Contaré las piedras. Creer no siempre está bien

Aurora Peregrina Varela Rodríguez

Dedicado a mi gato Pepinolo:
Lolo Loliño Lolo, Luliño de mi corazón.
Está todo dicho y no hay más que hablar, voy a parar de soñar.

Aurora Peregrina Varela
Olvidaré cuando cantaba a Lolo:  Lolo Loliño Lolo, Luliño de mi corazón.
O a Minia: Minolash la de las pistolash. También a Pochie: sana sana colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana. Esto mientras le daba sus masajitos en la barriga tras la dura operación de cáncer, estuvo con 23 grapas en su pancita. Olvidaré sus caritas mágicas cuando me recibían tras la puerta al llegar del trabajo.
Eso es lo que quieres, pero ¿sabes?, soy incapaz. Son mis gatos, mis hermanos, no renunciaré al amor que les tengo por un simple capricho humano.
…La brisa acaricia mis mejillas moradas por el frío, pero en mi elección he sido yo, me salió del alma, como brota el agua de un manantial, como la risa de un padre cuando ve crecer a su primer hijo (el segundo no le sorprenderá), como la recuperación tras una larga y penosa enfermedad que pudo ser… mortal.
Yo peco de “libertad”, mi libertad, humana, pobre y comprometida también, con los débiles y sus múltiples problemas. No es que sea yo buena, pero no me gusta que me manden, respondo con un “no” a los machitos cuando ordenan cosas en determinados instantes que no me vienen bien, aunque estén macizos y tengan los ojos azules. Las cosas son cuando quiere esta mujer, servidora, de corazón. En serio.
No voy a la iglesia los domingos, no rezo por las noches desde tiempos inmemoriales, pero sí hablo con Dios, existen, me convencen y pienso que quererles no es para nada: encender velas de múltiples formas, escuchar misas cantadas, ponerse de rodillas, confesarse con el cura. No puede ser eso encontrarse con los protagonistas de esa gran novela que es la historia de la creación: la venida de Jesús, la salvación. Quererles ya es conocerles, se puede hacer desde casa y sin cruces, no me gustan. Prefiero pinturas con reflejos de la luz del sol, cuadros de Jesús orando o bien del cielo sobre un mar de plata.
 No, no es que sea yo un ángel, no lo soy.
Me caí, me di un golpe en la cabeza y casi me quedo sin sentido en una calle de Oleiros, pero me recuperé. Se acordaron de mí, estoy en el camino. No en el que me dicen que debo recorrer, sino en el que yo deseo PISAR. No me tiran al barranco, no arrojan piedras ni lanzan flechas, no separan mi cuerpo de mi alma enviándome la muerte súbita. Estoy en la senda que me lleva a la casa blanca y azul, en lo correcto.
Pero, por si cambiaran de opinión, he encargado una cama nueva para la habitación pequeña, para velar a un difunto sin escuchar sus últimas quejas, un nuevo muerto que podría ser yo. Es una habitación limpia y recién pintada de azul, porque limpios queremos que nos vea el Señor, de dentro afuera y en todas partes.
Pero que tarde, que tarde, que somos pocas y nos necesitamos, enfermizas en invierno y con esa pesada tos que es noche, tormenta y perdición. También dolor, que nos hace tomar el xumadol.
No cuento las veces que me caí y sigo aquí, tan fácil es morir, pero sigo recorriendo esa hermosa senda llena de pájaros, flores y hormigas de colores… también.
Gracias a mis ángeles guardianes nunca he muerto en una caída, gracias a mi hada madrina que se viste de terciopelo verde, gracias a los apóstoles de Jesús, a los santos, a las vírgenes porque siempre cuando caía amortiguaban el golpe… con sus eternas sonrisas de ángel en las que se clavaban mis ojos llenos de ilusión y fe.
Adiós a mi sueño de tener un caballo blanco perlado, jamás podré comprar una casa rodeada de campo, pero disfruto con las travesuras de mis gatos. Adiós al éxito en el trabajo y a todo lo que deba decirle adiós, sin pena ni gloria, con toda mi voz, mi persona, mi talento, mi torpeza y mi voluntad. Dos veces maltratada no deseo ser. Adiós también a ti. Yo soy del ojo por ojo. Yo soy del diente por diente.  Yo soy una mujer valiente e inocente… puede ser.
Soy una flor del Valle que ve sonreír a un amanecer desde que es bebé hasta que crece y desaparece, paso a paso o de repente, así como puede llegar… la muerte.
Las castañas estaban buenas. Las asamos al horno. Las recogí una a una pinchándome los dedos, por hacer ejercicio, por ahorrarme unas pesetas, no lo sé bien. Fueron casi 10 kilos, me llevó varias horas. Yo, que no soy campesina, acabé con las manos de obrera china. De aldeana que tiene por bienes su casita de piedra, sus solares y su tractor viejo y rojo. Ellas jamás tendrán manos de pianista o de modelo publicitaria. Son ásperas y arrugadas ellas y sus uñas son negras. El jabón tendría poco efecto sobre los tatuajes del más puro campo.
Yo no soy buena persona, no no no, he robado y he matado a los que me hicieron daño, fue tanto el deseo que no sé si fue real o un producto de mi imaginación. Pero no quiero fracasar en el… amor. He fumado, y no lo hago ahora porque gracias a Dios tengo una buena madre. He mentido, aunque la sinceridad es mi vestido más viejo y usado.
Hay que olvidar para siempre lo que se deja, situarlo en el Polo Sur, creo que llegó la hora de verter la última pala de arena sobre las sepulturas imaginarias de los que no me han querido, los que me han humillado y herido, sin control. Es hora ya, ahora o nunca.
Cambiar la arena de los gatos, barrer, pasar la fregona, lavar platos, peinar las rositas gatunas, bañarles y darles de comer. Ese es mi día a día, y soy feliz.
Me gusta el olor a perfume, sus atractivos frascos, cogerlos en mis manos es un placer. La oportunidad de usar, conquistar, seducir, toda me la ofrecen sin pensar.
Cuando me dijeron que eras homosexual no me importó, siempre te he visto como un amigo. ¿Sabes?, no me lo creo, que escondido llevabas tu secreto, no sé la razón de no dar la cara, de no hablar, de no contarlo. Sólo esconde la cabeza quien sabe que no hace bien y tú dices que eres feliz y creo que estás… enamorado. Falso, todo falso.
Minia se lame y lame, va a cumplir 12 años, tocándome la luz del sol puede ver claro lo que tengo enfrente, ahora muevo mi pluma como un ave que vuela sin descanso, puedo escribir como una loca, como un genio idiota, todo por servirle al Creador. Ahora sé cosas porque tengo años, demasiados como para seguir siendo una ignorante, tengo luces, esencia y fragancia, tengo perfume y castañas. Me casaron con la pluma y el papel y yo, he aceptado, sin conveniencias, sin interés. Escribo gratis. No ofrezco nada serio. Los cuentos son sólo cuentos y los cuentos nada son.
Señorita, acepta a la pluma y al papel como legítimo esposo…
Sí acepto gustosa.
Pluma y papel aceptan a la señorita como legítima esposa.
Sí, aceptamos mientras no nos haga escribir demasiado.
Entonces los declaro marido y mujer, carne y hueso, noche y luna, sol y cielo.
Y yo sigo comiendo arroz, esperando el momento de amor entre iguales, no con marcianos, no con robots ni con gusanos. Pero si de momento mi marido es la pluma y el papel, a ellos debo ser fiel y a ellos debo corresponder.
Jamás olvidaré las niñas de mi colegio que tocaban la guitarra, mientras las monjas, más modernas bailaban rock and roll. Tampoco esa amiga que viajó a Cuba por amor, ni la primera que vez que me caí de la bici en Parque Carabobo de Caracas, ni las dos veces que casi me ahogo en la piscina. Pero mi salida de emergencia será olvidar personas que conocí, porque hay un incendio que acaba conmigo sino lo hago pronto. Correré escaleras abajo y llegaré a un jardín de rosas y claveles color lila, allí experimentaré el verdadero sentimiento de la amistad y el amor, no salvaje, sino pensado, meditado, real y leal. Tendré la gran oportunidad de tener amigos para siempre porque así lo manda Dios, y mi parte, es con él.
Alquilé un piso a un hermano y nada hice, sólo abrí la puerta para que lo viesen y se lo quedaron. Con la crisis encima acepté su invitación a comer, nos bajaron el sueldo y la paga de diciembre será un 30% menor. Esta es la cometa de arena contra la que no se puede luchar.
Ya me lo dijera Astrid, la astróloga que me predijo el destino, mucho trabajo y poco dinero, casarme no soñarlo, pocos amigos y un sueño… ay mi sueño de poder gritar “Libertad” a tiempo. Mi historia tuvo errores ortográficos y gramaticales que he heredado. Soy parte de ella y como ella estoy contaminada. Estoy acabada.
En esa historia hay terremotos, calenturas y mucha tos. La misma que tengo yo.
Ahora que sé que soy de carne y hueso y que si me lastiman me hacen daño, ahora salfré poco de casa. Compraré alcohol, betadine y gasas. Porque soy capaz de sentir dolor físico y espiritual. Llevo mejor el segundo porque soy buena psicóloga, socióloga y filósofa. ¿Quién da más?. Soy las mejor de los tres campos, por eso soy melodía, colonia, belleza, transparencia, soltura, elegancia, humildad.
Hay momentos en mi vida que pasaron como un tren de alta velocidad, como el ave Madrid- Valencia, apenas recuerdo detalles de la facultad , el colegio o las clases de gimnasio… sin embargo hay momentos que viví que no puedo deshacerme de ellos, algunos me llenan de alegría y otros de rabia, impotencia y tristeza. ¿Por qué recuerdo a mi madrina cuando hace treinta años que no la veo? ¿Porqué no recuerdo lo que me pasó la última semana de trabajo?, será que tengo memoria a largo plazo, o cuestiones de cariño que tienes con un familiar y no con un compañero de labores.
Mi gato Antón es un cabezón, se pasa el día persiguiendo a Chichie y a Giga.
Hoy la pluma el papel y yo dormiremos en camas separadas, sé que estoy perdiendo el tiempo, como se llega a perder el alba y los recuerdos desagradables, aunque tarden en marcharse. El tiempo, ese bien apreciado e irrepetible.
Chitito es mi negrito, el morenazo de firme mirada y ojos de limón, el que me extrañó cuando me fui una semana a La Coruña para olvidarme de todo, las palabras, las obras, los edificios de mi contorno, la rutina.
Seré fuerte para decir adiós, para el momento de la despedida, yo sé hacerlo.
Quiero se la luz principal del protagonista de aquella escena, debo ser bombilla, luz solar, linterna, pila. Mi capricho es ser la luz para permitir que todo se vea y dar calor, sensación especial que a todos apetece. La luz secundaria, de fondo y el contraluz lo dejo a otras personas, con otras inclinaciones o vocaciones. Siendo luz, dejaré de ser yo, de carne y hueso, y podré pasar desapercibida por tus aceras, por tu trabajo… como si fuera por debajo de un túnel oscuro, y todo, hasta que acabes de rodar tu película. Me iré luego y seré yo de nuevo, podré recordar que estuvimos juntos. Tú, no.
Los pensamientos me invaden como cometas de arena, deseo que se terminen ya mis penas pero son fuertes aunque parezcan débiles, son mi memoria, mi tortura que no siente compasión de mí. Y yo las acepto. Quieren que caiga al abismo y me lastime, quieren que fracase de nuevo. Me estropean algunos días en que deseo sonreír y olvidarlas, pero sé… que todo tiene su fin y algún día tendrán que refugiarse en una habitación sin luz sin nadie a quien perseguir.
Me llenará la luz solar, luz que nunca se ha marchado permitiéndome resistir las inclemencias del tiempo, las noches sin estrellas y la locura.
Rodaré mi película con la luz del sol en la cara, única, verdadera, natural y sincera. Noble y buena compañera, la que me mantuvo en pie y me cantaba hermosas melodías, la que me permitió ver hermosos paisajes, la que me dejó disfrutar del quehacer diario en casa, con mis gatos, que cual terapeutas impidieron que tuviese que calmarme con insanas pastillas.
Sigo buscando a mi pajarito que voló y que creo murió un día de nieve, le pido perdón, le pido una señal, le pido a Dios que le tenga a su lado.
Cometas de arena que sueños de plástico, papel y lata son. Cometa que morirá algún día y no falta demasiado, cuando eso suceda todo se llenará de flores y no tendré por donde andar, me tiraré en una cama en la playa para contemplar el cielo y entonces, podré dar gracias: por haber tenido cometas en mi camino que me enseñaron a ser lo que soy, por haber tenido a mis felinos, que fueron como hijos… Quiero que las cometas se acaben como un ser que envejece, como el final de la tarde violeta, como cuando desaparece el alba dejando el cielo todo azul, como el final de una dura tormenta, un difícil examen, de una oración rezada a la fuerza.
Mi próxima visita será la luz solar, fuerte y encantadora, única e inmortal. Luz perpetua que da cobijo y paz.
Hay que cambiar el chip y acabar de llenar el disco duro de los sentimientos, tener más archivos, fotos, vídeos y tirar a la papelera lo inservible, lo repetido, lo absurdo.
Hay que dejar de escribir, también.

MÉNDEZ. MI GATO.

Pero más inquieto está Méndez. Debe ser porque lo he puesto en el suelo y ya se siente a un paso de la libertad. ¿Qué te pasa Méndez? ¿No te gusta la música? Si quieres la cambio. Si Méndez fuese un poco más elástico ya hubiese atravesado sus barrotes hace rato. Ya ves Méndez estas gordo, tienes que ponerte a dieta si quieres escapar. ja, ja, ja. Méndez corre en su rueda como si estuviese corriendo por su vida, como si estuviese compitiendo en algún torneo, corre como si llegara tarde al trabajo o al colegio. Lo bajé un rato de su mesa porque necesitaba el espacio, y desde entonces no ha parado. Y ahora que lo pienso tiene ya varios minutos sin detenerse, sospecho que sufrirá de un infarto en cualquier momento.

 El (o ella, la verdad no lo tengo muy claro) corre como si fuese caballo al galope, como si tuviera prisa por llegar a alguna parte, pobrecita. Luego se baja, husmea alrededor de su jaula como si fuera la primera vez que esta ahí, mordisquea un poco los barrotes y entonces se sube otra vez a la rueda. Al abandonar su rueda -esto me hace reír- actúa como si se bajara de una cápsula espacial o de una máquina del tiempo, tímidamente, una patita después de la otra, lentamente, precavidamente, examina la zona.

Como si esperase llegar a algún sitio en especial, o hallar la salida, la puerta mágica. Pero qué no entiendes rata bruta que estas dentro de una jaula y que por más vueltas que le des a la rueda nunca llegaras a ningún lado! A lo mejor estas loca, a lo mejor tu mente te hace ver cada vez un lugar diferente, a lo mejor esa es tu manera de escapar, de lidiar con la pena del encierro, después de todo las ratas no se suicidan. Las ratas tampoco se drogan, no tienen teléfono, ni televisor, ni libros, sus opciones para pasar el tiempo son muy limitadas, ¿qué más podrían hacer sino engañarse a sí mismas? ¿Y además qué debería de esperar yo?, ¿verla un día sentada en flor de loto haciendo zen o tai chi, meditando sobre su futuro, haciendo planchas, parada de cabeza, bailando break(!), o qué la voy a ver un día arreglando los trastos de su jaula, decorando un poquito su casa, una piedrita aquí, otra piedrecita allá, un poco más de aserrín aquí un poco más de aserrín allá, acomodando la comida en su plato, la caquita en una esquina? ¡Ni hablar pues!

Al ver su vehemencia y la manera en que sus ojitos parece que se le fueran a salir, y las venas de sus orejas que se hinchan y se ponen rojas del esfuerzo, se me ocurre que a lo mejor mientras corre sueña que se escapa de aquí, sueña que ha logrado salirse de su jaula que ya no tendrá que vivir encerrada jamás, luego que huye escapándose por alguna rendija de la puerta o por el resquicio de la ventana, se alucina la rata esta que baja las escaleras a toda prisa, tropezándose en cada escalón, bajándolos de a dos, de a tres, que cruza la reja y que sale de la casa, que corre en busca de algún jardín, a lo mejor piensa que encontrará a otros como él, que en algún hueco o buzón hallará cientos de animales, roedores, que como él también lograron escapar de sus prisiones y ahora comparten de manera feliz una vida de libertad.

No sabe que en la primera noche se lo comerían vivo, no sabe que hay otros más ratas que él, no sabe que él no es una rata cualquiera para empezar, él es una rata de veinte dólares, él no es como aquellas grises, callejeras, peligrosas, que comen carroña, él es 100% vegetariano para empezar, mejor dirán las otras, menos colesterol pe\’, más rico dirán sobándose la panza las muy viciosas. así es Méndez no sabes lo que te espera si te lograras escapar un día, horrible oye, deberías de darme las gracias y portarte mejor, en vez de actuar como si no estuvieras contenta, o qué acaso te quieres ir y dejarme, qué tanto crees que te necesito Méndez, además nunca te enseñé a cruzar la pista y tú eres muy confiado pequeñín, tú te le trepas a cualquiera, nada que ver Méndez, ven, cómete un manicito, ven. ¿Por qué estas tan excitada dime?, ¿qué cocha pacha en tu cabeza?, ¿tú no has visto Tom y Jerry?, de qué cosa crees que son tus barrotes dime, ¿de azúcar?, ¿por qué te quieres salir dime?, ¿qué no soy un buen amo?, ¿no juego contigo?, ¿no te hablo?, ¿no te pongo música?, ¿no te doy de comer?, ¿no te meto en mis pantalones y te saco a pasear? ¡Oye Méndez qué te pasa no me escuchas! ¡Por lo visto te entra por un oído y te sale por el otro todo lo que yo digo!, ¿no?, ¡Oye Méndez! ¡MENDEZ! NO hay nada que hacer, lo de Méndez es crónico. En el fondo lo envidio.

 Al menos él tiene una esperanza. Tal vez debería de abrir su puerta, ¿qué derecho tengo yo a retenerlo contra su voluntad?, ¿por qué no he de darle la oportunidad de vivir su vida como lo crea más conveniente?, ¿y si lo matan?, ¿y si lo hieren?, ¿y si no encuentra comida?, ¿has comido raíces alguna vez Méndez?, ¿has comido insectos?, ¿ah? ¡contéstame!, no me contestas verdad, te quedas callado, pues yo te diré, nunca, nunca, desde el día en que naciste has tenido que comer algo que no te gustara, ah, ¿qué me dices a eso?, pero y si, ah ya sé, ya sé, no, no es que. pero Méndez a ver, ¡ven!

Acerco mi dedo a la jaula y lo meto para acariciar su cabecita, dos pequeños globos rojos supervisan la trayectoria de mis dedos, ¿quieres que te cuente un cuento Méndez?, ¿quieres decirme algo?, siento sus pelitos acariciar mis yemas y entonces destrabo la rejita que separa a Méndez del mundo real, abro lentamente la puerta, con pena, ¿y si a lo mejor al llegar a la puerta Duffy el perro labrador lo encuentra primero?, ¿pero y si a lo mejor escapa y pasa el mejor día de su vida?

Méndez rasguña con sus pequeños dientes el contorno de mis dedos como despidiéndose. Méndez me entiende lo sé, él sabe que quiero lo mejor para él, pero no quiere que me preocupe. El comprende mis contradicciones, no me guarda rencor. Yo no te doy ninguna probabilidad Méndez no lo hagas. ¿Qué cosa? Está bien, Méndez cerraré los ojos y contaré hasta diez, ¿de acuerdo?, si aún no te has ido. Méndez sabe de mis sentimientos y mis cavilaciones, Méndez sabe que es libre en su mente, Méndez es un fugaz escozor sobre el cuero de mi metacarpo.

Chau Méndez, cuídate de los gatos.

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