Calles empedradas. Fernando Rebollo

Fernando Rebollo



CALLES EMPEDRADAS 

              

Tamboriles y calles empedradas, casas blancas, macetas en las ventanas, en aquel balcón una linda muchacha, pero no era ella. 
Tabernas y aguardientes, fandangos y plateando los tejados la luna, Andévalo. Encinares, terrazas y cortas de brillos metálicos y sobre las aguas rojas de las minas la luna no puede verse la cara. 
Terminó la noche, ríos arriba hasta la sierra, castillos de Aroche, de Cortegana y de Aracena y tú no estabas, subió el ave hasta casi el techo azul del cielo y no pudo divisarte, Encinasola y solos en el mundo estaban, el ave y aquel loco. 
Vuela, vuela el ave, pequeñas fuentes, Río Ardila, Río Frío, castaños y quejigos, quejidos del loco, un grito lastimero de soledad. 
Eucaliptos y flores de jara y romero, Erika Andevalensis y entre el brezo de las minas los jabalíes, colmillos afilados y hocicos hurgando entre la tierra, vuela el ave de nuevo al Norte. Castaños del Robledo, robles, paisajes verdes de Linares de la Sierra y allá la peña de Arias Montano y al fondo, allá abajo cerrando los ojos para no encandilarse el loco busca el mar confundido entre la bruma.  
              

\”Desde Aracena hasta Fuenteheridos 
voy soñando dormir contigo.\”  

              

Y el loco sueña y el ave vuela, Cumbres y de nuevo al sur, botos camperos, sombreros y el Odiel que hacia Huelva camina. 
Tierra en calma, trigos, fresas y algunos olivos, viñas al Este, vinos y el 
loco se emborracha, mira la garzas reflejadas en las marismas, las espátulas  y miles de aves cerca de una ermita blanca. 
Playas del Guadalquivir, un burro y otro loco, y otro loco más mirando por  la ventana de aquel convento un nuevo mundo. Fray Marchena está convencido y las naves zarpan, y el loco y el ave se apuntan, esperadnos comandante esperadnos. Punta Umbría a un lado y otras playas, el ave pierde la estela de los barcos y vuelve a tierra, playas de arena fina, y el loco nada hasta la orilla, suerte comandante, y de vuelta de los barcos en las playas de Isla besos y abrazos, vino verde y calor. 

Y a pesar de que la pasión todo lo enreda, no era ella la simpar María,  Guadiana arriba, a un lado Portugal a otro España, y al Oeste Huelva.  Conquero pero desde aquel mirador no la halla. Tras el loco pinos y Paco  Isidro que canta, Parque Moret. 

Tres cosa tiene mi Huelva 
que no las tiene Madrid 
la Rábida, Punta Umbría 
y ver los barcos venir 
al amanecer del día. 
Vuela el ave y camina el loco en busca de ella, mientras por el horizonte ya de anochecida, como si de la luna se tratase al oeste de Castilleja sale Sevilla. 
              
Nota: 
Erika Andevalensis: Planta autóctona de Huelva, denominada brezo de las minas por darse en los lugares donde se concentran masas minerales. 
              
Un cordial saludo.  Fernando Rebollo

¿Cuántos Quijotes somos? Alberto Suárez

¿Cuantos quijotes somos?
¿Y cuantos andaluces?
y ante las multinacionales,
con lanza y bacina,
o turbante y cimitarra,
plantemos cara y luchemos.

Andaluces, levantaos!
de la diáspora o la casa,
que no se diga,
que como a Boabdil,
no supimos defender
nuestra unión y nuestra casa
y si de rascarse el bolsillo se trata,
acordaos
cuantos buenos momentos gratis,
cuantas palabras regaladas,
ACV somos todos
y AERED nuestra casa
y Andalucía nuestra madre
que de eso es lo que se trata.

 
La noche era clara y la luna llena,
y al fondo la Giralda, iluminada,
hacia guardia sevillana a los cofrades.
Y hasta los naranjos
que con el frio se habían retraído,
esa noche explotaron,
e inundaban la calleja, aromas de azahar.
Y en un balcón, que una simple casualidad nos había llevado,
entre caña y lomo
y media y fino, los tambores se acercaron.

Una moza, que al lado, tapeaba también,
salió al balcón y con un por favor,
se situó en la reja
y en esa noche sevillana,
la música paró y calló la gente,
y en el silencio de una noche de locura,
se elevó una saeta,
que enroscándose en la Giralda,
descendió para abanicar los rostros de la gente,
que en la calle, serios, miraban,
y entre oros y sedas
y velas y brocados
se elevaba y subía y bajaba,
 y se hacia sentimiento.

Y Sevilla fue eso,
un paso, una saeta,
una gente, un sentimiento,
una luna, una Giralda,
unos naranjos y un silencio.
Y la emoción contenida, de tanto sentimiento,
de tantos momentos y tantos años sintiendo,
se desbordó como un torrente,
y Sevilla me bautizó,
con agua de sentimientos,
y entre lágrimas,
la saeta subía y bajaba,
y navegaba entre el silencio.
Y a una abuelilla,
de ojos oscuros y moño recoleto,
y galas de domingo,
y silencio reverendo,
le pregunté, mas tarde, quién era,
y me dijo: el Baratillo y la Caridad siguiendo.

Y en esa noche sevillana,
de locura y estruendo,
por fin fui andaluz
y sevillano de nacimiento,
una saeta me bautizó,
y me arropó un silencio,
y mis padrinos fueron,
la Giralda y el sentimiento,
y el azahar me honró
y la luna fue su compañero,
y lloré como un niño,
lloré como no lo hacia,
desde hacia muchísimo tiempo.



¿Cuántos Quijotes somos? ALBERTO SUÁREZ.

El Alazán de Muley Boabdil,

Y mientras el alazán del guarda caracoleaba entre las cuadrillas que varean los olivos, se oye a lo lejos el pitido del tren, que atravesando el mar de olivares, rompe con cuchillas de hierro la ancestral tierra.
El veor levanta cansino la cabeza y por un momento se olvida de las cuadrillas y recuerda el viaje que de novios hizo, hace mucho tiempo…demasiado…
El tren pasa rugiendo y por un momento, los campos callan, reconociendo tal vez, su sumisión al monstruo de blanco y plata que como una exhalación, corta las suaves ondulaciones del olivar
Y el campo quedó en silencio
y los pájaros volaron moviendo raudos las alas
y las jaras se agitaron
y el sol tibio del invierno, pareció que no calentaba
Y como visto y no visto, en una de las ventanillas, se apreció la imagen fugaz de dos mujeres que saludaban…
Eran Carmelilla y Agustina, que huyendo de la \”vará\” iban rumbo a Granada
En esas estaban, cuando sin apenas darse cuenta y con muchas ceremonias, el revisor dio paso a un señor un tanto extraño, como raro, como salido de un cuento de aquellos que Julia la maestra para el fin de las clases organizaba
-A las buenas ! – exclamó-
-A la paz de Dios -dijo la Agustina- que pa eso era más mirada
La Carmelilla, que era más descarada, se le quedó mirando como diciendo: este señor me suena…
-¿Van Uds. a Granada? preguntó
-Pues sí señor, vamos las dos pá Granada
-Ah bién, yó también voy a Granada
-¿Es de por aquí? preguntó la Carmelilla, que era una descarada
-Bueno, por así decirlo, yo siempre he sido de Granada
-¿ Y como se come eso ?
– Verán Uds., hace ya mucho tiempo atrás, conocí bien la Al-Hanbra, e incluso viví algún tiempo por allí
– Será en el Albaicín, en la Alhambra ahora no vive nadie, salvo los Reyes, claro, cuando se dignan venir – dijo la Agustina que ya se iba mosqueando con tanta intriga-
– Claro, es que hace mucho tiempo…

– Pos nosotras somos de Yében y esta es la Carmela y yo soy la Agustina

– Encantado, señoras, es un placer viajar con tan bellas y hermosas damas !

– Y Ud. como se llama ?
– Mi nombre es Muley Boabdil ó Mohamed XII ó el Zogoibi, como vos prefiráis

Abril. Juanjo Ruiz Plaza

ABRIL en Roquetas (Almería)

Ya están aquí; ya han llegado,  eternas viajeras impenitentes, las primeras golondrinas de este año. El Viernes Santo las vi revolotear junto a los aleros,  y sus  nidos  incipientes, proyecto de hogar sin hipotecas – dichosas ellas -,  van salpicando de oscuro las encaladas fachadas de mi placeta. Abril nos ha pillado a todos un poco por sorpresa, cuando aún no hemos terminado de digerir los últimos papajotes cuaresmales, cuando aún queda sobre la mesa una fuente de hojuelas con miel y se mezclan en el respaldo del sillón los jerseys de manga larga que no nos fiamos de guardar y las camisas de manga corta que aún no nos atrevemos a poner. ¡Vaya! Y todavía no le he quitado las manchas de cera a la capa ¡Ay, bendita primavera!
Esta mañana he vuelto al trabajo. Un café rápido en el \”Bahía\”, una miradita por encima a los titulares de \”La Voz\” y las consabidas indirectas por parte del camarero – \”¿Qué, ya se han acabado las vacaciones, no? Ahora, un mesecillo de clases… y el verano? \” – para terminar con la misma cantinela de siempre – \”¡Qué bien viven los maestros!.\”
Ni le contesto: hace tiempo que esas cosas dejaron de hacerme efecto. Dejo treinta duros junto al azucarillo y me voy a por el coche. Hace casi una hora que me levanté pero todavía no estoy despierto. No sé dónde demonios dejaría yo mi carpeta… y para colmo algún capullo ha aparcado su furgoneta delante de la cochera. No, si al final llegaré tarde… El mando a distancia no quiere funcionar; menos mal que tengo la llave magnética.  Mi vecina también está arrancando su coche y un olor insoportable a gasolina sin plomo se me cuela por la ventanilla… Se baja para acomodar bien a los niños en el asiento de atrás; va en chándal y con las zapatillas de casa, como siempre, pero hoy no lleva los \”chuchos\” ni el pañuelo. – \”¡Buenos días, Juanjo! Ya tenía yo ganas de que empezara la Escuela…\” –  Le sonrío y arranco al tirón; casi me dejo el retrovisor contra una columna. Subo la rampa y el sol nuevo de abril se me estrella en el parabrisas. Afortunadamente, el de la furgoneta se ha largado.

Enfilo el camino hacia el Instituto y pongo la radio. Ton Martín Benítez me recuerda que las cosas por Yugoslavia siguen igual, que por allí no se han enterado de que ya es primavera, que este año no va a haber golondrinas en Kosovo y que hay miles de niños para los que las escuelas no se van a abrir.  Soy un cobarde, lo reconozco, y me cambio a Radio Olé. \”… la vereíta, maaaaadreeeee, cuajá de yerbaaaaaa, cuaajáaaa de yeeeerbaaaaa.\”
¡Mira, si han asfaltado el camino!


(…)

El reencuentro con alumnos y compañeros ha sido muy gratificante., pero ahora va a costar trabajo volver a coger el ritmo. ¡Cielos! Sólo una semana… y no recuerdan nada de nada… Es como empezar de cero.  Bueno, mañana un repasito a fondo… y a seguir con la tarea, que tenemos que acabar con las oraciones simples. A ver cómo le meto mano yo a esto de las reflexivas para que no se líen…

(…)
 
¡Qué tarde más hermosa hace!  Abril sigue floreciendo frente a mi ventana y las golondrinas continúan incansables, su repetido trabajo junto al alero. ¡Qué bullicio de chiquillos en la plaza…! ¡Bendita primavera!
Juanjo Ruiz Plaza.

Conversaciones con Manuel Lozano.

CONVERSACIONES CON MANUEL LOZANO: \”ESAS TRAVESIAS REVELADORAS COMO FOGATAS EN EL CEREBRO \”

(Entrevista realizada por Fábio Flora, de la Universidade Estadual de Río de Janeiro)

1) Manuel, o inevitável mas ( ou \”porque\”) sempre interessante como- tudo – começou : ¿o que o levou a descobrir e seguir a carreira de escritor? Conta um pouco do seu caminho , de suas primeiras estórias em relação a este reino das palavras .
1) Manuel, resulta inevitable pero, (porque) siempre interesante como -todo- comienzo: ¿qué lo llevó a descubrir , a seguir la carrera de escritor? Cuenta  un poco de su camino, de sus primeras historias en relación con ese reino de palabras.
Las palabras escarbaban proteicas en mí -salvajemente proteicas- desde el lecho amniótico, trazaban desde el inicio, si es que me permites este sustantivo conjetural, sus feroces o deslumbrantes caligrafías. He podido aventurarme (sobre todo con la poesía, con la presencia de esa firme \” epopteia \” (1) de los griegos, que tan acertadamente recuperara Pico Della Mirándola en sus \”Conclusiones philosophicae , cabalisticae et theologicae \”, comúnmente reconocidas como \”Las 900 tesis\”) hacia regiones insospechadas. ¿Por qué no habría de serlo si el misterio se me presentaba con sus tenazas y su fiebre? A medida que me acercaba más una emboscada siempre, en ocasiones un foso. Allí persiste el deslumbramiento, sin el cual toda poesía no es más que una palabra vaga. Sin esa busca de la revelación a través de la poesía, sin ese deseo insaciable carcomiéndome desde el inicio, no podría haber escrito nunca. Hablo, naturalmente, de quien está dispuesto a cantar, pero a cantar también con su silencio.
¡Ah esas travesías como fogatas en el cerebro, ese despertar al mundo con sus plegarias de cenizas…! Porque, sin lugar a dudas, el arte es una de las más altas y consumadas formas de la plegaria, no mirada precisamente desde un punto de vista religioso. ¿Acaso no dieron cuenta de esas exploraciones Latréamont y Rimbaud, Empédocles de Acragas, Jean Cocteau y René Char?
No recuerdo una época de mi vida en que no escribiera, en que no imaginara sueños (la imaginación es siempre un intento de recuperar la inscripción exultante de los sueños), o en que no bebiera de pesadillas convertidas -en ocasiones- en palabras o esbozos de palabras que después me llevaban a otras y otras y otras.
Aun antes de saber leer o escribir (por los dos años y medio o tres), dictaba palabras o frases que mi madre -a veces, acompañada por mi abuela materna- anotaba prolijamente en cuadernos, según me contaron, con una gran naturalidad no exenta de asombro y de cierta cuota de secreto familiar. Mi abuela y mi madre han sido y siguen siendo \”maestras orales\”, tal vez a su pesar, ya que en ellas toda una revisitación del ayer, los relatos, a veces un mero episodio, fluyen con el ritmo de un manantial inesperado, para mi asombro inclaudicable . Manantial, esa presencia tan cara a Mallarmé . Aunque mi abuela materna murió hace varios años, hablo en presente de ella, ya que sigue acompañándome con esa irremisible y ubicua memoria que es la memoria de los muertos en nosotros: un fascinante espejo. Ahora que estoy corrigiendo la nouvelle \” Madama Buero \”, descubro y redescubro la sombra de muchísimas historias contadas por mi abuela o por mi madre, historias metamorfoseadas por el vuelo y la sumersión de toda poesía. También suelen aparecer –aunque de distintas formas en mis dos últimos libros de poemas, de poemas narrativos: \” La Noche Desnuda de Rostro Ciego\” y \” La Rueca Dorada \”.
 Hay una cita grabada a fuego en mí: Plinio la atribuye al artista griego Apeles y es \” nulla dies sine linea \”.Tengo dos primeros como fuertes recuerdos literarios: El de la fulmínea enfermedad y muerte de mi mejor amiga de juegos, a los seis años, con todos los agujeros y abalorios de un primer contacto con \”la dama que agosta\” (Alejandra Pizarnik dixit ), y también el de desenterrar -literalmente desenterrar- en el parque de una casa recién inaugurada, extraños botellones oxidados, repletos de humedecida sal por debajo de un rosal silvestre bordeado por blanquísimas calas. Esa curiosa labor me entretenía en horas de la siesta, cuando dormían mis padres.

2) ¿ Algum autor ( ou autores) que tenha ( m) exercido maior influência em sua obra?
2) ¿Algún autor (o autores) que haya(n) tenido mayor influencia en su obra?
¡Son tantos, que sufriría si olvidara a alguno! Siempre fui fiel a mis influencias y sé -con el versículo de las Escrituras- que \”ex nihilo nihil \”. No solamente los maestros de la literatura conviven o han convivido conmigo, sino, también, los del pensamiento y los irisados del arte.¿Cómo olvidarme de Hiernymus Bosch , de Lucas Cranach , de Memling , de Goya, de Vermeer , de Velázquez , de Gustav Moreau , y -más acá en el tiempo- de aquella nombradora de lo visible y lo invisible que fue Leonor Fini ? A esta última, le dediqué una especie de ars poetica llamada \” Incantaciones con esfinge guardiana\”(2)
¿ Cómo olvidarme de los textos sagrados, algunos también profanamente sagrados, desde la Biblia hasta la Kabalah , el Cantar de Gilgamesh y los reveladores poemas egipcios? No azarosamente titulé \”Libro de Amenemope \” (3) a mi primer libro: era un homenaje a ese escriba que es todos los escribas y representa un emblema inactual en la busca del conocimiento.
¿Cómo olvidarme de los clásicos griegos y romanos, sobre todo de los presocráticos, Platón, los neoplatónicos, Virgilio, Ovidio y Séneca de anchos mares? Debería, a mi vez, nombrar a Lope, Cervantes y Quevedo. Debería nombrar a los simbolistas franceses, a Georges Bataille y Jean Genet , a Pierre Klosowsky y el inactual André Pieyre de Mandiargues . Entre los argentinos, tuve el enorme privilegio -se diría un milagro- de ser amigo de lo que, irónicamente, Victoria Ocampo llamara \” la Santísima Trinidad \”: Borges- Bioy Casares-Silvina Ocampo. Aunque yo era un adolescente extraviado en previsibles \” timideces \”, ellos me recibían como si fuese ya un escritor conocido, la hospitalidad y la amistad con que me honraban son ya parte de mi nostalgia y las extraño cada día.

3) Você é poeta, prosador, crítico literário , ensaísta , conferencista, pesquisador , entre outras e diversas atividades ; ¿ qual ou quais delas você destacaria como especialmente prazerosa (s), aquela (s) que melhor o define( m)?
3) Usted es poeta, narrador, critico literario, ensayista, conferencista, investigador, entre otras diversas actividades; ¿cuál o cuáles de ellas destacaría como especialmente placentera, aquélla(s) que mejor lo define(n)?
La de poeta y ensayista, sin lugar a dudas, aunque no quiero menoscabar o restar importancia a las demás. Una vida se pierde y se reencuentra en espejos cóncavos, las fronteras se difuminan en ese incalculable jardín que nos ofrece el arte, y que se ofrece a nuestra sangre anhelosa. Alguna vez escribí que soy un jardinero arañando universo.

4) Dentre as obras da literatura universal, em qualquer gênero , ¿ qual gostaria particularmente de ter escrito e por quê ?
4) Entre las obras de la literatura universal, en cualquier género, ¿cuál le agradaría particularmente haber escrito y por qué?
No pocas. Me aventuro hoy en éstas: El Eclesiastés y el Libro del Apocalipsis, \” The Waves \”, de Virginia Woolf , ciertos pasajes de \”El jardín de los suplicios\” del hoy eclipsado Octave Mirbeau , el \” Journal \” de León Bloy (naturalmente, para divertirme con su juego magnífico de insultos e ironías hiperbólicas), todos los libros del altísimo y venerable Marcel Schwob , \”Los Cantos de Maldoror \”, del Conde Ilustrísimo, también \” The Green Child \”, de Herbert Read , \”El Hacedor\”, de Borges, y \”Amarillo Celeste\” o \”Los Días de la Noche \”, de mi querida Silvina Ocampo.
En el caso de El Eclesiastés o de El Apocalipsis, rescato la visión profética en tanto desdoblamiento innumerable de esa caverna monstruosa que es la tragedia de la condición humana, también los releo en tanto espléndidos poemas fantásticos. ¡Pienso en las anónimas manos, escribiéndolos y corrigiéndolos a lo largo de generaciones! De Bloy , admiro su suntuosa y tenaz resistencia, la creación de un desierto propio en aquel París conflictivo e inmisericorde de fines del siglo XIX. De Octave Mirbau , sobre todo, la creación de atmósferas crueles (de inocencia cruel), tan caras a su exótico decadentismo. A Marcel Schwob , paleógrafo y buceador de mundos inverosímiles, ¿qué gran escritor no le debe algo? De \” La Niña Verde \”, exhumo la curiosa hipótesis del espíritu como hambriento insaciable y, desde cierto lugar, degradador de la felicidad del hombre. Y luego Silvina y Borges y Virginia Woolf , por la encendida poesía, por las borrascas, por los errores del precipicio, pero también por la esperanza.
5) Em seus escritos, você demonstra uma atitude bastante reflexiva relativamente à questão da juventude — as concepções , ações , reações , criações ligadas à idéia de juventude . Vemos um exemplo dessa reflexão nas belas linhas de \”Delicados fragmentos de un arcoiris roto\”, publicadas nesta edição . Em um dos trechos deste ensaio , você comenta que \”Hoy asistimos desasosegados a las múltiples invasiones de ese Leviathán llamado globalización\”. Como representante do pensamento jovem atual , ¿de que maneira você vê o efeito dessa globalização sobre a juventude ? ¿Acredita que isso contribui de algum modo para que ela esteja mais \”triste\”, mais \”limitada\”, ou ao contrário mais \” livre \”, com mais perspectivas do que nas décadas e séculos passados ?
5) En sus textos, usted demuestra una actitud bastante reflexiva en relación con cuestiones juveniles – concepciones, acciones, reacciones, creaciones ligadas a la idea de la juventud. Vemos un ejemplo de esa reflexión en las bellas líneas de \”Delicados fragmentos de un arcoiris roto\”, publicadas en esta edición. En uno de los parágrafos de este ensayo, usted comenta que \”hoy asistimos desasosegados a las multiples invasiones de ese Leviathan llamado globalización\”. Como representante del pensamiento joven actual, ¿de qué manera usted ve el efecto de esa globalización sobre la juventud? ¿Cree que eso contribuye de algún modo para que ella esté más \”triste\”, más \”limitada\”, o al contrario mas \”libre\”, con más perspectivas que en las décadas y siglos pasados?
Detesto, quiero anticiparme, la palabra globalización, por sus crasas connotaciones mercantilistas y fácilmente económicas o financieras. Preferiría inclinarme por lo que, intelectuales como Viviane Forrestier , llaman \” mundialización \”. Lo cierto es que -y a pesar de la innegable presencia e influencia de la Aldea Global- hoy conocemos menos de literatura africana o latinoamericana, que lo que podíamos conocer en los ´60 s o ´70 s. Asistimos a la imposición, en ocasiones grotesca y despiadada, del paradigma norteamericano que, lamentablemente, ha saltado también a la vieja Europa.La mundialización es un Leviathán , pero también un \” janus bifrons \”: Nos queda un inmenso desafío, en especial a los intelectuales, de enfrentar todo vaciamiento cultural, todo desgarro, aunque nuestras voces parezcan -como las de Juan-, predicando en un desierto anodino y brutal.En cuanto a la juventud, no me parece un valor ni un disvalor . Puedo comprender sus vicisitudes y problemas, pero me importa esencialmente el individuo, más acá de las nimias cronologías. Los jóvenes parecen no escuchar ya a los viejos sabios. Soy un inactual, como diría Nietszche .

6) Você tem feito um constante e valioso trabalho de \” resgate \” da obra de escritores argentinos e, de forma geral , latino-americanos pouco conhecidos . Mesmo entre os mais conhecidos em seus países de origem , ¿ quais você acha que mereçam ou teriam merecido justamente uma projeção de fato mundial, a ponto inclusive de serem fortes candidatos a um Nobel , por exemplo ? ¿Considera que tenha havido muitas injustiças nesse caso, muitos talentos literários que nunca obtiveram o devido reconhecimento internacional? Quais teriam sido os maiores injustiçados , em sua opinião ?
6) Usted tiene hecho un constante y valioso trabajo de \”rescate\” de la obra de escritores argentinos y de, manera genérica, latino-americanos poco conocidos, asimismo, entre los más conocidos en su pais de origen, ¿cuál  cree que merezca o tendría merecido justamente una proyeccion mundial, al punto inclusive de ser candidatos a un premio nobel , por ejemplo? ¿Considera que haya existido mucha injusticia en ese caso, muchos talentos literarios que nunca obtuvieron el debido reconocimiento internacional? ¿Cuáles hubiesen sido los mayores ejemplos de injusticia, en su opinión?
Sí, es verdad, me propuse, desde los 17 años, hacer un rescate de escritores olvidados o parcialmente eclipsados. He escrito e investigado sobre autores como Héctor Alvarez Murena, Aldo Pellegrini , Nidia Lamarque , Julio César Dabove , Macedonio Fernández, Daniel Devoto, Vicente Barbieri, María Luisa Bombal , Elvira de Alvear , Delmira Agustini , Alí Chumacero : los nombro más acá de generaciones o de geografías; he escrito los primeros estudios literarios sobre el esplendente Santiago Dabove . Cuando empecé a estudiar la obra de Silvina Ocampo y a dar conferencias o seminarios sobre su obra, allá por 1985, Silvina no era parte de la llamada currícula de las universidades. Era un curioso caso de outsider fuera del canon oficial de la literatura argentina, una escritora \”célebre\” pero no leída (y menos aún estudiada .) La injusticia para con ella fue más que evidente. Hoy ha cambiado -ciertamente- este panorama, creo que he aportado mínimamente en esta metamorfosis. ¿O no era Jung quién sostenía que cada artista sostiene por unos minutos la encendida antorcha, para entregársela a otro? En cuanto al Nobel , ¿qué podría decirte o no decirte después del caso Borges? ¿Acaso lo recibieron Wilde o Virginia Woolf ? Siempre recuerdo que Winston Churchill  obtuvo el de literatura. Naturalmente, Silvina y Borges merecerían un Nobel post-mortem pero, ¿en qué cambiaría esto la situación? ¿Para qué esa parodia? 
El absurdo y el grotesco también son inactuales. Quien escribe para premios -y no son escasos- tergiversan su destino, sumándose a una suerte de prostitución, aunque suene demasiado duro este concepto. Pero éstos son los tiempos que corren. Un premio o una distinción pueden resultar espléndidos estímulos para el conocimiento o difusión de un libro, pero la literatura fluye desde y hacia otro lugar. Un verdadero escritor -permítame el epíteto- buscará destejer el arcoiris , como quería Keats . El verdadero escritor dará el salto en busca de la sustancia, aunque sepa – ab initio – que esa sustancia es innombrable o incomunicable: si la viésemos, nos fulminaría. Ese salto puede ser un exilio o una revelación. Allí está la clave desesperada, sobreviviente del enigma.
Buenos Aires, junio de 2004
NOTAS :
  1. Es decir, como revelación simultánea de una visión del mundo.
  2. Texto incluido en el libro \”Mansión Artaud \” (actualmente en proceso de edición en Argentina)
  3. Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1987

Nacimiento de las leves criaturas. Manuel Lozano

 
Nevertheless, I dislike
The way the ants crawl
In and out of my shadow

Wallace Stevens, Six significant landcapes
PRELUDIO
I
Presérvate de la peste,
son antiguas sus destilaciones alrededor de las mágicas raíces,
y acaso nadie la contenga después.
¿ Ya escupiste sobre sus ojos?
El resplandor corrompe el luto de estas dinastías
hasta donde no llegan infancia ni memoria.
El astrolabio calla su tela de diamantes.
¿ Pusiste las manos en otra cara llena de moscas?
¿ Estabas dormido?
Has convocado el hervor yacente de un foso
al filo de la certidumbre
con trapos diminutos de la fiesta.
¿ Le preguntaste si veía el infierno?
Cuando los dueños se reclinan como lluvias,
abres la jaula que habitó la criatura,
objeto letárgico arrancado de golpe
a la leche incrustada desde lo alto.
Anuncio un inmigrante
en la genealogía de los reyes antiguos.
Un inmigrante es una esfinge.
¿ Qué gusano extiende el gozo, se prepara al letargo
de los cartílagos de muerte en el plato de Adán?
¿ Y por qué continúas con tus espléndidos ropajes
siempre detrás de los árboles del vértigo,
oyendo el eco de paredes sepultadas
y la ausente migración del cinabrio?
Fueron las saturnalias, enloquecidas tentaciones,
más firmes que la navaja sonámbula o el sol del eremita,
quienes me convocaron al ascenso.
Balaustradas de mármol quedan en mi cueva,
rastros que zumban en suspenso, que interrogan.
Enardecen las puertas.
Clausuran las salidas.
Llenan los huecos de aguijones.
A veces cimbra en la piel el oro del falsario.
Me pregunto quién tiñe de lenta aprensión
los juguetes lapidándose
sólo a la distancia, lo que alumbra reliquias y sollozos?
Esta usura de las brasas me desuella.
La sangre se prueba con la sangre, has escrito.
¿ Es la hendidura nocturna tu pasado
en la estría más ebria del color de las valvas?
En este atrio descifrarás los indicios.
Como en el tiempo de los sobrevivientes,
una mujer recorre su casa hasta el polvo del derrumbe
sin salir de este umbral entreabierto en que naces
para advertir a los perseguidores la ley de un nuevo imperio.
Delator, vítreo, imantado,
llega el monstruo a unir desde su soledad
la misma soledad de todo,
a desenhebrar (escombro por escombro) los últimos vestigios
de la historia inocente.
Cuando oyeres su voz, ¿escogerías al innombrable?
Se trata de resucitar el feroz oleaje de una aparición.
Los claustros fueron sumergidos.
Todavía hay cortezas, astillas, restos que escarban
la duración del muro en la palabra.
¿ Arde el bosque cuando me abandonan?
Arde una ilimitada pupila en el escalofrío de mis hijos.
Un fénix resucita en Heliópolis.
Garza con larga cresta (nacida de ti mismo en los desiertos
de Arabia,
rayo elevado desde el altar natural de un sicomoro,
nunca te sobornan el futuro voraz ni el cuerpo adolescente.
Mutarías el helecho abandonado, los siete escorpiones de Isis,
Nesret, la flamígera, con cetro y corona en nuestras tiendas,
el hormiguero sobre el rostro difunto.
Crespones del amanecer.
Ranuras donde bendecir el paso del amor,
su costado y su fusilamiento.
II

¿ Pero he de contar sólo con palabras (resistente extrañeza)
mi viaje por el fuego,
la trama que no he visto en la hojarasca?
Las incontables, marginales edades vienen hacia él.
No debo llorar sobre mis miembros desunidos,
tampoco reemplazarlos.
Limosa ficción, evaporan mis huesos.
Ya no exalto tu raza primigenia, tu aliento milenario,
el feroz acertijo debajo de los hierros.
Es cóncava y helada la habitación en que vives,
y ¿ vista desde arriba se dispersa en humo rojo.
Cómo llegaste a esa esfinge asombrada de perderte?
¿ Por qué espiabas el nido de abubilla en el roble sagrado?
¿ Dónde engarzaste el horror
del agua celeste corriendo por las tumbas?
Tantas preguntas frente al muro.
La criatura empuña su cuchillo,
pero no hay ciegos aquí que proclamen la pérdida oscura,
que comercien con apariciones hambrientas o beatíficas
sobre el altar de tus restos la sustancia.
Continúa la epopeya en las viejas hilanderías.
III

Pertenencias de la siempre duración,
escaleras abajo.
Veías las piedras candentes, las túnicas blancas,
la blanca cabeza coronada,
la víspera blanca reteniéndose entre las plumas del colibrí.
Sin embargo estabas inmóvil,
lastimada entre las circunvoluciones de la muerte.
Ramas de nardo vacilan junto al túmulo.
A eso hemos llegado, y es todo
IV
Pasó el cortejo como el cauce erizado de un río junto al peregrino. !Y por qué sale el musgo que no nombras de su boca marchita! !Y por qué la sombra en las ventanas, más envolvente y heroína que el viento golpeando contra el rumor de la profanación! Velante, agraviada por la desobediencia, con el aroma desconocido del mar, sus pies abandonan el invierno de las grandes ciudades.
Ya nunca esperes con tu desnudez ni puedas decirme el himno que fulmina con tristeza. Con otra mirada, háblame desde la fragilidad de las calas infantiles, desde el aroma invisible de una obscena dalia cortante. ¿Qué carne de esfinge se encarnó entre nosotros? Disueltas las moradas del día sobre los cuerpos. Cortadas las mordeduras. ¿Qué inválido dios, qué comediante es este intruso?
Desde mi nacimiento fui el espectador de las sombras chinescas. Sé que hubieron forasteros como tripulaciones de gritos en lámparas artificiales. Se introdujeron por olvido en el error erizado de una lágrima. Ahora me escoltan.
Gritos, tripulaciones de gritos bajo el vapor de las bujías y el que invoca. ¿Defenderán a sus sirvientes con medios tan mecánicos? ¿Conservarían las escamas ante el paso del sol negro?
Allí estaban mis siglos. Aún no marchitados por el óxido elemental de la añoranza, distintos y una, letanías para nadie en la memoria de la pérdida.

V
Almácigos de un cruel pronunciamiento.
¿ Cómo es posible abandonarse hasta aquí,
aun a costa de perder la vigilia y sus metamorfosis?
Los mataderos exhalan el vaho.
Algunas veces te decían en sueños:
\”Has nacido demasiado.
Has muerto demasiado en otras bocas\”.
Otras murmuraban:
\”Sé fiel hasta el horror.
Sé fiel hasta el fósil.
Sé fiel hasta el acaso.\”
VI
La gran noche abrió su enloquecida distancia
antes de llegar.
VII
¿Quién puede decir que ha visto el mar, piadosas telarañas?
VIII
Y por qué siempre te acompaño, de generación en generación,
más acá del fuego y del murmullo, yo, Manuel Lozano,
verdugo o luz que te comiera las vísceras
hasta la enamorada aberración del principio?
Porque una sombra se clava para siempre
y nos contempla.
Chartres, 27-IV-2001

Manuel Lozano
FIED
Presidente
Fied_bsas@arnet.com.ar
* Derechos registrados.

Manuel Lozano nació en Córdoba, Rep. Argentina. Poeta, narrador y ensayista, ha cursado estudios en Estados Unidos y Europa. Es Master en Historia de la Cultura Argentina (medalla \”Victoria Ocampo\”) y en Comunicación. Ha obtenido 41 premios nacionales e internacionales, entre ellos Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, Premio Ministerio de Asuntos Sociales de España, entre otros. Fue proclamado \”Joven Sobresaliente de la Rep. Argentina 1991-92\”, en Arte y Creatividad, por la Cámara Junior. Es autor de \”Libro de Amenemope\” (Torres Agüero, Bs As, 1987), \”La Línea y el Círculo\” (Corregidor, Bs As, 1989), \”Tratado sobre la Rotación de los Encantos\” (Libros de la Isla Iluminada, España, 1992), \”Bizancio bajo las Aguas\” (en edición), \”El Enigma Silvina Ocampo-La Paradoja y lo Sublime\” (en edición). Ha recibido elogios de los más grandes escritores argentinos, entre ellos Olga Orozco, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges. Este último escribió acerca de su obra: \”Nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones.\” (1984) \”Príncipe en su territorio de prodigios, sus méritos ampliamente conocidos y reconocidos (…), suman el brillo verbal más la alta inspiración de su producción literaria.\” (Olga Orozco, 1992)

Ezra con su códice de humo por las grietas del Dios. Manuel Lozano

MANUEL LOZANO

Buenos Aires, 3 de junio de 2003

(Este texto pertenece al libro \”La noche desnuda de rostro ciego\”, de M.L. Derechos registrados)

 
EZRA CON SU CÓDICE DE HUMO POR LAS GRIETAS DEL DIOS
A la muralla que alberga la lluvia que nace de tu boca. Hasta esa música llegan mis fauces.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Cuando la usura asciende como una telaraña en su mármol marchito, o quizá cuando se repliega en el ardor de estas cenizas, ?qué festín preparas dondequiera esté tu sangre y tu futuro? Porque lo ves debajo de un hierro dorado que te cubre la cabeza, regresando a su dolor primero -sin alivio de nada-, rojo cielo, espuma a trasluz, valija cerrada colgando de la boca.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Caverna donde engendro esplendores. Hurgo las muchedumbres de mi soledad, arrastro las cáscaras y desperdicios nocturnos para llenar de risas esta fiesta.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

La fiesta, la feria y su limoso presente. Compruebo la demolición del mundo por el gesto.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Es vieja esta masacre. La extremaron los esclavos desde el nacimiento del poseso ungido en su tragedia, la repiten sirvientes con el goce amenazante de una revelación: ?a quién buscan?, preguntaba en el huerto el que ha bajado. !Qué honor, qué tembloroso ruin contaría los minutos, qué alardeo de juicio final encerrado en un ardor de telarañas!
Sonríes en el espejo de cal hirviendo intacto un cortejo de cicatrices. El saqueo no se avergüenza del ritual, acontece.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Ni siquiera un aleteo dibujado por la sombra de la esperanza, me alivia del lenguaje. ?No dijiste siempre que el lenguaje grazna y brama y jadea? Qué petrificada es esta mansión bajo mi lengua, deshojándose. Voy hacia el rescate de los hilos. El agua subiría por el muro con sus ofrendas: un amuleto filoso y un niño que duerme. Aunque sentencien y asistan a su muerte disfrazada, el niño duerme. La rueca feroz aguarda. Las plagas avientan al amortajado con humo lobreguísimo.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Lo que cava sin fin hasta el principio.
El ritmo.
Las puertas y las peregrinaciones.
Los alimentos, las pinzas del insomnio.
El gesto crudo.
El lujo de un desierto que arde.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Y apenas atraviesas aquella ruina, todos los poderes caen -es decir, se sumergen- en la pequeña esfinge guardiana. Los domingos alzan su graal en honor de la embalsamadora. !Quién acudiera a su grito, a la voz infantil abierta en grandes charcos! Y la arena traga a la desertora. Mar adentro, en largas jornadas al temblor.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

No quieras jamás el consuelo, esa heredad de los débiles: trampas de las horas secándose hasta el llanto. Antes el viajero sufría desnudez en las victorias de la carne. Estar era abandono guardador de espléndidos seres arrebatados al milagro. Ítaca florecía en la mohosa estirpe de vísceras comidas por los lobos. Eso sí, los lobos que apacientan un mármol implacable.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Resplandece. Dudosa la luz de los rastros, de otra muerte, de las falsificaciones. Persuasión de un objeto vedado.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

…muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte

CORONADA EN SILLA DE PAJA

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Ciudades edificadas sobre cráneos. El viajero suele ver imperios en las estrías de un carbón amarrado a su sangre.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Cantabas un lenguaje de pájaros para cantar con los pájaros desde la fundación del mundo.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Detrás de una membrana se levanta la puerta. Imán de una memoria habitada -a sobresaltos- por desfiladeros interestelares, por rejas y por dientes,

RÍES LA FIESTA
EL SUSURRO DEL SIEMPRE TATUAJE
ABIERTO EN EL BALDÍO

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Entonces una voz le dirá a Ezequiel: \”Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Profetiza sobre estos huesos, y diles: huesos secos, Oídle.\”

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Ya el sol fue tela de cilicio en mis ojos. Ahora llueve sobre las estatuas y recuerdo mis tribus, arrojadas por un rey enloquecido a sus amantes. ¿ Es que no probé las agrias almendras sobre el umbral, no las probé acaso? Atrás el alba pegajosa de los padres del desierto. Los mínimos ojos disponen de la aventura devorada por la herida.
Todo lo sabes del temblor y sus túneles. Por eso te pido la delicada llave, la fascinante.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Contra la lucidez, duermes tu boca de hielo, las nervaduras en declive de tu furia. Paredes donde remolcan el secreto. El mundo ha de resquebrajarse como un calco del mundo. Hospitales de la conjetura sin amparo, vísperas del espejo que huye. Falsos puñales dentro del vacío. Se subleva en piedad toda mi herida.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Vírgenes negras de Haití -desde lo alto- preparan el vuelo del rocío en el viento amargo de esta cacería. ?No ves cómo sangra el que aprendió a entrar en el grito? Era el grito incesante de la lluvia, el fruto amenazado.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Athanor para guardar el fuego. Ningún camino conduce hasta la casa: no hay casa, no hay espera. Déjale desatar este cielo. Levantar esa ceniza.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando Poe el bosque?)

Veo que pasean a un hombre en una jaula por las calles estériles de una ciudad idéntica a todas las ciudades en el planeta pavoroso. !Soy yo, el ilustre Ezra Pound con raíces de limoneros y humo lunar surgiendo de la mínima distancia entre el jadeo y el grito! !Seré yo, el andrajoso! !Pero alcancen la jaula y recojan los residuos!

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Los monos suben los peldaños. Hay ráfagas de viento y de memoria. Puertas adentro, un jaguar destroza el graal de la usura.

La última noche del Primer Secretario. José Losada

LA ULTIMA NOCHE DEL PRIMER SECRETARIO


        Tenía que suceder. Un general y un cura, no podía ser de otro modo, ellos son casta aparte, complementarios, entre los dos se las arreglan para detener cualquier cosa y levantar el templo armado de la verdad única y completa. El templo de la moderación y todo a su tiempo y armoniosamente. Ellos regulan los pasos y las etapas, ellos controlan los relojes de la historia. Ellos hacen la higiene y el mantenimiento de las instituciones eternas y las costumbres que no se alteran nunca, las buenas y la moral y la familia y jamás salirse de los moldes sacrosantos ni hacer un gesto que por ahí dios y el mundo occidental y cristiano se enojen y nos prohíban saraos y rigodones. O que el pueblo mismo se agrande y los pase por encima.
Mañana mismo me voy, todavía no sé, si me expulsan o yo mismo, ellos que me empujan suavemente o yo que ya no aguanto más a estas gentes y voy a empezar con el exilio, el primer exiliado de la revolución, o del país, o de la historia que recién hace unos meses. Insoportable haber hecho tanto, y que de repente un par de mediocres. Primer exiliado, quizá esté marcando la historia, y que no haya otra salida para los que se pasen de, justamente.
 Mañana me voy, ni sé cuál es la supuesta misión que me encomiendan, casi dudo de que alguien lo sepa, y quiero despedirme de estos empedrados, de estos faroles penumbrosos que obligan a las calles a perderse a sí mismas, de estas vereditas angostas que apenas, quiero ver por última vez, no sé por qué, digo por última vez, esta plaza donde empezó todo, esta abertura de la ciudad que al final volatilizó todo, que parece ser la ventilación de los hervideros del pueblo, el desfogue de los bombos y los cantos de guerra, y al final el puro aire, cuando los que dirigen, que no fueron a la cabeza ni la perdieron después, vuelven de las misiones heroicas y restablecen la paz y las pascuas.
Por última vez quiero ver este edificio que tanto nos costó tomar, esta recova larga con un piso arriba y la torre en medio con su reloj detenido a las veinte y veinticinco. Pero quién lo piensa como edificio, quién lo piensa como se puede pensar la aduana o la catedral, o el rascacielos de obras públicas. Contemplo todo y se me encoge el alma pensar las cosas que nacieron acá, el país, la idea de toda una América en marcha hacia el futuro, pero el futuro se adelantó y nos encontró desunidos y dominados por nosotros mismos, por los más mediocres de nosotros.
 Qué ocurrirá  cuando vengan los capitales y los empréstitos de afuera, cuando los mediocres de siempre inventen la burocracia, cuando las clases poderosas se hagan sólidas y se alíen con el primero que pase y les asegure la perduración de los bienes y todos los privilegios. Se pasarán el tiempo matando pueblo entre guerras de independencia y guerras de exterminio, sofocarán o aniquilarán a los mejores, o lograrán que se vayan, y tantas inundaciones de sangre sólo servirán para cambiar de dueños, para ser colonia del imperio de turno.
Sé que la misión que me dicen y nadie sabe puede ser una trampa, pero mañana me voy y no podría aguantar un día más acá sabiendo los sueños que alimenté y viendo cada día la realidad de este grupo de enancados que no saben qué hacer con lo que tienen entre las manos ni se les ocurre pensar que están fundando algo, que la historia les pasa entre los dedos.
Un general canoso y sin ideas, pero de mucho prestigio entre sus pares, esto va a ser fundamental para siempre, con miedo a la guerra, a mover ejércitos, a salirse de los cuarteles del Retiro, a fusilar a los enemigos dispuestos a masacrarnos, a perdonar a todos y reconciliar. Cómo mandar al paredón a pares de uno mismo, gente de la misma casta que por ahí hoy se equivocan pero mañana podemos coincidir de nuevo, cómo derramar sangre de camaradas que después de todo.
Cómo pudimos nombrarlo presidente si solo daba para una embajada en África del Sur. Cuestión de escalafón, de prestigio entre los pares y hablar poco para parecer que pensaba mucho. Un general de bailes y reuniones mundanas y hacer facha en los salones de la gente bien, y él exclusivo de honores, como la noche del cinco de diciembre. Lo que habrá  sufrido cada vez que yo abría la boca o redactaba ordenanzas para la guerra o repartía ejércitos por el país.
 El general lavado, y un cura podrido en ambiciones que lo matan, que le dan primicias del infierno. El cura solapado con muchos brazos por tus hombros y muchos golpes de amistad en tu espalda, pero a tus espaldas complotando para barrerte de la escena, a vos y a tus amigos, para detener una revolución que se pasaba de la raya y podía terminar barriéndolos a ellos, suplantándolos por auténticos, quitándoles la dominación de las almas y el goce de sus privilegios, y que se armara la de San Quintín, que la gente usara los templos para algo, y los cuarteles, que los jacobinos destruyeran los pilares y vinieran el libertinaje y la pornografía y la droga y el divorcio, que el pueblo bajo se encumbrara a hacer lo que ellos solos pueden y están destinados por siempre jamás.
 Quizá  sea el molde de la historia, el esquema básico, la compulsa de repetición, el eterno retorno que nos sucederá una y otra vez. No quiero pensar ni saber lo que será esto cuando esta alianza entre el espíritu y la espada se haga firme, cuando los poderosos se fortifiquen en su clase, cuando lleguen los capitales de los imperios y entren a repartir coimas y a seleccionar apellidos y gerentes.
No, no quiero quedarme un día más. Mañana tomaré el barco que me saque de este río de cuyo nombre no querré acordarme nunca más, y no sé si me moriré yo solo o me ayudarán y me añadirán una frase célebre que figure en todos los manuales de la historia que escribirán ellos mismos. Miro el cabildo por última vez, olvido los pasos afiebrados que caminé por sus salas y pasillos, me duele no tener cerca a Castelli ni a Paso, no poder despedirme o llevármelos conmigo, y cruzo por las rayas blancas para irme por la Diagonal Norte a presentir el Obelisco y profetizar otro general de prestigio que lo levantará algún día. Naturalmente, antes de irme quiero tomar un café en La Paz, el último café. Antes de inaugurar el modelo del exilio.

 
                                                                                               José Losada  

Las palabras y el escrutador del secreto. Manuel Lozano

LAS PALABRAS Y EL ESCRUTADOR DEL SECRETO

(NOTA LIMINAR A \”LSD\”)
 
                        ¿Quién podrá invalidar, a esta altura o desaltura de los siglos, aquel viejo principio de que el humor es una de las formas más altas de la inteligencia? Estas palabras del  obispo André Breton, hoy sometido -post mortem- a la miseria del remate familiar de todas sus pertenencias (por lo visto la miserabilidad no es patrimonio exclusivo de los políticos y empresarios de la Argentina), se entronca, entonces, en la mejor tradición de Aristófanes, Voltaire y Swift. 
 
                          Quien \”construye\” una revista o un boletín, reconstruye varias miradas y modelos del mundo. Esas miradas y modelos son, finalmente o quizá felizmente, palabras. Borges escribió en el prefacio de \”El informe de Brodie\”: \”(…) ¿Quién, en 1970, recordará con precisión lo que fueron, a fines del siglo anterior, los arrabales de Palermo o de Lomas? Por increíble que parezca, hay escrupulosos que ejercen la policía de las pequeñas distracciones. Observan, por ejemplo, que Martín Fierro hubiera hablado de una bolsa de huesos, no de un saco de huesos, y reprueban, acaso con injusticia, el pelaje overo rosado de cierto caballo famoso.\” 
 
                        Por eso elegí, cuando \”construía\” este LSD de mayo, el camino inverso al de las pequeñas distracciones: vale decir el de la busca de la invención y sus sombras reveladoras. Quiero agradecer, a mi vez, la alta calidad y cantidad de trabajos recibidos (nos resulta verdaderamente imposible poder publicarlos en su totalidad), como así también la generosa invitación de Alejandro Manrique para participar del proyecto.

                         El viejo sabio Huang Ta Chung advertía  a un discípulo que las palabras no son buenas para el sentir de lo secreto. \”¿Quien puede ponerle nombre y apellidos al infinito?\”, se preguntaba. El presente \”LSD\” prueba que, contrario sensu, el secreto y el infinito admiten espléndidas o pavorosas genealogías de palabras. ¿Y no son Platón y Blake pruebas de ello?  

 
 
Buenos Aires, mayo de 2003
 
 
        Oscar Wilde, eximio maestro y vindicador de la \”inutilidad\” de las cosas, sigue advirtiéndonos contra la insuficiencia del milagro. ¿Para qué \”sirven\” estos hechos sobrenaturales si no se está preparado para recibirlos? André Gide rescata la resignificación de estas parábolas del evangelio:
 
 
                \”(…) -Cuando Jesús quiso regresar a Nazaret -contaba él-, Nazaret había cambiado tanto que no reconoció su ciudad. La Nazaret que él había vivido estaba llena de lamentos y de lágrimas.; en la de ahora, todo eran carcajadas y cantos. Y Cristo, al entrar en la ciudad, vio a unas esclavas que, cargadas de flores, se apresuraban hacia la escalera de mármol de una casa de mármol blanco. Cristo entró en la casa y, al fondo de una sala de jaspe, recostado sobre un lecho de púrpura, vio a un hombre cuyos cabellos se hallaban entretejidos de rosas rojas y cuyos labios se veían rojos de vino. Cristo se acercó a él, lo tocó en un hombro y le dijo: \”¿por qué llevas esta vida?\” El hombre se volvió, lo reconoció y contestó: \”Yo era leproso; tú me curaste. ¿Por qué tendría que llevar otra vida?\”
 
             Cristo salió de aquella casa. Y he aquí que, en la calle, vio a una mujer cuyo rostro y ropajes estaban pintados y cuyos pies calzaban perlas; y tras ella iba un hombre cuya vestimenta era de dos colores y cuyos ojos se cubrían de deseo. Y Cristo se acercó al hombre, le tocó en un hombro y le dijo: \”Pero ¿por qué sigues a esta mujer y la miras así?\” El hombre se volvió, lo reconoció y le dijo: \”Yo era ciego; tú me curaste. ¿Qué otra cosa podría hacer con mi vista?\” Y Cristo se acercó a la mujer: \”El camino que sigues\”, le dijo, \”es el camino del pecado; ¿por qué seguirlo?\” La mujer lo reconoció y, riendo, le dijo: \”El camino que sigo es agradable y tú me perdonaste los pecados.\”
         
            Entonces Cristo sintió su corazón lleno de tristeza y quiso dejar la ciudad. Pero, cuando salía, vio finalmente, junto a los fosos de la ciudad, a un joven que lloraba. Cristo se acercó a él y, tocando los rizos de sus cabellos, le dijo: \”Amigo mío, ¿por qué lloras?\” El joven alzó los ojos, lo reconoció y respondió: \”Yo estaba muerto y tú me resucitaste; ¿qué otra cosa puedo hacer con mi vida?\”
 

Del que clama en el desierto. Manuel Lozano (Buenos Aires, 2002)

Manuel Lozano en la mítica \”Residencia de estudiantes\”,   Madrid, 1998
 

DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO
Manuel Lozano
          Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase
     por delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un
     tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
                                Apocalipsis, 12, 14 
                                        
                                                
                               A Bartolomé Adrover Guerrero
            Raposa dijo Él con voz de ciprés cubierto en nubes, con sobrehumana voz que oíste a través del espino. Las ciudades caían. La codicia caía. Las estrellas caían. La lumbre omnipotente del temor caía entre los dientes convertidos en plumas. El légamo brillante caía en las ventanas. El poseso caía en residuos de silencio. Las aves caían pastoreadas por la muerte, como anunciara el psalmo de los hijos de Coré. Caían los cuerpos primitivos del deseo, el duro corazón de los apóstatas, el despiadado círculo de la revelación en un establo. Una lluvia de llagas caía aquí,  creciendo en  la perfecta batalla del luto enardecido.                       
          Ritual, tu mismo amanecer.
          Las ofrendas fueron  vanas en bocas de la usura o del desprecio. ¿Qué ofrenda no roza jamás el piso adamantino de su manicomio? La criatura llenaba de cadáveres los ahuecados troncos donde se regocija el sol de los misterios por venir, este sauce crujió por los huesos del relámpago. (Llenar la desnudez es atar con carne y luz a la palabra.) Estos humillados desmenuzaban las rotaciones de la sangre de los  padres -hilo tras hilo, semejante a las fastuosas mareas del día oscuro-, vertiendo asco sin saciar en vasos rotos. Nunca hubo muerte más muerte sobre la piel de Adán, el heredero. ¿Cuándo se  deshizo -semidormida- la máscara de buey para ahuyentar a los ladrones? ¿Ya sientes cómo explota el polen carnal en la fiesta del engaño?                                    
          Raíces desplegadas en suspenso sobre las cunas de los no nacidos. Las paredes frías del imperio caminan al derrumbe. Oímos la voz de esa criatura. Se arrodilló el éxtasis como una fragancia, como un ángel derramado en la noche del crimen.
          Ahora ¿quién hablará de redención cuando ha visto la ruina de la especie? Lagartijas arrastradas  por las olas y  tajos de bilis seca en el cerebro  y hormigas diminutas hay en los límites del presente miserable. ¡Acércate, vástago de multitudes, rehén de tu promesa! Cualquiera lamerá la apatía de su lucidez. ¿Guardas para él acaso una hilacha de la destrucción? El dadivoso mundo echó a correr entre las hojas, traspasando el archipiélago de una historia que no se detiene. La flamante anunciación echa redes en la jungla. Exhumo el calidoscopio de piedra que conjetura tu infancia vuelta poco a poco  un puñado de vidrios, que cose  las ceremoniosas estrías de la muerte.  Siempre era de noche en las tiendas de campaña. 
     
             Ritual, tu mismo amanecer.
            Esta cara se ofrece a los espejos desertores de un sacrificio sin ganancias. He aquí el llamamiento: un cráneo que muge, hacia los bordes un niño bailando entre chozas y déspotas. El mediodía salmodia la traición de los nombres en vuelo de la noche. Escarnecen al que hostiga con sarcasmo tan desnudo, voluntad de lo ínfimo y persistencia del llanto en cada gesto. ¿Por qué un refugio para la
\”Alegoría de otra deidad: Adda Nari\”, por Manuel Lozano,
Buenos Aires, 2002
pérdida de Paraísos que nunca verán los hombres? ¿Es de hierro esta ley que expulsas por los labios?
          
            Ritual, tu mismo amanecer.
            Entonces habría que descifrar
            el sudario palpitante
            vuelto ojos,
            ratones fantasmales,
            sorbo en el plato nómade,
            levaduras de piedad baldía, 
            grimorio y claustro
            para el hijo de fuego.
            ¿Qué muladar?
            ¿Qué desagües donde salir de sí mismo?
            ¿Qué aserraderos imantados
            por el pan de la angustia?
            ¿Cuántas lavanderías
            desbordándose en el torbellino?
            ¿Qué tatuajes giratorios
            para cantar el nacimiento?
           
           
               
           
            Ritual, tu mismo amanecer.
            Amamantabas al joven moribundo del sueño: sin examinar, apenas, los tejidos de la simulación, apagando las lámparas terrestres. Antes me petrificaban en la ebriedad del grito. Me levanto ahora con amuletos encarnados en esta lengua encarnada. He llegado a desnudarme en el bosque tenebroso, novicio bebiendo en la escarcha su vinagre estéril. 
         Déjame en el tálamo, muéstrame el ungüento voraz, la cuidadosa posesión de la huida. Déjame, al fin, con este cráter. Resinas mustias. Brotes inagotables de placer. Heces del mundo. Yazgo en los pozos de combate que me apartan de mí mismo con el sarcasmo del perdón, esa Gorgona jactanciosa. ¿Qué memoria no es cómplice de la cautividad y de la espuria?                 
          Un venerable dice por mí las palabras que prometen el pequeño grano de infierno. Hurgo en el hastío de la plegaria. Advierto a los vendedores de heridas bajo la lluvia. Señalo al despojado  animal que vomita sus tripas, las tripas y el veneno.
            Ritual, rugido indócil. Todo fuego celeste.
  
Manuel Lozano
Buenos Aires, principios de diciembre de 2002
 Disertando sobre Silvina Ocampo, New York, 2000 (11 de enero 2003)

Apolonio de Tyana. Manuel Lozano

APOLONIO DE TYANA

y el agua es para mí como la tierra firme.
Poema egipcio del siglo XIII A.C.

Sobre el vasto desierto ha descendido un cántico estremecedor.
Todo el ultraje ya es palabra del pasado.
¿Qué abismo de sabiduría persevera hasta el erial
en que comen y beben de esta sangre?
¿En qué muro viste crecer la enredadera amarilla
que ahoga al prisionero amaestrado
bajo tantas clausuras?
Yo te traigo la joya de una progenie espantosa,
una suma de pétalos agrios, la ilusoria melodía
que sólo el jaspe reconoce.
Me asomo a la minúscula entrada.
Oculta como una breve fisura entre la niebla y el crimen,
miras la rosa azul inexpugnable,
la migratoria flor de Judea
que tus ojos deshabitan donde no me retengo,
y que inmolo con todo el luto de mi especie.
Lo increado ampara la destronada mansión en que sueñas.
Las criaturas hubieron de desprenderse del fruto enardecido
hasta purificar la muerte en esa eternidad de un solo instante,
eternidad, mi eternidad, vieja ráfaga ebria
subiendo en este pozo de las maldiciones.
Así quisiste el secreto:
suspendido entre los vahos de la pócima letal,
chocando contra las trampas de la perduración.
Un sudario de crines dejas a tu paso.
¿Quién horada hasta el eco, interroga
a su aviesa agonía con fábulas de amor, tan sólo súplicas?
Las caravanas se detienen.
Zumban abejas en la boca del druida.
Nadie enciende candiles para mí en el refugio
de crepúsculos y noches que son la Historia.
¿Cuándo el vítreo final, la engañosa bandada
de colibríes sobre el cuerpo yacente?
¿Y aquellas feroces dinastías de mi visión,
esculpidas con la certeza de las lluvias de Urduk?
¿Fue feliz el que estuvo?
¿Era mi cuerpo un lenguaje anterior a la palabra,
o apenas el héroe vacilante -pantera vacilante-
entre los hierros de su prisión a solas?
Nadie se aleja ni espera por mí, por él, por el que fui
antes que dios,
antes que el remotísimo esplendor
de una corona sepultada en la hierba.

Manuel Lozano  París, diciembre de 1997

El hilandero en Marruecos. Manuel Lozano (Buenos Aires, Argentina)

Título de la obra: \”El Hilandero en Marruecos\”
                   

Fecha y lugar de la toma: Fez, octubre de 1998
Autor: Manuel Lozano (Buenos Aires, Argentina)

Comentario a la fotografía:

                      El hilandero apareció ante mí, en medio del bullicio de los zocos de Fez y del siempre presagioso canto anunciador del almuecín. No en vano utilizo el verbo \”aparecer\”, en el sentido de una mirada que comprende y que nos retroalimenta cada vez. La imagen del anciano era tenue, pero a la vez me poseía con el esplendor del alarido.

El arduo y mítico oficio de hilandero es ya un oficio desvanecido o en vías en extinción en occidente. Desde las viejísimas parcas (perversas y juguetonas) tejiendo nuestro destino hasta la resignificación social y política de este trabajo hecha por Gandhi, sin dejar de recordar aquellas asombrosas hilanderas de Velázquez, el emblema continúa su metamorfosis.
El hilandero en Marruecos nos recuerda una incesante alegoría: la habitada, tangible enunciación del hacer.
Manuel Lozano
Buenos Aires, noviembre de 2003

Editorial El Gaviero. Año 2004. Maribel Cerezuela

Dos libros de relatos inician la Colección Cartoné

LA EDITORIAL EL GAVIERO PUBLICA DOS NUEVAS OBRAS

La empresa almeriense El Gaviero Ediciones acaba de publicar dos nuevos libros, ‘Qué más da\’ , de Pedro Casariego Córdoba, y \”Tus muertos\” , de Juan Pardo Vidal. Se trata del número uno y dos, respectivamente, de la Colección Cartoné, compuesta de relatos y novelas cortas. 
Terminados de imprimir a finales de septiembre, ambas novelas tienen una tirada numerada de 666 ejemplares, más una edición especial de 20 ejemplares con un grabado original de Javier Roz (en ‘Qué más da\’) y una fotografía original de María Suárez. Las dos obras están impresas en papel velvet de 90 gramos en el interior, e iverkote de 380 gramos para la cubierta. Con estos son ya cuatro los libros editados por El Gaviero, tras los dos de poesía de la Colección Guairo editados a comienzos de año. 
El sello de la casa está presente en las dos obras que se presentan numeradas, creando así ejemplares únicos y exclusivos para cada lector. Además se utilizan materiales especiales y se propone un diseño cuidado y de calidad. 
Recordemos que El Gaviero es una editorial literaria creada por la joven empresaria Ana Santos Payán que plantea una concepción innovadora tanto en su línea editorial de calidad (el libro como objeto artístico por dentro y por fuera, en el contenido y en el envoltorio), como en su apuesta por una distribución propia e independiente. 
Además de la colección de poesía (Guairo) y de novela corta (Cartoné), los editores tienen previsto publicar diferentes colecciones de ensayo breve, arte y poesía visual y traducció.

Los autores

Pedro Casariego Córdoba (Madrid, 1955 – 1993), poeta, y más tarde también pintor, se volcó intensamente en la escritura entre 1974 y la primavera de 1986, fecha en la que da por cerrado su proyecto literario con ‘Dra\’ y ‘Qué más da\’. Atrás quedaban seis libros formados por poesías unidas argumentalmente, centenares de poemas sueltos y una miscelánea de textos en prosa. La mayor pare de su obra poética se recoge en ‘Poemas encadenados (1977-1987)\’, editada por Seix Barral en 2003, y la escrita en prosa, en ‘Verdades a medias\’, por Espasa Calpe en 1999.
 
La actual edición de ‘Qué más da\’ de El Gaviero constituye la primera publicación independiente del relato que ya apareció recogido en la citada selección de Espasa Calpe.
 
Juan Pardo Vidal nació en Almería en 1967. Es licenciado en Filología Hispánica y educador de menores en Centros de protección. Poco amigo de concursos y ambientes literarios, su obra ha permanecido silenciada hasta sus primeras colaboraciones en la revista Salamandria en el año 2002. Recientemente ha publicado el libro ‘Poemas de amor a una piedra\’ en la editorial Celya de Salamanca.

Artistas por un mundo sin guerras. Maribel Cerezuela

Estamos a mediados del mes de enero del año 2000, con un frío que se deja notar en los huesos, que diría mi abuelo, cuando motivada por las distintas noticias que son titulares en la prensa diaria sobre las próximas elecciones  al Estado Español y Andaluz, me pongo el último CD-Rom de Sabina, y me adentro en el mundo virtual de las páginas web que nos aproximen de alguna manera al tema que nos ocupa.
Así, a partir de un buscador , como google.com , por poner un ejemplo,  escribo la palabra \”política\”, y al azar entro en el mundo de AREA PLURAL que para definir de que trata esta página, nada mejor que las palabras de sus autores … \”es una iniciativa independiente que pretende, a través de su página, facilitar el acceso de cualquier persona a la información que necesite sobre el mundo de la política en el Estado Español…\” y sigue con… \”más de 500 enlaces que incluyen todos los partidos políticos de la actualidad\”, tanto es así que nos sorprende con detalles de los distintos partidos con sus direcciones y sedes locales, en páginas de gran sencillez estética, como por ejemplo la página de INDARA: \”ARTISTAS POR UN MUNDO SIN GUERRAS\”
[[ tarda \”lo normal\” en cargar, en palabras de un amigo consultado, sólo que Área Plural, al tener menos gráficos es mas rápida, aunque la veo muy simplona, como un simple tablón de anuncios, sin muchas pretensiones. No creo que la volviese a visitar, aunque el tema me gustase (que no me gusta), ya que lo que ofrece, con una sola visita, ya lo has visto todo. Valoración del 0-10: 2 ]]
Tomemos un buen tapeo, hagamos un alto en el camino cybernético y adentremonos en  http://www.rebelion.org/, períodico electrónico de información Alternativa, totalmente actualizado, es más, al día de hoy, 21 de enero del 2000 habla de los dos atentados ocurridos esta mañana en Madrid.
Sus autores lo dicen de que  Rebelión pretende ser un medio de información alternativa que publique las noticias que no son consideradas importantes por los medios de comunicación tradicionales.

También, dar a las noticias un tratamiento diferente, más objetivo, en la línea de mostrar los intereses que los poderes económicos y políticos del mundo capitalista ocultan para mantener sus privilegios y el status actual, … 
donde nos sorprende agradablemente la visión de unas páginas técnicamente hablando perfectas, sencillas de fácil acceso, con colores y fuentes de letras de grata lectura, en el que colaboran firmas de tanto renombre como Francisco Umbral  o el magistrado Joaquin Navarro Estevan, Con una distribución por temática en Internacional, España, Ecología, Derechos Humanos, Movimientos Sociales y Culturales, hasta el poeta de gran fama actual como Mario Benedetti.

[con respecto a Rebelión, la veo mas hecha, mas interesante, pero poco trabajada, por lo que, en vista a lo duro que lo tiene con respecto a la misma información que proporcionan otros medios, si no mejora, no llegará lejos. En principio le daría  0-10: 4/5. Completita y variada, pero limitada. Deben de trabajarla mas, pero lo hecho vale. Los artículos preciosos y de actualidad. ]]
Llegamos a la conclusión, después de unos cuantos cafés, y unas buenas tapas,  que el mundo de las web en temas dedicado a la política, ver por ejemplo la web del Parlamento de Andalucía y los partidos políticos no es muy extensa  y le falta algo de imaginación, supongo que los partidos políticos, sindicatos, etc. no se han dado cuenta del gran poder que tienen a su alcance de forma rápida, eficaz y sencilla.
La próxima semana intentaremos contactar con temas de actualidad ya que se acercan los carnavales y los viajes. Que disfruten ustedes de la visión que les ofrecemos, que si lo hacen de enlace en enlace, les aseguro que tienen para varios días………
apx. 13102004

La inoperancia de las campanas. Oscar J. García López

\”Buenas tardes\”, fue lo único que se le ocurrió balbucear al dependiente de la tienda de animales cuando vio que dos de sus cacatúas egipcias le abonaban el importe en que él las había tasado (ahora se da cuenta de su error en el calculo) incrementado en tres euros correspondientes a una bolsa de alpiste de primera categoría y, tras despedirse del loro tibetano y la paloma catalana, con los que compartían jaula, salían por la puerta del curioso establecimiento haciendo tintinear la graciosa campana que despertó al dependiente de su sueño de las cinco de la tarde. Éste miró hacía el lugar donde debían estar las cacatúas y tras comprobar que aún seguían allí, mirándolo fijamente, bostezo dos veces y volvió a perderse en el reino de los sueños zoofilicos.  

Proverbios. Oscar J. García López

Proverbios para disóciales,

 1: “Si ellos logran formular la pregunta adecuada, no des la respuesta que esperan que sea la correcta”

El olor a aceite requemado se impregna en las paredes, atestadas de posters de playmates de los años 80 y jugadores de fútbol cuyo recuerdo ha caído en el olvido de la memoria colectiva, que hoy los sustituye con cromos de millonarios ricos corriendo tras balones de diseño imposible. Un triste ventilador esparce el calor democráticamente entre los clientes que a esa hora de la mañana vegetan al ritmo de la canción del verano de hace cuatro veranos.
La camarera, que comenzó su turno hace media hora se fuma un cigarro mientras sirve otra copa de algo rojo mezclado con algo verde al otro ser vivo que se mantiene erguido allí. A unos metro de mi, un enano entrado en años, golpea la barra reclamando atención mientras recita un poema de Leopoldo Maria Panero.
La sensación de suciedad se hace más evidente en los sofás rojos del fondo. Situados en una esquina apenas iluminada por un foco fluorescente que parpadea cada dos minutos, el cuero parcheado y mil veces restregado enfatiza la impresión de estar en una zona avergonzada donde frecuentemente los actos denigrantes se parapetan tras la curiosidad o la necesidad.
Proverbio para disóciales,

 2: Si la verdad se predica en el telediario, prefiero la mentira y viceversa. 

Por fin, la camarera se aproxima a mi zona de la barra. Quien sabe si por piedad o porque es su trabajo. Es una mujer aparentemente joven con la mirada hastiada por una vida condenada a la irrealidad que proporciona la perspectiva de estar al otro lado.
Le digo que me ponga otra. Luego le pido fuego y le pregunto su nombre.
“Laura”.
Permanezco unos segundos callado buscando algo ingenioso que decir.
Proverbios para disóciales, 3: 
Si al hablar no has de agradar, lo mejor será callar
“Yo tuve una novia que se llamaba Laura”
 Los ojos de Laura permanecen impasibles, atenazados tras horas refugiada detrás de la trinchera de una barra, aguantando poetas de amor etílico y voceadores de sexo acelerado.
“ Me dejó por un funcionario de prisiones que al final resultó que se vestía de mujer en sus ratos libres y acabaron montando un dúo de transformismo. Hace poco estuvieron por aquí de gira. Creo que tienen bastante éxito”
Por fin una sonrisa, imperceptible, casi adivinada bajo la antipática luz del fluorescente.
El enano termina su novena copa y de un torpe salto baja del taburete. Recoge unas bolsas de Carrefour que tenía junto a la maquina tragaperras y tras comprobar que todo sigue en su sitio se despide de la concurrencia con un verso improvisado: “Grande consuelo es tener la taberna por vecina”. 
Proverbios  para disóciales,

 4: El sistema se hace más grande allí por donde tu te haces más pequeño.

Cuando sale, la luz del exterior me recuerda que todavía es de día, que es verano y que en algún lugar de esta ciudad hay dos niños de cinco y ocho años, y una mujer morena, no muy alta pero deliciosamente guapa, que me están esperando para salir de viaje hacía la costa de Cádiz, a un camping de tercera categoría donde vamos todos los veranos desde que nos conocimos en la fiesta del instituto.
Miro el reloj. Todavía me da tiempo para otra más. Miro el reloj otra vez.
Laura se apresura a atender mi necesidad. Tal vez porque ya soy el único cliente que queda por allí a esas horas, tras la marcha del enano poeta.
“Laura – le dijo – trataré de serte sincero. Porque me caes bien. Se nota que eres buena chica.”
Ella sonríe, ya sin ningún recato y aspira, inflando su ya de por sí abultado pecho y logrando que por un momento distraiga mi perorata de borracho plúmbeo.
“Me levanto durante todo el año a las seis y media de la mañana para acudir a la misma empresa de seguros donde trabajo hace diez años. Suelo atajar el camino atravesando un parque que a esas horas solo concibe el canto de algún pájaro noctambulo y el sonido de las plantas mientras crecen.
Me cruzo con las mismas caras de todas las mañanas. Conocidos desconocidos que intentan pasar desapercibidos mientras el piloto automático les conduce a sus respectivos destinos. Rutinas en las retinas de lunes a viernes.
Pero ayer me percaté que algo no estaba en su lugar. Me paré un momento y miré a mi alrededor buscando el elemento extraño, el hueco reciente o simplemente, tratando de sacudirme esa molesta sensación de ausencia.
Los bancos verdes, la fuente seca, los rosales marchitos por el calor, los carteles de advertencia prohibiendo pisar un césped que ya no crecía, las papeleras vacías, los anuncios de empleo fácil pegados en las farolas, los restos del botellón de ayer…
Durante varios minutos, y a riesgo de llegar tarde de nuevo, recorrí ese tramo del parque obsesivamente. Nada. No parecía que nada estuviera fuera de lugar, pero la impresión de que así era permanecía adherida al subconsciente.
Miré el reloj y fue entonces, durante una milésima de segundo, cuando comprendí que esa sensación de diferencia externa no era tal. No era lo que me rodeaba lo que parecía haber sufrido una mutación violenta, sino yo mismo el que sufría el cambio.
Fue justo al recordar que ese día era mi cumpleaños. Treinta. Un vértigo violento me sacudió y mi vida se proyectó durante unos segundos eternos. Fue como una señal, como un aviso. Ese día no fui a trabajar. ”
Laura cogió mi mano y me dio un beso en la mejilla, un leve roce de sus labios sobre mi barba de tres días.
“Felicidades”, y me sirvió otro vaso de lo mismo. “A esta ronda invita la casa”
Luego quise ponerme serio, enderezarme sobre el taburete y aparentar madurez, pero solo me salió un patético rictus de tristeza post coitum que a duras penas logré mantener mientras saldaba la cuenta.
Al salir del bar y volver al contacto con la realidad, la luz del sol sobre el rostro funcionó como abrelatas neuronal y las ideas volvieron a circular por mi mente. Como un preso recién salido de su condena reinsertándose a una sociedad de la que nunca formará parte pero dispuesto a intentarlo de nuevo, una vez más, consciente de que el fracaso aguarda a la vuelta de la esquina.
En el móvil varias llamadas perdidas de mi mujer y dos de mi suegra. Se impacientan por la tardanza. Hace media hora que tenía que haber vuelto. A estas horas probablemente encontremos atascos a la salida de la ciudad con dirección a la costa. La operación huida estaba en pleno apogeo esos primeros días de verano.
Proverbios  para disóciales, 5: Preferiría no hacerlo.

35 Horas

35 HORAS  

Tauromaquia. Oscar J. García López

LA VOZ DE LA COMETA. TU VOZ EN INTERNET

Tauromaquia

AUTOR: OSCAR J. GARCÍA LÓPEZ

El toro, desconcertado en su ceguera de corral, bramó dos veces antes de darse cuenta de donde estaba. El coso de la muerte, aguardaba expectante la demostración de bravura del animal perdido en su correteo sin rumbo.

Susurros y jadeos pululaban en la atmósfera de tarde de domingo comprada en la reventa, mientras aguadores sudorosos vociferaban desesperados en su eterno pregonar.
El toro, parado en el centro de la plaza, observó con ojos de daltónico humillado, la marea humana que le admiraba en su gran día. Los clarines y cornetas sonaron insolentes acallando a las gradas. Latidos y silencios, precedieron la tragedia.

Llorando, en la añoranza de la dehesa que había sido su paraíso en la tierra, perforó el corazón del torero de medias rosas y montera azabache, que como  un muñeco de trapo se alzó en un vuelo sobre las astas erectas de toro bravucón, antes de morir en la plaza entre los oles de un público de ferias y mantilla, absorto en el espectáculo de la sangre, no importa de quien, lo importante es que esta mane a borbotones, mojando la arena en  un reguero de muerte que se cubrirá de fiesta en los farolillos de cualquier taberna a la hora de la cena.

Las nubes. Oscar J. García López

LAS NUBES
   Por Oscar J. García López
Las nubes son empujadas por el viento hacía el rincón derrotado de la melancolía.
Saben que allí se acordaran de que una vez fueron parte del mar. Y desearan volver al mismo, a su hogar. La memoria de las nubes las hace caprichosas.
Y por eso empezaran a llorar con todas sus fuerzas.
Y provocaran una tormenta como nunca antes has visto.
Entonces regresaran al mar convencidas de que al fin encontraron su lugar en el mundo.
Pero cuando estén en el mar sentirán un frío intenso.
Y desearan estar cerca del Sol para estar más calentitas.
Como antes.
Entonces se harán ligeras, muy ligeras. Y dejaran que el viento las arrastre de nuevo hasta el cielo, lo más cercano posible al Sol. Y sentirán como los pájaros les dan la bienvenida ofreciéndoles sus cantos y volando alborotadamente a su alrededor.
Y así se pasan la vida las nubes, viajando siempre hacia destinos donde se encuentren lo más a gusto posible. Acaso no es eso lo que intentamos conseguir todos

Enseñame el camino de la muerte. RAS

enséñame el camino de la muerte una vez más
trázamelo con espinas
obliga a mi alma transitarlo
es un ultimo suspiro lo que busco,
un aliento entre sórdidos cipreses
esa senda que me termine de vaciarme
que me deje exhausto, incombativo
promete encontrarme en cada curva
en rellanos fatales y traidores
donde solo encuentre desaparición deseada,
enséñame el camino de la muerte una vez mas
cógeme de la mano, arrástrame sin miedo hacia su estampa,
y muéstramela cuando vacile,
cobijado de tu promesa, y de tu muerte.
ras
8-11-01/240502

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