José Antonio Santano y la obra de LÓPEZ ANDRADA.

 

Entre zarzas y asfalto


No es fácil hallar en el panorama de las letras españolas voces que se distingan y distingan la literatura actual, voces capaces de alzar el vuelo por los vericuetos de la creación y con especial énfasis en el lenguaje hacer que el lector sienta un cierto temblor, un escalofrío que vaya de los pies a la cabeza. Cada autor posee una voz, sin duda, pero esa voz para ser distinguida del resto ha de tener unas características especiales, sea mediante el uso de un lenguaje brillante, una determinada temática, defensa de los valores humanos, exposición de su mundo interior o cualesquiera otra razón que pueda marcar el estilo, que es a fin de cuentas lo que distingue a uno de otros autores. En el caso que nos ocupa esta semana hallamos dos elementos fundamentales que distinguen al autor de \”Entre zarzas y asfalto\”, Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957): el lenguaje, expresión del conocimiento y la experiencia vital, y, por otra parte, la Naturaleza, su defensa a ultranza del mundo rural, de ese universo que el progreso ha anulado en muchos casos y que López Andrada no está dispuesto a aceptar. La vida, en su conjunto, tanto la personal como la literaria en Alejandro López no puede entenderse sin la Naturaleza y su relación con ella. De tal forma que desde sus inicios y hasta la actualidad no hay página escrita por él que no muestre esa relación casi pasional del hombre con la tierra, del poeta con la Naturaleza: mirlos, acacias, chopos, olivos, viento, ruiseñores, etc, o en el recuerdo trascendido de la infancia: «Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer. 

Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia». Ahora en \”Entre zarzas y asfalto\” ese mundo interior toma la palabra para describir las sensaciones que el poeta y escritor siente cuando opone, consecuencia de otro tiempo vivencial, lo vivido en el pueblo (zarzas, el dolor de las pérdidas) y en la ciudad (asfalto, negritud desesperanzadora). Dos mundos opuestos por naturaleza que López Andrada, con la sensibilidad que lo distingue, nos muestra con asombrosa maestría, incluso con belleza aquello que no la posee, virtud que lo asiste siempre en su ya larga trayectoria literaria. Desde la ciudad, con un tono de nostalgia sobrecogedor el campo, la tierra, los recuerdos familiares en las figuras del padre, de la madre o del abuelo, también de los amigos, se mezclan y complementan en esa visión humanista de la vida que López Andrada no abandona nunca. La ciudad de Córdoba está muy presente en este libro, tanto sus luces: «El cielo en la Mezquita es un violín. Qué paz la de los chopos sobre mi alma. Me acerco al resplandor de la Ribera, llena de cormoranes y grajillas abriendo pasadizos junto al agua, pespunteando el río con su amor», como también sus sombras, la miseria: «Voy por la ciudad como una sombra artrítica y romántica. Circundan mi silencio las farolas. En la sotana lánguida del viento un vagabundo anciano busca abrigo. En un contenedor echo mi olvido, me hundo en mí mismo y vuelvo a caminar». No sé si el autor ha sido consciente o no del hecho de que forman la estructura del libro tres parte diferenciadas: el invierno, el otoño y el verano, y sin embargo olvida la cuarta estación, la primavera, ¿quizá por ese creciente pesimismo que advertimos en su condición de hombre y de poeta ante la realidad que vive? López Andrada evita la primavera, esa estación del nacimiento, de la celebración de la luz y el color, de la vida que palpita en cada ser del universo, pero no por ello asistimos a su total desvalimiento. Aún así, aunque no haya referencia expresa a esa primavera, existe en él su esencia, sobre todo en las cosas sencillas: «Cómo no ser humilde en estos campos. Debajo, entre mis pies, desordenada, huye mi alma, en paz con las hormigas, remonta el vuelo y sube hasta el nogal donde la noche es la viuda de un pastor, el velo angélico de la sencillez». \”Entre zarzas y asfalto\” no es un libro más, es un libro de madurez, de la experiencia sometida a continua análisis, del dolor de lo ausente y lo presente, del amor, de la vida al fin y al cabo que relumbra en la palabra de López Andrada. El hombre y el poeta, inseparables, regresan al origen, al fuego y a la luz del aire entre los chopos, vuela hacia la altura o desciende hasta el vacío: «…qué enorme es el vacío en que me hallo mientras se alejan solas mis pisadas dentro de mí, hollando la ciudad en el silencio, abriendo en las aceras, viudas de luna, círculos de amor». El amor, siempre esperanza en la singular voz de Alejandro López Andrada.

Alejandro López Andrada. Berenice (Córdoba, 2016)

(TRAS)LÚCIDAS POESÍA ESCRITA POR MUJERES (1980-2016)


(TRAS)LÚCIDAS
POESÍA ESCRITA POR MUJERES (1980-2016)

O curre en todos los órdenes de la vida. Hay cuestiones que cuestan mucho cambiarlas, que necesitan de tiempo, aunque algunas veces ciertamente sea demasiado, excesivo. La literatura no podía ser menos. También la vida literaria española ha estado copada por nombres siempre masculinos, poquísimas mujeres han formado parte de esa otra historia de la literatura. Casi siempre ninguneadas, silenciadas de forma habitual han transcurrido los siglos sin que la mujer haya ocupado el lugar que se merece y en igualdad de condiciones con los hombres. Y así nos va, porque seguramente nos hemos perdido una parte importante de la verdadera condición humana. Quizá haya quien reste fundamento a este parecer, pero creo no equivocarme si afirmo que, desde que la mujer se va incorporando a la vida social, política y cultural, en nuestro país a partir de la década de los 80, antes impensable, a pesar de la categoría humana e intelectual de buena parte del colectivo de mujeres españolas, muchas cosas han cambiado en España, le pese a quien le pese. Su incorporación a la vida laboral, social, política y cultural es un hecho determinante, si bien son muchas aún las carencias en este terreno. Viene a contribuir en esa trayectoria creciente de la presencia de la mujer en la vida literaria española la antología que acaba de aparecer en “Bartleby Ediciones”, bajo el título de “(Tras)Lúcidas. 

 
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)”, edición, selección y prólogo de la profesora y poeta también Marta López Vilar. Aun admitiendo este tipo de publicaciones en las que la mujer es protagonista exclusiva, entiendo que sería mucho más enriquecedor sumar que restar, en el sentido de aunar a hombres y mujeres poetas en estudios antológicos, lo que nos daría un visión de conjunto mucho más aproximada a la realidad poética que se quiere mostrar, que un texto con referencia exclusiva a la poesía escrita por mujeres, por muy amplia que sea la muestra y la singularidad de cada una de las poetas seleccionadas, hecho este también complejo a la hora del análisis y que dejo aquí como reflexión para el debate. No obstante, y porque sabemos del esfuerzo y la dificultad que conlleva preparar una antología, apreciamos el trabajo realizado por su antóloga, Marta López. El primer escollo con el que se encuentra toda antología y por consiguiente su antóloga es el criterio de selección, que puede ser muy variado. En el caso que nos ocupa Marta López selecciona a poetas más veteranas, las nacidas en 1962, hasta las más jóvenes, las que nacieron en 1986, en total de 29 poetas: Esperanza López Parada, Aurora Luque, Susanna Rafart, Miren Agur Meabe, Rosana Acquaroni, Isabel Bono, Guadalupe Grande, Josefa Parra, Ada Salas, Cristina Morano, Nuria Ruiz de Viñaspre, Yaiza Martínez, Esther Muntañola, Begonya Pozo, Miriam Reyes, Olga Novo, Carmen Camacho, Ariadna G. García, Carmen Garrido, Leire Bilbao, Sandra Santana, Vanesa Pérez-Sauquillo, Erika Martínez, Esther Giménez, Lucía de Fraga, Laia López Manrique, Sofía Castañón, Lola Nieto y Martha Asunción Alonso. Veintinueve voces dispares que conforman un corpus poético también dispar y en el que cohabita la poesía en prosa con el verso, cuestión esta merecedora de un debate abierto y sereno en cuanto a su consideración conceptual. Se agradece la inclusión de inéditos de las autoras seleccionadas -razón por la cual algunas de ellas declinaron la invitación de la antóloga-, al entender que «Era una manera de dar instante, ese extraño adverbio llamado “ahora”.», también la presencia de otras lenguas como el catalán, gallego y vasco. Con el título “Un (tras)lúcido silencio: causas y orígenes de una desaparición”, inicia Marta López un recorrido por la historia de la literatura para explicar precisamente las razones por las cuales las mujeres poetas estuvieron ausentes o silenciadas durante mucho tiempo en los manuales o las antologías. Hoy, este libro viene a hacer justicia a esa otra literatura secuestrada en muchos casos y escrita por mujeres, viene a compensar la balanza, a equilibrar las diferencias entre los géneros y que no debe existir en ningún caso, sino en la expresión lírica de cada una de las personalidades poéticas existentes. Tal vez este acercamiento a la poesía escrita por mujeres nacidas a partir de 1960 sea la oportunidad que la POESÍA necesita para conciliarse consigo misma.

Título: (Tras)Lúcidas.
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)
Autor: Marta López Vilar
Edita: Bartleby (Madrid, 2016)


Ausente de todo. Maribel Cerezuela


Oyes una canción…

La melodía despierta recuerdos,

que quisiste olvidar.

Sonríes y callas,

ausente de todo, 

ausente de mi.
A lo lejos, unas garzas vuelan,
beben el agua del arroyo,
que un día te vio sin alma.
Cuerpo sin ataduras.
Pasado y presente, 
de lo que nunca fui
¡Cobarde!
¿Estás ahí?
23/07/2016, publicada en Facebook. 

LA MEMORIA DE UN HOMBRE ESTÁ EN SUS BESOS.


LA MEMORIA DE UN HOMBRE ESTÁ EN SUS BESOS

VICENTE ALEIXANDRE. BIOGRAFÍA

En esta España nuestra estamos acostumbrados a relegar con pasmosa facilidad, a que sea la desmemoria, el olvido, una nota inherente de nuestra identidad como pueblo. Arrinconar en el trastero lo inservible (lo que dejamos de querer) sigue siendo, lamentablemente, una necesidad imperante, de tal forma que no estamos dispuestos a restituir, cuando así es necesario, al objeto, a la persona de que se trate, a su esencia de ser. Los casos de esta actitud cicatera e injusta con quienes, por su trayectoria vital son dignos de recordar siempre, son muchos, pero uno centrará nuestra atención, el del poeta y premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre. Merecido recordatorio el del escritor Emilio Calderón, galardonado con el II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias, por su trabajo “La memoria de un hombre está en sus besos. Vicente Aleixandre. Biografía”. Incomprensiblemente relegado a la nada, al olvido más cruel e injusto, nuestro Nobel de Literatura es recuperado afortunadamente ahora para el lector en este sincero y coherente estudio de Emilio Calderón. Es esta una biografía necesaria, y en estos momentos del devenir poético español, más que oportuna, por cuanto restablece, ordena y sienta las bases de lo que debe considerarse verdadera poesía, tan alejada de modas y marketing. Ciertamente la mejor manera de acercarse a la trayectoria vital de Vicente Aleixandre sea la de leer su obra, que contiene los latidos de su propia vida, su manera de entender el mundo, de ser y estar en él. 
Con independencia de esta realidad, Emilio Calderón nos muestra aquí algunas de las claves para entender mejor su trayectoria vital, que equivale a decir poética, porque para Vicente Aleixandre vida y poesía se convertirán, por su temprana relación con la enfermedad, en la misma cosa. Se define Aleixandre “como un malagueño nacido en Sevilla y, como un sevillano criado en Málaga”, para a continuación afirmar: «Todos mis recuerdos primeros de la vida son malagueños. Nací a la luz, e incluso a los libros, en Málaga –otro modo de nacer-, porque allí aprendí a leer, que es el segundo nacimiento». 
 
La mar siempre, alma y vida. Difícil es extractar en unas líneas el pensamiento y la vida de Aleixandre contenidas en este libro. No obstante, incidiremos en aquellos aspectos que redundan en la poética –su poética- como un tratado de la vida, una singular manera de entender el mundo. La enfermedad y el dolor marcan un antes y un después en la vida y la poesía de Aleixandre, que afirma: «Mi experiencia del dolor ha sido enriquecedora. La enfermedad me ha hecho distinto. Un hombre y un poeta diferentes». Desde este punto de vista su manera de escribir viene determinada por su propia concepción del mundo, donde estética y ética se funden en un solo cuerpo. No cabe poesía sin moral. Ocupará un lugar destacado en la vida de Aleixandre, el hogar, allá donde existiera, si en Madrid, Velintonia o Miraflores de la Sierra; también la familia, sobre todo, su hermana Conchita. Velintonia 3 será el hogar al que acudirán muchos poetas españoles de la época, y en él encontrarán siempre una palabra de estímulo y comprensión Rafael Alberti, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, García Lorca, Carlos Bousoño, Altolaguirre, Lepoldo de Luis, Muñoz Rojas, Antonio Colinas, Luis Antonio de Villena, entre otros. Pero si la amistad es importante en la vida del poeta, no lo es menos el amor. Con independencia de su sexualidad (iniciada en su adolescencia con Marta, la cocinera que trabaja en la casa familiar) , que es cuestión tan íntima, nace de todas sus relaciones, sean con mujeres (Margarita Alpers, Carmen de Granada, Eva Seifert o la enigmática y joven Clara) u hombres (Alfonso P. o Andrés Acero, sobre todo), un amor sincero y limpio, pasional. 
El advenimiento de la República, la guerra civil y luego la dictadura de Franco, con su exilio interior, influiría también en el hombre y el poeta, que mostrará a través de su relación con poetas como Miguel Hernández, fundamentalmente. Recuerdos, soledad, la fugacidad del tiempo, el amor, también la vejez y por último la muerte («No espero encontrar ningún cielo, ningún paraíso, a mi muerte. No hay más paraíso, ni más infierno, que lo que vivimos en la Tierra») serán temas que tratará a lo largo de su vida poética, hasta el punto de alcanzar el Premio Nobel de Literatura (el año que viene hará 40 años) en 1977, precisamente por su valor creativo, sin repetición ni acabamiento. Para concluir esta oportuna biografía que rescata del olvido la figura de Vicente Aleixandre, reproducimos estas palabras del poeta tras ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura: «La gloria no es el premio, no es el homenaje, no es el ruido. La verdadera gloria del poeta es que después de muerto todavía su voz resuene en algunos pocos corazones afines. Que después de muerto no sea un libro cerrado, sino que palpite, se oiga y se repita».
Título:La memoria de un hombre está en sus besos. 
Vicente Aleixandre. Biografía.
Autor: Emilio Calderón
Edita:Stella Maris (Barcelona, 2016)

6.- Ana Cecilia Blum

POEMAS: ANA CECILIA BLUM
DE ÁNCORAS, 2015
ORIGEN
Versos titiriteros
de dónde asoman,
hilos-dueños
que me han quitado
el albedrío.
Nunca fui
como otras niñas
a la hora del recreo.
Nunca fui yo
recién florecida
muchachita del barrio.
Siempre fue el poema
ojo lejano,
capullo sellado,
rareza.
Cómo se vuelve uno poeta
si mi sangre turca ordena
otro oficio otra empresa,
mis hermanos mercaderes
de números o prendas
y yo
cómo llegué a ser
esta tratante involuntaria
en el ferial de las palabras.
ANCLA EL PRETÉRITO
Frecuentar ahora
las sillas que dejamos,
los pájaros encuentran allí la tarde.
Saber si en el patio
nos espera el juguete,
los árboles que trepamos
y esos frutos
que nunca quisieron madurar.
Buscar el columpio
en la distancia de otros soles,
hallar sus asientos vacíos
de risas de vuelos,
palos vencidos
ante el peso de las estaciones.
Tantear el agua turbia
guardada en el aljibe,
atisbar en el fondo
las ruinas de la casona
y descubrir que ya nada,
nada conserva tus ojos de niño.
LA NOCHE ES EL ESPEJO
No hay luna, la oscuridad pura,
en bocanadas lodicho,
lo que quiso decirse y no se dijo
por debilidad por espanto.
El espejo es el relato,
un andar las arcillas
de todo lo que fuimos,
todo lo que no fuimos
en la intensión en la desidia.
Brotan los filones del pasado
cuando es de madrugada
y el desvelo un alevoso
ante el sombrío enigma
de los pasos.
Es el dominio de la noche,
ases guardados en la manga oscura,
barajas en los cristales refractarios,
hasta que uno vuelve a toparse, fundirse
con la repetición del sol
y sus disfraces.
RITUALES
Recoger botellas de vino en la mañana
y esperar en su vacío las respuestas.
Apuntar más de un verso
en las pupilas de mi gato,
el ritmo en sus pasos de pantera.
Retornar al río hijastro del deshielo,
a la tarde detrás de las lomas coloradas.
Hundir por largos ratos los dedos en la nieve
y perder el tacto de los días.
Voltear hacia el desierto
desempolvar al dinosaurio
dejar que se sobreviva de mis huesos.
Caminar la yerba seca de los filos,
lo perdido en las orillas.
DE LIBRE DE ESPANTO, 2012
POETICUS
Escribo, porque no puedo pelear batallas con mis manos
y el lápiz -a veces- apunta mejor que la escopeta.
Escribo, porque el verbo escribir suena a única certeza,
y es ruta sin distancias, y es cuerpo sin virus.
Escribo, porque la hoja en blanco es un gato feral
y debo recogerlo, alimentarlo, darle guarida, amarlo.
Escribo, porque los adjetivos acechan y cuando matan,
también dan vida; porque el lugar común no me asusta
y lo que se ha dicho mil veces, igual salpica su encanto.
Escribo, porque todo en mí es un desencuentro:
los terminales se mudan, las calles cambian de nombre,
y nunca atino estaciones, horarios o trabajos, retornos o partidas.
Escribo, porque aunque duele, no duele tanto.
Escribo, para llenar los cántaros,
limpiar los espejos,
empuñar los espacios,
caminar los laberintos.
Escribo, para no morirme de pena.
Por eso escribo…
NOSTÁLGICA
Son las seis de la tarde y no hay nadie a quién decirle
venga para tomarnos una taza de chocolate con rosquitas.
El portal está escrito con los relatos del bisabuelo,
cuentos de aparecidos que iluminaron la infancia.
Las sombras crecen en las jorobas de la noche,
los coyotes muerden el tesón del viento allá afuera.
Un tren en la distancia, yo soy ese tren,
descendiendo las crestas de cañones.
MÍSTER MERLOT
Inúndame de levedad. Acuéstate, estírate, riégate.
Contigo no importa de dónde vengo, hacia dónde voy
o de las hojas secas que están hechos los huesos.
Camino en el silencio del hielo,
nada hiere, nada molesta,
nada acusa, nada quema, nada persigue.
Casi no siento mi cuerpo y me encanta.
Todo es etéreo y no arrastro
atrofias de acero.
VOCES DE AGUAS
Río parido del deshielo,
acunado en el vértice de la roca,
en la boca de la roca, en el muslo de la roca.
Río que llevas la memoria del invierno,
la saliva del oso, el salto del salmón,
la reverencia del venado.
Río que hablas en tu lenguaje de glaciares.
Yo entro en ti y mi pie se sirve de tu beso frío.
Río que pierdes tu cuerpo bajando por los pueblos,
te encarcelan, te asesinan, te consumen.
Río que ya no eres río, nunca más río,
río que ya no llegas al mar.
EL JUBILADO
Esa mañana, cuando la luz se metía
entre las bancas, a través de los álamos
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
el jubilado me dijo
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.
Cuando el esqueleto se despierta sin quejas
y en la terraza el sol entiende la piel de la vejez.
Cuando el menú del día está sabroso,
la pensión llega a tiempo, completa,
y la casa no insiste en caerse a pedazos.
Cuando la memoria recuerda solamente lo bueno, lo bueno;
los hijos vienen de visita,
los nietos cuelgan de la alegría, abren la nevera
y se comen hasta la soledad.
Cuando uno reposa contento, encantado
en las tintas de un buen libro,
o en los andamios de una gran película,
y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.
Cuando el día está bonito, sí, bonito
y no importa si el gobierno entero se va al carajo.
Eso, me dijo el jubilado,
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.
DEL RETORNO
Hay calles que te llaman,
vidas que te llaman,
metáforas que quieren coagular tu nombre,
y una casa, en ruinas, pero tu casa.
Ya es hora de ordenar los versos,
desempolvar la biblioteca,
devolverte a la quietud de la palabra.
No temas, que el retorno
jamás te quitará los elefantes,
la ballena, el oso pardo,
la montaña, el tornado, los saguaros.
Ellos, serán siempre en la memoria.
LA ETERNIDAD DE LA TINTA
Todo lo diluye la tinta:
la zozobra, el futuro,
el otro que habita adentro.
La tinta te eleva, te suaviza
te hace pluma de pajarito
pelusita de gato en el aire de la mañana
realidad sin sentencia
manos que conversan
espantos que se extinguen.
LA CASA RENTERA
Hay un lisiado rentando el piso alto de la casa,
un lisiado que se emborracha por las noches
lamenta sus piernas débiles y sus manos chuecas.
Yo lo ignoro,
mientras pague las pesetas justas
para comprar las caretas,
poco me importa su llanto.
Salgo, camino estirada, presumo:
botas de tacones altos –para disimular la pierna corta-
un abrigo largo –para esconder el declive de las vértebras-
guantes negros –para cubrir los dedos secos-
Casi modelando voy por la calle,
con un maquillaje perfecto,
un pelo perfecto,
a simple vista todo en mí es perfecto.
Pero adentro, de regreso, en la casa,
un fastidioso lisiado habita
y es, un inquilino perpetuo.
DE LA QUE SE FUE, 2008
LA QUE SE FUE
Camina en otras calles.
Sucumbe en otra lengua.
Lejos de su casa,
escoltada por el anonimato,
con la alforja vacía de país y herencia
asiste
al velatorio del espejismo.
Entre los monumentos de la muerte
ha olvidado:
de qué savia está hecha su sangre,
de qué oficio se yerguen sus huesos.
No quiso retornar cuando pudo,
es tarde
para alcanzar las carabelas.
Lo que dejó
se lo comió el apetito de la ausencia.
Volver al mismo mar
es volver al desencuentro.
DESPUÉS DEL VERANO
Agosto: los arces -resignados-
empiezan a perder sus verdes.
Septiembre: del verde ha nacido el fuego.
Desfile de rojos en las ramas.
Octubre: el viento se viste de hojas secas
-camisa y pantalones de hojarasca-.
Noviembre: en la desnudez del bosque
el frío establece sus moradas.
Diciembre: la muerte es blanca.
LAS NIÑAS BIEN
(Puerto de Manta, playa El Murciélago)
Con la nieve asoman
las mañanas junto al mar de Manta
cuando el colegio apestaba
y nos íbamos
a patear las olas
entre sorbos de ron.
Debajo de las palmeras
los quiosquitos fueron
cocos inmensos
y las chicas de colegios nocturnos
que allí atendían
nos regalaron
el ojo de la envidia.
Si acaso hubiesen sabido
que detrás de nuestro buen nombre,
detrás de nuestras risitas
y poses de clase,
adentro, en las mochilas caras
se agazapaba la miseria.
Allá en el Murciélago
hicimos juramentos de olas:
largarnos algún día.
Ahora, lejos
en estos campos de greñas gélidas,
recuerdo esas arenas calientes
donde el sol se divertía
y nosotras nos pasábamos
el último cigarrillo…
EL INDIGENTE ALLÁ AFUERA
Aquel hombre
le exige un milagro a la noche
mientras lleva su casa a cuestas
en un carrito de supermercado.
Largo, descuidado, sucio,
con el mismo suéter verde desde hace un siglo,
verde-desteñido, verde-quebrado, verde-triste.
Hasta acá puedo olerlo.
Hiede a desconsuelo,
a calle pa’ arriba y pa’ abajo,
a centavo tirado en el piso,
a noche sin techo,
a basura vieja de país rico.
Maldice una botella, luego la besa.
Se escucha una carcajada, después un gemido.
RENUENTES
Ellos conservan
el rumbo de la costumbre.
Me han contado que salen
a las horas de siempre.
Por las mañanas al trabajo,
retornan, hacen la siesta
y se apuran a buscar atardeceres.
Suben,
bajan de los buses,
atienden conciertos,
cines, recitales.
Se sientan en algún café,
sacan la pluma,
conciben los hijos de las calles.
Pobrecitos mis zapatos viejos
ellos aún no entienden
que me he marchado.
LLUEVEN LÁGRIMAS (QUE CURSI) Y SIN PARAGUAS
La tristeza se riega
como agua de lluvia,
corretea por las calles,
se enreda en los botines,
se mete en tu vestido.
La lluvia y la tristeza
son la misma cosa
y a menudo
te empapan.
EXPECTATIONS
La mala hierba
crece en todas partes.
A veces
el fuego de la razón llega
y la extermina
pero hay rituales
que nunca mueren
y entonces
la mala hierba
vuelve a crecer.
DESPUÉS DEL OCASO
Cuídate de la noche,
no te le acerques demasiado
es capaz de capturar tu aliento
en su cueva de roca negra.
Cuídate de la noche,
nunca la mires de frente
sus mil ojos con pupilas de asterisco
quieren encantar cada uno de tus pasos.
Cuídate de la noche,
ella va a enamorarte y tú vas a sufrir
porque no podrás entender su corazón blanco que:
se achica, se agranda, se redondea, se esconde, se eclipsa.
Cuídate de la noche…
EL TIEMPO NOS HIZO DIFERENTES
Ya todo es ajeno,
yo misma soy otra.
Cada cosa tan pequeña,
nada es como el recuerdo.
La casa familiar
es solo una casita.
Mi cuarto:
cuatro esquinas que se juntan.
El jardín:
minúscula geometría de tierra seca.
No siento nada mío:
ni al barrio con su bulla de acero,
ni el aleteo de los viejos libros,
tampoco la música de long-play que me dejó el abuelo.
Mi vida antigua se ha borrado,
sílabas
que no retuvieron las paredes.
LEJOS DE LO URBANO
Adentro, en el bosque
junto a los lagos, sobre la arena,
despiertas a media noche
bajo el conjuro de la vía láctea,
ves la marea empinada de los astros
abrazando tu cuerpo,
cortando el silencio de tu sueño,
salvando tu existencia.
ROAD TRIPS
El viento, viene corriendo entre los árboles.
Valles gigantescos, autopistas larguísimas.
Rocas fálicas, rocas suaves, rocas brutales,
rocas osadas balanceándose en otras rocas.
Millas de cielos inmensos,
cañones errantes,
monolitos de arena roja,
alturas graníticas, esculturas suicidas,
glaciares milenarios,
islas de pinos, jardines silvestres,
rutas amadas por el sol.
Presencia indómita
diminuta, enorme,
reverente, peligrosa.
La ardilla, el puma, el oso,
el ciervo, el búfalo,
el propósito del pájaro carpintero.
Imperios que ya no existen,
ciudades vivas, otras ya muertas.
Lugares que nunca antes vimos
y que tal vez no volveremos a ver.
Cronistas de kilómetros,
acampamos
sobre la huella del dinosaurio,
escalamos
nevados con los ojos,
entramos
a ese nudo de abedules, sauces, robles que es el bosque
pero que también es uno mismo
y entonces al tocar la tundra,
el paisaje como siempre, nos hizo
tragar las palabras.

1.- Juan Secaira Velástegui



Juan Secaira Velástegui (Quito, Ecuador, 1971). Ha publicado Obsesiones urbanas, ensayo, editorial El Tábano, 2007. El poemario Construcción del vacío, editorial Sarasvati, Nueva York, 2009, mención especial del premio de poesía Ángel Miguel Pozanco (España). El libro de poesía No es dicha (Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade), editorial El Tábano, 2012. La plaqueta de poesía Geografía de la edad, 2013. El libro de poesía Sujeto de ida, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2014. Y el poemario Ribera de cristal, Ediciones de Pandora, Tampa-Florida, 2015. Ha sido uno de los ganadores del Concurso Nacional de Poesía El Retorno, 2009 y 2011. En el 2008 se adjudicó un accésiten el concurso de poesía de la revista española Katharsis. Su poesía se encuentra en antologías nacionales e internacionales.

 
Oído de mar
El tiempo en el que
las olas se apaciguan
y el desprevenido no escucha
la réplica constante de los días.
Mi madre tiene un mundo en su oído izquierdo
permanece
cada tarde en mareos y penumbras.
Mi padre tiene a mi madre.
Nada es comprensible entre orillas y escombros
mientras
el agua silente
también
se deja ir.
(Inédito)
La función del espectro
Se aguarda el placer de la siguiente dosis
en aquel cuerpo impaciente y necio
como un animal que
encerrado en la bóveda del juicio o en la
maquinaria de un tejido angosto
olvida
bajo cada línea
detenerse
a tiempo.
(Inédito)
Garúa y la noción de la naturaleza predomina como una unidad etérea.
Olor a añoranza
como si el tiempo se detuviera en los gritos campesinos
en la fuerza y la sabiduría de su labranza.
 
La farragosa presencia de la ley
el frenesí del tren sobre rieles rotas.
Lluvia y una desesperanza continua y solitaria
como el ceceo de un dios menor a la distancia.
No es paisaje: en la única parada de bus esperamos por un ser
que no llega cancelado en su Babel de miedo y lejanía
la piel de nuestra suerte
y el obelisco creciendo en un cielo negro y callado.
 
A esa edad la impunidad se restriega en los días: no se entiende ni se detiene
el pensamiento es una carrera para llegar a algún lugar
flores arbustos y los cuentos de la abuela.
 
Veinte años después recorro la ciudad enfermo
porque de los enfermos será el reino de la poesía
de los desposeídos realmente
de los que flameamos la fe como única pregunta.
 
Sin abuelas ya
sin arbustos
una ciudad deshabitada
una foto en la mesa
materia de la furia.
(Inédito)
De película
Vemos una película
Relatos Salvajesy dices
que somos idénticos a la pareja de la última historia.
 
La última que no es de ningún modo la última.
 
Hay resplandor también en el olvido
en la prosperidad del capricho
la disciplina del cuerpo inmóvil radica en caer
con suficiencia.
 
No se distinguen el gusto ni las plantas que crecen en elextremo de nuestro jardín.
 
Han desaparecido como tantas cosas y personas
las emociones compartidas en ningún baúl
donde guardarse por un tiempo inexistente y breve
como el sol que creíamos eterno
en noches de frío
su espera.
 
 Sanarse lentamente aprendiendo a escuchar y decir
los latidos de los otros de los que se han quedado hasta el final
del viaje
para formar el reparto
de esta película B
que es la vida.
(Inédito)
Responde
Infinitamente infiel es la memoria
depende y al depender muere en sus múltiples versiones.
 
Preguntarse es como poner los restos debajo de la alfombra del comedor.
 ¿Dónde estarán los amigos de juegos de siempres y jamases?
 ¿El verbo suspendido en la inconciencia?
 
La distancia del sentido abarca el tiempo.
 El dolor del dolor promete volar.
 
Tres meses sin tratamiento
concentrarse para hacerlo invisible.
 
Iremos mañana a la farmacia
si el cuerpo responde le diremos gracias.
 
Nadie es completamente sano solo se esconde.
 
Mi amiga más querida me enseñó a cerrar los ojos
para abrirlos de verdad.
 
Alguno que otro afán
florece cuando siento las manos
 las re-siento
en campo abierto
naciente
brioso
pulso.
(Inédito)
Huesos
Después los huesos el altavoz
los mandiles repitiendo peroratas
por años de mala comida de pésima comida y un tragaluz espía.
 
Antes: la tabla del 9
factores los símbolos químicos historia y geografía
energía desperdigada en medicamentos.
 
Síntomas
pronósticos de encuentros extraviados
sueros
nombres impronunciables
música letras
una fiesta.
 
Perder es mejor que contenerse.
 
Entonces
el automóvil se estrelló en plena vía principal de noche
de truenos
de gana de turba de pulmones de costillas de caos.
 
Una semana corre rápido: comenzar a repartir las cosas que él ya no usará
sus discos libros botellas: ahí va el ripio y el estertor
como el velocímetro que nos vuelve al
fuego.
(Inédito)
Sanatorio
Quedaron una noche junto a la bodega que guardaba remedios
y males.
Se presentaron. Consumo selecto de pastillas y líquidos inyectables.
El amor brebaje para engañar al paladar y hacernos creer que estamos sanos. El amor brebaje para engañar al paladar y hacernos creer que estamos locos. Hacernos. Creer.
El amor es una inyección y ya no duele.
El amor ni se discute ni se ataja ni arriba.
La pareja baila sin tocarse como esperpentos como fantasmas poseídos
por las drogas consumidas. Son minutos de música punk. Se mueven fuertemente y a ratos caen al suelo se levantan se pasean por la habitación sin mirarse cada uno en su propio vuelo. Suena la canción El Lobo de Sal y Mileto. Caminan por los pasillos del hospital.
Aquí no ayuda el galeno ni el administrador
menos aún tu compañero de habitación o quien limpia y resguarda.
Lidera el desorden organizado en turnos y papeleos inhumanos.
Dictadura en dolorosa pesadez y anonimato.
La máquina como galope furioso pinchazo tras pinchazo en el cerebro
se queda el rock colgado.
Nadie nos ha dicho cómo vivir.
Nadie nos ha dicho cómo morir.
Nadie nos ha dicho cómo sobrevivir.
Nadie nos ha dicho cómo amar.
En el hospital de la Santa Bendición Libérrima
es el señor director quien no está cuando lo necesitan.
Necesita y lo consigue.
Sin nunca estar.
Sin nunca estar sin nunca estar sin nunca estar
reparte bendiciones
recoge donaciones
se alista para despedir al moribundo mientras
atesora una fortuna en este mundo
hay que ver al señor director por la calle
para comprender
que está
sin nunca estar
sin nunca
sin nunca estar.
La no-historia
comienza y termina en los cuartos y pasillos del antiguo hospital
cuyo frente ha sido remodelado y pintado
resuena una vieja cisterna cada noche
aporta a la pestilencia de aquel barrio central.
Vanessa no huye
recoge sus pasos y se atreve a lanzarse a experiencias
líquidas. Ha dejado su habitación de hospital (cuatro camas cuatro convalecientes) cuando unas mujeres han pretendido convertirla en eco religioso de imploración plural uniforme y vacía.
Jota permanece en la bodega
olvidada por la nueva administración. Ha escapado de los payasos falsamente alegres y optimistas que confunden
la sanación con chistes malos y una actitud vacua
alzar los brazos y reír como estúpidos para mejorar. Odia las narices rojas. Ambos se encuentran en la bodega. Los empleados ya no se empeñan en controlarlos.
VANESSA. El alcohol es de las pocas vulgaridades…
JOTA. … que nos permitimos.
VANESSA. … de las pocas…
JOTA. … que nos quedan…
VANESSA. … después de cada sesión de terapia…
JOTA. … terapias rutinarias…
VANESSA. … face to face
JOTA. … the end.
Desde el intenso espacio
en el que nos encontramos
incluso para irnos
jamás para partir.
VANESSA. ¿Qué se siente no sentir la mitad del cuerpo?
JOTA. ¿Qué se siente sentirla?
VANESSA. Como el amor ambiguo de los padres. Como la sensación del latir de úteros extraviados en algún lugar incierto.
JOTA. Como la mujer que allá afuera decía que permanecería conmigo que me llenaría que podía confiar y creer para luego limitarse a una obsoleta presencia.
VANESSA. Siempre en tiempo potencial.
JOTA. Pretérito.
VANESSA. La realidad es un caramelo masticado al unísono.
JOTA. Una línea bárbara.
VANESSA. Conversión de los exilios.
JOTA. Simulacro de aquel día.
VANESSA. Colibrí recién nacido. El poema es la repercusión de sucesivas muertes.
JOTA. Una idea política.
VANESSA. ¿Política racional mercantil baja carroñera altiva y soberana?
JOTA. Solo política: quememos este hospital.
VANESSA. Envenenemos la comida.
JOTA. Castremos al director.
VANESSA. Hagamos una colecta.
JOTA. La realidad es un hospital.
VANESSA. No huir de uno mismo.
JOTA. Nuevas recetas.
VANESSA. O una rifa.
Desvarío tiempos
dosis para pintar el cielo
y la lluvia.
El columpio cruelmente luminoso.
El miedo no es a no estar sino a no sentir que se ha estado.
JOTA. La única guerra válida es la que se da contra uno mismo.
VANESSA. Trascendiendo en la miseria.
JOTA. Cabreados.
VANESSA. Danzando.
JOTA. Furiosos.
VANESSA. Insanos insalubres ilegítimos adoradores de banderas.
JOTA. Maradona es como dios…
VANESSA. … malévolo.
JOTA. La maldad es la parte verdadera de la pérdida del conocimiento que es vivir.
VANESSA. Fuera de experimentos y contemplaciones formales.
JOTA. En una pared.
VANESSA. En una letra.
JOTA. En una palabra.
VANESSA. Hubo.
JOTA. Uve.
VANESSA. Letras…
JOTA. … juntas…
VANESSA. … no hay. Uno es sus partes.
JOTA. Como parte policial tal vez como apunte de fracasos.
VANESSA. O parte médico en la sucesión de caídas y asfixias.
JOTA. … parte que se parte.
VANESSA. Ser parte de lo que ya no es sino solo en la imaginación que es la causa y consecuencia de algo indefinido.
JOTA. Parte de los que se comen las uñas.
VANESSA. De las que se jalan el cabello o se lo jalan a otras infelices.
JOTA. A ratos parece que el espacio fuera todo y se parte la vida en pedazos.
VANESSA. En pedazos que a nadie le importa ayudarte a rearmar.
JOTA. Mejor será abandonar la esclavitud del cuerpo para verlo desde afuera.
VANESSA. Mi abuela decía que la experiencia surge de un punto silencioso de algo que te dicta el cuerpo sin palabras como impulso heredado como si fuéramos guerreros de antaño cuando no había nada material y la naturaleza era hogar hostil y cálido a la vez. La verdadera experiencia no sucumbe con el silencio más bien nace en él y se expande hasta hacerse música.
JOTA. Música.
Silencio de hormigas escalinatas y puentes.
Silencio de dios contemplando sus ficciones amparado en su diestra. A Jota nadie lo ha visto hoy. Ha desaparecido.
Silencio de la angustia. Azar que cabe en el vicio. El vicio: incierta calidez sin discurso.
VANESSA. Solo el que está muerto no se queja. O seaSeñorita enfermera le hago una pregunta. ¿Debido a qué padecimientos he permanecido encerrada en este sanatorio? ¿Me lo podría explicar?
Desde el intenso espacio
en el que nos encontramos
incluso para irnos
jamás para
partir.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Ribera de cristal
Salimos del cine de barrio. Blanco y negro.
Del circo con la minúscula fotografía del momento
dentro del embudo de plástico para colgar las llaves.
De las librerías no de las ferias
del descubrimiento de los libros
del encanto lejos de pretensiones mediáticas.
La vida es un juego desarmable y paradójico.
Mi padre habla y se detienen las escenas en casa
sufrir y gozar elegantemente sin mucho ni poco.
Cocolón caliente café música
lo que dicte el amor.
Puentes donde alojarse
estaciones de bocas llenas.
Curar a los enfermos que golpeaban a la puerta de la casa
a la mayoría sin cobrarles
acogiéndolos como verdadero samaritano.
No por pena por la humanidad que se forjó
en la pobreza material defendiéndose solo en el estudio y el trabajo.
Buena parte de la vida se borra aunque intentes retenerla.
El héroe era papá en el Mustang descapotable en el Fiat azul en el Ford blanco automóviles cada vez más nuevos debido a la ilusión
de quien nos llevaba
de paseo cada sábado.
No aprendí a nadar derecho
nos zambullimos una ocasión en olas deletreadas
por mamá desde la orilla.
Mi padre mi hermana y yo desde el fondo del agua
maniobras y volantines.
Cómo decirle que no he olvidado y que lo voy haciendo con el tiempo.
Definir lo que se es sin serlo.
Médico como yo dijo papá. No duré sino seis experimentos de espuma flex
y dos amigos peruanos de cerveza y charla amena.
Grutas vacías. Gracias en espiral.
Maletas para irse sin irse.
Abrir los ojos al alcohol
a las páginas leídas
como alas resonando fuegos.
Llamas y clamores hubo por presencias funerales
recambios
un conejo blanco y travieso
disfrazar las calles para huir sin lograrlo
cierta venganza u odios crecidos
como fruta podrida.
Hasta los 30 años hacer lo que se te antoje. Después ya solo queda vivir en poesía. Bromea mi padre y a carcajadas regresa a su consultorio.
Dios es la risa y la lágrima.
Carreteras y boleros
helados de paila fritaditas machica pinol.
¡Oh! El fútbol en potreros jugándolo como si fuera algún torneo importante.
Centrarle a la realidad un balón medido para el gol del desempate
mete gol gana o confiarse en el arquero
que como padre nos apoyaba
en los goles en los golpes en las caídas
resbalones y demás hierbas.
Encarnaciones no apologías.
La ira en torno a nuestras distancias
que las asumimos humanas
descontrol a veces pero nunca silencios
o puñaladas por la espalda.
De frente aunque moleste y duela
hemos resuelto el caos.
Mi caos cuando llegaba ebrio con el mar en el pecho
desbrozando bosques de piedra.
Conversamos de poemas y libros
la lucidez de mi padre es una enmienda y un clamor.
A diferencia de otros poemas en este
primero muere el hijo.
Riberas de cristal.
Decir ejemplo es poco
decir manos extendidas algarabía apoyo amor
aprender de él a vivir con pasión lo propio sin demagogia ni recetas baratas.
Resplandeciente su voz quebrando el espacio tan nuestro
poderoso como la tarde en que se derrumbó el árbol
y volvimos a levantarlo para atravesar el mundo con las manos
de las manos
sin las manos.
Las manos o la exhalación que replica y nutre
en un santiamén.
El poder de no poder
escape del acto voluntario
anochece y mi padre lee el quinto tomo de Medicina.
Mi lado que responde al corazón
ha ganado su derrota.
El cuerpo parece burlarse y queda la tríada
de los nervios comprimidos
a la abatida levitación de manos juntas.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Dosis
Puertas de otras manos.
Refracción de luz en la garganta.
Se acarician los perros acunados por el sol.
Los hijos inmensidad regada en mendrugos de existencia
acto repetitivo piedras
terquedad sabiendo lo que se acerca
bocanadas detrás del pulso.
No se trata del espíritu ni de la tentación la diferencia en contra o a favor
no de luchas ni sacrificios culpables
ni del rincón donde habitamos desde la infancia.
Aspiraciones buscando asumirse irrealidades sin pena.
Cada día tres veces al día cuatro veces al día
cada cinco o seis
o tres veces al día.
Actos clavados en las creencias como estacas o amuletos
el corazón sale y transita por caminos reacios.
No arrepentirse
cuestionarse increparse
lidiar con el tiempo para cuando no alcancen
tres dosis al día cinco o seis o cuatro
las horas
pasan
frecuentes
frías.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Líquido
No se entiende cuándo comenzó
menos el momento en que acabará
estamos en el bar con amigos
ya son quince años de farmacodependencia
la mujer a mi lado dice: ¡maaaás ha de ser!
Nadie ríe el telón sobre el supuesto protagonista
bailan y se acumula el trago
hay quien lee las manos la vela el destino
suplicando a la providencia
verdades seguras.
En el baño se van las penas para volver
es cuestión de tiempo
surge la sensación del encierro
de las paredes abriéndose
de la gente que apenas llega y ya quiere irse
o no ha llegado o se hace la desaparecida
del silencio en promoción o sofoco.
Se movía
una pecera
en la casa de aquellos años
poco se sabe.
El murmullo del río en la cabeza como acumulación
los hijos en un lugar no definido estelas o flechas
directas a la memoria que se niega a poner en funcionamiento la melancolía
mejor otra ronda
peces de colores mueren en líquido vital.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Padre
Padre jamás ha probado un trago
me los dejó todos a mí
girando
en la memoria de una deidad irónica.
Padre
intentó curarme
desde el principio
estoy enfermo también de poesía.
Ayer lloró
lloramos
solos
como la vez que
entre nubes
quemamos
mancos
nuestra
última
cometa.
(Del libro Ribera de cristal, 2015)
Va
El poema es contención ante la desmesura del silencio.
Tensar el arco, cavar la tumba, aguantar el cielo.
La flecha escoria la tierra húmeda.
Va el humo
al mismo incierto lugar
que la añoranza.
Reviven el círculo
trazado por la memoria.
Espada del temor
los pájaros vuelan sin alas
sus cenizas
sus decires.
 
(Del libro Sujeto de ida, 2014)
Ante el cuadro Calle 14, de Camilo Egas
En la calle 14 los ángulos prefiguran el olvido
valiente olvido cobijado en
cualquier tiempo.

La oportunidad solitaria
con el paso de los días
con la lectura del otro
en aquel diario
su espera.

Otras esquinas entrevistas con el reflejo total
de la cronología subyugada
a deseos
claroscuros.

Anhelo como un pájaro.

Gradas
llevan a la vigilia de costumbre
quizá eso sea la vida
subir para bajar
en espacios registrados 
solo 
en el desamparo del recuerdo.

Pero hay que vivir y
se aguarda sin

que importen ya
la distancia
el frío.
(Del libro Sujeto de ida, 2014)
Y unas líneas en el cuerpo
Desde la desembocadura surgida en lo tempestuoso de esa unión sin muerte.
Hilos se tejen en cascadas internas.
Liturgia de descubrimientos
despojarse como aves en la cumbre.
Con la llegada de los hijos, isla hermosa sus latidos.
En las manos llevo una brújula mordida
los hijos que perdimos
los que alumbran todavía
lenguas de lluvia
el azar anocheciendo.
El deleite
inmune
reacio
vivo.
(Del libro Sujeto de ida, 2014)
Quijotescas camisas de fuerza
Dicen tu madre está loca
ha sido capaz de vender todo y transmutar
gritando y gesticulando plegarias
mientras consume sus pastillas.
Pensar: pecado con olor a naftalina.
Me siento a su lado, leo unas palabras de Mario Arteca:
Aquí los árboles son individuales. Ninguno se vuelve cien por ciento rojo. ¿Qué parte se pone roja? Depende en exclusiva del árbol”
sonríe
su silencio cubre la habitación
pabellón, infierno blanco
dibuja un árbol en el aire
azul, dice, yo lo repito
su bata está sucia, la saliva ha dibujado el bosque
puedo contar los pocos cabellos, me contengo
ambos miramos alrededor, allí no hay ventanas
ramas deslizándose, nos tocan, contienen mi respiración
trauma, secreto
árboles, árbol, aire suspendido
puños.
(Del libro No es dicha, 2012)
Vestigios chica punk
Hierba no, maleza
en do sostenido
de chica
punk
con cara de muñeca
columpiándoseen la desazón de sus accidentalesfanáticos.

Miradas entre la lluvia.

Mientras
– La noche es un huracán.
– Una nena no sabe fumar.
– Tres tipos conversan sobre sus imposibilidades.
– La cerveza está caliente.
– Yo lamo la mesa albina.

Pinto un grafitien la frente de aquel bar
La vida, reloj sin pila.

Leo acerca de héroes, elegidos
la eventual característica del éxito en sus hojitas de datos, logros y fantasías.

Vuelvo a mirar a la chica punk
su valentía ojos blancos
sabe que el drama es una cueva ciega
con máscaras presuntuosas.

Estrangulomis ansias con otra cerveza
el destino pasa por la ventana
se detiene en pisadas de piedad
basuralde cada esquina
abrazos de hora incierta


cualquiera, cualquiera
que lo que tenga que llegar
llegue
y nos encuentre sin cuerda
hundidos
en la niebla del olvido.
(Del libro No es dicha, 2012)
LSD
En los próximos treinta y tres minutos serás un animal rompiéndose
dos gotas en tu lengua y tu mundo se detiene y se revuelve
solo de guitarra, cuerdas conocidas
destajadas, desafinadas.
La alfombra se abrirá y te tragará.
Volverás a tocar la hiel del infierno
tu mirada desprendida contemplará jubilosa
el trayecto de la araña, pliegues de la pared
poro a su máximo nivel, poro primera plana
la araña desde el techo hasta el candado
clama libertad.
La emulas, risa ebria
chocolate escurriéndose
de tu piel, alguien te habla
confundes presentes con futuros de
dos gotitas en la lengua.
Después de una semana siguen los síntomas
te caes
cuatro paredes te atacan
sientes el crujido
nifelicidad
ni la huida clásica
animal destajándose, abriéndose
boca del diablo
chocolate, sofá, abulia, despertar de otra realidad
dos gotas
te empalagarán
te revuelven, te perdonarán
fracturando lo poco sano.
La entrepierna de los ángeles esconde
un tumulto de sensaciones
de arañas sin filamentos.
Por nada cierras los ojos
aún así sientes los huesos romperse
la sangre calentándote los vellos
no hay drama
no hay drama
el patetismo no se alía con las tres letras
tus soledades atormentadas tampoco.
Ves a Hoffman caminando
te sonríe travieso
comparten a la distancia
algarabías
y simulaciones.
Dos gotitas
la proyección y lo inútil
en dos gotitas
de colores.
(Del libro No es dicha, 2012)
Insania
Otra vez la enfermedad. Olvidada y visitante.

Cara de obstinación, ser otro o intentarlo, frontera del objeto, máscara agujereada por el sol y la costumbre; palabra que jamás llegará porque el cuerpo ha ganado la batalla

el sopor: ancla y pertenencia de cartílagos que vuelan.

Verse. Tratarse. Enter (r) arse. Escupir para adentro. Fallar para adentro. Comerse las ganas esperando a otro que no conecta, porque carece de sangre; ocupado en taparse los oídos con lujosa y abundante pedrería.

El dolor no se elige: ni matones ni héroes. Traspasa la línea de la norma y golpea, martilla: ruido, polvo destrucción de cabellos erizados, de ombligos disponibles y matemáticamente nulos.

Otra vez la enfermedad; agua, pastillas, reposo repaso, libro ya leído, no sirve llorar, que a nadie le importa. Reírse, digna respuesta, aunque se diluya en humo.

Cada alma camina por un sendero; aprender los senderos: imposible; aprehender las almas: estéril.

Dejar que la sangre fluya, que nos empape, que colabore, llegar a destino lo más pronto, resumiendo las pisadas, quitándoles belleza e importancia.
Treparse en hilos de lluvia y subir, subir, subir.
(Del libro No es dicha, 2012)
Trip
Soy un hombre de mundo
el último y más hormigueante rincón de esta casa
me lo conozco de memoria.
(Del libro No es dicha, 2012)
Pregunta voz dulce
Mi madre me pregunta
¿Por qué eres tan enfermo?
Mi cabeza da vueltas
la jaqueca respira.
El reflejo vapulea inclemente
la puerta rechina
duele el beso
artificial.
(Del libro No es dicha, 2012)

DESPUÉS DE LA OSCURIDAD. MARTA LÓPEZ

DESPUÉS DE LA OSCURIDADCada vez que nos sumergimos en un libro de poesía se inicia un viaje que no sabemos qué nos deparará, si sensaciones indescriptibles, nuevas formas de expresión o tal vez distintas maneras de entender el universo. Es un misterio a priori, nada se sabe de lo que hallaremos en sus páginas, es una sensación de incertidumbre y anhelo al mismo tiempo. Nada importa más que el viaje iniciático, el zambullirse en sus aguas y navegar por ellas hasta la conclusión del periplo. 
Acostumbrados al tono plano de la poesía actual, se agradece la alternancia, la originalidad y la construcción de un discurso poético distinto, tanto en su sentido estético como ético que, sin ocultar los valores de la tradición clásica y asumiendo su verdad, es capaz de constituir una visión más abarcadora de la poesía. El mestizaje también en la poesía nos enriquece, como es el caso de “Después de la oscuridad”, de Marta López Luaces (A Coruña, 1964). Una nueva manera de contemplar el cosmos, de relacionar ciencia y poesía es la propuesta de Marta López que, en un acto reflejo, nos lleva hasta la década de los años 90, cuando nace la corriente “Estética cuántica”, inaugurada por el escritor, poeta y ensayista Gregorio Morales (Granada, 1952-2015). Ciencia y arte, poesía y matemática, se complementan en esta proposición, que no es sino un recorrido por las edades del pensamiento humano, desde sus orígenes hasta nuestros días. Marta López se adentra en la oscuridad más absoluta del principio del todo en su afán por hallar la luz de la materia-palabra: «De la oscuridad procedimos / de la razón y el sentimiento/ hacia la palabra». Cinco partes componen este libro: Agua, Tierra, Fuego, Aire (los 4 elementos de la Naturaleza o estados de la materia) y Quark (partícula constituyente de la materia). Así, lo que llama más la atención de este poemario es su original estructura, la tensión que logra establecer a través de las palabras y los silencios, de la reiteración de algunos versos como una letanía inagotable que marca la pauta o clave poética (“El Imperio del Sur reinaba sobre nuestras cabezas”, o, “Y porque hubo visiones /hubosueños /hubo formas/hubo/sustancia/hubo materia /hubo elementos del poema como racimos de esplendor”, o, “El Usurpador de los Sueños acecha”, que nos advierte del peligro continuo y constante en el que se halla la humanidad). La primera parte del libro, “Agua”, contiene referencias continuas a la mitología, al pensamiento presocrático. Respecto al hecho poético sentencia: «El poema se crea para ser habitado / La poesía, para ser vuelo del alma», versos que se repetirán también hasta el final. La parte segunda, “Tierra”, introduce otras variantes respecto al discurso poético, apareciendo palabras que jugarán un papel fundamental no solo en sentido estético, sino también en el conceptual (SED, RENUNCIA, HAMBRE), en esa continua indagación de la existencia humana a través del pensamiento, que es una constante del anhelo por saber y que se concreta en preguntarse a sí misma aun a riesgo de no hallar respuesta: «Y entonces / ¿Quién dominará la tormenta? / ¿Quién amanecerá palabra?». El fuego constituye el objeto de reflexión de la tercera parte, siempre bajo la observancia de “El Usurpador de los sueños” en su acecho continuo y el sueño es “un susurro de pájaros volando hacia el ocaso”, y las preguntas volverán, sin embargo: «¿Dónde el equilibrio? / ¿Dónde la armonía? / ¿Dónde el tempo? / ¿Quién al timón de lo eterno? El camino no es determinado y la búsqueda del conocimiento persiste: Newton y Alexander Pope, física y poesía en fusión continua. El aire marca la cuarta parte del libro: «Nace una nueva sensibilidad / en el placer del objeto/la ambigüedad de lo bello/ciencia y arte=espejo como armonía-dinámica-impulso en la excentricidad/». Nace otro orden, otro sistema, “Y ya el Imperio del Norte reina sobre nuestras cabezas”, para concluir nuevamente con las interrogantes: «Y soñábamos con pájaros volando ¿hacia dónde / ¿hacia dónde?». ¿El hombre frente o junto al cosmos? La poesía de Hölderlin y la existencia real del átomo de Boltzman en la creación misma del universo. ¿El Imperio del Sur o del Norte? El Usurpador de los sueños nunca duerme y así «ya no somos gigantes jugando con los dioses: / sino protonoes + neutrones=tierra=quark». Con “Quark” concluye Marta López este interesante y complejo poemario, tanto por su aportación de una nueva estética poética como por sus contenidos conceptuales y lingüísticos. Caminar hacia la luz “Después de la oscuridad” en los versos de Marta López es un viaje inexcusable, vital, es «Como un nuevo íntimo rubor / del deseo-universo / contemplamos a los pájaros volando / hacia lo eterno».
 Título: Después de la oscuridad                Autor: Marta López Luaces   Edita: Pre-Textos (Valencia, 2016)   

LA TORRE DE PIEDRA. ABRAHAM FERREIRA KHALIL.

LA TORRE DE PIEDRA


Compadece mis músculos, tenaz escalador de la penumbra,

antes de que el estiércol libere sus termitas

y con sus cuchillas digieran tu madera.

Antes de que su cóncavo esqueleto

caiga desde esta torre injerta en piedra

y la esfinge de Selene

restaure el candelabro.

Esta torre que reposa sobre la epidermis del páramo,

sin que apenas un aura acaricie su intestino

de estrellados obsequios y raíces.


Acaso sea colmena de telúricos anhelos

donde pastan los cómplices del \”No\” absoluto,

donde tras cada recoveco se clausura una lágrima

vertida desde picos que nunca conocieron especies de clemencia.

¡Oh, torre de fructífera indecencia!

Libertadora de la hambruna

sin dimensión. De la misma destemplanza

que gime tras los óbitos

apenas sosegados por cátedra dulce y externa.


Una vez consumada tu elegía,

reaparece el graznido, ese feroz espanto,

tan ausente de carne,

tan visceralmente devorado,

tan oscurecedor

cual país que las sombras incendian

y en cuya geografía reina el artificio del insecto,

la transubstanciación del jaguar,

la mueca de un niño con rostro de Moai.


Solo los astros con sus sonrientes satélites

conocen el augurio

que en cada vuelo ingiere aquella torre;

embrujo que voltea su osamenta

y obliga al mensajero enmascarado

a surcar, liviano, traslúcidos estanques en los cielos,

o a que inversos pináculos de magma

por su cráneo derramen un bautismo.


¿Aún hallas resistencia?

¿No vendrá a descifrar este delirio

hasta el último tuétano del cuerpo?

Mi cuerpo,

vacuo y pétreo,

prójimo acaso de tu colmena.

Tal vez fuese el delirio

quien proyectó en su cámara estas ensoñaciones

mientras, amenazante,

hacia su torre de piedra me empujaba.



© Abraham Ferreira Khalil


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