CRÓNICA DE UNA NOVELA

“El Renacer de la Rebelión Ilustrada (Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo)” 
de Enrique Myro

Antonio Ortiz, La Voz de Todas Partes

ENRIQUE MYRO

EL RENACER DE LA REBELIÓN ILUSTRADA. DON PABLO DE OLAVIDE Y EL INGENIERO IZQUIERDO.


Tras la entrevista que le hicimos a Enrique Myro, Sevilla 1946, en su Casa Sinapia en La Aldea de Los Ríos, situada entre La Carolina y Guarromán, ver en DIARIOVOZ. REVISTA DE LITERATURA y después de, siguiendo las directrices que nos dio el autor, haber vuelto a leer su novela “El Renacer de la Rebelión Ilustrada (Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo)”, creemos que es hora de hacer la reseña literaria de dicha obra.

De entrada, confieso que me ha parecido una novela bien elaborada, rica en diversas historias y, a pesar de su complejidad, equilibrada y fácil de leer; es decir, una buena novela, lo cual no es óbice para cuestionar algunos detalles de la obra.

El primero, a mi entender, es que estamos ante “una novela para el autor” no ante “una novela de autor”, que también lo es. Cuando digo esto me viene a la memoria “El Péndulo de Foucault”, de Umberto Eco, porque al igual que al italiano en dicha obra, a Enrique Myro le notamos en muchos pasajes de su novela que está escribiendo, en buena medida, para su disfrute personal.

Nos referimos, por ejemplo, a la cantidad de cuadros con los que viste las paredes de los restaurantes a los que van los personajes, e incluso los que cuelgan en la biblioteca del castillo de Canena, todos descritos con detalle. Bien es cierto que tienen relación con lo que está sucediendo y también con los lugares donde transcurre la trama, pero quizás para algunos lectores puede resultar cansino, y eso sin mencionar a su admirado Zabaleta, de quien se ocupa con singularidad.

Pero antes de seguir con los digamos desaciertos, entremos de lleno en la obra.

Como nos decía el autor en la referida entrevista, la novela desarrolla siete historias entremezcladas, dos de las cuales tratan sobre hechos históricos.

La historia principal versa sobre Don Pablo de Olavide, donde en los nueve capítulos que la componen, el Ingeniero Izquierdo conversa oníricamente con el Superintendente Olavide y éste va desgranando su vida.

En dichos diálogos el autor nos hace entrar en la vida doméstica de hace 250 años desde una perspectiva actual. Tenemos que admitir que, con una narrativa excelente, Don Pablo le cuenta al ingeniero en un diálogo mezcla de expresiones del siglo XVIII y las actuales, cómo fue su vida en aquellos años, desde que salió de la cárcel en 1754 hasta que volvió a entrar en ella veinte años más tarde por motivos que el lector descubrirá en la novela.

De forma muy amena se nos narra cómo Don Pablo enamora a Doña Isabel de los Ríos, la viuda rica de Leganés, cómo viaja por Europa y en Lille Madame Practiquesuyer, amiga de Diderot, le enseña una prenda nueva, el albornoz, que luego él mejora para su mayor goce y disfrute. Además de otras circunstancias de su vida, y sobre todo cómo le nombran Asistente de Sevilla y Superintendente de Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. 


ENRIQUE MYRO
ENRIQUE MYRO 

El relato del viaje que hace desde Madrid a Sevilla para tomar posesión de sus cargos, pasando por la Peñuela, actualmente La Carolina, es muy interesante y entretenido, sin olvidar su estancia en Écija en el palacio de los Marqueses de Peñaflor.

A su vuelta a Las Nuevas Poblaciones asistimos al levantamiento del enclave de los Ríos, hoy la Aldea de los Ríos, durante el cual se inicia y se nos cuenta el desarrollo de un proyecto industrial, El Agua Airosa, que resultó espectacular y que nos retrata el carácter emprendedor de los ilustrados en aquella época.

La vida de don Pablo se desarrollaba entre Las Nuevas Poblaciones y Sevilla, y en una de sus estancias a la orilla del Guadalquivir, el prepotente de Don Pablo prepara una trampa a las recalcitrantes autoridades sevillanas cuya narración resulta en verdad divertida, reflejando con nitidez meridiana el carácter de nuestro personaje.

Hay más datos interesantes de la vida del Superintendente Olavide, pero no quiero omitir mencionar sus amores diversos y libres, mucho más libres si los comparamos con los actuales, lo que él mismo le recrimina al Ingeniero Izquierdo.

Reflexionando acerca del porqué los capítulos sobre Olavide son tan entretenidos y tienen tanta fuerza, llegamos a la conclusión de que se debe a la atrevida técnica narrativa que utiliza el autor.

En primer lugar, el narrador es no omnisciente, es decir sólo cuenta lo que ve y oye, frialdad que el autor intenta mitigar con las descripciones del entorno. En segundo lugar, a dicha frialdad se contrapone la vivacidad lograda en los diálogos entre don Pablo y Fernando. Por último, se introduce la vehemencia de la narración en primera persona que hace Olavide de los diversos sucesos ocurridos en su vida.

El uso equilibrado de esa terna de técnicas narrativas, es donde creemos que estriba la alta calidad literaria alcanzada en estos textos y que modestamente instamos al lector para que se fije en ellas, pues seguro que disfrutará aún más con su lectura.

Las siguientes historias en importancia son las del ingeniero Izquierdo, su mujer Esperanza y su entorno familiar, sus dos hijos Nando y Giralda , y Manuela la canguro portuguesa.

En estas historias, literariamente hablando, la virtud principal recae en la naturalidad de los diálogos y la capacidad del autor para ambientar las escenas con un narrador que sólo puede contar lo que ve y lo que oye, y no lo que los personajes se supone que sienten y piensan. En ellas se nos hace ir desde los grabados deEscher que tiene Fernando en su despacho, a los imanes que están pegado en su nevera o a los striptease que le hace su mujer cuando llega del trabajo y se cambia de ropa.

El interés empieza por las repercusiones personales del accidente que tuvo el Ingeniero al caerse de una mula con la que acostumbraba a pasear por los alrededores de la Aldea de los Ríos. Por cierto, el tío Pirri, que le cuida la mula, y su mujer son unos personajes entrañables.

En cuanto a las relaciones profesionales tanto de Fernando como de Esperanza, en sus correspondientes entornos laborables, se cuentan con tanto rigor y credibilidad que inducen al lector a mantener el interés en sus circunstancias.

Pasemos ahora a referirnos a la historia de Carlet y Fernadina la chocolatera, una idea que el autor confiesa haber tomado prestada de Buero Vallejo, en su obra “Un Soñador para un Pueblo”, que supone una especie de ucronía fallida, llena de sexo sano e ilusionante. Pero no vamos a decir más para no desvelar el secreto ni romper el encanto del que el lector pueda disfrutar de su lectura.

Si hablamos de sexo, en esta novela lo hay de forma explícita e implícita, no podría faltar en una época en la que triunfan tantísimas sombras, pero, aunque haya escenas con una alta carga erótica propensas a lo cutre, debemos señalar que los versos de San Juan de La Cruz proporcionan un sentido místico a los encuentros amorosos de los protagonistas.

Algo también complementario que me ha gustado y mucho, son las descripciones de los paisajes que recorre el ingeniero Izquierdo, su camino hasta La Carolina o El Porrosillo, por ejemplo, sin olvidar sus idílicos atajos por las pistas forestales.

¡Ah!, y otra cosa son los sofisticados platos que degustan los protagonistas tanto en El Balneario de Canena, en La Isabela, en El Acebuchal e incluso las delicatesen de La Petite Maison, por no hablar del espectacular menú en la comida en el Castillo.

Volviendo de nuevo a las historias que componen esta novela, en una de ellas se narran los amores ilícitos, complementarios y novedosos de algunos personajes secundarios, todo ello al hilo de la tesis que defiende don Pablo en el sentido de que en el siglo XVIII las personas gozaron de mayores libertades en el tema amoroso. Algunas de estas escenas de amor complementarios como es el caso de Juan y Enara están muy logradas.

Ya sólo nos quedan dos historias que comentar, una de ellas es en la que se narra la vida del pueblo de Quesada. El ardid literario empleado por el autor es realmente brillante, pero obviamente no lo vamos a descubrir. Recientemente he leído “Manhattan Transfer” la novela de John Dos Passos, y salvando las distancias entre el escritor norteamericano y Enrique Myro, como antes lo hicimos con Umberto Eco, tengo que admitir que nos lo ha recordado. Los pueblos tienen su propia vida que no la constituyen la de cada uno de sus habitantes, sino la de todos en su conjunto, y el escritor sevillano la narra de forma excelente.

Por último, nos queda la historia protagonizada por Isabelo de Olavide, un personaje nacido como con fórceps pero que poco a poco va tomando consistencia hasta convertirse en el contrapunto perfecto del Ingeniero Izquierdo. Es un personaje extremadamente desgraciado pero que merecía ser feliz, como lo describe Esperanza. ¿Lo será?

Ésa y otras historias quedan pendientes de resolver en esta interesante, amena y bien escrita novela, lo cual, quieras que no, deja un cierto desencanto en el lector. Mas no se frustren, Myro promete una segunda parte de la novela en la cual promete desentrañar los misterios pendientes de esclarecer en las historias que componen esta obra.

Y a todo esto, se preguntarán los lectores ¿dónde comprar la novela? Pues en su librería habitual o directamente en la página web de la editorial:



EDITORIAL MALUMA

Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR

SALÓN DE LECTURA    ______________      José Antonio Santano
DIARIO DE ALMERÍA

Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
Podríamos afirmar que del silencio nace la palabra. El silencio es el abismo absoluto, el blanco de la página y la palabra la luz que deslumbra al blanco y sus silencios. Por ello llama la atención que el silencio trascienda en la palabra escrita, en la voz que antecede al signo y lo precipita sobre la página hasta ocupar el lugar exacto y no otro. Ese silencio que todo lo domina en su esencialidad que arriba a pocos puertos hoy en día, o lo que es lo mismo, a la poesía actual. No es habitual que el poeta busque el límite mismo del lenguaje en el silencio, al menos, nos los jóvenes poetas, por esa creciente vanidad de creerse principio y fin, sin que en ningún momento hayan vuelto la vista atrás para comprender que el hoy no existe sin el pasado, y que la poesía ha de beber siempre, irremisiblemente, de cuantos poetas nos precedieron. 
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
MARIO PERA.
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR

Hay un haz de luz para la esperanza cuando el poeta joven alcanza la madurez del verso en ese límite del que hablábamos antes: lenguaje y silencio frente a frente, pura esencia de la voz poética. Habría que volver al origen de la nada para entender el mundo, abismarse en la profundidad del “yo” para ser el “tú”, la “otredad” sin más, transfigurándose, transmutándose en otra “alma”, en un viaje al corazón del hombre. Es aquí donde toma altura de miras la poesía peruana actual, y más concretamente, la del joven poeta Mario Pera (Lima, 1991), con el poemario titulado “Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor”. Un libro extraordinariamente denso, donde un solo poema-río lo conforma. Es una rareza encontrar un sello editorial que publique un único poema como es el caso, a manera de la más pura tradición clásica. En la actualidad se nos ha acostumbrado a la fragmentación del poema, a la ruptura temática y formal, de manera que una lectura como la que hay que afrontar en este libro solo satisface a quienes consideran que el poema único es un gozo indescriptible, que necesita de esfuerzo, claro, pero que proporciona con creces felicidad tanto en el lector avezado como en todo crítico que se precie. 

Poesía en estado puro, lenguaje y conocimiento, experiencia y emoción de lo vivido y lo por venir, desnuda, sin signo alguno de puntuación, solo la palabra en el blanco silencio de la página, remolino de símbolos y metáforas, soledad y naturaleza viva en una fusión total y absoluta del poeta consigo y con el mundo. Ya desde el principio se identifica la hoja con la palabra, de tal manera que el poeta en su deseo de que no se abisme en la nada escribe: «Impedir que la hoja caiga // no como una hoja / sino como un puñal / no como una hoja / sino como un grito». En este denso y largo poema, único, Mario Pera desde la incertidumbre, desde la duda que le apremia se deja llevar por la corriente y el fluir de la palabra: «porque este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca»; así va del poema al árbol, al agua de los ríos o al polvo del camino, es la palabra como una hoja al viento, de vuelta a la nada, al silencio que vive dentro, al fuego de los días: «y nuevamente / la nada // el cero rugiendo con hambre a la izquierda // pues nada es tan cierto / como saber que no soy sino el retorno / sobre las huellas de la rueda / la edad del hambre / arrojándose a los ojos de lo falso / al jardín que atraviesa los milenios / la infancia la respiración / todo lo que imita la ausencia / además / no existe». El silencio se muestra en todo lo cotidiano, también en los fracasos: «aquí no cabe nada / más que el resplandor cicatrizado / de la derrota», y sin embargo, el poeta limeño no puede dejar de buscarse en la palabra, en el poema, porque distanciado de su esencia no es nadie: «lejos del poema / las horas no son más que / una noche infinita / como si nos hubiéramos suicidado / sin padecer la gravedad / de abrazar una camisa de fuerza / que obliga a tragar lo hablado / del sueño / el germen del poema». Los versos se crecen a medida que avanzamos en la lectura de este poema-río, en una letanía de sustantivos (afonía, ocaso, ribera, sendero, piel, cielo, etc.), a golpes secos, desde la doliente presencia del silencio siempre: «allí donde duele más el silencio / el pánico se derrama / sobre la almohada».

 Una cascada de nombres que se abisman en la página como agua salvadora, anunciadora de la luz y la belleza contenida en la Naturaleza, en palabras que deslumbran y sangran igualmente, se va constituyendo el discurso poético de Pera. Nada es ajeno a la observación de la realidad que rodea al poeta en la construcción de un lenguaje sólido y preciso, “letra a letra” aprehendido, presente en la memoria y el recuerdo de lo vivido: «desde el sonido de aquella única cuerda / del artero fantasma del niño que fui / que perdió la capacidad / de imitar el silencio / y flotar por miles de caminos / hasta abrir / la primera palabra / en mi voz / a través del cristal». La poesía como ese “ejercicio que no entiende / la lengua de los hombres”. Por todo ello arde en el fuego de la palabra Mario Pera, preso a su tierra y el silencio. Mas hemos de saber que «Este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca». Una libro singular y una joven y lúcida voz poética, la del limeño Mario Pera, sin duda.
MARIO PERA
y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor. MARIO PERA


Título: Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor
Autor: Mario Pera
Editorial: Amargord (Madrid, 2018)

Menos mal que encontré qué hacer.


Aurora Peregrina Varela Rodriguez




Menos mal que encontré qué hacer. 

Llueve y los recuerdos permanecen.
Llueve y sabe que hizo bien al escapar del mal. 
Pero dejó sentimientos atrás, entre todos ellos. Imborrables todos. 
_¿Por qué escribes y lees tanto?, 
_Pregunta el más curioso observador. 
_Para olvidar el pasado. 
Menos mal que he encontrado qué hacer!!!! 

No estás leyendo un relato más.

Aurora Peregrina Varela


Aurora Peregrina Varela Rodriguez



No estás leyendo un relato más.
Pueblo de Vuontell Charsk Shuconí.

No será un relato más mi paso por el pueblo de Saint Vuontell, mis fotos allí tomadas, risas, apretones de manos y dolorosas glorias. 
Tenía sabor, gracia y creo que sabiduría. Paseaba guardando sabias distancias de aquellos pueblerinos idiotas, poco vulnerables, equivocados, sin sonrisa. Les observaba, sin palabras, y me he visto subida a un rayo a punto de proceder en su caída, ciego y sin llanto.
Entonces allí estaba él, el hombre que me hacía sentir, siendo yo una mujer mayor, y me invadió la depresión, amenazante en un luminoso relámpago de incalculable dolor.
Pero historias, las justas. 
Me iría porque Santa Minia así lo decidiera, sólo hay un cuento y es el mío. El hombre que me levantaba el ánimo se quedaría sin mí, con mis lágrimas también. Tan sólo con un pequeño recuerdo insuperable de aquella tarde los dos, dulcemente enamorándonos.
Ya no he vuelto a ser la señorita Purhacanllinet Shixertú después de dejar de ver a mi hombre. Al puebo de Saint Vuontell Charsk y también a mi buen amor Shimeón Ranchardentoll, espero llegar a olvidar cuando cumpla los designios de mi sagrado y oscuro predestinado ocaso.
Saint Vuontell fue para mí, tierra para el divino olvido, un ser que me amaba demasiado y un sentimiento profundo que no aceptaron mis santos. Razón les doy a todos pues somos distintos, de países extraños, unos desconocidos que bailan sus propios ritmos por ellos compuestos pues no han querido someterse a dominios… aunque, por instantes, desean superar las oceánicas diferencias, que les causan momentos de reflexión, rabia y por minutos… unión y finalmente: separación.
Ya no hay edades para los experimentos, y si el amor me llegó tan tarde, que se vaya de paseo de nuevo, como así hicieron los falsos pasajeros de mi vuelo en el pasado.
Nos abrazamos, nos correspondimos en besos y miradas, pero marché, algo más sucia de lo que llegara a él, simplemente salí de su vida como una traidora y sin avisarle que no regresaría.
Se quedó con mi negra mirada por haber sido esclava, palabras torpes y un necio \”adiós\” aquel guapo señor que me quería por esposa. Y yo también. Por eso permití aquellas otoñales caricias siendo su postre final \”mi miedo\”, al conocer que se endulzaba con mi gesto, mi deshonor e ignorancia, mi deshonra, falta de luces y extrema sencillez.
Aquel hombre tan especial, cuando conoció la génesis de su problema supo, que no era otro que ser de ese pueblo perdido y el estar nosotros demasiado mayores para empezar, me llamó despiadada, perdedora, de malos juicios.
Pero los cerebros no se cambian fácilmente, estaba cansada y el amor perdía su valor aunque le sintiera siendo fuerte, verdadero.
Mi madre me educara para la vida perfecta, el amor a los veinticinco, el embarazo a los veintisiete, y el resto de los hijos antes de los cuarenta.
Era tarde y los consejos de una madre pesan, no sé si sobran o no, pero siempre pesan, y no salía su imagen de mi cabeza diciéndome: 
-Adopta, ya no son edades, este sí, aquel hombre no, ¿qué diría si le dijera que me gustaba el pueblerino?… No rotundo, lo sé. 
No quería pelearme con ella, pero principalmente estaba fatigada de estar sola, de esperar y de la sorpresa final que como una burla se me presentada dándome en la cara porque ya nada podría hacerse con ese amor tardío, nada de aquello con lo que cualquier mujer al crecer podría llegar a soñar.

Anda llorando….


Aurora Peregrina Varela Rodriguez



Anda llorando… 

Cae la noche y es viejo. 
Cae al suelo y llora a escondidas. 
Lleva décadas en esta historia. 
El desamor le ha hundido. 
_Ha curado, preguntan ellas? 
_No respondemos. Aún anda llorando. 

SALÓN DE LECTURA. LAS FLORES SUICIDAS

SALÓN DE LECTURA ____
DIARIO DE ALMERÍA

_____________________________ José Antonio Santano

LAS FLORES SUICIDAS
Vivimos un tiempo extraño por irreflexivo y laxo. La sociedad actual se caracteriza por la banalidad en casi todos los ámbitos de la vida. Y la literatura no podía ser ajena a esta circunstancia, a esta corriente que nos arrastra, si no ponemos remedio, al abismo. Escribir se ha convertido en un acto mecánico, carente del más mínimo respeto a la tradición y a los valores inherentes al hecho en sí de la creación, que no son pocos. Todo vale si al final el nombre queda estampado en la portada de un libro. No existe filtro alguno, todo es publicable, aunque transgreda las normas más elementales que debe reunir un texto. Ya no existen editoriales que se arriesguen a publicar un texto si antes el “escritor” no abona la parte correspondiente, es decir, no se autofinancia dicha edición. Y así nos va, claro. Afortunadamente, alguna vez nos encontramos con agradables sorpresas, como es el caso del libro “Las flores suicidas”, de Juan Herrezuelo (Palencia, 1966), si bien reside en Almería desde 1978. Reúne su autor en este libro cinco magníficos relatos, y no es extraño pues a pesar de que Juan Herrezuelo no es un autor muy prolífico, si es cierto que su obra publicada hasta ahora es de un enorme interés y calidad, como así lo demuestran su novela “El veneno de la fatiga” (1999), con la que Muñoz Molina distinguió al decir: «una vehemencia narrativa llena de belleza», y dos libros de relatos: “Desde el lugar que me oculto” (1991) y Pasadizos (2011). Con la narrativa de Juan Herrezuelo nos llega un aire fresco pero con una gran influencia de la tradición literaria española, también anglosajona. Gusta Herrezuelo de la formación de una estructura narrativa coherente, construyendo así un gran armazón que sostenga el relato hasta su conclusión. No se le escapa a Herrezuelo la importancia de la observación y la descripción narrativa como espacios singulares donde hospedar a los protagonistas de las historias y desarrollar así una narración que en ningún momento pierda esa tensión tan necesaria para que el lector no desfallezca y abandone antes de tiempo la lectura. Herrezuelo conoce bien los tiempos y las diversas técnicas narrativas. 

LAS FLORES SUICIDAS


Su discurso siempre se basa en la observación y posterior reflexión sobre todo aquello que le rodea, sean unas palomas de un parque o un crimen, de manera que la realidad pueda trascender en ficción y viceversa, en un juego de contrarios capaz de mantener la tensión del discurso narrativo y la atención del lector de principio a fin. Herrezuelo es un potente narrador, que no se conforma con poco, que en su tremenda y vital pasión por la literatura nos muestra los mundos más dispares, con tal esencialidad y belleza que no es baladí afirmar que nos hallamos ante un escritor de raza. Cinco relatos, como se ha dicho, conforman este libro que, lamentablemente, quedó solo como candidato a finalista del Premio Andalucía de la Crítica correspondiente a los libros publicados durante 2017, pero que no resta valor alguno a las extraordinarias narraciones que lo contienen. Hay que decir, en honor a la verdad, que todas estas narraciones son de una actualidad rabiosa, y que en cada una, el universo creado por su autor está circunscrito a una realidad que maneja que sabiduría narrativa hasta el punto de dejarnos con un sabor agridulce, consecuencia de esa trascendencia de lo real en los imaginario, de esa capacidad para adentrarnos tanto en los personajes como en el paisaje desolador presente y futuro para cuantos habitamos el planeta Tierra. Cinco relatos que nos abren las puertas a abismo individual o colectivo en el que nos sitúa Herrezuelo dependiendo de la historia que se cuenta. En el primero, el desengaño de lo aparente, en el caso de las palomas, la soledad como eje central: «…el número creciente de palomas se correspondía con el número creciente de personas que se sentían solas»; los miedos, la derrota, como la que abriga un desempleado cualquiera, en el segundo relato: «Vomítalo todo, aunque sepas que es solo rabia, que el fracaso no se expulsa, el fracaso permanece ahí, el fracaso y el miedo y las cenizas por dentro es lo único real»; el juego de identidades que produce la realidad y la ficción, en el tercero; el retrato de una sociedad pacata e insensata y la personalidad laberíntica de un presentador de radio, el cuarto; para concluir con el que es, sin duda, el relato central de da título a este libro: “Las flores suicidas”, el más extenso y el que nos lleva a reflexionar más profundamente sobre la que será, si no somos capaces de evitarlo, la crisis más grave para la humanidad, y que nos puede llevar a la mayor de las catástrofes: la destrucción del planeta, consecuencia del cambio climático que ya es una realidad, pero narrada de forma tan sutil como magistral, donde se nos muestra la fragilidad de la humanidad a través de un viejo profesor acusado de asesinato que no hace sino preguntarse sobre el arte, el pensamiento, la filosofía para concluir con la única certeza posible: que de seguir así la humanidad se autodestruirá en breve. Con una prosa lumínica Juan Herrezuelo se constituye en un valor en alza como cuentista y narrador, un escritor a destacar dentro del panorama literario español.

JUAN HERREZUELO


Título: Las flores suicidas
Autor: Juan Herrezuelo
Editorial: Talentura (Madrid, 2017)

Washington Daniel Gorosito Pérez. Muerte, Dolor y Elegancia.

-1-

Voy a empezar por el principio
Y sin  embargo algunas cosas
No suelen empezar por el principio,
Ni en general, tampoco,
Terminar en el final,
La mayoría de las veces comienzan 
Por la mitad.

Sólo algunas veces, afortunadas, desde el principio
Son  y allí comienzan.
Por otra parte, algunas veces terminan por el comienzo
O antes de terminar y algunas veces
Duran hasta después.

La vida es una de esas cosas,
El tiempo es otra,
Y, definitivamente, la muerte es una de ellas.
O, a lo mejor, todo es así.
Pero eso no es lo mejor, eso es lo peor.
Luego, debo decir: a lo peor todo es así.
O a lo mejor,
Mejor es no decirlo de ningún modo.

El punto de partida es esto, entonces
Esto, aquí y en este instante, ahora,
Y el tema es ése, ése es
El problema, el asunto, ésa, es la llaga
Pero también el dedo que se hunde en ella.
¿Y la solución cuál es?

La solución es cerrar el puño y cogerlo, 
Apretar el corazón, como si fuera un puño,
Apretar el pensamiento como si fuese un puño,
Y cogerlo prisionero, verlo claro
Al pensamiento, al corazón, como un pájaro nervioso,
Y después dejarlo ir y que la vida
Se la harten de una vez.

Pero después,
Después de haberla comprendido,
De haberlo tenido en el puño,
Prisionera un instante,
Por un instante mía.
Y otro tanto con el tiempo.
Y otro tanto con la muerte.



-2-


En la mitad está el principio
Y el principio en el final, y el final
En el principio, en el comienzo mismo,
Como dijo San Pablo, que el hombre cuando nace,
En el nacimiento mismo, se tropieza con la muerte.
Estoy hablando del pájaro nervioso 
Que no tiene principio ni final
Sino mitad solamente,
“en la mitad de la vida”
como lo dijo Dante.
Estoy hablando de eso.

Es un asedio de palabras,
Un sitiar al silencio,
Una emboscada a lo desconocido:
El tiempo, la vida, la muerte, yo mismo.
No “mismo”, diferente, y desde luego
Desconocido, silencioso.
Ya quisiera yo que esto no fuera más que literatura.
¡Ya quisiéramos señores!

En primer lugar, la vida, 
Y en segundo y en tercer lugar también.
Y aunque nos de vergüenza,
La soledad de isla que hay entre la gente,
El hecho escueto, crudo, la verdad aleteando
Como una paloma presa entre las barras del pecho
Es que no sé, no sabes, no sabemos
A quién estamos esperando o qué cosa,
Qué es eso, quiero decir, la vida,
Las cosas, uno mismo, este silencio, 
Como una puerta abierta al gran vacío,
Tan grande como Dios que existe

Quién sabe qué delito la rosa encubre,
Quién sabe qué cosa perdió el viento y lo busca.
Quién sabe en que noche duerme la noche.
Cuando al final del día, cierro mi libros,
Reviso mis heridas, cierro los ojos y pienso:
Estoy vivo, lo he estado siempre y lo estaré para siempre.
Exactamente como el muerto,
Que es como si no hubiera nacido nunca.




-3-

Así también el vivo, que es como si no hubiera nacido nunca,
Ni tuviese nunca que morir tampoco.
Pero muere, lo matan desde fuera, le cae una teja en la cabeza
Un microbio, un virus, un balazo, un hechizo…desde fuera,
Siempre desde fuera,
Porque la vida misma es inmortal, sin principio y sin final, 
Como la muerte, exactamente igual.
Como la muerte.

Me he sentado a pensar. No oigo
La jauría de perros. Mi corazón es el conejo.
No oigo el canto de sirenas.
El niño que yo fui es Ulises.
El corazón me palpita como un conejo en pánico,
Y la nuca me tiembla y el amor se me cuela a los huesos,
Como si estuviera huyendo de ladridos de perros.

Pero estoy huyendo del dolor, no de los ladridos,
El dolor no comprende los sentimientos humanos,
Traiciona, hiere, agrede y hostiliza sin el más
Mínimo remordimiento.
El dolor viene del Diablo.
Es su tacto, su caricia.
El dolor nos hace inclinarnos, suplicar, huir.
Y el dolor se revela como el hermano de la muerte.
Nos llena de terror, pero sin él la vida sería incomprensible.

No vas a poder cogerlo con las manos,
Ni con el corazón,
Y mucho menos con el pensamiento.
No se deja, es de aire, aire que se cuela entre los huesos, 
Aire frío, silencio lloviendo sobre las palabras,
Derritiéndolas.

Y las palabras se reconstruyen,
Y el mensaje no lo vamos a poder decir nunca,
Nunca, de ningún modo, de eso no tengo la menor duda.

Pero siempre estaremos al borde de decirlo,
La palabra exacta,
En la punta de la lengua, como se dice.
Y es como si li hubiésemos olvidado,
Pero no es verdad,
No lo hemos sabido nunca,
No lo vamos a saber jamás. 


-4-

Nunca la vida ha sido más trivial,
Casi sin poetas,
Plana, insulsa, más bien aburrida,
Pero ni siquiera eso mucho.
Estoy hablando de la muerte.
Y estoy hablando de ti, no mires a los lados.
Estoy hablando de mí, de ti, de todos.
Puede que no sea serio,
Puede que ni siquiera sea muy interesante.
Eso es bien posible.
Pero es verdad, y eso, que puede no ser mucho, 
Es algo por lo menos,
Y desde luego es todo cuanto tenemos.

Cuando te vayas y te la quieras llevar.
Si es que te la quieres llevar,
Y es qué hipotéticamente hubiese un sitio
Donde llevarla,
Te va a caber entera en un bolsillo.

Entonces, compañero, hermano hombre,
Animal de mi especie,
Si te preguntan por la vida,
Mejor dices que se te olvidó,
Entre tanto dolor y placer,
Que no te diste cuenta,
Que no te fijaste bien.
Por lo menos seamos elegantes.
Por lo menos.

   Autor: Washington Daniel Gorosito Pérez
____________________________________






Antes que el tiempo fuera. Juana Castro, por José Antonio Santano

ANTES QUE EL TIEMPO FUERA
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA



En este tiempo que nos ha tocado vivir, tan de soslayo, se agradece que de vez en cuando alguien nos llame la atención de manera que sintamos ese escalofrío de la palabra que vuela como un pájaro, libre hacia todos los silencios del mundo. La Naturaleza al desnudo, en su absoluto sequedal de desierto, en las azules aguas de la mar o el deslumbrante agujero del espacio sideral. Descender al más profundo de los silencios o escalar a los altos altares de la vigilia. Mirar al infinito horizonte y comprender los límites de la vida, del alma toda. ¿No hay ya futuro? ¿Hacia dónde el sendero, la nave, el vuelo? ¿Quién nos guiará, qué luz o viento señalará la dirección correcta? ¿Dónde el tiempo para la esperanza? La vida misma en su exacta incertidumbre: agua y fuego, tiniebla y luz. Regresar a los orígenes del cosmos y descubrir la grandeza de tanta oscuridad y silencio, la cruel realidad de la herida que sangra, el dolor de la ausencia. A todo esto y más responde el libro “Antes que el tiempo fuera”, de Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), merecidísimo XXV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”. Se agradece, y mucho, que un premio como este se distinga por la indiscutible calidad de la obras, en este caso ya patente por la larga trayectoria de la poeta galardonada. Y, ciertamente, el libro en cuestión es tan complejo como sublime, tan hondo como bello. Se aúnan en él todo el poder de la Naturaleza y la emoción extrema de lo vivido. Juana Castro ha compuesto una obra poético-sinfónica, de gran calado, determinante en su expresión y concepción del mundo. 
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA
Con “Antes que el tiempo fuera”, Castro regresa a la verdad poética -su verdad-, como símbolo de lo eterno, poesía de la celebración de la vida en su más amplio sentido, indagadora de lo desconocido y por venir: «Mamá Amaltheus, en su nube de encaje,/ canta y mece al pequeño pinzón recién nacido […] y mamá Amaltheus, la fósil, / la más vieja, / renqueando en la noche primera de los mundos». Principio y fin de lo creado, la herida abierta de la vida crece en cada verso, en cada palabra como un sol que irradia luz y despertares cálidos. La emoción de lo vivo, que se transforma, se metamorfosea en infancia, ese lugar que nunca es olvido: «Hay un lugar de la memoria / una niña / de trenzas y sombrero / que abre los ojos grandes / a un mayo de posguerra». Un grito que se abisma en el silencio de los campos y dehesas, los encinares, un terrible lamento que el viento lleva de un lado al otro del mundo, como un triste presagio, una tragedia. Pura esencia en soledad de la mujer campesina, dibujada en el luto de la noche casi siempre y la navaja todo ajuar en la dureza del verso de la poeta, que resiste al igual que sus ancestros, que no renuncia al agridulce sabor de la vida: «Una navaja siempre a mano, / colgada al delantal o en el bolsillo. / Igual corta las setas, los cardillos, las fieras / tan verdes del arroyo / que el pan en rebanadas al almuerzo. // Al casar una moza, su regalo primero la navaja». La mirada fija en la Naturaleza, como única madre que nos cobija y protege, nos enseña y castiga. Amaltheus no es sino esa Madre luz, todas las Madres en una, savia y alimento, soledad: «Quien no haya sido náufraga no sabe / la desnudez de cada hora / ni el silencio flotando a la deriva / ni el dormir vigilante como cuando / se amamanta a un hijo en la tormenta». Pero la vida es un tren de ida y vuelta, una estación cualquiera, un destello de luz, amorosa entrega: «Fue en un baile / al terminar la guerra. Ellos / regresaban gallardos, todavía en los ojos / la apostura real del uniforme. / Ellas / estrenaban primores y sonrisa / después de tantas lágrimas. Y juntos / festejaban el fin de los cadáveres». 
Juana Castro ha construido un sabio discurso, complejo e innovador, de enorme simbología, en un intento de recuperar, en plena madurez, todas las ausencias (dolorosa resistencia por la ausencia de su nieta Sara): 
«Madre / de la Unción y las Eras, sálvala. /
 Llénale los alveólos /
 de luz, moja /
 sus neuronas prensadas, 
/ su intacta calavera, /
 la calima /
 de sus peces sin flor». 

Es la voz de la experiencia, de la emoción extrema, que no deja duda alguna sobre la fuerza de la palabra, el temblor del verso: 
«¿Tú sabes, niña, amiga, palabra? 
/ ¿Sabes tú, madre mía, este titán 
/ de bogar río arriba /
 a la contra del tiempo?».

 El paso del tiempo como una losa que poco a poco ocultará la vida, la espera en soledad: 
«La soledad del mundo, madre mía […]
–Dame la mano, aguarda, /
 es el aullido /
 del ciclón y la niebla, /
 más allá /
 más allá 
/ del silencio», 
escribirá Castro. La soledad que los años proclaman en el rosto y los labios de la fósil madre hija y abuela ahora, en un grito que recorre la tierra: 
«A la abuela ammonites no le caben /
 ya más pesares ni congojas / 
y ahora el sol escupe llamaradas, 
/ la era de los fuegos cabrillea, 
/ canta para espantar a los oráculos, 
/ sabe que morirá / con la última gruta»; 
es el miedo que alumbra el camino, perseverante, ¡tan frío, tan humano!: «¿Tienes miedo, Amaltheus? […] Sí, tienes miedo del tiempo, ese gigante / con forma de muchacha / que ya no reconoces. […] Descasa ya, Amaltheus, en la valva vacía. / Era tan sólo el tiempo». “Antes que el tiempo fuera” es uno de esos libros en los que hallamos la poesía en toda su esencia, el conocimiento, la emoción, la vida misma, la sabia escritura de una grandísima y universal poeta española: Juana Castro.

JUANA CASTRO
ANTES QUE EL TIEMPO FUERA de JUANA CASTRO.


Título: Antes que el tiempo fuera
Autor: Juana Castro
Editorial: Hiperión (Madrid, 2018)

LUNAS DE ORIENTE por Tomás Hernández

___________________________________________________________________________


El poeta cordobés-almeriense José Antonio Santano publica su último libro, “Lunas de oriente” en una cuidada edición de la editorial granadina Dauro. Los poemas vienen acompañados por su correspondiente traducción al árabe hecha por Meimouna Hached Khabon. Ver el poema en su grafía árabe junto al texto original da una belleza añadida al original, aparte de su finalidad primera.

LUNAS DE ORIENTE
LUNAS DE ORIENTE
 DE JOSÉ ANTONIO SANTANO
______________________

“Lunas de oriente” no es un poemario de recreación de los grandes motivos de la poesía árabe, aunque algunos de ellos permanezcan, claro está. Los títulos de algunos de los poemas remiten a ese universo, “En tu nombre Bagdad”, “El jardín del granado”, “Desde el Eufrates al Guadalquivir”. En la dedicatoria aparecen poetas y artistas iraquíes, sirios, turcos, tunecinos, palestinos. Pero lo que el lector va a encontrar en “Lunas de oriente”, además de poesía, es una denuncia, 

“cuando abre la noche 

/ el misterio en las rosas /

 y es la mar un relámpago 

/ de dolor la mirada /

 que yace en la niebla 

/ de la muerte en arenas /

 de una playa cualquiera /

 y a una hora maldita”

 Los versos de “El jardín del granado” son una crónica concisa y desgarrada de la realidad de esos pueblos que llamamos oriente: 

“desde entonces

 la voz fue acallada 

cortadas las manos

 destruidas ciudades 

bibliotecas ardiendo

 en la noche más larga 

 los hogares vacíos

 por huir del desastre 

de la guerra continua

 en infierno de vida

 de exiliados que andan

 con pesadas maletas

por el mar asesino”. 

 

LUNAS DE ORIENTE
JOSÉ ANTONIO SANTANO. LUNAS DE ORIENTE

 
Suelen los poemas empezar con una descripción sensorial y emotiva de la realidad para volver los ojos luego a los tiempos de hoy. El poema “Últimos versos” evoca la belleza de Estambul “verso a verso desnudo / en la sangre los verbos / que amamantan los valles / y en la mar los silencios” para volver, compasivo, “al dolor del exilio / en los montes hermanos / clausuradas fronteras / que disparan sus balas / al hermano que huye / de la guerra que duele / como única lágrima”. 
 

Belleza y denuncia, tradición y actualidad encontrará el lector en esta “Lunas de oriente”; no sólo la referencia a un universo común, sino en también, y sobre todo, el dedo en la llaga de un presente de exilio, desarraigo y muerte del que todos somos responsables.

Tomás Hernández

LUNAS DE ORIENTE

El poeta cordobés-almeriense José Antonio Santano publica su último libro, “Lunas de oriente” en una cuidada edición de la editorial granadina Dauro. Los poemas vienen acompañados por su correspondiente traducción al árabe hecha por Meimouna Hached Khabon. Ver el poema en su grafía árabe junto al texto original da una belleza añadida al original, aparte de su finalidad primera.
LUNAS DE ORIENTE
LUNAS DE ORIENTE
 DE JOSÉ ANTONIO SANTANO

“Lunas de oriente” no es un poemario de recreación de los grandes motivos de la poesía árabe, aunque algunos de ellos permanezcan, claro está. Los títulos de algunos de los poemas remiten a ese universo, “En tu nombre Bagdad”, “El jardín del granado”, “Desde el Eufrates al Guadalquivir”. En la dedicatoria aparecen poetas y artistas iraquíes, sirios, turcos, tunecinos, palestinos. Pero lo que el lector va a encontrar en “Lunas de oriente”, además de poesía, es una denuncia, 

“cuando abre la noche 
/ el misterio en las rosas /
 y es la mar un relámpago 
/ de dolor la mirada /
 que yace en la niebla 
/ de la muerte en arenas /
 de una playa cualquiera /
 y a una hora maldita”
 Los versos de “El jardín del granado” son una crónica concisa y desgarrada de la realidad de esos pueblos que llamamos oriente: 
“desde entonces
 la voz fue acallada 
cortadas las manos
 destruidas ciudades 
bibliotecas ardiendo
 en la noche más larga 
 los hogares vacíos
 por huir del desastre 
de la guerra continua
 en infierno de vida
 de exiliados que andan
 con pesadas maletas
por el mar asesino”.
LUNAS DE ORIENTE 
 
Suelen los poemas empezar con una descripción sensorial y emotiva de la realidad para volver los ojos luego a los tiempos de hoy. El poema “Últimos versos” evoca la belleza de Estambul “verso a verso desnudo / en la sangre los verbos / que amamantan los valles / y en la mar los silencios” para volver, compasivo, “al dolor del exilio / en los montes hermanos / clausuradas fronteras / que disparan sus balas / al hermano que huye / de la guerra que duele / como única lágrima”.
Belleza y denuncia, tradición y actualidad encontrará el lector en esta “Lunas de oriente”; no sólo la referencia a un universo común, sino en también, y sobre todo, el dedo en la llaga de un presente de exilio, desarraigo y muerte del que todos somos responsables.
Tomás Hernández

JAQUE. FERNANDO MARTÍNEZ LÓPEZ

Fernando Martínez López

LITERATURA Y AJEDREZ, COMO LE GUSTABA A STEFAN ZWEIG

 

autor: 

Fernando Martínez López


-¿Eres Baruch Eisenstein?

Respondió que sí, apenas un hilo de voz. Luego, el silencio. Helmut Völler lo observaba con descaro, cartografiando las arrugas, líneas y ángulos de su cara, comparándolos con los de la fotografía que sostenía en la mano. En la otra, un cigarrillo emitía cabriolas de humo. Intermitentemente le daba una calada y un velo nicotínico apantallaba su rostro. El parecido con la fotografía era difuso, pero sí, era Eisenstein, mantenía la inteligencia en sus ojos. El resto era pellejo descarnado y pestilencia.

-Que le den una ducha y ropa limpia –ordenó-. Traédmelo cuando esté listo.

Baruch Eisenstein se percató del tablero de ajedrez antes de abandonar la habitación, las piezas colocadas con precisión milimétrica. Cuando regresó con la dignidad física recuperada, se lo encontró sentado junto al tablero. Enfrente, una silla vacía que le ofreció con un gesto.

-¿Sabes quién soy? –Negó con la cabeza-. Helmut Völler, campeón alemán. ¿Qué te parece un duelo entre el mejor ajedrecista alemán y el polaco?

-Me agradaría enormemente jugar una partida.

Jaque. Fernando Martínez López


Esa voz, cascada, partida, como si el sufrimiento se hubiera hecho lepra en las cuerdas vocales. Völler encendió con parsimonia otro cigarrillo, arrendijó los ojos.

-Pero no una partida cualquiera, sino a vida o muerte. Ganas: vives. Pierdes: mueres. Quiero que estrujes hasta la última neurona de tu cerebro.

Baruch lo miró horrorizado. En las sienes se le marcaba el ritmo alocado de su corazón. Difícil pensar en esas condiciones, difícil pensar con el cuerpo desnutrido y maltratado, difícil todo, pero la vida le pendía de un hilo muy frágil y sólo restaba un invisible fleco para que no terminara de romperse. Se convertiría en araña para no desprenderse de él.

El sorteo le ofreció salir con blancas. Vamos, Baruch, aún eres capaz, tienes miles de jugadas memorizadas en los mapas de tu cerebro. Se decidió por una apertura vienesa que favorecía un juego pasivo, más acorde con su velocidad de pensamiento después de varios meses como inquilino del infierno. Völler no se inmutó, y cada movimiento lo acompañaba de una bocanada de humo, conforme las fichas iban ocupando posiciones en el campo de batalla donde ya se hacía sangre con alguna de las piezas. Iban cayendo como las vidas de tantos otros en aquel lugar, y Baruch Eisenstein con la mirada afilada, sudoroso, exprimiendo su capacidad intelectual como nunca lo había hecho, jugándose la propia existencia ante un rival poderoso. En el movimiento veintitrés, sin embargo, el alemán tomó una decisión inesperada con la dama. No, no podía ser, ¿sería acaso una celada, una trampa para que picara el anzuelo? Revisó las fichas con ojos sorprendidos, atentamente. Esa disposición… Era prácticamente la misma que con la que había logrado hacerse con el campeonato polaco, no había trampa posible y sabía lo que tenía que hacer. Levantó la mirada. Völler ya no fumaba. Por el contrario, una leve contracción de labios denotaba la consciencia de su error. Baruch jugó. En siete movimientos supo que tenía la partida ganada, que era araña que había conseguido reforzar el hilo para no despeñarse, ya sólo quedaba el paso definitivo para el jaque, para salvar su vida, volver al barracón, a los trabajos forzados, a la comida insuficiente y asquerosa, a los golpes e insultos, a la tabla donde dormía encogido por el frío, a las picaduras de piojos y chinches, a la desesperanza que vitrifica los ojos… Cambió de idea y desplazó la pieza indebida, la que precipitó brevemente el cataclismo de su derrota.

-Has perdido, Eisenstein.

-Sí.

Contestó con el sonido de un cristal fragmentado. Helmut Völler sacó su pistola, apuntó a la cabeza de Baruch, tembloroso, los ojos fuertemente apretados, los segundos que se alargaban sin que se produjera la detonación… El oficial guardó el arma ante su extrañeza.

-Vete.

Baruch comenzó a levantarse lentamente de la silla. Sus piernas apenas lo sostenían. Antes de abandonar la habitación, se giró.

-¿Por qué me perdona?

El oficial de las SS mostró una sonrisa sucia.

-Porque sé que me has dejado ganar, judío. Pero no te equivoques: en este campo de concentración tú ya estás muerto.

Relato de Fernando Martínez López​ premiado en el XXI CONCURSO DE NARRACIONES BREVES DE IDEAL. VERANO 2017.  TÍTULO: AJEDREZ.

Enrique Myro y Pablo de Olavide



La Voz de Todas Partes

La primera biografía novelada
 de don Pablo de Olavide, 

por Enrique Myro, 

publicada por Editorial MaLuma

Antonio Ortiz, La Voz de Todas Partes, junio 2018

He pasado multitud de veces por La Aldea de los Ríos, sobre todo antes cuando no estaba abierta la autovía N-IV, y la carretera nacional atravesaba todos los pueblos: Bailén, Guarromán, la Aldea de los Ríos, Carboneros, La Carolina, y así toda una lista hasta Madrid. Pero la verdad es que nunca me había parado en la Aldea, y hoy en casi 30 años, aparco por primera vez en su plaza en buscando la casa del escritor Enrique Myro.

ENRIQUE MYRO

Tras llamar dos veces, un hombre corpulento con chepa y una no pequeña cabeza, pelo muy cano y barriga oronda, al fin me abre la puerta.
– Perdone, estoy un poco sordo. En realidad, no le he oído, he abierto por qué intuía que iba a venir y le estaba esperando.
– Gracias Don Enrique, soy Antonio Martín de La Voz de Todas Partes.
– Le dejaré entrar si me suspende el don.
– Sin problemas.

ENRIQUE MYRO
ENRIQUE MYRO

Le contesto.
Se aparta y me cede el paso a la vivienda. Sin más preámbulos cruzamos el zaguán y un distribuidor que nos conduce al salón donde en una esquina a la izquierda está su despacho.
– Siéntese por favor.
Me indica una silla de madera con asiento de anea frente a su mesa.
– Bueno, usted dirá. Perdone, ¿le importa que fume?
– Por favor, se lo agradezco, yo también lo hago.

Ambos encendemos un cigarrillo y amablemente me acercó un cenicero.
– Como le comenté en nuestra conversación telefónica de ayer, me interesaría que me hablara de su reciente novela “El Renacer de la Rebelión Ilustrada, Don Pablo de Olavide y el Ingeniero Izquierdo”.
– Por mí encantado, adelante.
– ¿Le importa que grabe la conversación?
– En lo absoluto.
– Gracias.
Manipulo el móvil y lo pongo sobre la mesa.

ENRIQUE MYRO
EL RENACER DE LA REBELIÓN ILUSTRADA.
DON PABLO DE OLAVIDE Y EL INGENIERO IZQUIERDO
– Lo primero que me gustaría preguntarle es, ¿Por qué el Superintendente don Pablo de Olavide?
– Es muy sencillo, yo he vivido por motivos profesionales en muchas partes del mundo y en cada una de ellas he procurado estudiar la historia del entorno. Cuando hace veintitantos años llegué a las Nuevas Poblaciones, me encontré con el personaje de Don Pablo de Olavide, alguien increíble tanto desde un punto de vista humano e intelectual, aunque algo menos como político, y ahí empezó todo.
– Pero concréteme algo acerca de su obra, ¿es una novela histórica?
– Pues realmente no lo es. En mi novela se cuentan siete historias entremezcladas, de las cuales dos son realmente históricas. La primera historia, la más importante claro está, es acerca de Pablo de Olavide. En ella se novela la biografía de don Pablo, pero fundamentalmente desde un punto de vista humano, aunque es obvio que se tocan sus aspectos políticos. A través de un artilugio literario Don Pablo y el ingeniero Izquierdo nos cuentan los aspectos más domésticos y entrañables de la vida del Superintendente, sus amores y sus desamores, sus inquietudes y sus vicisitudes, fiel reflejo de su, digamos, impresionante personalidad y capacidad vital.
– ¿Y las otras historias?
-Pues mire, claro es que se cuenta la historia del ingeniero Izquierdo, en el fondo un pre triunfador que tuvo que enfrentarse con el poder establecido al igual que lo hizo Don Pablo.
– Por favor, explíqueme eso de pretriunfadores a los que ya he visto que le dedica la novela.
– El concepto de pretriunfador en realidad es el de perdedor, aquél que debe existir para que luego alguien con su idea sea el triunfador. A lo largo de la historia vemos que el que triunfa siempre es el segundo. Primero tiene que haber un fracasado, así le ocurrió a Don Pablo y no sabemos todavía si le ocurrirá lo mismo al ingeniero Izquierdo.
– Si no le importa, volvamos a las historias de su novela.
– Bueno, luego está la de Fernando Izquierdo, que se enfrenta con el poder comarcal establecido, y también la de Esperanza, su mujer, una ejecutiva de una importante cooperativa oleícola que se tiene que enfrentar con algo por desgracia muy frecuente en nuestro país, con la corrupción.
– Pero eso son historias actuales en contraposición de la biografía de Don Pablo que ocurrido hace 200 y pico de años.
– Efectivamente. Pero yo creo que ahí está el interés de esta novela, el mezclar los hechos ocurridos hace tanto tiempo con los que estamos viviendo hoy. En la comparativa que obviamente se plantea, veremos que hay cosas en las que hemos mejorado y otras que en las que no. Por ejemplo, Don Pablo le cuenta a Fernando que una de las cosas más grandiosas que la sociedad actual había conseguido era el control del sol. En sus tiempos, dice Don Pablo, el sol marcaba sus vidas. Cuando desaparecía en el ocaso sus vidas cambiaban, no podían viajar, no podía leer, casi no podían hacer nada, y eso que los ricos tenían sus artilugios que les permitieron disminuir dichos efectos. En cambio, vosotros, decía el Superintendente, le dais un pellizco a la pared y el sol aparece de nuevo.
– ¿Y con qué más historias nos vamos a encontrar?
– Pues mire hay una, la cuarta, a la cual le tengo especial cariño, es la que desarrollo en base a una idea recogida de la obra de Buero Vallejo, Un Soñador para un Pueblo. Resulta que Carlos III, al cual don Pablo no era muy afín, vivió una década realmente ilustrada que fue desde 1766 cuando expulsó a los jesuitas hasta 1776 cuando permitió que la inquisición encerrara en sus cárceles a nuestro biografiado.
– ¿Y cómo se explica ese cambio?
– Eso es lo que hago o intento hacer en la cuarta historia, pero para saber qué ocurrió si me lo permite, hay que leer la novela.
– ¿Que más nos puede referir de su obra?
– Hay otro tema interesante como es el de los amores complementarios o paralelos. Sobre ellos don Pablo nos dice que nuestra sociedad actual como consecuencia del rancio romanticismo, es mucho más restrictiva en relación con los amores personales de lo que era en la segunda mitad del XVIII. Es un asunto muy atractivo para mí, sobre el que me he permitido novelar en diferentes ejemplos. Es lo que podríamos decir que constituye la quinta historia.

ZABALETA

Pero dígame una cosa, ¿por qué situada la novela en Quesada y no en La Carolina o en Guarromán o incluso en la propia Aldea de los Ríos, por miedo a caer en el autobiografísmo?
– No, que va, no soy tan presuntuoso. Espero que la mayoría de los lectores no sepan sobre mí más que mi nombre y las cuatro líneas de la solapa del libro. Pero me alegra que me haga la pregunta porque la sexta historia narra la vida de un pueblo, Quesada, pero que podía haber sido cualquier otro. En el fondo creo que la vida en la mayoría de los pueblos andaluces es igual y todas tienen su centro neurálgico en el bar. Por cierto, que en esta historia utilizo a un narrador sui generis, del que me encuentro muy satisfecho.
– ¿Nos puede decir algo más sobre ese tema?
– No creo que fuera oportuno, además perdería interés la novela.

– Lo que usted diga.

ZABALETA

– Además, déjeme decir que Quesada es el pueblo de Zabaleta uno de los grandes pintores del siglo xx español, y tenía deseos de novelar acerca de su vida y su estética.




Al entrar al salón vi que en el testero de la derecha había una excelente reproducción del Niño del Pollo y al sentarme me encontré con el Viejo de la Garrota, colgado tras el despacho del escritor, donde todos los próceres cuelgan su presuntuoso retrato.
– Por otra parte, geográficamente las historias que cuento se desarrollan en el marco andaluz que va desde Quesada hasta La Carolina pasando por Úbeda y Baeza en el eje horizontal, y desde Guarromán hasta El Porrosillo pasando por El Acebuchar, la Isabela y el increíble castillo de Canena en la vertical. Unos parajes espectaculares que he intentado describir lo mejor que he podido.


– Por mi parte puedo asegurar que lo conseguido.
– Gracias.
– Me parece que nos ha hablado de seis historias y creo recordar que dijo que eran siete.
Efectivamente, en la séptima aparece el contrapunto histórico de don Pablo, un descendiente llamado Isabelo, que junto con el ingeniero forman un triángulo que nos permite apuntalar la historia de los tres. Creo que Isabelo es un personaje entrañable que va a cautivar a los lectores.
– Muy bien, ingeniero Myro, porque usted también es ingeniero como Fernando ¿no?
– Efectivamente, lo soy.
– ¿Le gustaría añadir algún a cosa más?
Pues mire, sí, gracias. Verá, yo como lector reivindico que el narrador sea absolutamente honesto conmigo, que no me oculte nada, ni sepa algo que yo no sé. Es decir que entre las diferentes formas de narrar, la que no soporto es la que el narrador lo sabe todo, omnisciente, y la que prefiero es la del narrador no omnisciente, esto es, que no sabe nada más que lo ve y oye, como si fuera una cámara de cine. Esta técnica es la más difícil, porque para describir si un personaje, por ejemplo, está contento sólo podemos hacerlo por lo que dice o por las expresiones de su cara, o por los gestos que hace.
– Comprendo.
He procurado narrar la mayor parte de la novela con esa técnica, me ha costado mucho trabajo, pero lo he disfrutado. Espero que los lectores también disfruten de los resultados.
– Por último, por favor hábleme de la Editorial MaLuma.
– Sólo le puedo decir que le envié mi manuscrito por indicación de una amiga y que desde el primer momento he recibido un trato rápido, exquisito y eficaz, y sin coste alguno para el autor, como si uno fuera un escritor de bestseller.
– Me alegro porque no suele ser lo habitual para los escritores noveles.
Me acompaña hasta la puerta y cuando la cierra, me quedo un rato disfrutando de la aldeana belleza urbanística de La Aldea de los Ríos que Don Pablo de Olavide diseñó hace 250 años, como se cuenta en la novela de Enrique Myro.
***************************************************************
Esta obra la puede comprar en su librería habitual directamente en la página web de la editorial MaLuma con envío gratis.

TODOS ESCRIBEN SOBRE EL AMOR MENOS TÚ de Abdul Hadi Sadoun

JOSÉ ANTONIO SANTANO. EL DIARIO DE ALMERÍA
TODOS ESCRIBEN SOBRE EL AMOR MENOS TÚ
El silencio colma la estancia. En esa soledad de lo por crear el abismo es infinito y el poeta sabe que no hay otra forma que abandonarse en el vacío para alcanzar el cielo. Pues no otra cosa que abismo es la verdadera poesía. En ese tránsito hacia no se sabe dónde la palabra germina como la única voz del universo. El poeta se abstrae en la contemplación de las cosas, que las mira pero abismándose en ellas, adentrándose hasta el fondo para beber de la emoción de haber vivido en ellas toda la soledad y el silencio de su existencia. Es un instante solo, tal vez una décima de segundo, un estallido de luz y color, una llama que prende y se propaga vertiginosa, la palabra. Solo con ella el poeta es capaz de transformar el mundo, imaginar otros tan desconocidos como apasionantes, y así, una tras otra, las palabras van de un lado a otro, suben y bajan, se adentran en la caverna y nacen a la luz de la alborada y el sueño. En esa tradición de lo oculto y desconocido aparece un lenguaje sublime, intenso y bello. Desde tiempos inmemoriales la palabra esculpida en los silencios de la noche, la que nos habla, por fortuna de lo humano y lo divino, que vuela libre por el aire, de Oriente a Occidente, y viceversa. 

 Todos escriben sobre el amor menos tú.

Llega hasta nosotros hoy la palabra poética de Abdul Hadi Sadoun (Iraq, Babdad, 1968), una voz serena, que comparte tanto en lengua española como árabe, uno de sus valores principales, y que en esta ocasión decidió que fuera en español, dando así al poemario una dimensión distinta. Abdul Hadi ha publicado numerosos libros, entre los que destacan: Escribir en cuneiforme (2006), Plagios familiares (2008), Pájaro en la boca y otros poemas (2009), Siempre todavía (2010, Campos del extraño (2011) y Memorias de un perro iraquí (2016). Un poemario y una novela son las dos últimas entregas de Sadoun: en Campos del extraño (selección de su poesía) el paisaje de Castilla y la influencia de Machado es una constante («En el mismo tren de cercanías / o de tercera / que te llevó hace ya un siglo / voy / pero con el equipaje repleto de recuerdos / dejando Madrid atrás / y más aún Babdad»; en Memorias de un perro iraquí, nos encontramos con la entrañable pero triste historia de una familia de galgos, en la que Líder será el único superviviente tras el devastador conflicto bélicon que acontece en Iraq, en un claro homenaje a Cervantes, no olvidemos que Sadoun es también un hispanista. Esta circunstancia viene avalada por su poemario más reciente: Todos escriben sobre el amor menos tú, del sello editorial “Bala Perdida”. El tema principal de este libro no es otro que el amor, que ya deducimos de su título. El amor como centro y periferia, razón primera y última de la existencia humana. En este poemario Sadoun ha buceado en la tradición literaria árabe y española, y en ese abismarse del que se hablaba al principio de este comentario ha surgido la luz de nuevo, la esperanza en el futuro, pero solo si de la mano del amor procede, como así nos dice Ben Jafacha, de Alcira: «La mano del amor nos vistió en la noche con una túnica / de abrazos que rasgó la mano de la aurora», o el propio Abdul, en ese juego de imágenes y espejos: «No hay vencedor más que el beso / -me comunican- / beso de vino inocente / en el que bebemos hasta la embriaguez / y comemos sin cesar, su maná», versos pertenecientes a la primera parte del libro, de título “El desorden de los días”. El poeta, incansable, busca en la oscuridad y la luz, se adentra en su propio interior, en su alma («Aquí el alma no se derrite, / se regala»), sin importarle el tiempo, porque solo le basta el deseo de hallar esa palabra mágica, ese temblor que lo devasta todo y todo lo deslumbra: el amor. Por eso no hay cansancio, tampoco dolor, nada que se interponga, y así, contundente, escribe Sadoun: «Hacia ti, / apenas hay camino». El tiempo no existe en esa búsqueda del yo y el tú para ser uno, un cuerpo y un alma, una palabra que defina el mundo, una sola razón: «Dame una razón para saltar / las vallas del querer / para intentarlo en contra del límite / y para amar profundamente». En la segunda parte del libro: “El rincón de las fechas impares”, Sadoun cambia de registro, optando por la reflexión profunda y la brevedad en todos los poemas que la conforman. El verso en su esencia, la palabra como temblor en ese abismarse hacia dentro para hallar la luz, como así se muestra en el poema 17/3: «En los libros / inventamos la historia, / en la palabra, la vida. / ¿En qué rincón de la memoria / -oh Hacedor de los huecos- / sembramos el olvido?». La influencia de la obra machadiana en Abdul Hadi es constante, como así nos llega en estos versos: «Leer, escribir, comer / o como se dice / hacerse la vida. / Pero el sabio Machado / lo dijo hace mucho: «Un corazón solitario / no es un corazón». La soledad, el paso del tiempo, el amor en todas sus formas posibles sustentan este interesante poemario. Porque, como dice el también poeta Juan Carlos Mestre en su prólogo: «Pasión y memoria del amor vivido , amor y nostalgia de lo pasionalmente imaginado, la ancestral invocación a cuanto aún anima la resplandeciente belleza de quien no está solo en el coro humano, sino rodeado espiritualmente de presencias benéficas…» 

Así es, sin duda, la extraordinaria voz poética de Abdul Hadi Sadoun. 

Abdul Hadi Sadoun
Abdul Hadi Sadoun


Título:Todos escriben sobre el amor menos tú
Autor: Abdul Hadi Sadoun
Editorial: Bala Perdida (Madrid, 2018)

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: