José Ramón Cantalejo Testa.

EL RAPTO DE PROSERPINA
Grabado de M. Navarro de Vera para la Exposición de Bellas Artes de Almería. Agosto 1900

ALMERÍA: Pliegos Bibliofílicos

NOTA SOBRE FRANCISCO DE FARÍA Y EL IMPRESOR DE LA SEGUNDA EDICIÓN DE:

“ RAPTO DE PROSERPINA” Por José Ramón CANTALEJO TESTA.

El admirado editor y polígrafo almeriense Juan Grima Cervantes en un interesante opúsculo que transcribe el pregón que leyó en los Aljibes Árabes de Almería el día 27 de marzo de 2003 ,con ocasión de la inauguración de la XXI Feria del libro antiguo y de ocasión de Almería, editado por Luis Alcaide en el ámbito de “ALOA”, nos ilustra sobre los libros mas antiguos que podemos considerar Almeriensistas.

Entre las diversas obras y autores que tan acertadamente se nos presentan aparece el Doctor Don Francisco de Faría (Granada 1526), primer autor que destaca desde Almería, de la que fue doctoral.

En su trabajo , el profesor Grima nos da a conocer, como novedad bibliográfica almeriensista, su descubrimiento de una desconocida obra menor sobre derechos eclesiásticos, sin lugar de impresión ni data titulada:

“…Sobre el canonicato de la … Iglesia de Málaga, con el maestro Antonio López Negral y el cabildo de la dicha santa Iglesia”.

Según nos dice el Padre Tapia en su magna obra “Almería Hombre a Hombre”, Francisco de Faría falleció en 1616 en Almería , siendo ensalzado en su tiempo por Miguel de Cervantes y Lope de Vega.

La obra mas conocida de Faría es la traducción y adaptación de la obra “Rapto de Proserpina”, de Cayo Lucio Claudiano, impresa en Madrid en 1608 por Alonso Martín a expensas de Juan Berrillo, mercader de libros.

Desde 1608 la obra no volvió a ver la luz hasta que se reeditó en 1806.

Sirva la presente nota para confrontar la noticia que nos ofrece Juan Grima sobre el impresor de la segunda edición de la que nos dice :

“De este libro conocemos algunas ediciones posteriores del siglo XIX, como la del año 1806 (Madrid, Imprenta Sancha)”.

Disponemos de una edición de dicho año (1806) , en octavo , encuadernado en pasta española con tejuelo en el que figura como impresor:

“Madrid. Por REPULLÉS, frente a la Merced. 1806” .

Cabe la posibilidad de que existan dos ediciones impresas en el mismo año (1806), lo que no dejaría de ser una curiosidad bibliofílica tras doscientos años de olvido (1608-1808).

EL DISCRETO ENCANTO DE LA LLUVIA TORRENCIA.

autor: Joseph Einbund


Yo aguardaba al bus que me llevara a mi trabajo a la zona de carga y descarga donde debía poner a prueba cada día mi musculatura transportando heladeras pianos y otras chucherías cuando vi que se abría la puerta trasera de un bus que no me servía y salía despedido igual que una basura el cuerpo medio desnudo de una mujer como si eso fuera nada más que una rutina aprecié rápidamente la calidad del artículo y las condiciones en que se hallaba la puerta se volvió a cerrar y el bus continuó su furioso camino seguro que a cumplir su servicio de descargar gente con aún mayor celeridad y eficiencia si cabía no había más nadie a la vista así que corrí a prestarle mi ayuda lo primero que pude apreciar fue su culo y segundo que ese culo o estaba pidiendo guerra o si no me equivocaba había acabado de ganar una batalla ya que estaba todo humedecido por una sustancia que yo conocía muy bien pero que no era la mía tomando en cuenta previamente todas esas consideraciones comprendí que la calle era un lugar peligroso para andar inspeccionando artefactos culinarios por mas útiles que sean así que la ayudé a levantarse y pude apreciar inspeccionando con el tacto cosas que me llamaron poderosamente la atención que si bien se había escrachado el trasero por supuesto que yo tengo mis preferencias todavía estaba en buenas condiciones de uso y debió agarrarse como pudo de mis bolas debido a que sus piernas aun estaban flojas mientras yo la arrastraba como podía por el sobaco y las tremendas tetas hasta el banco era deplorable el estado en que había quedado la cremallera reventada y el culo también con la caída como dije no había mas nadie así que únicamente yo pude apreciar ese tremendo culo refrescándose como yegua que levanta la cola por supuesto para ayudarla debía alzarla por el sobaco pero debido a su precario desorden de vestimenta desplazada por la caída estaba medio desnuda así que al incierto equilibrio de su andar se unió ese golpe que me impedía agarrarla por el sobaco y lo único que encontré fue su teta como ubre de vaca que encontré suficientemente firme y que podía servir al caso en vez de quejarse me lo agradeció y entonces se puso a llover torrencialmente no era aquí pues momento para no compartir y al verla temblando comprendí que había llegado la hora con tan mala suerte que me sentí en la obligación de cubrirle el trasero subiéndole la cremallera, pero ella se había roto(la cremallera) y su culo debió continuar en flor observando la lluvia caer a todo esto ya mi polla había cruzado los cuarenta y cinco grados longitud sur o las nueve y cuarenta y cinco del meridiano de Greenwich con lo que únicamente buscaba hacerse útil reclamando una acción inmediata que le permitiera cumplir con su deber la lluvia arreciaba cada vez más y yo también con lo que considerando la idea la hora el día y la oportunidad dado el caso de la escasa visibilidad el escaso transito y la improbabilidad de que la lluvia cesara con lo cual la mujer de este relato estaba mojándose inútilmente su ropa y su trasero era una picardía que no se la levantara lo suficiente como para que mi cada vez mas quejosa polla no tuviera mas libertad de acción y así mientras yo me preocupaba de su falda ella lo hacía de mi pantalón por el motivo de que esta era la peor hora para preocuparse de perder el autobús de las cuatro ya que difícilmente vendría ante este difícil dilema las cosas se resolvieron satisfactoriamente sin embargo ya que al liberarse mi polla de su encierro causo una profunda y apreciativa admiración con lo cual se dió orden inmediata de despejar la zona aledaña que pudiera perturbar el paso de la polla en el cumplimiento de su misión y así la polla y el coño bendito terminaron de lo mas amigos y los dueños de ellas las besaron y babosearon abundantemente ante la felicidad del público que se congrego para ver el espectáculo pues la lluvia había cesado hace rato y cuando el bus se detuvo agarre mis pantalones corrí con el mar de gente y tuve suerte de entrar en cambio la mujer del culo se cruzó con la puerta cerrada en el momento oportuno con lo que se comprobó que no había leído su horóscopo de hoy no debía intentar de subir a un bus así que se descalabro repetitivamente hasta que pude comprobar apenas desde mi esforzada curiosidad que había derribado a un par de piernas fornidas de un alma caritativa que seguramente conocía este relato y le tocaba continuarlo..

AUTOR: JOSEPH EINBUND
publicado en LA VOZ DE LA COMETA. TU VOZ EN INTERNET

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