Marquitos, mi niño


Marquitos, mi niño
MARQUITOS, MI NIÑO,
DEDICADO A LOS GATOS ABANDONADOS


Marquitos
Marquitos, mi niño














Marquitos, mi niño:

Quisiera explicar en una palabra
todo lo que te quiero…
y como era mi vida sin ti…
Quisiera decir con una sola mirada lo maravillosa
que es la vida desde que te recuperé…
Su hermanito Nonito, el ángelito,
no tardó en unirse a la lista.
No quisimos probar
a darlo por miedo a que pasase
por la misma situación que su hermano:
que viviese malos momentos como pasó a Marquitos
por la imprudencia de aquella bruja de Bertamiráns.
Esa mujer lo llevara y lo perdió,
que tan poquita importancia
diera al hecho de no tenerle:
-Hay más gatos, decía ella…
Sí, pienso yo, pero no hay más Marcos.
Esa carita no la encontraré en otro…
y es diferente vivir  con un dueño
que sobrevivir en las montañas
buscándose el alimento todos los días en los fríos días
de la estación invernal. Y, puede que,
padeciendo enfermedades que nadie ayuda a curar,
y… también… ¿por qué no decirlo?…
sin un amito que lo cuide y mime.


BEIRES, ALPUJARRA ALMERIENSE

BEIRES. ALPUJARRA ALMERIENSE
Maribel Cerezuela en Beires, alpujarra almeriense.



Del libro: Canciones del Alma, poesía. Almería 1975


A BEIRES

¡Cuantas bellezas sin fín
andando por los caminos
he podido conocer
en los ignorados sitios!
Tierra fértil y de paz,
lejana de los ruidos.
Allí anida el ruiseñor.
Allí canta el gilguerillo.
La parra al pie de la sierra
se abraza con el olivo.
Los almendros solitarios,
solitarios se han perdido.
Beires y sierra de Beires,
han quedado en el olvido.
Qué tristes quedan los pueblos
cuando pierden el camino.
Pueblo sobre roca en agua,
entre barranco y montículo.
La oliva y el trigo verde
bajo el palio del suspiro.
Beires y sierra de Beires
forman parte de mi libro.
Sus acacias y sus olmos
huelen a moros huídos.
La pizarra de su techo
yace sobre los derribos.
¡qué pena que Beires muera
sin que yo pueda servirlo!
En lo más puro del aire
la fragancia del tomillo.
Y en el cristal se ha fundido.
Su mina dormida en llanto,
fuente de hierro magnífico…
Los veteranos pastores
ya viven en los hospicios.
¡Qué pena de aquellos hombres
con sonrisa de chiquillos
que ya no fumen tabaco
de hoja verde en el aprisco!
Repoblación forestal
ignorante de prejuicios,
ha deshecho los rebaños
bajo un ensueño de pinos.
Beires y sierra de Beires
y su arroyo cristalino,
al pie de Sierra Nevada
ofrecen un Paraíso.

Alfonso López Martínez 

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