El broker. Andrés Rubia

El siglo veintiuno supondrá tanta velocidad al cientifismo que los átomos de los conceptos cambiaran demasiado rápidos, y por tanto, el gran reto del Hombre será mantener el orden en la química de su mente.

Fue agente de valores mío durante los dos años que con fortuna aposté en bolsa.
Con él había hablado por teléfono una media docena de veces hasta que por fin en un viaje a Madrid tuve la oportunidad de conocerle personalmente. De mediana estatura, poseía unos ojos avispados como el color del cuero curtido, entechados por unas cejas animosas casi nunca inmotas. Aparentaba una sagaz agilidad mental tan ordenada como el nudo de su corbata en el planchado blanco de su camisa.
Cuando alguien que no conoces te realiza bien un trabajo con el que te hace ganar en dos semanas más de siete mil quinientos euros, no puedes sino acrecentar la curiosidad de frecuentarle aunque sólo sea una vez. Lo conseguí, y de él, lo que más me llamó la atención fue su rostro cuidado de arrugas pese a pasar de los cincuenta y dos, y sin embargo, aparentar siete u ocho años menos. Su nombre y primer apellido eran vulgares: Miguel Núñez, su segundo era lo que le daba una cierta personalidad reconcurrente e historiada con su idiosincrasia emprendedora:
.Bizarro.
El año 2002 fue tan nefasto para las inversiones, tan patético en mi vida conyugal por culpa de las inversiones, tan inverso en casi todas y a priori maravillosas inversiones, que decidí salirme del parqué y no hacer para siempre jamás esas tan buenas inversiones bursátiles con mi mala e invertida vida. De todos modos había ganado mucho dinero pero había perdido salud, familia y por tanto felicidad. Un precio justo que suele cobrarse la injusta ansiedad de las ambiciones.
Con la separación salí económicamente perdiendo como todo varón con hijos en este país, era de esperar, pero compré una pequeña casa costera en Salobreña y al poco, allí me refugié con Maria Almudena, mi segunda compañera, una vez hube conseguido casi al unísono el divorcio y la jubilación anticipada.
En la charcutería donde habitualmente compraba el york y el solan de cabras había oído hablar de él. Le llamaban “el profeta” porque pronosticaba acaecimientos tan difíciles que ocurrieran como desconcertantes y descerebrados eran otros, aunque eso sí, nunca tan afuera de la lógica como podría pensarse. Esa mañana, escuché a una viuda residente de nacionalidad inglesa, vecina del pueblo, contar la última aseveración del personaje:
— y el siñoor profeta diçeme entoncses algun día mucsha gente todos locos como éll, porque demassiaado deprisa la tecnologuía y elé-pfhutturo… y mucsho peligro para los sencsatos.
Para aquel hombre que siempre ha buscado la sabiduría, es hartamente difícil esquivar la curiosidad, sobre todo cuando se interesa por otro homogéneo, el cual, es considerado un necio por el resto de sabios. Siempre he atribulado que el loco puede ser el resultado de una inteligencia sublime.

Supe una borrascosa mañana en la cafetería del Lucio –ubicada media docena de escalones en alto y a pie de paseo marítimo– que él observaba durante muchas tardes la luminosidad gualda y efímera del ocaso, mientras la iglesia mudéjar del Rosario –como todas las tardes—lanzaba al aire sus últimas plegarias por aquellos desdeñados quienes en tantas y tantas cuestiones valen más que esos que juzgan a estos otros, quizá bien llamados excéntricos, pero sin embargo, mal señalados de chiflados.

No me andaré por las ramas, sí, era Miguel Núñez Bizarro, el motivo por el que había llegado allí lo desconocía, y ustedes pueden sacar las conjeturas y sospechas que quieran. Tenía el pelo más largo, bastante más largo que cuando lo conocí en el madrileño recinto bursátil que se inauguró coincidiendo con el reinado de Isabel II en 1834. Su rostro no rezumaba ya esa lozanía “Aramis contour des yeux for men”, y en su cepillo de pelo, cada mañana, debían quedar prisioneras media docena canas. Se parapetaba tras unas gafas de sol oscuras que aún conservaban cierta modernidad en el diseño. Su aspecto seguía conservando comedida pulcritud y civismo, su vestuario era claro, bohemio aunque de briosa calidad boutiquera.

Seguiré sin andarme por las ramas y les diré que tras mi presentación como ciudadano y darle más de una y dos señas a cerca de mis andanzas inversionistas en antaño, tratando de rememorarle cuando para mí intervenía en la compra y venta de “Blues chips”(1) o “chicharros”(2), siguió sin recordarme. Y prosigo: Me invitó sin mucho protocolo aunque cortésmente a la silla de al lado, alentándome poco después a que le hiciera romper su tope máximo de cafés al día. Su médico le había prohibido el tercero. Él era también ahora un perdedor, padecía del corazón, y trajinaba al igual que yo, insistir en sus cuidados para retrasar lo máximo posible a esa negra dama invisible que siempre especula con la posibilidad de llegar antes de tiempo, pero con la imposibilidad tan siempre imposible de sin ti marcharse una vez te ha visitado.

Hacía mucho tiempo que no había mantenido con alguien una conversación tan intrigante e instructiva. Al principio reculó en hablarme de su presente pero al final terminó contándome el porqué de su decisión a transferir todo y cuanto poseía en Madrid y exiliarse a este rincón litoral donde la arena puede ser el mejor colchón para una siesta sin mesita de noche, y por ende, sin relojes de diseño; donde las nubes son las mejores interferencias para los grandes edificios de oficinas que sin acritud, siempre están tan deambuladas de hipocresía; y las estrellas, donde por fortuna, continúan indelebles, perpetuas en su hemisferio y carente de interruptores.

–No me importó, era una cuestión de supervivencia – Alegó tras una pausa haciendo descansar su taza.– ¿Sabe usted lo que sentí en esa depresión?–Su pregunta no iba dirigida a encontrar en mí respuesta sino a comprobar mi escucha, y a continuación hizo extenso su verbo con los ojos fijos en el paseo marítimo.— Pues tuve conversaciones con el sol en un autismo nocturno. Caía a un pozo donde se descarnaban mis uñas: La ley de Newton me hacía una manzana podrida en esa caída libre sin tan siquiera encontrar una raíz donde afanarse. Nada más salir a la calle vestido de ojeras, la Castellana se atestaba de carceleros, de carrocerías con ruedas y miradas contra los tímpanos. Los escaparates entonces fintan tu ansiedad, distraen poderosos tu intranquilidad enmudeciendo fachadas donde todas las puertas permanecen cerradas menos las de las tiendas. Allí casi siempre te sonríen:

\”No me gusta esa bufanda o ese chaleco o ese pillacorbatas, pero al igual entro y los compro\”: Ansiedad consumista. \”Mejor no, no suelo usar bufandas, ni chalecos, ni pillacorbatas\”. Sin embargo, si iba bien de tiempo hacia el parqué, volvía sobre mis pasos para comprarlas. Ansiedad consumada.

Percibes que por las paredes de tus arterias se va adosando un colágeno de alquitrán que destila por tus pupilas para licuar y adherirse incluso a tu sistema nervioso. Tienes prisa. Llegas tarde. Recibes una llamada al móvil que como en tantas ocasiones es anodina. Te paras. Lo sacas y enciendes el séptimo de la jornada cuando todavía son las diez de la mañana, a todo esto, sin haber madrugado porque, entre otras cosas, no has sabido dormir. Ya no sabes ni dormir, qué bárbaro, ya no sabes nada, no entiendes nada, y la fe en ti mismo debe haberse fugado con un tipo de aspecto mercenario que en ese momento se cruza contigo y te mira insultante por la acera. No has desayunado y necesitas un café cargado pero no te decides por ninguna cafetería y es que acusas el resquemor de encontrarte con alguien conocido que pueda averiguar que tu alegría está en coma. Comprendes que a tus ganas de vivir le faltan ganas de seguir viviendo y que la diestra donde acarreas el portafolios se hace zurda… ¿Ves a esa mujer?— Deparó de pronto, obligándome a virar mi atención hacia donde él miraba. Se trataba de la viuda inglesa que había conocido esa mañana en la charcutería donde habitualmente compro el york y el solán de cabras. Paseaba su menuda y grácil silueta por el periplo del paseo marítimo, deambulando con paso rápido, ágil, y ataviada con un chándal.—

Pues verás amigo, todas, absolutamente todas las tardes pasa con prisas cuando yo estoy en esta terraza viendo inclinar el día, cuando yo trato de olvidar mi pasado, cuando disfruto de un paisaje sin prestezas ni apresuramientos. No entiendo porqué anda tan deprisa por un lugar tan balsámico para mí…que… que se me antoja al estrés personificado.—En el mutismo de a continuación que utilizó para acabar el café, hallé un desapacible desagrado, pero continuó: No falla ni un solo atardecer, cruza siempre ese tramo de espigón de ahí enfrente cuando el sol dobla por ese punto de la colina. Ningún día es igual, pero ella es como un cronómetro y siempre trata de hacerlos iguales. ¿Sabes? Me llaman “el profeta” porque pienso que tal y como va la vida, dentro de diez u once años habrá tantos locos que los cuerdos serán considerados de anormales, ¿y sabes otra cosa? Siempre quise ser enfermero, o D.U.E., como ahora se les llama, sobre todo porque eso de poner inyecciones me ha llamado siempre la atención… ¿Ves? Me llaman el profeta, dicen que soy un desequilibrado—

Sonrió, pero su sonrisa fue de algún modo dedicada y perdida hacia el horizonte. Bendito loco.

No volví a verle en un plazo de dos semanas, al tercer jueves me atreví a ir donde lo había encontrado por primera vez. Pero su silla estaba vacía, su mesa estaba vacía y el crepúsculo marino de Salobreña estaba vacío.
Escuché atónito lo sucedido mientras en la cafetería del Lucio me lo contaban, y tras sentir una extraña sensación conmovedora, supe que yo tenía en la mano el que su condena sólo quedase en una sanción económica. Decidí llamar a mi abogado esa misma tarde y contarle que tenía un amigo metido en un lío a consecuencia de haber sido acusado injustamente de violencia de género. Cuando me preguntó de qué clase de violencia se trataba, le contesté:
— Ha conseguido pinchar intramuscularmente a una mujer con una inyección de tranxilium 50 cuando paseaba por el paseo marítimo de Salobreña. – y a continuación agregué: …Por fin. 
EL BROKER

    Por Andrés Rubia  (Mojácar 21/02/2004)                      

Rincón del aire. Andén 18.- Andrés Rubia

RINCÓN DE AIRE. ANDÉN 18.
Autor : Andrés Rubia.                                 
           
En esta ciudad siempre hace viento. Él todo lo trae, él todo lo lleva.
Dos años y tres meses observando – mientras cada viernes la llegada del talgo- ese recoveco perezoso menos los días ariscos y desapacibles, habituales y ventosos por cierto, durante esas tardes de ferrocarriles poco antes de la usual impuntualidad del rápido, que con un último estertor anclaba en el andén 18. Sabías que me hallarías. Tú bajabas entonces reservada, añadiéndote al resto de viajeros y maletajes, encontrándome, sonriéndome cuando ya a penas restaban tres metros para la frase agradecida, para nuestro abrazo que siete días antes fue cedido, pero como cada viernes, retomado siete días después.
No he ido a las 11 a la estación, no me gustan las despedidas. Cuando doblándose la tarde por fin he llegado a las inmediaciones del andén 18, los soplos de Zeus ya invadían el recodo de mis esperas tan siempre perpetuado frente a las vías de acero.  Fueron más de cien abrazos durante esos más de cien viernes en que te acogía en mi pecho estando ya muy instalada, tan profundamente incrustada en mi corazón. 
Amordazado a la nostalgia he vuelto a observar, a esclarecer, a traducir los torpes movimientos inestables, las oscilaciones amalgamadas de esa coreografía caótica y revoltosa: Bolsas henchidas de aire, precintos desprecintados, diminutas plumas, trizas de prensa, sueños rotos, tamo, polvo. El viento es asombroso, es casi humano, mágico. Todos somos tiempo.  
He sacado del bolsillo interior de mi levita el mechoncito de cabello que de niña me diste antes de ser mujer conmigo, iba envuelto en un poema. Los he disuelto, los he desmembrado y he permitido -una vez deshechos junto al resto de materia – que se adhieran,  que se integren a la torpe e inestable danza empecinada que dictan los soplos de Zeus en este turbulento escondrijo. Fui tan feliz contigo. No importa si ya dejaste de quererme. Esta mañana, a las once, este amante ha quedado envasado al vacío. El que se marcha siempre vacía los pulmones del que se queda. No importa. Y es que el aire es casi humano, milagroso, pero yo no he podido ni tan siquiera asomar la humedad abatida que contenían mis ojos. Yo he sido muy feliz contigo, pero tú no lo entendiste. Nunca comprendiste que ni el mismísimo Dios jamás podrá prohibir los sueños. 
En esta ciudad siempre hace viento. Él todo lo lleva, él todo lo trae.

 

Tú, la invisible. Andrés Rubia

TÚ,  LA INVISiBLE

Por Andrés Rubia

Escucha el silencio de la noche.
Mira la calle huérfana de sustancia,
es como el universo
como si el exceso inmortal fuese fecundado por un magma copulado con el semen de la esperanza,
una feliz amenaza para el triunfo de un mundo imperfecto.
Es como si todos los contertulios dioses hubieran estrechado sus manos en un pacto,
bajo los capiteles dóricos del Olimpo,
con la venia del Parnaso,
brindando con sus vasos de primeras lluvias Septembrinas  tras el paro nirvano del verano.
Abrígate tu piel bronceada aún.
Escucha el silencio de esta madrugada.
En esa casa hay unos niños que duermen con su mascota.
Hay un acuario que denota la existencia de un mar lleno de deseos, cuántos por ti se pidieron. Cuántos tuyos por otros se hundieron.
Unos colores en la zona abisal, como los besos que a tiempo no te llegaron.
Es como si la vida fuera a resultar distinta nada más abrir los ojos el panadero que te cae tan mal.
Todos me dicen cuídate, pero es fácil decirlo, es mecánico y no queda mal.
Es como si al levantarme con el noticiario hubiera por fin dejado de fumar.
Como si mañana, al despertar hubiera vuelto desde el pasado al futuro para alegrar los ojos de mi presente, contagiado otra vez por fin de la inocencia que se llevaron las gentes con las que sobreviví.
Ahora que todos están muertos te hablo a ti.
Tú que eres la mujer invisible de mi vida.
Te hablo a ti porque tengo la sensación de que nadie me quiere y yo estoy tan falto de amor…
¿Me has preguntado en la agencia de viajes si hay algún lugar que se llame mundo Feliz?
Escucha el silencio de la noche.
Tú que eres la mujer invisible de mi vida.
Ahora que todos están muertos y te hablo a ti.
\”Posiblemente tenga la posibilidad de  lo imposible ponerlo al revés; pero    ¿ qué es posible en este mundo una vez que has regresado a la vigilia ?. 

Almería  2,47 horas      5-8-03

 

ALMAS GEMELAS. Ricardo Arratia.


Encuentro entre Siglos

Entre murmullos de aguas y luceros,
entre Otoños de hojas fenecidas,
entre silencios prístinos de vida:
un espacio de versos mensajeros
Deshojan su fragancia sempiterna,
Hilando cantos, vidas entre vidas;
¡Ah!, sinfonías de almas parecidas,
Gemelas en sentido, casi eternas.
Amiga, te saludan hoy mis versos,
Hoy de poeta ves mi catadura,
Mi sombrero a tus ojos ya se inclina
Pues en siglos te canto en lo disperso,
Los siglos reconocen tu hermosura:
Tan graciosa te encuentro aquí Karina.


Almas Gemelas


Un amor incorrupto va tejiendo
De miríadas de espacios y llanuras,
De besos entre estrellas sucediendo,
De galaxias calladas de hermosura,
De ríos estelares, de Universo;
Súper Novas gigantes, explotadas;
cataclismo de rimas y de versos
En silencio de noches abrazadas.
Como gotas de esferas inconclusas,
Estas almas gemelas ya se encuentran
En la encarnación prístina del beso.
Exentas ya del sexo, tan profusas,
Tan gloriosas de espíritu se centran
En el amor de siglos y sucesos.


Nocturnal

Luna de Cachemira, ya infinita,
Infinita de canto y de dulzura,
Reflejas a mi alma que te cita,
En cita ya de noche, ya madura.
Luna de valles, de cantos de Canaria,
Luna de ojos ya negros en el cielo,
¡Ah!, luna que te besa estacionaria
Envuelta en argentino y dulce velo.
Luna cómplice, cálida, gemela;
Luna de encarnaciones, de sucesos,
Vas haciendo esta noche de mi encuentro,
La noche del silencio que desvela,
La noche que se gesta como besos,
La noche de las almas en su centro
.


Polvo de Estrellas


Polvo de estrellas, luces infinitas,
Son astros apurados, descendiendo
Sobre aguas de ojos y de citas,
¡Ah!, Son almas gemelas que no entiendo.
Polvo de estrellas, gráciles auroras
Que caen como lágrimas calladas,
De tus ojos nocturnos, de las horas,
De tu pareja amante, enamorada.
Entre Maya te veo personaje
De niña dulce, cálida profunda,
Enamorada en dulce adolescencia.
Mi verso te desviste del ropaje,
Cual crisálida tu alma se desfunda
En la desnudez vívida de esencia.


Arrullo Infinito

Arrullado en la sombra de tu alma,
En una confesión de tu silencio,
Extasiada y hermosa te presencio
En los besos candentes de tu calma.
Tus cabellos cabalgan en la noche
En nocturnales ríos de oropel,
Mientras tus labios libo como miel
En la luna que pende como broche.
Alma gemela, grácil ilusión,
Enamorada quema tu visión
Junto a asombrosos ríos de la esfera.
 Y tu átomo y mi átomo se abrazan,
Ya se funden y se adoran y se casan
En los siglos y siglos que te espera.

Amantes

Te observo en una terma tan incaica
Orlada de candiles infinitos,
Lejana de llanuras ya prosaicas,
Lejana de creencias y de mitos.
Te observo iluminada por la luna,
Bañada por sus aguas argentinas
Y me tocas las fibras una a una
En sonido que a tiempo más se afina.
El Inca permanece solitario,
Observa dos luceros que se besan
Mientras las aguas bullen las alturas.
Un silencio de cerros esteparios,
A las almas de amor las atraviesa,
Como néctar de frutas ya maduras.



Génesis 

¿Cuántos disfraces cuerpo has vestido?
¿Cuántos sueños amantes has besado?
Al principio del tiempo te he encontrado
En celestial fragancia de tu nido.
 De un suspiro fragante te ha creado
Un Dios arrebatado de delirio
Y entre la gota acerba del martirio
Nació mi alma de tu alma enamorado.
 En la verde pradera Paraíso,
Entre las hojas trémulas del sueño
Descubrí los reflejos de un rubor.
 Mi alma y tu alma en cadena satisfizo,
Cual náyade amorosa, vivo empeño,
El pacto sempiterno del amor.



El Juramento


Tus ojos se encontraron en mis ojos,
¡Ah!, Como dos magnolias frente al cierzo.
Me desnudé de ansias y de antojos,
De asolapados bríos y de esfuerzo.
Campesina sutil de piel morena,
De abigarradas túnicas y atuendos:
Floreciste la India tan serena
Entre la muchedumbre y los estruendos.
El Brahamín calló de noche eterna
Y puso en la piel tersa de tu cuello,
¡Ay!, un collar de besos enrollados.
Ante la muerte, junto a la caverna,
Un juramento vino del resuello:
¡Estaré junto a ti, mi enamorado!


Soledad

En esos pasos viejos del sendero
Fui buscando la vía de tu huella,
Buscando los rastrojos del te quiero,
Buscando el juramento de tu estrella.
Te observé como amante de un señor,
¡Ah!, bebí los suspiros del deseo
porque en otros buscabas a mi amor
arrebatada y dulce en devaneo.
Como incienso quemé toda esa vida,
Como río dejé fluir tus besos,
Como estrella vi cálidos tus hijos,
Como candil fui tu luz más querida,
Como espacio dejé ser los cerezos,
Como muerte quedé a tus ojos fijos.
Instintos
En la pradera, junto a un bosque umbroso
Corrías con atuendos sobre el viento,
Se entallaba tu cuerpo tan hermoso
Como un huracán tibio que hoy lo siento.
Y mis brazos abiertos a tu aliento,
Mis dedos pincelando tu silueta,
Mis oídos beodos en tu acento,
Tus suspiros callados en receta.
La noche medieval de los castillos
Pulula sobre el lecho en que me amas
Embriagada de besos tan sencillos
Que al pedir sobre ellos me reclamas.
Hubo éxtasis soñados infinitos,
Orgásmicos sucesos inescritos.




Almas Perdidas


Los años se me han ido de las manos,
La nieve se deshoja en la amargura,
Entre amantes ya busco tu figura
Y el otoño se viste de mundano.
Triturando las hojas ya marchitas,
Viendo las conjunciones de los astros,
Haciendo en los mil rostros un catastro:
¡Alma mía, no vienes a la cita!
Cuántas vidas de ya mágica espera,
Cuántos siglos de años vesperales,
Con la vacua esperanza de tus besos.
Y mi búsqueda va sobre las eras,
De adivinos, oráculos banales,
Buscando al fin los rayos del suceso.


Sacerdotisa

Dioses griegos, Olimpo del Parnaso,
Mil columnas colgadas desde el cielo,
Adherido a las huellas de tus pasos
Aparece tu alma, tu gemelo.
Sacerdotisa grácil del oráculo,
Callada de hermosura te contemplo,
Sonriente, detenida con tu báculo
En los mármoles viejos de aquel templo.
El guerrero dejó las mil batallas,
Las espadas los cintos enfundados,
Los asaltos, rupturas de las vallas,
Los sonidos de espadas escuchados.
El guerrero sonrió a la criatura
Y bebió ya del pozo su hermosura.


Renunciante


Junto al sándalo, ínclita me rezas,
Las mil cuentas calladas del Señor,
Alejados del ruido y la pereza,
Un silencio me coge arrollador.
Y te observo con piernas enlazadas
Levitando en aroma misterioso,
Mientras quemo ya mi alma enamorada,
En las llamas del fuego de tu gozo.
Me mostraste, en febril comedia viva,
Tantos pasos lejanos de tu rada,
Que confusa ya mi alma se desdijo.
No fuiste ni el capricho, ni la diva,
Ni el milagro de bella consumada,
Tan sólo el aire vivo en que me fijo.

Rosa Negra

Tanto tiempo de viajes y de espera,
tantos años soñados y vividos,
de subterráneos cantos reprimidos,
de amores y ganancias pasajeras.
Tantos besos callados, exigidos,
colinas de mujeres infinitas
en tiempo y estaciones exquisitas:
¡tantos años ya fuera de tu nido!
Y una tarde en el prado de los sueños,
en tus silencios claros y pequeños,
una brisa de amor ya nos integra.
Fue un jardín luminoso y soñado,
En un jardín de sueños ya bordados,
floreciste a mi vida, rosa negra

Dos Gotas

Dos gotas de rocío abrazadas
en un tiempo de sueños infinitos;
dos gotas de rocío enamoradas
en las hojas de versos inescritos.
Dos gotas de rocío floreciendo
en las hojas de tiempos acallados,
dos gotas de rocío sucediendo
en la carpintería del collado.
Dos gotas de rocío ya fundidas
en cristales de besos fulgurantes;
dos gotas de rocío mañaneras
en mirada y silencios confundidas,
dos gotas de rocío anhelantes
como eternas y ya viejas compañeras.
Sonetos para un encuentro
Llegaste a mis manos cálida mujer
con tu hermosa túnica color de luto,
con esos silencios callados y enjutos
con un universo vestido de ayer.
Llegaste del cierzo con paso cansino,
abrigando llegaste esperanzas perdidas,
masticando noches, suturando heridas,
batallas ganadas al fiero destino.
Con pasos llegaste de dulce gorrión
en bosques umbrosos, vestidos de frío,
en lagos azules soñados de encanto,
en las notas llegaste de alguna canción.
Floreciste como fruta del estío
o una flor de loto por sobre el espanto.
De mañana te vi, y de aurora eterna,
en un desgranar de gráciles reflejos,
en un universo vestido de espejos,
en la soledad de una triste caverna.
Te encontré pintada una tarde de enero
en las cicatrices de una infancia triste
cuando un soplo de ábrego ya te desviste
y mi esencia muere de tanto que espero.
Me vestí de piel y colinas calladas,
de tus pasos vine brotando al sueño,
de tus ojos al aliento suspirante,
de niña, aroma de mujer amada,
aroma de besos, anhelos pequeños
que rueda de piel, dedos y amor amante.
Te encontré encerrada, en castillo fiero,
te encontré dudando en tu interno fuero.
Te encontré entonando de la gaita un cielo,
te encontré enredada, deshojando un velo.
Tejiendo de sol tus cabellos al viento,
de perfumes brotas como el pensamiento
y no reconoces mi esencia dormida,
y no reconoces tu vida en tantas vidas.
Estreché tu cuerpo para abrir tus puertas,
arañé tu pecho cansado y desierto,
y mis besos fueron en tus ansias muertas
y quemé mis ganas en un sueño incierto
y mi alma lloró en suavidad cautiva
para tiritar sobre tus llagas vivas.

Al final del túnel. Luís García Fernández

Al Final del Túnel

Tu,

que sorteaste tu propio rastro de sangre

de estertores podridos en el preciso instante

en el que esquivando sus vivas aristas,

y en el que atisbando

un instante de incertidumbre

intuiste,

con la impaciencia

de quien siente como se le acerca

su noche de bodas,

el oscuro y silencioso saludo

que, con toda seguridad,

habrían de dedicarte al final del viaje,

no pudiste por menos que,

observando como la inmediatez de tu destino,

tan maltrecho como los imprevisibles propósitos

de la mañana que te tocó vivir,

y perturbado por la resaca del escaso sueño

del que aún eras poseedor,

decidir,

desposeído del don del habla,

amén de otras traiciones,

el mantener hasta el final tan augusta expresión,

bastón de mando incluido,

y dedicar a los presentes

un ceremonioso saludo cargado de halitosis estival

y de muelas dañadas

y deseosas de pasar a mejor vida.

Y así,

ajeno a tu irreconciliable condición póstuma,

hubiste de escuchar al final del túnel

cual trompetas de Jerifó,
los bramidos de los cañones

envueltos en malsanos hedores de pólvora quemada,

con la desmesura de quien se siente desbaratado

por un lujurioso exabrupto

que nada tiene de amoroso.

Y cayéndote de bruces
mientras escuchabas el latido de la tierra

reclamando su dote

hubiste de comprobar que,

en este condenado país,

los indultos continúan llegando a destiempo,

como siempre. 

(1999)

El olivo de mis sueños. Álvaro Morales



EL OLIVO DE MIS SUEÑOS

Primer Premio de Poesía del Concurso Nacional de Poesía de la Feria del Olivo de Montoro (Córdoba)

A mi hijo Álvaro de quien espero toda su poesía


La mañana llegó
y las estrellas del sol celosas miraban,
cuando se desvanecían,
los sueños que habían sido de ellas.
Las manos frías
surcaban por el laberinto de las hojas
que a pesar de tus años
aún oyen suspiros.
El latido de la tierra
buscaba tu jugo,
el alba desgarraba tus verdes hojas
al sonido de la vieja campana
que en lontananza se oía.
Eres el manto verde del orgulloso monte
que guarda los recuerdos de un ayer
que es hoy y será siempre.
Recuerdo cuando niño
ver pañuelos blancos de aves en tus ramas,
cuando comenzabas a ser el amigo
de mis fantasías lejanas.
Tu sombra me hacia ver el espejismo
de tantos sueños
cuando cantaba a tu rostro verde
cargado de jugo.
He muerto a tus pies
junto a la paz que de ti sale.
Eres el árbol de la miel
y el pan del mañana.
Veo el hielo del silencio
pasar por mi mente
y veo a la mujer de mis sueños
como tus ramas
que abrazo.
Apoyo mi cabeza en la lama
que surge de tus raíces
y mis manos recorren tu cintura.
Me proteges del duro sol del estío.
Olivo milenario del milenario jardín.
Olivo de mis abluciones.
Tu fronda abriga mi cuerpo.
Vendrán los tiempos de cosecha
y mis sueños regresaran del secuestro
de tu archivo que permanece perdido
en el crepúsculo de la mañana.
El olor de tu aroma calmara mi sed.
Ahora pienso…
¿cuando fue la primera vez que te vi…?
¿cuando creí en tu inmortalidad?
¿cuando comencé a compartir mis sueños contigo.?
Mis diálogos y reuniones…
escribíamos juntos bajo tu sombra…
te curé las heridas
que el viento….
y el agua….
hicieron….
Aprendí a hacer poemas a tu lado,
a caminar por ellos como
aves por tus ramas
a compartirte con mis mariposas.
Cada mañana oigo tu infinito silencio
amo mi paciencia de esperarte siempre.
Ahora soy el viejo niño
que te encontró
cuando quise ser poeta…
¡en la noche y en la mañana!
y mis manos te volvieron a tocar,
un viejo secreto recorre de nuevo mi sangre,
¡es como si amara al hombre!
El que planto tus semillas en la tierra seca,
y tu vida profunda
salió de su encierro hacia el sol
dónde sonríe al ver tu fertilidad
que tiembla de pasión
con el influjo de espirituales lluvias
brotando tus hijos
y los pájaros al acariciarlos.
Celeste salvaje rayo
cuando en la agreste,
topografía de las tierras del sur,
en la mañana que el cielo
derramaba sus lagrimas
por sus grandes ojos;
bebieron tus hijos
que ardían en dura sequía.
Contigo jugaban animales
cuando tu mundo en flor
decía que se había cumplido el nuevo ciclo.
¡Árbol del mundo.!
¡Sostén del cielo que aguanta la tierra!
Árbol de Minerva; sabiduría de la diosa
que el campesino comparte.
¡Árbol de manjares.!
¡Árbol social de ceremonias y ofrendas!.
Hoy, en mi fabrica de sueños,
cuando he vencido a los molinos
veo que mi alma no envejece.
¡Es un sueño azul con aroma de deseo,
lleno de vida asomado al futuro!
¡es el amanecer de pasiones!
¡es como el frágil espejo
que florece ante el rostro del pueblo
entre temores y miedos!.
También el verde olivo
pasea tus campos y cuida de ti.
Pero que nadie cierre las sendas
que dio a los hombres su ilusión
como cada poema a su poeta.
autor: Poeta – ALVARO MORALES

Pensamientos Idílicos. Francisco Llánez Ramírez

UN AUTOR DE HUELVA PARA EL MUNDO 


Pensamientos Idílicos
Hoy., me he atragantado de tú ser.
He transpirado todo el aroma de Azucena que me deja tú cuerpo.,
y,
con permiso de Dios.,
te he explorado como yo quería.
Nada de fingimientos retóricos que perturben mi fantasía.
¡ Loco !
Loco de pasión., te he enmarcado en la nube azul de mis delirios.,
y,
en ese silencio que deja el Amor entre todas la cosas ocultas.,
he cortado una rosa, que simule tú piel..
Nota del copiador : Este me lo envió en un folio A3,
en la parte inferior izquierda este texto
que como siempre respeto
en todos sus puntos y comas
En la parte superior derecha a plumilla hechos
dos lindos Pajarillos con gracia y salero Andaluz
dándose el \” piquillo \” o más bien retratado, se lo iban a dar o se lo habían dado
en lo arto de una verde Acacia.
Tus besos
Tus besos son, como plumillas acariciantes de avecillas diminutas…
Levísimos toques que trasciende los sentidos…
Suspiros imantados y absorbidos, cual la Abeja en la Flor.
Tus besos son ., extremadamente lánguidos…
Lánguidos y abrasadores como una elíptica astral.-
Tienen mucho del volátil danzar de las Libélulas…
¡ Suavemente reposados..!
¡ Como si quisieran alcanzar esa nube rosada que soliera ser prodigio de
soñadas ambiciones..!
¡ De maquinaciones de Amor, como tus besos..!
Besos con mezcla de delirios palpitantes., confidentes y elípticos como el Sol…
Como una lenta sinfonía que elevara sus notas hacia una mansión
Angelical: Besos repetidos y acompasados…
Sublimes y casi inestinguidos…
Besos de Almíbares celestiales como macerados por las manos de Dios…
Besos de la consolación con desprendimiento de la amargura., de la
gloria infinitamente excelsa, que son tus besos…
¡ Tus besos .. !
¡ Siempre tus besos, La Cruz de mi Alma..!
FRANCISCO LLÁNES RAMÍREZ
Nacido en febrero de 1913
Valverde del Camino ( Huelva )

No importa el tiempo. Patricia Marí de Diego

MORDER AL SOL  


Es como morder al sol
tocar la palma de tu mano
con la lengua.
Tras posarse, ingrávidos, los labios
en las cimas de tus dedos
descienden
como una cascada de flamencos
deslizándose,
falange por falange,
hasta caer en la palma de tu mano.
Es como morder al sol.
Así es besarte.
(13/9/2000)


TORMENTA


  Se distancian las nubes.
Lejanas,
rasgan su velo blanco en el llanto de horas
infelices,
infalibles,
en una sátira de tules inflamados,
insondables,
incansables,
tan grises como muertos,
delirantes
y pasivos.
Inalcanzables.
Se deslizan las nubes,
quietas, allá en el fondo.
Los dos pájaros se vuelan las alas
para explotar en el llanto.
Miradas de semilla negra contra el fondo gris de un árbol
solo.
La primavera está más muerta que nunca.
¡Qué hermosa vuela en su podredumbre infinita!
Y llega estéril a acariciar
la mano de la escriba.
Los ojos inflamados no miran más de cerca;
no pueden;
rojos,
sin llanto.
Los ojos rojos de una primavera en celo
que vive arrancando los despojos de la vida
ya pasada.
Siempre igual.
Siempre lejos.
Cabalga el espectro de una nube sangrante,
como único superviviente de la mañana gloriosa,
derrochando gota a gota su plenitud efímera,
flotando por momentos.
(Como único superviviente de una mañana gloriosa)
Vuelven a respirar las torres y los álamos.
Ya cesó la tormenta
y seguimos escribiendo.
(8/5/2000)

NO IMPORTA EL TIEMPO  

Hoy vuelan las olas
frente a un loco perdido en la playa.
Hoy se cierran las horas
y estrellan su espuma de segundos luminosos
en mi frente.
Hoy no importa el tiempo.
Hoy, naufragan las calles vacías
hacia el abismo de unos ojos implacables,
llenos de soledad entre niebla.
Hoy,
            naufragan
                        abismos
                                    en niebla.
 
Hoy se quebró el momento
de escuchar el miedo de las rocas.
  Hoy, vuelan las olas,
se cierran las horas,
no importa el tiempo.
 (23/8/2002) 

El nombre prohibido. Patricia Marí de Diego

LLUVIA 

 Hoy no hay lluvia.
Ha entrado la noche en silencio
y no hay lluvia.
Impresiono tus dedos
en caricias de piel brillante
hacia un vientre firme en lunas,
hacia una caída de amante,
detrás del olor de la lluvia.
Un silencio extático.
Se resbala una luna del pecho
en caída lenta por tu espalda,
suaves latidos que apuntan su cumbre
(deliciosa cima)
para herirte de un frío extraño,
para helarte
reflejando el calor del abrazo.
Amanecen los gemidos del alba.
Y aparecen las primeras gotas,
rocío liberado de las flores,
la única flor que se ha abierto esta noche
ha bebido la lluvia del amado.
Amanece,
y llueve en el silencio
de quienes duermen abrazados.
(25/8/2002)

EL NOMBRE PROHIBIDO

  La unión de dos flores abiertas
entrecruzando ecuadores de mi género,
confusas,
lluviosas,
latiendo al compás;
de una prohibición lasciva y sin nombre es
la belleza que se oculta entre sus hombros,
y, sobrepasada la barrera del deseo,
verás la libertad sobre ti misma,
amando en un reflejo de tu cuerpo
el suyo propio.
Se avecina la tormenta y la hora del saber.
¿Y quién querrá ver la verdad tras de mis ojos?
Un nombre prohibido.
Su nombre
que acuna mi sonrisa.
(17/8/2000)


Así a bote pronto

Por Patri en 26-09-2003 01:20
A ver qué análisis sugiere ésto:

Y donde se quedan las pateras,
hasta ahí quiero ir yo:
respirar salitre
mezclado con el miedo,
mezclado con la arena y con el odio;
hasta allí, hasta esa playa,
donde duermen y vigilan las rocas,
donde hay limo agazapado
esperando atraparte en un descuido,
Allí, a esa playa,
hasta esa playa cercana,
hasta ahí quiero ir yo.
(25/9/2003)

HOMMAGE

  Escribir el poema más hermoso,
emergente,
tan hermoso como la caída entre sus senos,
un poema perdido en las miradas del espejo,
un poema llameante.
Quise encontrar y sigo buscando
la creación más hermosa que el mundo pueda darme,
sigo buscando,
y encontrando,
y perdiendo.
Pero, mira ese camino que baja de entre sus senos,
míralo a través del espejo,
mira hacia el mundo, concentrado en el sendero,
estrecho,
profundo,
rodeado de cinturas y de espaldas victoriosas;
míralo
y encontrarás el poema más hermoso,
emergente,
tan hermoso la caída hacia su cuello,
llameante…

(17/8/2000)

12/9/2003
Por Patri en 24-09-2003 01:48
(Quién me iba a decir a mí que me iban a salir unos versitos a partir de una canción de Alejandro Sanz…)

 \”A veces sueño que no amanece, que nos perdermos\”

No, no amanece,
ni hay luna que te alumbre.
No hay persianas ni hay cristales
en esta Torre de Babel
donde no te encuentra nadie
ni te encuentras tú, sola,
cerca del frío.
Del silencio que te sigue los pasos
no digas nada,
ni una palabra,
que hoy no hay quien te abrigue,
ni la voz que te entra por la ventana
No digas nada.
Y en el choque algo se muere,
algo lento, en larga espera,
Algo único.
Lejos del frío.
No digas nada.

Nunca te fíes de aguas tranquilas. Patricia Marí de Diego

DESEOS

Ojalá supiera crear el poema más hermoso

el poema más sencillo

el poema no-poema
el poema beso
(tan dulce…)
Si pudiera escribir siquiera un verso
que te atravesara
que te durmiera
que te doliera
que te calmara
Si tuviera en mis manos el poder de la sonrisa
de dar luz a tus labios
de hacer brillar tus ojos
de traer el cielo a tu arrullo
o de elevar un cuerpo ante tu beso
Si tan sólo fuera capaz de hacer sonreír a tu mirada…

(Para …, por una futura sonrisa)



NUNCA TE FÍES DE AGUAS TRANQUILAS




Por Patri en 23-10-2003 19:55 


Oigo el fondo del canto de las olas
en esta cavidad marchita
que ha dado en llamarse mi cabeza;
fondo rumoroso
batiente contra el cráneo;
fondo lastimado
que ataca porque un día ha de morir;
el fondo del canto que carcome,
ese fondo rumoroso y lastimado;
El fondo
del canto
de las olas.
Lo escucho
y dibujo una superficie de perfecta calma.

(22/10/2003)

Sueños Líquidos. Patricia Marí de Diego


Hay un elixir de menta y lágrimas en la boca
de perlas polvorientas con limo amarillento
que abate la calma.
Te retuerces entre brillos desesperados
y alimentas el ansia de fuga
ante la huida de tu propio tiempo
al llegar la fuente de mareas en la noche,
la belleza y alegría de diez eternas mariposas,
de colores entre tanta mansedumbre apagada
que rezumo dolorida,
sin cesar el gorgoteo de energía luminosa.
Y algo se duerme entre hojarasca,
algo expandido entre fríos invernales,
los labios han callado tras la hierba nocturna
para dejar paso a la delicada madrugada de rocío
que congela silenciosa los lamentos.
Oigo susurros enlutados que llaman sin decir una palabra
donde apartarse es acunar a la verdad,
y es dejar enamorados los cipreses
tras la luna lejana de azafrán y penas,
de silencio moruno y verde.
Oigo el aire desde lejos,
huelo su líquido lamento,
aquel congelado entre mareas que vuelan
desde hace mucho tiempo atrapadas
por la distancia.
Y la música sola,
que enmudece,
llora la vida que no pasa en vano
por manos deshojadas entretanto.

Y lloro yo mi noche,
mis bellas y solas noches,
tan hermosas como un sueño no alcanzado.
(28/10/02)



Por Patri en 29-10-2002 00:42

SUEÑOS LIQUIDOS 

Te busco. Patricia Mari de Diego

TE BUSCO

Tras las sillas del salón vacío,

De este piano ahora mudo,

Mi mirada recorre el aire triste.

Alma perdida en años de buscar motivos.

Me busco en vano en ellos,

Escondo la verdad de lo que fue

Y emprendo de nuevo el camino.

Vuelo por las calles

Entre farolas apagadas,

Trigales de acero hostil,

Y sigo por mi sendero.

Sol perdido entre miradas perdidas

De quietos suspiros olvidados.

Mediodía entre nubes líquidas

Para las que no hay nadie a quien acunar con su lluvia.

Buscarte se ha convertido en mi destino,

Mi obsesión.

Amor extraño e insatisfecho.

Porque ya no me consuelo estando sola,

Sólo hay luces en mi mente si te sueño.

El día que aún no viene,

Calor perdido de antemano.

De poder pedir, pediría que vinieras

Tu risa y tu calma en ese día,

Piel y labios, luz en mis venas.

Puede que nunca te encuentre, o bien

Volverme al lugar de donde vine.

A pesar de ello, seguiré adelante,

La vida entera

Vida para vivirla junto a ti.

(Para Borja)

(1/9/2002)

   ©  para ver más de la autora

    Sueños Líquidos
    No te fíes de las aguas tranquilas
    Dedicado
    Así, a bote pronto
    El pájaro cobarde
    Lluvia
    El nombre prohibido
    Hommage
    a veces sueño que no amanece, que nos perdemos
    No importa
    Carta
    Día Segundo
    Día primero
    Necesito respuestas
    Un trozo de noche madrileña

El día del abuelito. Blanca Márquez Rascón

 28 DE AGOSTO, EL DIA DEL ABUELITO

¿Cuál será el motivo de celebración que estos adultos mayores pueden tener el próximo 28 de agosto? ¿Será acaso que la edad y las enfermedades les han arrebatado la fortaleza? ¿El olvido de sus hijos? o ¿qué las calles, para algunos, o el asilo, para otros, es el lugar donde esperan sus últimos días?
 
Ser abuelo no es sólo motivo para festejar un día. A la luz de la enseñanza bíblica, la vejez se presenta como un «tiempo favorable» para la culminación de la existencia humana, permitiéndole de este modo comprender mejor el sentido de la vida y alcanzar la «sabiduría del corazón».
 
Pero, ¿cuál será el consejo que estos hombres y mujeres en abandono darán, de acuerdo con su dura experiencia, a las nuevas generaciones que, inevitablemente, algún día alcanzarán la «edad de los recuerdos»?…
 
La voz callada de esos diez mil ancianos, que pueden ser más, responde a esa pregunta con el acento urgente del mandato divino: «Honra a tu padre y a tu madre». El Papa Juan Pablo II lo ha dicho: «Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos saben que no corren peligro de ser considerados un peso inútil y embarazoso».
 
El problema no es que sean diez mil muchos más. Con uno que viva esa realidad, ya es un problema. Y más si consideramos que en un futuro, esos ancianos podemos ser nosotros.
 
 
Xóchitl Zepeda León Escribe sobre los Abuelitos algo tan cierto que comparto con ustedes:
El arte de ser abuelo
 
. Nadie puede hacer por los nietos lo que hace el abuelo.
. No es viejo aquel que pierde su cabello o su última muela, sino el que pierde su única esperanza.
. Cuando seas viejo en la carne, sé joven en el alma.
. Dicen que el tiempo pasa. No es verdad. Somos nosotros los que pasamos por él, y cada momento puede darnos fortuna si entendemos.
 
 
Ojalá que todos pensáramos eso de nuestra querida Xochitl.
 
 
 
El 28 de agosto ha sido instituido en México como el Día del Abuelo, y aunque no lo parezca, ser abuelo es un arte que requiere aceptación de la condición de la persona, paciencia, amor y humildad que, por otra parte, son elementos esenciales para vivir con dignidad esta etapa de la vida.
 
Cuando una persona pasa a un segundo plano en el seno familiar, ya sea por su edad avanzada como por el surgimiento de un nuevo jefe familiar, no le resulta fácil; dejar de ser cabeza en el hogar y reducir sus actividades drásticamente, hasta convertirse en una simple voz auxiliar de los hijos -o de los nietos, cuando se lo permiten-, requiere dosis de sensatez, cordura y preparación que no se adquieren en las universidades, pues sólo se consiguen con la experiencia que brindan los años.
 
Los abuelos tienen mucha influencia en la vida familiar. Hoy por hoy, muchos de ellos atienden a los nietos, los cuidan con cariño y paciencia mientras sus padres salen a trabajar. Sin embargo, algunos, al pasar los años sienten y viven el abandono y la soledad, debido, quizás, a la falta de consideración de parte de sus hijos y nietos, y también porque muchos de ellos acusan cierto dejo por vivir la vida, el desinterés los aleja de la vida en sociedad y familiar.
 
Debemos recordar que todos tenemos familia, o quizá, desgraciadamente, ya no la tenemos, pero eso no deja de lado que el cariño que solamente la familia puede dar, nos ayuda a crecer y en ella aprendemos a ser felices.
 
Nuestro primer educador
Cuando somos pequeños, pasamos gran parte de nuestro tiempo compartiendo diversión y aprendizaje con nuestros abuelos, porque ellos, con cariño y paciencia, siembran en nosotros el bien y la fe; Además, son los primeros educadores en cuestiones religiosas, nos enseñan a persignarnos y a saber decir nuestros primeros rezos.
 
Mas, hay miles de abuelos que viven solos, recluidos en asilos, sufriendo la ingratitud del abandono o se quedaron, por la ley de la vida, sin familia. Allí, echan de menos la compañía y el cariño, y añoran la familia que un día formaron.
 
El papel trascendente del abuelo
 
Es importante considerar que el abuelo tiene un papel trascendente en la convivencia familiar. Una encuesta realizada por esta Pastoral, arrojó que los adultos mayores son una pieza clave en la vida familiar. La actual situación de crisis económica, ha propiciado en los matrimonios que tanto el hombre como la mujer se desempeñen laboralmente; en virtud de ello, reciben la ayuda de los abuelos para cuidar a sus hijos, contribuyendo así con su tiempo y dedicación a que los niños sigan sintiendo el calor de un hogar.
 
El Concilio Vaticano II habla mucho de la familia y sus valores humanos cristianos: «El bienestar de la persona y de la sociedad está estrechamente unido a la situación favorable de la familia.
La familia es escuela del más rico humanismo. Así, la familia, en la que coinciden distintas generaciones que se ayudan mutuamente, constituye el fundamento de la sociedad. Gracias a los padres que preceden en el ejemplo y la oración, los hijos y los demás que viven en el círculo familiar, encontrarán con más facilidad el camino del sentido humano, de la salvación y santidad.
 
La convivencia en familia es necesaria para no sentirnos aislados. El abuelo cuyo deseo es ser útil en la familia, necesita ser escuchado, aceptado, comprendido y valorado. En ocasiones existen barreras que nosotros mismos levantamos entre las personas, lo cual dificulta la convivencia en familia; pero en medio de esta situación están los abuelos, procurando no echar más leña al fuego, no estorbar sino unir, sembrando la paz, la comprensión, sabiendo disculpar y sonreír.
 
La serena presencia de las personas de edad avanzada es una bendición para todas las familias y comunidades. Habéis trabajado duramente y por largo tiempo para legar a los jóvenes un mundo mejor. Quiera Dios que experimentes el respeto y la atención afectuosa de las personas que nos rodean. ¡Dios los bendiga siempre!
 
deseo que vivás con paciente abandono los años que el Señor establezca para cada uno, siendo portadores de paz y alegría cristianas en vuestros hogares y comunidades, siempre dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en nosotros, por la fe en Cristo, Nuestro Salvador».
Juan Pablo II, Jubileo de la Tercera Edad. Domingo 17 de septiembre de 2000
 
EN ESTE DIA PROCUREMOS QUE SEAN FELICES,Y QUE DIOS PUEDA DARNOS EL ENTENDIMIENTO Y VALORARLOS SIEMPRE. TODOS LOS DIAS DEL AÑO.

 

El día del abuelito.

 28 DE AGOSTO, EL DIA DEL ABUELITO

¿Cuál será el motivo de celebración que estos adultos mayores pueden tener el próximo 28 de agosto? ¿Será acaso que la edad y las enfermedades les han arrebatado la fortaleza? ¿El olvido de sus hijos? o ¿qué las calles, para algunos, o el asilo, para otros, es el lugar donde esperan sus últimos días?
 
Ser abuelo no es sólo motivo para festejar un día. A la luz de la enseñanza bíblica, la vejez se presenta como un «tiempo favorable» para la culminación de la existencia humana, permitiéndole de este modo comprender mejor el sentido de la vida y alcanzar la «sabiduría del corazón».
 
Pero, ¿cuál será el consejo que estos hombres y mujeres en abandono darán, de acuerdo con su dura experiencia, a las nuevas generaciones que, inevitablemente, algún día alcanzarán la «edad de los recuerdos»?…
 
La voz callada de esos diez mil ancianos, que pueden ser más, responde a esa pregunta con el acento urgente del mandato divino: «Honra a tu padre y a tu madre». El Papa Juan Pablo II lo ha dicho: «Donde el precepto es reconocido y cumplido fielmente, los ancianos saben que no corren peligro de ser considerados un peso inútil y embarazoso».
 
El problema no es que sean diez mil muchos más. Con uno que viva esa realidad, ya es un problema. Y más si consideramos que en un futuro, esos ancianos podemos ser nosotros.
 
 
Xóchitl Zepeda León Escribe sobre los Abuelitos algo tan cierto que comparto con ustedes:
El arte de ser abuelo
 
. Nadie puede hacer por los nietos lo que hace el abuelo.
. No es viejo aquel que pierde su cabello o su última muela, sino el que pierde su única esperanza.
. Cuando seas viejo en la carne, sé joven en el alma.
. Dicen que el tiempo pasa. No es verdad. Somos nosotros los que pasamos por él, y cada momento puede darnos fortuna si entendemos.
 
 
Ojalá que todos pensáramos eso de nuestra querida Xochitl.
 
 
 
El 28 de agosto ha sido instituido en México como el Día del Abuelo, y aunque no lo parezca, ser abuelo es un arte que requiere aceptación de la condición de la persona, paciencia, amor y humildad que, por otra parte, son elementos esenciales para vivir con dignidad esta etapa de la vida.
 
Cuando una persona pasa a un segundo plano en el seno familiar, ya sea por su edad avanzada como por el surgimiento de un nuevo jefe familiar, no le resulta fácil; dejar de ser cabeza en el hogar y reducir sus actividades drásticamente, hasta convertirse en una simple voz auxiliar de los hijos -o de los nietos, cuando se lo permiten-, requiere dosis de sensatez, cordura y preparación que no se adquieren en las universidades, pues sólo se consiguen con la experiencia que brindan los años.
 
Los abuelos tienen mucha influencia en la vida familiar. Hoy por hoy, muchos de ellos atienden a los nietos, los cuidan con cariño y paciencia mientras sus padres salen a trabajar. Sin embargo, algunos, al pasar los años sienten y viven el abandono y la soledad, debido, quizás, a la falta de consideración de parte de sus hijos y nietos, y también porque muchos de ellos acusan cierto dejo por vivir la vida, el desinterés los aleja de la vida en sociedad y familiar.
 
Debemos recordar que todos tenemos familia, o quizá, desgraciadamente, ya no la tenemos, pero eso no deja de lado que el cariño que solamente la familia puede dar, nos ayuda a crecer y en ella aprendemos a ser felices.
 
Nuestro primer educador
Cuando somos pequeños, pasamos gran parte de nuestro tiempo compartiendo diversión y aprendizaje con nuestros abuelos, porque ellos, con cariño y paciencia, siembran en nosotros el bien y la fe; Además, son los primeros educadores en cuestiones religiosas, nos enseñan a persignarnos y a saber decir nuestros primeros rezos.
 
Mas, hay miles de abuelos que viven solos, recluidos en asilos, sufriendo la ingratitud del abandono o se quedaron, por la ley de la vida, sin familia. Allí, echan de menos la compañía y el cariño, y añoran la familia que un día formaron.
 
El papel trascendente del abuelo
 
Es importante considerar que el abuelo tiene un papel trascendente en la convivencia familiar. Una encuesta realizada por esta Pastoral, arrojó que los adultos mayores son una pieza clave en la vida familiar. La actual situación de crisis económica, ha propiciado en los matrimonios que tanto el hombre como la mujer se desempeñen laboralmente; en virtud de ello, reciben la ayuda de los abuelos para cuidar a sus hijos, contribuyendo así con su tiempo y dedicación a que los niños sigan sintiendo el calor de un hogar.
 
El Concilio Vaticano II habla mucho de la familia y sus valores humanos cristianos: «El bienestar de la persona y de la sociedad está estrechamente unido a la situación favorable de la familia.
La familia es escuela del más rico humanismo. Así, la familia, en la que coinciden distintas generaciones que se ayudan mutuamente, constituye el fundamento de la sociedad. Gracias a los padres que preceden en el ejemplo y la oración, los hijos y los demás que viven en el círculo familiar, encontrarán con más facilidad el camino del sentido humano, de la salvación y santidad.
 
La convivencia en familia es necesaria para no sentirnos aislados. El abuelo cuyo deseo es ser útil en la familia, necesita ser escuchado, aceptado, comprendido y valorado. En ocasiones existen barreras que nosotros mismos levantamos entre las personas, lo cual dificulta la convivencia en familia; pero en medio de esta situación están los abuelos, procurando no echar más leña al fuego, no estorbar sino unir, sembrando la paz, la comprensión, sabiendo disculpar y sonreír.
 
La serena presencia de las personas de edad avanzada es una bendición para todas las familias y comunidades. Habéis trabajado duramente y por largo tiempo para legar a los jóvenes un mundo mejor. Quiera Dios que experimentes el respeto y la atención afectuosa de las personas que nos rodean. ¡Dios los bendiga siempre!
 
deseo que vivás con paciente abandono los años que el Señor establezca para cada uno, siendo portadores de paz y alegría cristianas en vuestros hogares y comunidades, siempre dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en nosotros, por la fe en Cristo, Nuestro Salvador».
Juan Pablo II, Jubileo de la Tercera Edad. Domingo 17 de septiembre de 2000
 
EN ESTE DIA PROCUREMOS QUE SEAN FELICES,Y QUE DIOS PUEDA DARNOS EL ENTENDIMIENTO Y VALORARLOS SIEMPRE. TODOS LOS DIAS DEL AÑO.

Blanca Márquez Rascón

 

La noche más triste. Andrés Rubia Pedreño

15 de Marzo: La noche más triste de mi vida,

                   
                   y en su móvil:
                                        tres llamadas sin contestar…
                                                                                     … mías…
 
                     No tiene gracia que la luna creciente me sonría.
 
                      Ni Melchor, Gaspar ni Baltasar te trajeron en un cofre.
 
                      El diablo nunca peca más que Satanás.
 
                      Esta noche toca contar cometas.
 
                      ¿Pero dónde está mi estrella?
 
                       Cuando el pavo escucha panderetas las saetas son cantos de requiem.
 
                     Nada más estúpido que un poeta acechante a tu llamada.
 
                      Nos cruzamos miradas por Navidad y allá,
 
                      más allá de los sonetos…
 
                      ¿Pero qué estoy haciendo cerca de Abril?¿versos?
 
                       Pobre pavo navideño aquel que conmoviste.
 
                       Esta noche es la noche más triste.
 
                       Me voy de copas.
 
                       La soledad invita por si las moscas se me olvida naufragar.
 
                       Cuando el pavo escucha panderetas…
 
                       ¿Dónde estarán mis cometas?
 
                       No tiene gracia que la luna me sonría.
 
                       Hay en tu móvil tres llamadas sin contestar… por cierto:
                   
                      Te escribo aún sobrio, entre copas y todavía sin llorar.
                  
                       La noche más triste de mi vida.
 
                       –Póngame otra, no tenga cuidado —
 
                        El Diablo nunca peca más que Satanás.
 
                   
 
                                    Andrés Rubia

Yo tenía una bicicleta roja. Antonio Almécija Blanes

 Yo tenía una bici roja, yo tenía un amigo en África… Nació a orillas del Almar, un río pequeño y ambicioso que se dirige inevitablemente a su destino: Al-mar, a los océanos, a lo desconocido. Almar, una metáfora de su propia vida. Fue a un colegio de curas, logró aprender todo lo que no enseñan y a sumar y escribir casi a la perfección. Enseguida se hizo director, organizó las clases, el recreo, incluso la limpieza ¡agua vaaa! Calderos y calderos se deslizaban por corredores con tal fuerza que llegaban a la vez al piso de abajo por el techo y la escalera.

En los deportes era un hacha –siempre el campeón- campeón de pantalones rotos, bolsillos descosidos y algún que otro chichón ¡ahí va el balón, esa cabeza! Pero los balones no siempre eran inteligentes y confundían la portería con la ventana del Director, el otro, el que llevaba sotana hasta los pies. Cuando esto sucedía se producía el “choque de competencias”. Y pronto el colegio se hizo pequeño y el pueblo demasiado llano y la torre de ladrillo rojo demasiado baja para vigía de su mar.


Y así, un día partió “de Mancera a Macotera, de San Juan de la Cruz\” la Cruz a Lucifera…” al Madrid de Carabanchel, a la pandilla a los primeros cigarros, las primeras correrías, a los cines de barrio, a la doble sesión, no sé muy bien si porque había dos películas o porque aprovechaba las últimas filas. Y surgió su amor por el cine, adoró los primeros planos y voló a Casablanca unos cientos de veces. Poco a poco fue dando rienda suelta a su “libertad”, a sus impulsos, a su afán de transformación de todo lo que tocaba o percibían sus sentidos. Fue generando una enorme pasión por aprender todo lo que aprehendían sus manos, su vista, su oído. Su retina fue su primera cámara fotográfica, sus manos ¡ay sus manos! Eran capaces de modelar, reparar o destrozar todo lo que caía en ellas.

Y al igual que aquel colegio, su casa, su entorno, se le hizo pequeño, comenzó a vivir su propia vida. Dejó la familia, buscó trabajo, hizo mil y una chapuzas, fue pinche, camarero, monitor, arreglador de máquinas y enseres varios… y un día decidió estudiar, así como lo hacían otros, con matrícula, escuela y un horario fijo. Superó todas las pruebas que le pusieron y decidió hacerse maestro –MAESTRO- y quiso ser el mejor, el director que había sido cuando niño. Y otra vez el mundo se le hizo pequeño y se acordó de Almar y cogió la mochila, un avión y Casablanca y comenzó su vida, otra, en otras tierras, con otras gentes, otro color, un nuevo calendario. En una de sus cartas decía: “… el desierto es inmenso, tanto que desde arriba los ríos son como dedos, como huellas sobre la pared y de vez en cuando una palmera…” 

Antonio Francisco . (Jamás se apaga el mejor recuerdo).

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