parece en efecto que vayamos por buen camino.
M.C.- El sistema educativo que pasa por tutores, directores, decanos, rectores, ¿crees que debería cambiar? 
A.O.-De arriba abajo. Empezando por los parvulitos, siguiendo por la primaria, por el bachillerato y terminando por la universidad.
M.C.- Hablas de humor, pero no eres cómico ni humorista. En literatura como en el cine, ¿es obligatorio poner escenas de sexo para que la gente no se aburra? 
A.O.-No, el sexo no es obligatorio. Mi lucha contra el aburrimiento es a base de ritmo narrativo.
M.C.- Chinchar al otro, ponerle la zancadilla, la envidia progresiva, ¿Es patrimonio de los hispano hablantes? o quizás una “actividad” monopolio de la humanidad… ¿Qué opinas? 
A.O.-Aquí la envidia es un vicio muy extendido, pero la he visto en otros países. Me parece más hispánica la resistencia a reconocer el talento del vecino.
M.C.- Ser Catedrático de una Universidad, ¿sigue siendo el objetivo máximo de un futuro profesor? 
A.O.- En muchos casos sí.
M.C.- Hace tiempo leía en el periódico “Público” a Rafael Reig hablar de la “necesidad” o “el placer” de “trabajar de persona objeto” por la economía de la subsistencia… En tu libro también hablas de distintos trabajos esporádicos por “necesidad económica” ¿Tan mal está la vida de estudiante en Norteamérica? 
A.O.-No pasábamos hambre, pero no nadábamos en la abundancia. Había que hacer trabajitos para poder tomarse alguna cerveza, sí.
M.C.- Después de leerte me fui a Google para informarme de la enfermedad o la falta de psicomotricidad, destreza manual… ¿Es obligación de los profesores que están en contacto diario con nuestros hijos estar atentos a esa falta de “destreza manual”? Si les hacemos participes de esa responsabilidad… ¿no sería darle al profesor un carácter más profesional que el que tiene hoy en día? 
A.O.-En efecto, creo que a los profesores, sobre todo en el instituto, se les sobrecarga con obligaciones, que a veces solo tocan tangencialmente su profesión
Maribel Cerezuela (05/05/2011) Para literaturas.com

Eran cuarenta y algo más

ERAN CUARENTA Y ALGO MÁS
ERAN CUARENTA Y ALGO MÁS
ERAN CUARENTA Y ALGO MÁS
ERAN CUARENTA Y ALGO MÁS.
  1. La voz de la cometa
  2. Linares digital
  3. La Crónica de Almería (Colectivo Octubre)
  4. Diariovoz
  5. El siglo de Almería
  6. La voz de Almería
  7. Nueva Literatura Almería
  8. Entrecharcos
  9. Transparencias
  10. El tranco
  11. Barril de tinta
  12. Tumbaita
  13. Tinta de Barril
  14. Tartesia
  15. Pasadizos oscuros
  16. Solar en construcción
 
 

PUBLICACIONES HASTA LA FECHA.

 
 
Revistas literarias que he creado o ayudé en su difusión, diseño, maquetación y publicación: \»La voz de la cometa, Nueva literatura Almería, Transparencias, Acehual, El tranco, Diariovoz\».
 
Periódicos donde he trabajado o he publicado: El Siglo De Almería, La Voz De Almería, El Linares Digital, La Crónica de Almería (colectivo Octubre).
 
Mi primer dominio en Internet: \»chispita\» en el grupo Goya; más tarde en madresol.net\»myck\» en el servidor de Arrakis; \»alma y el ajedrez\» en Xoom; \»alma\» en Ctv ; \»alpujarra\» en europa.net; Amigos del Ajedrez en Melodysoft; Aldia en arrakis; diariovoz en Terra; diariovoz en Yahoo.es; diariovoz en hotmail; diariovoz en sogecable, diariovoz en Auna; diariovoz en wodafone;
 
Dominios en los que me gasté una fortuna en internet porque quería tener dominio propio: lavozdelacometa.org; *.COM; *.NET; diariovoz.com; 7dimensión.net; diariovoz.org; diariovoz.es
 
Revistas o periódicos donde han hablado de mis partidas de ajedrez; mi trabajo en la red o publicado mis entrevistas a grandes de la literatura: Revista de ajedrez PIPA; Jaque, El Ideal, La Voz De Almería; literaturas.com, marqueze.net; cuentacuentos.org; relatos.com; e-Listas.net; mundolibro.com; pasosfronterizos.org; Aered.net;
 
(pido perdón por todas aquellas que he publicado y han colaborado conmigo y no las he nombrado) 
 
Amigos que me han ayudado en internet: Aered. Andalucía en la red, entre otras cosas porque no sabía inglés y sin ellos no sé como  me las habría apañado. Nuevamente quiero dejar constancia de su ayuda y darles las gracias. 
 
 
Gracias a todos los que han ayudado a divulgar la cultura.
Seguimos trabajando por y para ustedes.
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\»ERAN CUARENTA Y ALGO MÁS\»

DEPÓSITO LEGAL:  AL 1022-2013

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Maribel Cerezuela Bueno
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Dedicatoria
Algunos son especiales.
                                                                       Ellos saben quienes son.
 
A mi familia por dejarme hacer.
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Índice
 
    1. EL CUADRO Y EL CAMINO
    2. ARRASTRANDO LAS PALABRAS
    3. MI SOMBRA
    4. EN EL ASFALTO
    5. LOS GATOS
    6. POR EL DÍA DE LOS ENAMORADOS
    7. ALGUIEN ME INFORMA
    8. DESPEREZA
    9. IN MEMORIAM
    10. UNA TARDE EN EL PUERTO
    11. A UN BOJ SECO
    12. SUBIENDO LA CUESTA
    13. LA VIEJA
    14. LE IGNORABAN
    15. COMER SIN GANAS
    16. LOS ZAPATOS
    17. PUENTES IMAGINARIOS
    18. UN TÉ CON HIERBABUENA
    19. LA FÁBRICA
    20. QUE SE VAYA YA
    21. SIN ESFUERZO
    22. DUDAS
    23. SENTIRES
    24. UNA ESTRELLA
    25. EN LA ARENA
    26. HE GRABADO EN MI MEMORIA
    27. EMERGE DE MI TU SOMBRA
    28. EN UN DÍA DE TORMENTA
    29. ARCO IRIS DE AÑORANZA
    30. VIENTO EN MOVIMIENTO
    31. GOLPES SECOS
    32. PROYECTOS
    33. ANTES TE QUEJABAS, AHORA TAMBIÉN ¿MAÑANA?
    34. MIRADA DE HOMBRE
    35. TE ESCUCHO
    36. EN EL PATIO DE LA ESCUELA
    37. EL SOMBRERO
    38. EL LECTOR DE MALDITOS
    39. SI LLEGARA A LA JUBILACIÓN
    40. UNA RECETA
    41. UNA CERVEZA, POR FAVOR
    42. TENGO EL SUEÑO DESNUDO
 
 
 
 

(UNO) EL CUADRO Y EL CAMINO

Yo pinté los surcos de tu memoria,

en este cuadro que el cielo desafía,

trazando caminos que el paso guía,

entre lápices que tejo cada día.

En otros tiempos fueron pinceladas,

firmes trazos, segura la mirada,

mar y tierra que, de madrugada,

mecía entre abrazos a las hadas.

Yo tracé con fuerza encadenada,

los sueños a esta alambrada,

como cincel en piedra tallada,

que luchó hasta ser liberada.

Ahora son sueños que grito al alba,

buscando el momento más cálido,

donde pintar el amor cuan camino

de la vida que nace en el cuadro.

– ONE-PICTURE AND PATH

 

I painted the grooves of your memory,

in this table that heaven defies,

tracing paths that guide step

between yew pencils every day.

In other times were brushstrokes

firm strokes, safely away,

land and sea at dawn

swung between hugging fairies.

I traced with chained force

dreams to this fence,

as carved stone chisel,

he fought to be released.

Now they are dreams that cry at dawn

looking for the hottest time

where love how road paint

of life that comes in the box.

 

 

 

 

(DOS) ARRASTRANDO LAS PALABRAS

Has pasado arrastrando las palabras.

Arañando el vocablo. Soñaste despierto.

Golpes de mar a contracorriente.

Timón en mano: ¡A poniente!

Silenciaste tu alma insurgente

con palabras apesadumbradas

como pensar que estás ausente.

Sedujiste el terror del abismo

que ponía freno a tu deseo.

Aprendiste a fundir tu espacio

sin tiempo; ni pasado ni presente.

Vives el futuro. Valiente

(DOS) Slurred as thinking you are away.

 

Hits counter sea.

Rudder hand: To the west!

Scratching the word. Daydreamed.

Seduced terror of the abyss

Silenciaste your soul rebel

that put the brakes on your desire.

timeless; neither past nor present.

Vives future. brave

words you grieving.

You learned to melt your space

You\’ve been slurred.

(TRES) MI SOMBRA

Paso a paso, mi sombra me acompaña,
unas veces se alarga,
otras se acorta.

Rodeo una farola, se agiganta,
choca contra la pared
que ya no es blanca.

¡Un momento!, algo pasa,
de la cabeza negra
sale una espada,
lucha, se retuerce,
forcejea, no se ablanda.

Otra vez se agranda,
se refleja, gigante en la pared
que ya no es blanca.

Me acerco a observarla
se burla de mí y se aparta
¿Con quién luchaba mi sombra
de esa forma tan aforada?
Sigo andando, paso a paso,
oigo otra pisada extraña.
En un cruce de caminos,
me paro intrigada.

Mi sombra se altera,
forcejea, ¡ah! me digo,
ya sé lo que le pasa.
La machaca, la atosiga,
la sombra extraña.

 

(THREE) MY SHADOW

Again enlarges,

At a crossroads

blackhead

flounders, is not softened.

goes a sword,

hear another strange ride.

hits the wall

I approach observe

I continue to walk, step by step

I know what happens.

I stand intrigued.

it is no longer white.

it is no longer white.

My shadow is altered,

One moment, something happens,

other shortens.

reflected giant wall

Rodeo a streetlight, is enlarged,

sometimes lengthens,

Step by step, my shadow with me,

struggle, twists,

struggles, ah! I say,

teases me and away

The crushes, the haunts,

the strange shadow.

thus as metered?

Who was fighting my shadow

 

 

 

 

 

(CUATRO) EN EL ASFALTO

Llegas al circuito, llueve despacio.

Nos abrazamos. No hace ningún frío.

Me hablas de tu viaje de noches cálidas

charlamos, sonreímos, estás alucinado.

Has encontrado, en esta época de crisis,

un nuevo patrocinador para tu pasión.

Los motores, a lo lejos, se dejan oír.

Sin tocarnos, me dices adiós con la mano.

Apresurado, seguro de tu éxito,

¡participar en este circuito cerrado!

No te asustan los retos, ni la lluvia.

La bandera se ha alzado.

Cientos de participantes se miran

sin mover los labios, tensos,

saben qué tienen que hacer..

Uno, dos, tres… tiembla el asfalto.

Dos vueltas faltan para la meta.

Un compañero amigo derrapa,

y cae sobre el mojado asfalto.

Grita el público. Grita. Hay pánico.

Te has quedado parado, inerte.

A tu lado rugen motores, pasan de largo.

No ves nada. Sin abrir la boca,

lloras, como la lluvia en el asfalto.

Despacio.

(CINCO) LOS GATOS

Las sibilas y los temidos brujos,

en su profesión aman a sus gatos,

por ser portadores de su ciencia, …

misterios pasados, futuros inciertos,

que sólo ellos parecen conocer.

Les atrae lo desconocido,

su capacidad de conocimiento,

se mueven en silencio en noches

donde la parca les respeta

con orgullo reconocido

como divinos entre humanos

que parecen domesticados

en la soledad de muchos

en efigies esculpidos..

(SEIS) POR EL DÍA DE LOS ENAMORADOS

“Te he visto un instante,

eras ese pétalo que vuela, …

ha sido fugaz, pero te he pensado,

… no volverá a pasar..

Cumplí los setenta por navidad,…

Te tenía como el mar y la arena.

Me traicionó tu musa,

te abrazó sin preguntar…

Muchos amigos te despedimos..

Ha sido un instante…

olí a pétalo que vuela.

Ábreme la puerta cuando llegue.

¿Quién me abrazará por carnaval? “

(SIETE) ALGUIEN ME INFORMA

Alguien me dijo un día:

“la demora no es para siempre”

Así quedó tan conforme

de su idiotez comunicada y aprendida.

Acaso no demasiado asumida

sabedora de infortunios presentes.

Hay un dicho refranero

idiotez del todo asumida

jamás la verdad del todo será creída

andando la vida a trozos

sumando esperanzas concebidas.

Deber inexcusable del todo

en método tan fuerte en derecho

por un acierto consumido y discreto

un veredicto tan secreto

también es fuente en derecho

arbitraje consumista de los eterno.

(OCHO) DESPEREZA

A Emilio Barón Palma

Cambias de postura

sabe tu cuerpo que la mañana

idéntica

te espera.

El engranaje encaja

pero hoy te llama la atención

la luz que se filtra

por la ventana.

Asomas despacio

un poco la cabeza

Hay un cielo que te alarma

de negros nubarrones

que juegan

con el rayo

que te penetra.

Adormilado,

el último sueño

que aún baila por tu cabeza,

se despereza.

(NUEVE) IN MEMORIAM

A mi primo Rafael Cerezuela Yebra

Te pienso en fotografía en blanco y negro,

de los abuelos con el rostro de tu padre y el mío.

Actores de teatro visto en la plaza del pueblo

que luego representábamos en tu casa.

Jugar al escondite. Subir a la terraza de launa,

saltar entre los balates de la vecina

o colaborar en la matanza.

Tocabas notas musicales en una flauta mágica

Manuel de Falla para ponérmelo difícil, o

todo el repertorio de pasodoble español

que tu primo Rafael también acertaba.

Vacaciones de San Roque. Música de orquesta

viajes de discoteca a Almócita o Padules

Fumar por las veredas camino de la plaza,

sentados en el tranco, nos daban la madrugada.

Fuente del Nacimiento, agua a cubazos por el cuerpo

cansados, de vuelta a casa con la resaca.

(DIEZ) UNA TARDE EN EL PUERTO

Hay pintura de manga por las ramblas del puerto

y un montón de pinceles rotos en cada esquina.

Rueda bajo los adoquines un aire de marina

como oleoso e intenso se anuncia el desconcierto.

La gente impaciente, espera el nombre del primero,

y tú, bajo esa mirada inquieta, te sientes caballero

observando los restos que en la pared han muerto

Llega la noche. Recogen aprisa el material clasificado,

restos de dibujos, bocetos, montones de parafina,

donde la prensa y la radio, anuncian como primero,

lo que de todos es conocida como la obra del lisiado

(ONCE) A UN BOJ SECO

Tristeza

Agachas la cabeza

entornas los ojos

¡Ay, tristeza!

Mustia palabra

ánimo fallido

es mi estado (de)

Inusual eres tú

¡Ay tristeza!!

(DOCE) SUBIENDO LA CUESTA

Subiendo la cuesta a pleno sol

el gato acecha agazapado

huidizo y desconfiado

ha visto pasar al perro

del vecino recién llegado

midiendo terreno pasa el rato

su huella está dejando

a cada gota de meada

a cada paso midiendo

lo que era su posada.

Es el nuevo elemento,

de un paisaje ya urbano

que pasea su rabo

por el pueblo amuermado.

(TRECE) LA VIEJA

La vieja anda encorvada

altiva la cabeza, fija la mirada.

Sabe de otra etapa en las Américas.

Ahora está feliz en la rutina diaria.

Los niños se burlan.

Ella con su garrote les amenaza airada

Corren raudos los chicos,

“la vieja”, “la vieja”, ¡que nos alcanza!

No se imaginaron la fuerza de su cuerpo,

el tesón de sus palabras.

Ha andado muchos caminos

vivido muchas penurias.

Ahora está orgullosa. Ha vuelto a casa.

(CATORCE) LE IGNORABAN

Ignoraban todo de él.

Su voz, sus facciones, semblante.

Aquellas zonas que la naturaleza le otorgó

y que le eran desconocidas totalmente.

Toqué con mis dedos la fría pantalla
y sentí su aliento…

(QUINCE) COMER SIN GANAS

Tu madre te ha pedido

que abras la boca

y te comas todo

lo que te ha puesto en el plato.

Coges el cubierto, y

lo miras como si fuese la primera vez

que ves una cuchara.

Uno, dos, tres,

te enseñaron a cerrar la boca,

no hablar mientras masticas,

la carne descongelada.

Masticas con desgana

no tienes hambre

de “cadáveres” aliñados

con vino de la tierra

Huele ¿A qué huele?

Te dicen, te preguntan,

¿Estás enferma?

– No. Dices sin convencimiento..

Come, come, come…

(DIECISÉIS) LOS ZAPATOS

La sandalia le ha hecho daño

a esa niña que nunca ha llevado zapatos.

Una marca le ha dejado,

del sufrimiento llamado social.

Playa de arena ocre,

inmenso mar bravo,

de la costa del atlántico.

Juegos inocentes

para nunca olvidar

y, parece que no ha pasado nada.

Me miro en el espejo,

sin reconocerme,

sin sentirme,

me hace daño…

Sin ningún esfuerzo,

de hacer sin dejar de hacer,

madejas en el tiempo.

Todo parece confuso,

sin fecha, sin membrete.

Sin ti que un día me dijiste ¡Te quiero!

Ilusión pasajera,

del para siempre, recuerdo.

(DIECISIETE) PUENTES IMAGINARIOS

Así que me conociste,

en un mundo de ensueño y fantasía

trazando palabras, firmes, poderosas

llena de costumbres, recuerdos…

poseídas de verdades absolutas

que llenaban mis oídos

de ese aroma que embriaga

para siempre la esperanza.

Firme. Segura.

En eterna consonancia con el hacer diario,

amabas los crepúsculos,

los ocasos de las estrellas de la noche.

Soñabas al alba el camino,

trazabas puentes imaginarios

de cuerpos hermosos inventados.

Construías casas portátiles,

confortablemente instaladas

con abrigos de palabras.

Suave fuego de chimenea ardiendo

en madeja que une la vida

manejada, desenredada, vigorosa.

Se caen las hojas

y no haré nada

por recuperarlas

(DIECIOCHO) UN TÉ CON HIERBABUENA

Un té con hierbabuena,

un aroma en el recuerdo,

y nada de gusto en el paladar.

Andares que investigaron

otros mundos de este universo,

pasos aprendidos

que nunca se olvidarán.

Pero no todo lo investigado (conocido)

derivó en placeres encontrados

aunque si, quedó para siempre,

una imagen, una voz sonora,

unos ojos que brillaban,

vivos, expresivos,

gritando: -¡basta ya!

(DIECINUEVE) LA FÁBRICA

Letras de canciones (con temas críticos)

la fábrica, el trabajo,..

la rueda hace tiempo

que dejó de girar.

Palabras y más palabras,

frases encontradas, nerviosas,

impregnaron nuestro recuerdo,

sólo eso que no es mucho,

y poco más.

Han pasado muchas lunas,

mareas bajas,

peces en los ríos,

sueños que despertaron

y todo sigue igual.

La hoja amarilla

 cae del álamo de otoño,

la nuez del invierno,

el chasquido del agua en la roca,

el canto del jilguero,

parece que nada ha cambiado,

permanezco en paz…

(VEINTE) QUE SE VAYA YA

Que se vaya ya

ese aroma que no quiere quedarse

ese sentir que acongoja

ese dolor que atrapa

Grito……

ya basta….

me ahogo……

me asfixio…..

bien…

¡¡ Idiota!!… ¡¡idiota!!

¿No ves que es sólo un sentimiento?

¿No ves que siempre hay un despertar?

¿No ves que siempre se consigues nadar?

¡¡¡ Flota una vez más!!!

(VEINTIUNO) SIN ESFUERZO

Sin ningún esfuerzo, de hacer

sin dejar de hacer madejas en el tiempo

todo parece confuso

sin fecha, sin membrete,

sin ti, que un día me dijiste: \’Te quiero\’

Ilusión pasajera del para siempre recuerdo

(VEINTIDÓS) DUDAS

¿Porqué miedo a la realidad?

¿Porqué ese miedo que ahoga, que no deja respirar?.

Ese dolor que aprieta,

esa sensación de recorrer siempre el mismo camino y nunca llegar…

Vértigo a lo desconocido, a no poder ser, a…

Mi sombra siempre va conmigo, me hace caminar

Mi sombra aquí está, se ríe de mí, me hace llorar

Es tan débil mi sombra que con ella no quiero estar.

SER (bis)

¿Porqué ese dolor que te ahoga?

¿Porqué no puedo gozar?

¿Porqué el camino es movedizo

y no senderos en la mar?

(VEINTITRÉS) SENTIRES

LIBERTAD

cada vez que me siento yo…..

cada vez que me llega mi humanidad

cada vez que oigo ese rumor del viento

ese aroma tan especial

CERCANÍA

porqué siempre pedimos más

porqué, porqué, porqué

no nos dejamos en paz

APROXIMATIVO

dejamos correr la bilis

dejamos correr la pus

dejamos correr el tiempo.

(VEINTICUATRO) UNA ESTRELLA

Esto era una vez,

una estrella en el pétalo de una flor.

Cuando la noche llegaba,

la estrella brillaba,

como si de la luna se tratara.

El pequeño acercó su mano,

quiso cogerla.

Más cuando se iba acercando

la estrella dejaba su luz

y se cubría de un manto rosa.

(VEINTICINCO) EN LA ARENA

Ha venido hasta la playa

busca un sitio donde aparcar
la mirada de antaño,
el recuerdo de lo que otrora
le apasionaba 
La tiene, la ha visto.
Su mano contonea
del hombro a la cintura
de la mujer quieta, callada.
Perfila su pecho,
dibuja su prominencia
Juega un rato. Sigue.
Siente en su ropa el agua,
del cielo gris que choca
contra la arena de la playa
Moja el agua.
Del espigón la piedra callada
a golpe de mar acompaña
La pone más dura, dibuja.
El agua borra toda huella
Aprieta. Toca. Palpa.
La lluvia moldea. 
Ha pasado una hora
un año desde aquella en la arena
Mira su figura
satisfecho la abraza, la besa
Le dice muy quedo.. ¡guapa!
El año que viene
de madera

 

 

 

 

 

 

(VEINTISÉIS) HE GRABADO EN MI MEMORIA

He grabado en mi memoria

los olores de las cosas

que he ido abandonando.

Perdí el tacto del óleo en la yema de los dedos.

Dejé el sonido de la nota rebelde.

Saqué de un cajón el bloc que hizo de diario.

Hoy soy consciente del olvido desconsiderado
el aprecio apático de un tiempo que no va hacia atrás

(VEINTISIETE) EMERGE DE MI TU SOMBRA

Emerge de mí tu sombra,

tu lengua en mi piel,
reptil azul sin pronunciar nombre. 
Tumbado me hiciste prisionero
de rejas que no quiero ver.
Arde tu silueta en cada esquina,
recodo, atisbo, donde mi sangre,
sin ti se convierte hielo.
Contigo ardo, busco
la huella de tu cuerpo en mi cuerpo
Estrella de la noche, te has ido.
Con mis manos te construyo
el camino de vuelta.

Te espero

 
 
 

 

(VEINTIOCHO) EN UN DÍA DE TORMENTA

En un día de tormenta,
el azar te hizo presente

Dientes blancos, perfectos…
ojos para no dejar de mirar,

boca para besar.
La lluvia en los cristales.

Tu cuerpo, sin prisas,
se aproxima a mi cuerpo.
Rompe el aire que nos separa,

me acaricia la mirada.

Tu boca es mi boca,
tus brazos en mis brazos,

tus manos me envuelven,
al compás de mi ritmo cardiaco.

Déjame que vaya necesitando

que mi cuerpo reclame tu piel,

tu calor, tu olor, tu sabor,
para formar un sólo cuerpo,
una sola persona.

Como un acordeón
me despliego a tus encantos.

Abro para ti, de par en par,
las piernas que sujetan la vida,

que vive en otras vidas.

La tierra que habité
la arranco con uñas y dientes,

con toda la lujuria de

los perfectos amantes.

Con el deseo desbocado
que sólo tú sabes calmar.

Anda, no te demores.
Cierra la ventana.

(VEINTINUEVE) ARCO IRIS DE AÑORANZA

Si mirar no se puede,

con tan exceso rayo de luz.

Hojas verdes de la hierba

flores del rosal, caramelo y miel.

Tierra húmeda de la noche

¿Qué hace ese excremento entre tus hojas?

Manto cubierto de flores

todas iguales…

las rosas.

Bien pudiera cantar amores

como bailan las mariposas.

Arco iris de añoranza,

palabras huecas que nunca sonaron,

granates de la tierra,

en el cálido otoño

blanco como la plata.

(TREINTA) VIENTO EN MOVIMIENTO

dedicada a Carlos Barrantes

Viento del Este que llama,

a mi corazón,

en una noche sin estrellas.

Viento que me lleva

a tu pensamiento

sin ningún esfuerzo.

Viento que atrae

viejos recuerdos

y tú no ya no estás.

¿Cómo poder olvidar,

las sensaciones que embriagan,

sin remedio,

el pensamiento,

si no quiero hacerlo?

Nubes que atraen la lluvia

que acaricia el cristal.

Transparencias de arco iris

que escribían novelas.

Recuerdos que sembraron

deseos que no se olvidan

y el tiempo,

no consigue estropear.

Paredes frías, encaladas,

musgo verde,

que en otra época

sirvió para sembrar,

aquel camino que señalaba

el lugar exacto

donde la cita acordada

se nos daba año tras año.

Te esperaré siempre.

Sin remedio.

Escribiré la vida en un papel.

Lo guardaré…

y pasados muchos años

te leeré… Aroma otoñal

(TREINTA Y UNO) GOLPES SECOS

Golpes secos en la tierra dura,

vas cavando una zanja.

Llega el agua.

Habrá suficiente para esos olivos.

Hasta los topes, dice el dicho”.

La suerte está echada.

Llevamos dos años de sequías

de humores y resabios

de gente malhumorada.

Paro no. Trabajo no falta.

Más los euros no dan para las jornadas.

Veinte minutos han pasado

y sólo diez hacen falta.

La tierra se traga toda tu agua.

A lo lejos, tocan las campanas.

(TREINTA Y DOS) PROYECTOS

Los proyectos siguen intactos.

El bote de pintura verde almendra

aguarda su turno detrás del aglomerado gris que un día,

bastante lejano ya, fue una puerta de entrada hacia el sosiego.

Pedir presupuestos. Alzar la voz,

y acallar el orgullo de quien no puede pagarse las ideas.

La paciencia es la virtud del fuerte

pero en esta morada nadie la posee.

Las batallas que enardecen los espíritus

otrora callados… ahora aflojan cinturones

queriendo sobresalir.

Es la vanidad. ¡Dejadle paso!

(TREINTA Y TRES) ANTES TE QUEJABAS, AHORA TAMBIÉN. ¿MAÑANA?

Antes querías progreso,

decían que era bueno para ti.

Luchaste por abrirte paso entre montes,

abriste bocas de túnel,

presumías de barrenar la tierra,

hacia un mejor futuro para los dos.

Bebías cerveza y celebrabas

que la comunicación había llegado a tu puerta.

Antes talabas árboles sin pudor alguno,

construías chalet, pisos,

mausoleos con columnas jónicas.

Embargabas tierras de regadío,

para construir jardines con flores

y parques a granel en las ciudades,

no demasiados, cerca de un museo,

un campo de fútbol.. los mantenía callados.

Antes, sin complejos cogías el metro

y presumías de ello en TV y diarios.

Hoy, ahora, criticas el desorden,

el ruido, el caos, la prisa de la gente.

Te quejas de todo, de la indiferencia

del viajero, del niño, del anciano.

Te quejas del descontrol del tráfico

de un día ebrio de sol.

Te quejas del ruido infernal

de un día de pelota que llaman fútbol.

Te quejas del cine de barrio

del precio de la entrada y de las palomitas.

Te quejas de las colas del metro,

de los hospitales, de las salas de espera.

Te quejas de todo. Te quejas de antes y de ahora.

Te quejas hoy del precio y ayer de que no había.

Te quejas del olor humano y de la peluquería.

Ayer de que no había ninguna en tu barrio.

Hoy quieres bañarte en las cálidas aguas

de un Mediterráneo tranquilo de arenas cálidas.

Ayer te quejabas del viento, la arena

que entraba en tu casa en ese océano

que llaman Atlántico.

Antes te quejabas de la escasa vida social de tu barrio.

Hoy te quejas de gente, su ruido, sus fiestas

Hoy te quejas… y ¿mañana?

(TREINTA Y CUATRO) MIRADA DE HOMBRE

Mirada de hombre,

cuerpo de mujer,

rompiendo barreras

en noches de desvelo,

para entretenimiento.

La gente, nada agradecida,

le tira objetos…,

pero ella sigue con su show

hasta el amanecer.

Con los pies cansados

sube el montacargas del tiempo,

se sienta delante del televisor

a llorar sin resentimiento.

Una noche diferente,

entre el público estaba él.

Le quería de siempre.

Soñó compartir sin poder.

La encontraron sin aliento.

Sonrisa en la boca,

yacía en el suelo.

(TREINTA Y CINCO) TE ESCUCHO

Te escucho en la sombra de la noche,

trazamos estancias, lustrosos caminos,

corredores, ventanas de luz multicolor.

Espacio que marca el gesto en sonrisas.

Palabras pronunciadas para llegar al alma

unir senderos de eterna sabiduría.

Así quedan sonidos en el aire

que en principio, tibiamente,

como oropeles de fortaleza

son amortiguados por la luna plateada.

(TREINTA Y SEIS) EN EL PATIO DE LA ESCUELA

Quema la cal la sombra de tu cara.

Refleja sin tú quererlo la fuerza de tu espalda,

de hombros caídos, de piernas arqueadas.

Enrojece tu rostro, toma vida de la montaña.

Otras sombras pasan, saludan con la mano,

fruncido el entrecejo y sin palabras.

Se habla, se dice, se ríe, se calla,

es Doña Paca, amaestrando a la masa.

Y tú en el patio con la piel ya quemada,

te ríes, sueñas, navegas… muy lejos

de todas sus garras.

(TREINTA Y SIETE) EL SOMBRERO

Paseaba sin mucho ánimo. Había estado en casa de Joseph. Rambla abajo, iba pensando lo que había pasado hacía apenas una hora. Me toqué el bolso con recelo. No podía perderlo. Y ahora, con cierta desazón, se dijo, menos que nunca.

Tocó a la puerta y le abrió Joseph, como siempre, guitarra en mano, dedos ágiles, certeros, sin dejarle ni hablar, le tocaba una y otra vez, a modo de ensayo, cada nota de sus nuevas creaciones. Al rato de escucharle le interrumpió y le dijo, sin piedad, que el tiempo, también a él, le estaba dejando su impronta particular. No emocionas Joseph. No me emociona oírte. Déjalo un rato anda. No era el Joseph que emocionaba como aquellos días en el apartamento de la playa cuando, después de cada corto improvisaba otro más y le aplaudíamos sin cesar. Era emocionante oírlo. Ahora no hablaba de religión, ya hace tiempo que comprendió que no valía de nada. Ni de política, que le asqueaba ver como la gente no se moviliza por nada, o se mueve a cambio de un bocata de tortilla fría y un viaje en autobús..

Sus notas estaban carentes de fuerza, de esa transmisión que electrizaba con garra por romper esquemas, tabúes, .. Tenía el pelo largo, rubio, ojos azules, parecía un cartel de sport publicitario. Sin barba ni bigote, pero si una mosca tipo Miguel Bosé, que contradecía lo que decía sentir hacia su repertorio de canciones… “Linda”, “Bandido”, “Sevilla”, “Los hombres no lloran”, … él, que decía escuchar a Pink Floyd o Lou Reed, se tenía que aprender todas las canciones, si o sí, de la moda del momento que gustaba a la chiquillería en cada pueblo, en cada fiesta, en cada verbena, incluida la gran Rocío Jurado y su “señora”, que interpretaba con tanto énfasis, que él, que era flacucho y bajito, parecía crecerse ante la vida y le aplaudían… La gente aplaudía sin descanso pidiendo otra, otra, otra…

A media mañana, tocaron a la puerta, era Andrés- No había dormido, estaba claro por cómo hablaba sin sentido. Su olor a tabaco Marlboro, no podía ser otro, decía, si no tengo dinero no fumo, pero tiene que ser Marlboro, duro, de cajetilla. Es mi preferido insistía. En el mismo rellano discutían. Joseph le increpaba, una vez más, llegaba muy tarde. Habíamos quedado a las 10h. No es mi capricho. Tú lo sabes. Me tienes que llevar con tiempo para montar el escenario, las luces, comprobar el sonido, actuamos a las 17h. Una putada, ya, pero somos teloneros de Loquillo, La Polla Record, Alaska, ¿comprendes lo que eso significa? Prensa, radio, TV, periódicos, publicidad. No puedo fallar.

No has dormido ¿Cómo vas a conducir así? Cojones Andrés. Maldita sea. Llevamos planeando esto hace meses. Salí al pasillo. Les pedí que bajaran la voz, que no llamaran tanto la atención del vecindario. Calmaros. Abrí la ventana que daba al patio de entrada a la casa. No se veía nada y eran las once y media de la mañana. Esos pisos eran una demostración de que el dinero manda. Los constructores le echaban la culpa a los promotores y ellos a que la mano de obra estaba muy cara. Aquella Colonia de viviendas tenía largos pasillos, sin ascensor, y sin vistas. Pocos, ciertamente, vivían cara al sur. Pocos podían ver el mar a lo lejos. Allí vivían cinco vecinos por planta. De cachondeo, le decían la “Colonia de la sardina”. Daba la sensación de que la gente vivía apelotonada, pero no parecían infelices.

Al girarse lo vio con claridad. Se quedó boquiabierta. Alelá le diría Andrés con sorna ¿No has visto nunca un sombrero? Ah. Ya. Estoy muy guapo, ¿a que sí? – No le oía. Di un salto y se lo quité. Andrés era alto, muy alto. Delgado, pelo moreno, largo y liso, muy bien cuidado, con una boca perfecta, labios muy carnosos, nariz perfecta. Muy guapo para hombre de su tiempo. Y ágil. No llegué a probármelo. Me lo quitó de las manos, raudo, aunque estaba borracho ¿Dónde lo conseguiste? Te queda muy bien. Me lo compré en el Rastro de Madrid ¿A que es precioso? Chulísimo. Se lo volvió a poner. Protesté. Pero déjame un momento, anda. Mientras pégate una ducha rápida, toma un café bien cargado, que el tiempo apremia. Gritó Joseph con firmeza: Vamos, llegamos muy tarde. Suponiendo que lleguemos.

Me lo dio. Le pasé la mano con calma a todo el contorno. A la altura de la copa, en un lado, noté que había una rugosidad. Un doble tejido. Salí al patio de luces. Lo volví a mirar y tocar con más cuidado. Efectivamente, había en el interior algo, un doble fondo, otra tela. Miré por dentro y vi que a la altura de la costura lateral había una sobrecostura. Anda. Tiene un secreto, un compartimento escondido. Andrés no me dejará abrirlo. Me matará si le toco su sombrero de copa ¿Qué os falta? Grité. Ya voy. Dame diez minutos. – dijo Andrés, desde la cocina- No lo pensé dos veces. Entré a la habitación de Joseph y cogí el cutex que tiene para cortar las cuerdas de la guitarra. Lo pasé con cuidado por la misma costura y abrí aquel secreto escondido. Era una nota amarillenta por el tiempo, papel pergamino de los principios de los años veinte. No lo leí. La guardé en el bolsillo de mis vaqueros y, con pegamento, le pasé una brochita de punta a punta quedando adosada a la copa otra vez. Salvo para olfatos muy depurados, no se notaba, nada de nada, lo que se había hecho allí.

Andrés y Jospeh bajaron los tramos de escaleras de dos en dos, de tres en tres, os vais a matar, comenté, pero ya no me oían. Llegaban tarde. Llamarme cuando lleguéis que me quede tranquila, ¿vale? Ni puñetero caso. Habían dado la vuelta a la calle concepción y se metían en la cochera -almacén- sala de ensayo del grupo y, sin decir ni adiós cogieron camino rambla abajo hacia el puerto.

Ella también los siguió, pero andando despacio y con sus pensamientos entrecruzados entre la mezcla de emoción e incertidumbre. Se paró en el rellano de la plazoleta “Miguel de Unamuno”. Antes de cruzar la rambla tenía que saber qué ponía aquella nota. Metió su mano en el bolsillo del pantalón y cogió el papel pergamino. Vaya, se dijo. No entiendo nada de lo que pone. Está escrito con signos que no entiendo, no es latín, ni griego, ni un idioma conocido. Cogió el móvil y sin pensarlo dos veces llamó a su amigo Fernando. En seguida contestó y sin decirle nada más le leyó, o mejor le deletreó la primera construcción o palabra… Fernando, con voz de sorpresa, supongo que la cara se le puso a cuadros, grito: Estás leyéndome en Esperanto. ¿Te has tomado un tripi o qué te pasa? ¿Esperanto? Ni idea. Es un pergamino que he encontrado. Parece que de principios de siglo. Veámonos ¿Dónde estás? Arriba, le dije, en la plazoleta Miguel de Unamuno. Quedemos a mitad de camino. Te espero en la plaza San Miguel. Que me pillas que he bajado a la playa. Estoy en los tritones ¿Te parece bien? Empiezo a andar. Tú haz otro tanto. A ver quién llegue antes que siga andando. No te salgas del cauce de la rambla. Por favor.

Fernando era poeta. Le gustaban los versos endecasílabos. Amaba declamar a su público que embelesado le admiraba sin tapujos. Había estudiado Filología Hispánica en la complutense. Luego sus padres le pagaron un viaje a Italia, París, Londres, para que viera de cerca el hogar de los mejores poetas de cada ciudad… y, ¿cómo no?, sabía varios idiomas. Se le pegaban los idiomas como a otros los olores. Suerte de haber nacido en una familia rica, por herencia y por beneficios del trabajo diario. Tenía de todo. Cuando los demás no teníamos para ir al cine… o había que elegir entre cine o terraza con cervecitas, él ni se lo planteaba. Cuando los demás estábamos que no sabíamos que hacer con nuestro futuro, él ya estaba matriculado en los mejores colegios de la ciudad capitalina con hogar propio. Nada de colegios privados. Quería libertad para hacer y deshacer, que para algo era rico. Se había codeado con los mejores de cada lugar y nunca acababan las historias que él nos contaba. Y, como un verdadero Indiana Jones, le encantaban las excavaciones, las lenguas muertas, el esperanto.

Estaba muy de moda volver a aquella lengua que fue muy útil, base de conocimiento de una moda capitalina de los obreros de élite. Había estudiado Historia, pero no se acordaba apenas de nada ¿Cómo es posible que con tanto estudiar, tantas noches en vela, y no se acordaba de apenas cuatro cosas, anécdotas, vivencias en días de las Cruces en Granada, y poco más. El esperanto lo había utilizado la clase trabajadora, pero también los anarquistas, la CNT, la mente le empezó a dar vueltas. Pensando, recordando, se encontró con su cara de frente. Fernando. Un par de besos rápidos en las mejillas y le dijo. Sentémonos. Vamos a aquella terraza. Tengo sed. No había andado dos pasos y le sonó el móvil. Dime. Qué alegría. Vale. Ya nos vemos después. Nosotros iremos para las cinco. Suerte con todo. Si. si. No preocuparos. Me lleva Marina. Vamos con la máquina de fotos y hacemos el reportaje del siglo. Hasta luego.

¿Con quién hablabas? Con Joseph y Andrés, han llegado a la plaza de toros donde se celebra el gran macroconcierto. Están felices y exhaustos. Apenas les han dejado espacio para poner la mesa de mezclas de sonido y demás parafernalia. Esto de ser cantante es muy sufrido. La gente se piensa que es llegar y besar el santo. Pero no saben lo que se pasa, se trabaja, se cansa uno de ir de acá para allá.

El sombrero es de Andrés. Te cuento. Esta nota estaba en el sombrero de copa de Andrés. No sabe nada. Ni se ha dado cuenta. Aún. De que le he cortado la tela y robado este papel. Me matará cuando lo sepa todo.. si es que se lo digo alguna vez. Pero dime qué pone de una vez. Me tienes en ascuas. Cómo respuesta Fernando le dijo: Y dices que lo compró en Madrid, en el rastro, qué cosas tiene la vida, diría mi abuelo que nada pasa porque sí o por azar. Este sombrero tenía que pertenecer a algún erudito de la época, tenía dueño. Nombre y apellidos. y era de clase alta.

Como dice un amigo común: \»anda, traduce, que es desesperante la ignorancia\», Fernando, como quien sabe que es dueño de lo único y tangible, se hace un poco de rogar pero traduce el texto escrito en esperanto: \»Mañana a las doce pasará la comitiva por la plaza del Ayuntamiento. Que no salga de la plaza con vida. Las órdenes son sólo para el objetivo. Nadie más saldrá herido. No queremos quedar mal con el resto de Europa ni mala prensa internacional. Si hay algún problema comunicarlo antes de la  madrugada del día señalado\»

¿Querían atentar contra la monarquía? ¿Contra Primo de Rivera? – Se quedó pensativo ¿Qué pasaría en aquél atentado? Si algo pasó, nada como un buen periódico para leerlo. – Ahora vengo. Tengo que hacer algo urgente y quedamos en una hora aquí mismo vale?-

No. He quedado con la pandilla. Más bien, quedé hace ya media hora. Me dejarán en tierra sin pensarlo dos veces, como no aparezca, ya, por la plaza de San Pedro. Y son muy capaces de dejarme sin concierto.

– Ok. Ya nos hablamos. Tú vete a la verbena que marcho hacia la biblioteca Villaespesa.

Cada uno a por su objetivo.

(TREINTA Y OCHO) EL LECTOR DE MALDITOS

En todas las épocas gustamos de leer cuentos y entre las narraciones, las que más nos atraen son las que hablan de personajes malditos, malévolos,.., aquellos que, empleando la mejor técnica, logran impresionarnos con un rastro de sangre, o volver medio majaras o ataque frontales de psiquiátrico, en definitiva, cuanto más daño rezumen sus páginas, mejor.

Recordemos cuentos infantiles donde el mal está siempre tan presente que parece lo hemos asumido, interiorizado tanto que no nos inmutamos. Véanse ejemplos como La Cenicienta, Caperucita Roja, Los tres cerditos,… Vas subiendo las escaleras de una casa, toda confort y de pronto te pegan una paliza, te prenden fuego, o te acuchillan por la espalda, te cortan la cabeza o te come el lobo.

Claro que hay más crueles aún. Esto es poco. Una escena podría ser…

….. Un padre deja a su hijita con una hermana mayor, que no es tan mayor, porque solo tiene 6 años, confiado en que no le pasará nada. No pasan ni dos horas y Elena, que así se llama la rubita de pelo ondulado, preciosa, con ojos vivos y cara de nunca haber roto un plato, va a la habitación donde la pequeña morenita de muchas pecas duerme. Se acerca para ver si está durmiendo y no ha terminado de agacharse cuando siente en toda la cara un manotazo, con calculada fuerza, de la pequeña de no más de dos años, a lo que su hermana responde clavándole el termómetro en toda la cara.

Y no nos sorprendemos de nada. Cada día se escriben mejores cuentos de terror. Personajes malditos que nos mueven la sangre por las venas y clamamos: La hostia santa¡¡¡ que bruta la tía….y a otra cosa…

(TREINTA Y NUEVE)  Si llego a la jubilación

Si consigo disfrutar de ese tiempo llamado Jubilación. Sin tener que ir a trabajar. Con plenas facultades mentales y físicas  para decidir sobre mi propia vida. Si llego al tiempo muerto en que no exista el reloj despertador..,  sólo el reloj biológico que marca la propia existencia. Si llego… digo, tengo planes.

Grandes planes que a veces siento que nunca se cumplirán porque puedo morir como tantos otros de un ataque al corazón.., porque puedo morir de accidente de circulación,  porque puedo morir y muero cada día un poco más. Porque muriendo soy un poco niña cada día, porque aún no he crecido del todo.

Si llego a la jubilación sin edad y sin tiempo, si llego podré disfrutar de la visión que me pertenezca para captar una fotografía y podré pintar de lejos el color verde intenso del mar. Podré caminar oliendo miles de aromas cada mañana al despertar.

Si me jubilo, si no me muero, naceré otro día más, y podré realizar mi sueño y podré disfrutar de ese tiempo. Claro que, para entonces, puede que no tenga dinero suficiente ni ganas ni ánimos para vivir mi sueño;  ese que me empuja a ahorrar para ir de viaje este verano.., ese dinero que me cuesta un trozo de lienzo o un pincel nuevo de cerdas de jabalí…

Si me jubilo tal vez…

Por eso, a veces, no quiero que llegue la jubilación. Por eso quiero seguir viviendo en la inconsciencia del ignorante, del inocente. Por eso no quiero pensar… ni ahorrar, ni tener miedo. Tal vez. Si me jubilo. ……

(CUARENTA) UNA RECETA

Hacía casi una hora,

como había previsto la cocinera,

que terminó de prepararlos.

Pagarás por todo.

Los macarrones en espagueti,

la sal yodada,

un poco de pimienta en grano,

negra, muy negra.

A la hora justa

se sentarán a la mesa.

Nadie notará

las medusas de la cazuela.

La salvación llega a tiempo.

A la hora de la tranquilidad,

se lanzarán a comerlos,

sin valor al paladar.

Pagaran con las especies,

el agua buena,

su justo hervor

Pd.- en honor a “Arguiñano”, todo sea por la buena mesa.

(CUARENTA Y UNO) 

UNA CERVEZA. POR FAVOR

Página 258. Se acaba el libro. Son las 11 de la mañana y siento una imperiosa necesidad de un \»chupito\», un \»cuarto\» de cerveza, un \»mojito\»… hummm, un dulce licor. La culpa tengo que trasladarla a Rafael que me ha inducido.

Estoy sentada en la terraza de un bar, cerveza en mano, rodeada de \»no amigos\» que considero míos. Esto es… os imagináis una tertulia cervecera con Almudena Grandes, Rafael Reig, Millás, – resucito a Cortázar porque tiene que participar, es único para hablar de cuento si cuento no-, a Quim Monzó, Fernando Rebollo, Manu Muñoz, Antonio Orejudo,…. sentaría a muchísimos más, tampoco demasiados que se forma gallinero.. Y bla, bla, bla….

Agggggggggg, impotencia. No tengo más que Intranet, así que no puedo leer nada de ellos en la Web. De pronto los añoro. Releer novelas que te gustaron con todo lo que se publica a diario no debe de ser bueno, ¿verdad?, pero si te gustan está justificado. ¿O no?

Almudena me conquistó con \»Atlas de geografía\», ni siquiera con \»Las edades de Lulú\» o \»Malena tiene nombre de tango\». A partir de aquella experiencia lectora le dejo que me drogue y me domine. Me llega. Es más, quiero recordar que de los libros que he liberado voluntariamente, uno de mis preferidos fue precisamente ésta autora. No sé por dónde estará. Desearía que hubiese pasado de mano en mano y no se encuentre en el vertedero de la ciudad. Haría mucho bien.



(CUARENTA Y DOS) 
TENGO EL SUEÑO DESNUDO

Anoche soñé que soñaba con unas vacaciones estupendas. Se olía a monte, a mañana de rocío, a hierbabuena, y no muy lejos un continúo golpear de agua en piedra. Al llegar vi un pequeño lago y en un extremo una cascada de abundante agua que el paso del tiempo había labrado en la piedra dándole una forma como de boca abierta. No lo pensé dos veces. Me desnudé y con la prisa de quien no quiere perder tiempo en sensaciones profundas me tiré al agua. Nadé bastante rato arriba y abajo, buceando, investigando por entre las cuevas naturales que formaba la piedra en el fondo del lago. Agotada me dejé caer sintiendo como pegaba el sol en mi piel desnuda.

Rin, rin, rin, el sonido molesto de mi despertador suena al a mi lado. Me toco, me estiro y desperezo,… la ducha me espera. El sabor a madrugada estaba en mi boca. Es día de trabajo.

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