19.- Viejos Sones, Fernando Rebollo (76)

Hola viajero del ciberespacio, esta es nuestra sección para que conozcas un poco más la comarca del Andévalo de Huelva, para que te adentres en una tierra solidaria y en crisis, para que conozcas a estas buenas gentes, a los andevaleños del ayer, del hoy y del mañana, a los de la diáspora. Gracias por visitarnos. Esperamos tus comentarios, tus críticas y sugerencias. Cada semana un relato nuevo para que nos vayas conociendo, para que te vayas adentrando en la memoria colectiva de esta tierra.

VIEJOS SONES
Quisiéramos darte la bienvenida viajero con un fandango de nuestra tierra:
\”Aquellos toques de tambor
que escuchaba de niño a mi padre
ahora los toco y los siento
y me calientan la sangre
ahora que mi padre es viento.\”

El tambor y la flauta que tantas veces ha sonado en las fiestas y romerías del Andévalo, \”el Pollo\” natural de Cartaya que una madrugada nos dejó descansando una fiesta, aguardiente y caballos en la calle todavía continuaban. Su padre el \”Gallo\”, un tamborilero de solera, ganador de algunos premios en Madrid.

Viejas flautas y tambores suenan y rompen el silencio mañanero por las calles empedradas mientras niños y mayores lo siguen y otros se asoman a la ventana en lo que se denomina \”toques de Diana\”.
El pollo avanza ahora y se para cerca de una puerta amiga y toca unas sevillanas de los hermanos Toronjo, \”flores, flores a ella\” nos dice la flauta mientras el tambor suena y los del corro permanecen expectantes. Geranios en algún balcón, algunas macetas de \”pilistras\” en los pasillos de alguna casa abierta, una bella muchacha con un clavel en el pelo recién bañada y perfumada que tal vez encontrará en esta ocasión amor eterno \”ay amor mi cama es ancha\” le diría yo. Me he convertido por momentos en un cohetero y rompo el silencio con pólvora, con más y mas pólvora para que más y mas muchachas como estas se asomen a esta procesión mañanera de toques antiguos. Sé que en algún tramo de esta calle o tal vez en la siguiente unos ojos me obligarán a parar, tal vez asomada en la baranda, tal vez tras las rejas de una ventana una linda morena o tal vez rubia (suelen ser menos frecuentes) obligue al jilguero a posarse en el limonero y cantar desde allí todo su repertorio. \”Ven amor, te llevaré conmigo\” parece decirle.

Entrego los bártulos de la cohetería (una tabla con dos cáncamos, los cohetes los lleva un niño) a algún aficionado a la pólvora y entablo diatriba amorosa con esta mi nueva dueña, mientras alguna vecina alcahueta toma nota de los rasgos de este forastero.  El pollo sigue avanzando con la comitiva con su alegre toque, yo me quedo, nada mejor para el amor, que este sonido de fondo. Nos veremos luego en los demás actos de la fiesta y tal vez para siempre nuestra vida será un acto, un sublime acto de amor.

Sultanas de coco, toma niña para ti, tomamos, mientras ella me cuenta las peculiares características de la fiesta, mientras se emociona a la salida de la virgen de su ermita, mientras contempla como una vecina llora la muerte de su hijo junto al altar, mientras ve como bailan la antiquísima danza de las espadas junto a la virgen. Sentados en una silla de nea, en un patio, meses mas tarde una muchacha y un muchacho hablan de sus cosas, proyectos e incertidumbres, nuevos y viejos caminos.

La caravana del tiempo no se detiene y años mas tarde le nacerán retoños en Sevilla primero, luego en Madrid, que por Navidad vendrán a ser acogidos en los brazos de una cariñosa anciana que los llenará de atenciones, \”Mis niños, mis niños\”, aquel viejo campesino echará una lagrimita de emoción casi a escondidas (los hombres no lloran). Estos niños siguen en la distancia siendo del Sur, de un Sur donde siempre encontraron el calor humano, ese calor del que tu amigo Miguel nos hablas.

Revista n 2, año 2 Diciembre 2000

Viejos Sones,

Hola viajero del ciberespacio, esta es nuestra sección para que conozcas un poco más la comarca del Andévalo de Huelva, para que te adentres en una tierra solidaria y en crisis, para que conozcas a estas buenas gentes, a los andevaleños del ayer, del hoy y del mañana, a los de la diáspora. Gracias por visitarnos. Esperamos tus comentarios, tus críticas y sugerencias. Cada semana un relato nuevo para que nos vayas conociendo, para que te vayas adentrando en la memoria colectiva de esta tierra.

VIEJOS SONES
Quisiéramos darte la bienvenida viajero con un fandango de nuestra tierra:

\”Aquellos toques de tambor
que escuchaba de niño a mi padre
ahora los toco y los siento
y me calientan la sangre
ahora que mi padre es viento.\”

El tambor y la flauta que tantas veces ha sonado en las fiestas y romerías del Andévalo, \”el Pollo\” natural de Cartaya que una madrugada nos dejó descansando una fiesta, aguardiente y caballos en la calle todavía continuaban. Su padre el \”Gallo\”, un tamborilero de solera, ganador de algunos premios en Madrid.

Viejas flautas y tambores suenan y rompen el silencio mañanero por las calles empedradas mientras niños y mayores lo siguen y otros se asoman a la ventana en lo que se denomina \”toques de Diana\”.

El pollo avanza ahora y se para cerca de una puerta amiga y toca unas sevillanas de los hermanos Toronjo, \”flores, flores a ella\” nos dice la flauta mientras el tambor suena y los del corro permanecen expectantes. Geranios en algún balcón, algunas macetas de \”pilistras\” en los pasillos de alguna casa abierta, una bella muchacha con un clavel en el pelo recién bañada y perfumada que tal vez encontrará en esta ocasión amor eterno \”ay amor mi cama es ancha\” le diría yo. Me he convertido por momentos en un cohetero y rompo el silencio con pólvora, con más y mas pólvora para que más y mas muchachas como estas se asomen a esta procesión mañanera de toques antiguos. Sé que en algún tramo de esta calle o tal vez en la siguiente unos ojos me obligarán a parar, tal vez asomada en la baranda, tal vez tras las rejas de una ventana una linda morena o tal vez rubia (suelen ser menos frecuentes) obligue al jilguero a posarse en el limonero y cantar desde allí todo su repertorio. \”Ven amor, te llevaré conmigo\” parece decirle.

Entrego los bártulos de la cohetería (una tabla con dos cáncamos, los cohetes los lleva un niño) a algún aficionado a la pólvora y entablo diatriba amorosa con esta mi nueva dueña, mientras alguna vecina alcahueta toma nota de los rasgos de este forastero.  El pollo sigue avanzando con la comitiva con su alegre toque, yo me quedo, nada mejor para el amor, que este sonido de fondo. Nos veremos luego en los demás actos de la fiesta y tal vez para siempre nuestra vida será un acto, un sublime acto de amor.

Sultanas de coco, toma niña para ti, tomamos, mientras ella me cuenta las peculiares características de la fiesta, mientras se emociona a la salida de la virgen de su ermita, mientras contempla como una vecina llora la muerte de su hijo junto al altar, mientras ve como bailan la antiquísima danza de las espadas junto a la virgen. Sentados en una silla de nea, en un patio, meses mas tarde una muchacha y un muchacho hablan de sus cosas, proyectos e incertidumbres, nuevos y viejos caminos.

La caravana del tiempo no se detiene y años mas tarde le nacerán retoños en Sevilla primero, luego en Madrid, que por Navidad vendrán a ser acogidos en los brazos de una cariñosa anciana que los llenará de atenciones, \”Mis niños, mis niños\”, aquel viejo campesino echará una lagrimita de emoción casi a escondidas (los hombres no lloran). Estos niños siguen en la distancia siendo del Sur, de un Sur donde siempre encontraron el calor humano, ese calor del que tu amigo Miguel nos hablas.

Revista n 2, año 2 Diciembre 2000
Fernando Rebollo (76)

Minero Triste.- Fernando Rebollo

Sube despacio la cuesta Manuel, hasta acercarse al malacate que alto como vigía divisa toda la sierra, la silicosis pesa en sus pulmones, mina, mina, mina y campo es todo lo que Manuel ha conocido, aguardiente en la taberna, fandangos y zarzas que crecen libres en los barrancos donde el agua roja de minerales no ha llegado. Manuel siente tristeza, el malacate ya está mudo, allá abajo en el fondo el agua negra y sin luz inunda toda las galerías. Riotinto, La Zarza, Herrerías, Tharsis, Buitrón y muchas otras viejas minas por las que su familia se dispersó buscando el pan hoy nada más que tienen silencio.

Riotinto la más vieja mina de Europa fallece en una agonía de hilos no controlables, hilos que fueron creciendo en sus cortas hasta hacerse poderosos, hilos que han trenzado comunicaciones por canales metálicos, precio del cobre, coyuntura mineral. Se acerca Manuel al pozo y ve como las traviesas de madera parten desde el comienzo hasta abajo hasta perderse en el fondo, traviesas y postes que aguantaban las paredes de la mina, piritas y mas piritas salían por la boca de este pozo.

Siete de la mañana, cuando el día comenzaba a clarear Manuel se sumergía de nuevo en la noche, en el fondo de este pozo, los fantasmas del cobre pululaban por las galerías, el agua se oía algunas veces en regueros de la roca, olor a azufre, botas de agua sobre un fondo que hervía algunas veces.
En otros pozos, los antiguos tartesos gentes que convivían con las jaras, la encina y el romero junto a estas enormes masas de minerales apenas si cabían, ataúdes de metro y medio de altura donde se enterraban en vida, esclavos de romanos desecando las galerías con norias. Un inmenso mundo, un mundo cargado de historia estaba muy cerca de donde Manuel picaba en esta ocasión. Dicen que una vez oyeron gritos lastimeros, esclavos de estas tierras en la inmensidad de la noche, en la profundidad de las galerías.
El fin de semana pensaba allí abajo Manuel, cuidaré un poco el huerto, repararé la pared de piedra.
Había llegado la hora de la vuelta, ojos que desde el fondo y a medida que el motor los iba subiendo desde los trescientos metros e incluso quinientos les iba mostrando la luz del exterior.
Santa Barbara bendita
patrona de los mineros
mirad, mirad Maruxiña mirad
mirad como vengo
traigo la cabeza rota
Cansado y alegre de que no hubiese ocurrido nada volvía a casa. La cabeza estaba intacta, los riñones algo molidos del trabajo.
Que le gustaba a Manuel algún fandango alosnero que algún valiente cantara allá abajo, fandangos de caballos, de contrabando, de las penas en un mundo embustero y hasta alguna pedrada al inglés aquel que parecía un gañafote (saltamontes) de tan tieso como iba y que decían que era rey de no se sabe muy donde o de qué.

Cierra Manuel los ojos y escucha el silbato de un tren que lleva los minerales a su encuentro con los barcos, las entrañas de estas tierras dormirán ahora en las bodegas del Flix, Guardián o cualquier otro que las depositarán en muelles con acentos extranjeros, si los fantasmas atrapados en las piritas lavadas pudiesen entenderlos verían a una industria movilizada en busca de ganancias rápidas, en busca de un mundo que comenzaba a jugar al Monopoly.
Manuel baja la cuesta despacio, pocos encuentros le esperan con estas sus viejas minas, pues quién se ha dejado el alma y la vida en ellas es su legítimo dueño, su cara casi amarilla, vuelve a casa y duerme, soñando con otros tiempos.

Riotinto fallece en silencio, la agonía puede prolongarse algo más, pero la querida mina está en trance terminal. Otras minas del Andévalo ya duermen llenas de agua con los viejos tartesos, con los viejos romanos, con los viejos mineros de todos los siglos que aquí se han dado cita.
Alma de azufre, alma de cobre, alma de plata, alma de oro, oxido de hierro así es el alma de Manuel, tan noble como la de los metales.

Todo lo dio una tierra que hoy se ve desposeída de futuro.
Mañana por la mañana, si no se rompe la noche, haremos locuras nuevas con el amor que nos sobre. (Manuel Alejandro).

12.- Lección de Fe. Antonio Vidal (53

Prisionera en un vaso había una rosa,
Brindaba su perfume, su belleza,
La gracia de sus formas, ¡tantas cosas!
Que al instante medité con tristeza:
 
Si brindas tantas cosas, así herida,
Tan lejos del jardín que te dió vida,
Tronchada de tu planta, lejos del rosedal
Del pájaro que canta, debes ser sin igual
Unida a tu rosal
 
Y el sol en el ocaso me decía
Que la rosa encarnada moriría
Encerrada en su cárcel de cristal…
 
Y allí murió después, y en agonía
Me siguió perfumando…
Sus pétalos se fueron desgranando,
Hasta que al fin se fue, dejando
SU GRAN LECCIÓN DE FÉ

Antonio Vidal mandados por Paola 
  
Lección de Fe
 

45.- Poemas antológicos. – Noemí Roces (165-166)

Quiero pensar que soy libre para poder respirar,
Quiero pensar que soy libre para poder soñar,
Quiero pensar que soy libre para poder amar,
Y todos estos pensamientos veo que son realidad.
                                          Pero…..
 
               Quiero pensar que soy libre para hablar
                pero en cambio no me dejan explicar,
                Quiero pensar que soy libre para actuar
                 y ese sueño me lo acaban de quitar.
TQ.- Noemí Roces

Hay veces en que sueño
con tener un par de alas
para poder volar,
y así, en un momento
a tu lado poder estar.
 
Hay veces en que sueño
con poder ser el viento,
para que nadie pueda
impedirme, el llegar
a ti en un momento.
 
Hay veces en que sueño
con ser los rayos del sol,
para que cuando despiertes
sientas el calor en tu
corazón, del ser que jamás
que te dejará de amar.
 
Hay veces en que sueño
que todo esto no sea sólo
eso, un sueño…..

Yo no sé si el viento, se puede tocar
pero en cambio, el amor que tú me
expresas, lo puedo notar.
 
Yo no sé si la lluvia, dejará de mojar
pero a ti mi vida, jamás te dejaré
de amar.
 
Yo no sé que pasaría, si dejo de respirar
pero si un día tu ya no me amas, entonces
lo podré comprobar

Se fue para siempre. Fernando Carpintero Cerezuela

Fernando Carpintero Cerezuela

                       


                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi vida,
                        se fue de mis sueños,
                        y yo la quería.
                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi lado,
                        y yo todavía
                        no la he olvidado.
                        Se fue para siempre,
                        pero en mi corazón
                        la sigo teniendo,
                        pues sentí el amor.
                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi vida,
                        y yo le amaba,
                        y yo le quería…..
                        mi querida hermana

…………………….

Sigue siempre adelante,
nunca mires hacia atrás,
mira siempre el futuro,
haz un esfuerzo mas.
Sigue siempre avanzando,
mira por donde vas,
piensa que lo haz logrado,
haz un esfuerzo más.
Confía en ti, ten fe,
piensa que lo lograras,
nunca te desanimes,
Haz un esfuerzo más.
Para ver un arco iris
la lluvia has de aguantar,
por más difícil que sea,
haz un esfuerzo más.
Piensa que si logras
libre de eso estarás,
vamos, haz un esfuerzo,
haz un esfuerzo más.
Y si a pesar de todo,
tu no lo puedes lograr,
hiciste lo que pudiste,
hiciste un esfuerzo mas.
 

Ahora que ya no estas
Ahora que ya no estas…
Siento que mi vida se fue contigo.
Te busco en todas partes sin poder encontrarte.
No será  fácil seguir adelante.
Imagino tu presencia, para sentirte junto a mí.
Te imagino con frecuencia, solo sé pensar en ti.
Sé que con el tiempo lograre resignarme…
resignarme a no tenerte y a  tan solo pensarte.
Pero en este momento mi dolor es muy grande,
mi tristeza es eterna… solo me resta llorarte.
Ahora que ya no estas…
Es que  se cuanto te quise.
Y en mi por siempre vivirás
aun sabiendo que te fuiste…


05/05/2013

Fernando Carpintero Cerezuela

Nació en una pedanía cerca de la localidad Almeriense de Adra. Sus padres emigraron cuando contaba 8 años a Holanda. 
Hoy trabaja como controlador en una empresa de transportes Hermanos Forte de El Ejido (Almería)

24.-Se fue para siempre. Poemas de Fernando Carpintero Cerezuela (111

                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi vida,
                        se fue de mis sueños,
                        y yo la quería.
                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi lado,
                        y yo todavía
                        no la he olvidado.
                        Se fue para siempre,
                        pero en mi corazón
                        la sigo teniendo,
                        pues sentí el amor.
                        Se fue para siempre,
                        se fue de mi vida,
                        y yo le amaba,
                        y yo le quería…..
                        mi querida hermana…………………….

Sigue siempre adelante,
nunca mires hacia atrás,
mira siempre el futuro,
haz un esfuerza mas.
Sigue siempre avanzando,
mira por donde vas,
piensa que lo haz logrado,
haz un esfuerzo más.
Confía en ti, ten fe,
piensa que lo lograras,
nunca te desanimes,
Haz un esfuerzo más.
Para ver un arco iris
la lluvia has de aguantar,
por más difícil que sea,
haz un esfuerzo más.
Piensa que si logras
libre de eso estarás,
vamos, haz un esfuerzo,
haz un esfuerzo más.
Y si a pesar de todo,
tu no lo puedes lograr,
hiciste lo que pudiste,
hiciste un esfuerzo mas.
 

Ahora que ya no estas
Ahora que ya no estas…
Siento que mi vida se fue contigo.
Te busco en todas partes sin poder encontrarte.
No será  fácil seguir adelante.
Imagino tu presencia, para sentirte junto a mí.
Te imagino con frecuencia, solo sé pensar en ti.
Sé que con el tiempo lograre resignarme…
…resignarme a no tenerte y a  tan solo pensarte.
Pero en este momento mi dolor es muy grande,
mi tristeza es eterna… solo me resta llorarte.
Ahora que ya no estas…
Es que  se cuanto te quise.
Y en mi por siempre vivirás
aun sabiendo que te fuiste…

otoño del año 2000. María López Visiedo

Tras el cristal empañado por la niebla
de mi propio aliento,
miraba abstraída hacia la calle.
 
La lluvia y el viento mezclados,
enturbiaron los colores grises,
claros, de nubarrones casado
con ruidosos truenos.
 
El agua invadía la calzada
de tal manera,
que no dejaba cruzar a la
gente que vivía al otro lado.
 
Mi corazón se alegraba
viviendo momentos de felicidad.
¡Por fin tenemos agua!
me dije. Y seguí gozosa,
contemplando al infinito.
 
La paz y la alegría, no vienen
por grandes hazañas,
ni por espectaculares logros
si no por la sutil mirada
contemplativa, de las cosas
pequeñas de cada día.
07.11.2000

25.- Océanos del espacio.- Joaquin Niebla. nick Hefesto. (114

Océanos del espacio
respiraban con sus bocas
sopesaron sus poderes.
Congregaron en sus manos
los vértices de las rocas.
Sigilosas y mutantes
las épocas de las charcas
espiaron combinaciones
calibraron sus esencias
en la voz de los instantes.
Reprodujeron son sangre
elementos paralelos.
Designaron con su herencia
los esquemas replicantes.
Propagaron con su muerte
el poder de su presencia.
Vastos mares y lagos
crearon hijos de larvas
horadaron el suplicio
presagiaron sufrimiento.
Mostraron con su proyecto
la custodia de los seres.
Con fogonazos de espanto
pensaron el mecanismo
y articularon la vida.
Elevaron su engranaje
a la edad de las esferas.
Pronto sintieron la imagen
en ocelos prodigiosos.
En las galernas del agua
supieron por vez primera
que aquel sería su mundo
su universo y su tierra.
Poderosos y orgullosos
ocuparon el planeta.
Trasladaron sus siluetas
con tentáculos de arena.
El instinto dominaba
sus esqueletos de arena.

34.-Ana F. Montes.- Dícese desencanto.(133

Érase una vez… una princesa que vivía en un bosque de álamos, sauces, robles y castaños (quizás hubiera algún abeto, pero tampoco creo que sea importante). Se había retirado allí, aparte de la muy respetable familia real, para disfrutar de la libertad de una vida sosegada e íntima. Moraba en una casita de piedra gris, que poseía un huerto de donde sacaba para comer (la princesa, aparte de idealista, era también vegetariana). No obstante, ella dedicaba la mayor parte de su tiempo a la lectura, sentada a la sombra de un viejo y enorme sauce llorón. Devoraba con ansiosa placidez páginas y más páginas, repletas de palabras, en busca de una riqueza interior infinita.

Una soleada mañana, sus ojos se sorprendieron al vislumbrar de lejos a un caballero que se acercaba sobre una montura ricamente enjaezada. A ella no la visitaba nadie nunca (excepto el distribuidor de turno que le traía las últimas novedades publicadas y el panadero), así que sintió una extraña alegría al ver que se le brindaba la oportunidad de conversar con alguien. El caballero se detuvo ante ella y se presentó como el príncipe de Tal, demostrando ya en la presentación ardides de sutil cortesía.

Cruzaron varias frases y tras explicar la princesa porqué se hallaba allí tan apartada y tan sola, él decidió quedarse a su lado (no tenía planes en su agenda), pues le parecía buena idea aquello de enriquecerse con aquel montículo de obras que descansaban apiladas un poco más allá. (También añadió que, de paso, la defendería de alimañas; aunque allí no rondaban alimañas de ninguna clase, pensó ella, encogiéndose de hombros). El caso es que aquel buen señor bajó del caballo, ató las riendas a un tronco vecino y tomó el primer libro del montón, antes de sentarse sobre la hierba.

Lo que inicialmente iba a ser una breve estancia, fue tornándose en días. Aprovechaban la luz del sol para leer al aire libre, y en las noches se reunían ante la lumbre de la chimenea, dentro de la casita de piedra, donde se pasaban horas encadenando conversaciones.
Al principio, la princesa se sintió alterada por su visitador, sutil violador de su paz; pero, poco a poco, fue maravillándose por las historias ignotas y emocionantes que su interlocutor le narraba cada vigilia. El tiempo hizo que comenzara a mirarlo con ojos distintos: era elegante de porte, sensato en razonamientos, amable y cortés de trato, divertido de talante, sabio en su proceder y cultivado en sus charlas. La princesa escuchaba extasiada su cadenciosa voz siempre que él retomaba un relato o ilustraba una discusión.
Pasadas unas semanas, tras un resbalón en el huerto, entre dos hileras de lechugas, la princesa despertose a la condición de enamorada.
Tal sentimiento le quemaba el pecho y luchaba por salir de su garganta o de mover sus manos en gesto involuntario cada vez que se hallaba en su presencia, anhelando un sentimiento correspondido. Hasta que un buen día, sin preámbulo alguno, mientras degustaban una sopa de puerros, declaró su amor de sopetón. El príncipe se quedó lívido, mudo. Sin decir ni mú, dejó la cuchara en el cuenco, abandonó su sitio y fue en busca de su caballo para salir por patas sin mirar atrás. La princesa lo vio alejarse con suma tristeza. La pena y la desilusión se clavaron en su alma con inquina, aunque ni una sola lágrima surcó su rostro. Pensó para sí que quizás el único lenguaje válido para el amor fuera el silencio.
A pesar de todo, al día siguiente el príncipe regresó. Ella lo recibió alborotada con grandes muestras de alegría, pero él mantuvo una expresión adusta y se sentó a leer sin cruzar apenas palabra. Cuando se hartaba de la dosis cultural diaria, volvía a montar en su caballo y abandonaba a la princesa bajo la luz del ocaso.
Aquellas visitas siguieron repitiéndose, aunque el humor del príncipe variaba más que la veleta del tejado: unas veces relajaba el ceño y volvía a ser dicharachero y locuaz, y otras se tornaba huraño y retraído. Esto cuando iba, porque hubo días que hasta se olvidó de ir. Según ocurría esto, los labios de la princesa se contraían en extrañas muecas.
Sucedió una mañana que, a su llegada, la princesa descubrió sorprendida que una pierna del príncipe se había convertido en un anca de rana. Al preguntarle alarmada, él respondió:
– Tranquila. Todo va bien.
A la semana siguiente (durante la cual, el comportamiento del príncipe seguía siendo tan desconcertante), la princesa se encontró al recibirlo, que su otra pierna era ahora también un anca resguardada en la lana del pantalón. Ante la pregunta preocupada de rigor, él respondía de la misma forma:
-Tranquila. Todo va bien.
Al mes, después de que la princesa hubiese ido comprobando que las manos también terminaron por metamorfosearse en sendas ancas y que su piel iba tomando un tono ligeramente verdusco, a la interrogación acostumbrada de ella, aquel ser mitad príncipe, mitad vaya-usted-a-saber, respondió con un contundente:
-¡Croac!

Melocotones Frescos. Francisco Cañabate Reche

  Para ti, que te quiero.

  Tal vez me piensen loco, pero voy a contarlo. No me importa que opinen que no tiene sentido lo que sabrán ahora porque yo así lo creo y eso no cambia nada. Si regreso en el tiempo y recorro esos días en que sucedió todo me parecen absurdos, pero no tengo dudas. Casi puedo decirlo con certeza absoluta, aunque queda el temor, ( entro en casas ajenas mirando las paredes, y pregunto los gustos de aquellos que visito. Nunca digo porqué porque no entenderían) y ocurre la desidia ( recobrar al dolor, aunque sea en el recuerdo siempre es inoportuno, y siempre es aplazable).

Hablaré sin embargo, lo diré con franqueza: cuando eso entró en mi vida, cuando ella lo pensó ( tal vez soñó pensarlo sintiéndose feliz) y lo eligió entre todos, sin comentarme nada, y después lo creó solo por ser osada, por darme una sorpresa, mucho antes de tenerlo con nosotros y a mano, cuando solo se hallaba como algo imaginado, comenzaron los signos ciertos de mi desgracia. Diré por si hace falta que yo era un hombre sano, que siempre había comido, y bebido, y vivido sin freno, ni mesura, sin medida ni pauta. Hasta que empezó aquello. En los primeros días aprecié paso a paso extrañas sensaciones y no supe que eran y decidí olvidarlas, me escondí bajo el ala tibia de la desgana y no les hice caso. Luego me sentí mal sin sentido y sin causa y consulté a un galeno. Me dijo que era alergia y puso tratamiento. Mas tarde ocurrió aquello. No se como pasó. Aun no puedo explicarlo, o no me atrevo a hacerlo porque es casi imposible. No me parece lógico, ni cuerdo, ni sencillo, pero si estoy seguro de que sucedió así, como lo cuento ahora, por si lo viven otros,  por si a alguien le interesa.
Fue una torpe mañana de trabajo sin pausa. Durante aquellas horas yo ya me sentía extraño, incomodo, irascible, insensible y huraño. Estaba algo agitado cuando  entré en la oficina. Luego llegué a mi puesto y Otis miró el reloj. Me estaba controlando y lo odiaba por ello, y me hacía sentir mal, pero eso no importaba. Ya estaba sucediendo aunque no lo sabía. Pese a mi malestar del que culpé al enfado ( y mentalmente a Otis), decidí continuar y así seguí el camino que ya tenía marcado hasta acabar mi turno. Luego colgué mi bata y bajé hasta la calle, y al pisar el asfalto comenzó un cosquilleo detrás de las orejas que yo achaqué a aquel frío de enero intermitente. Cesó y no le hice caso. El prurito inclemente se inició algo mas tarde. Sucedió en el camino de mi regreso a casa. Yo viajaba en el metro cuando sentí de pronto la íntima desazón que siempre le precede, esa cosquilla extraña, la casi dulce sensación de caricia callada, de terciopelo azul que me eriza la piel, la punzada inminente con que empieza el dolor. Eso no era algo nuevo, lo había notado antes: a veces, en el pueblo, al picarme una avispa, o en el agua del mar, al tocar las medusas. Como las otras veces después de tanto tiempo, de una forma intuitiva sabía lo que vendría  solo poco más tarde, pero ahora era distinto porque no había una causa que lo justificara ( o yo no la encontraba). Nada me había ocurrido y nada me era extraño. Miré a mi alrededor examinando a aquellos que estaban junto a mí en el vagón del metro, ocupando mi espacio, luchando por mi aire lo mismo que ratones enjaulados e inermes, y no vi nada nuevo. Salí de la estación por unas escaleras ( las de todos los días, sucias, desangeladas) y encaminé mis pasos hacia mi propia casa donde ella me esperaba. Y mientras caminaba se acrecentó el picor. Aunque algo mareado, sudoroso y sediento y escondiendo mi rostro, aun saludé al tendero que devolvió el saludo como todos los días, sin mirarme siquiera. Subí las escaleras de mi piso en silencio, sintiendo ya el esfuerzo, dejando que creciera la erupción en mi piel, ansiando un baño helado lo mismo que una pócima que lo calmara todo. Llegué hasta mi rellano notando aquel edema que parecía ocuparme y llenaba mis ojos. Se nublaba mi vista, pero no me  explicaba lo que estaba ocurriendo. Me pareció imposible porque no había motivo, y registré mis ropas por si algo había quedado camuflado en mi abrigo sin que yo lo supiera. Pero no encontré nada. Introduje la llave y cuando abrí la puerta el prurito fue intenso, agudo, insoportable. Me notaba febril  y pronuncié su nombre implorando su ayuda, pero no hubo respuesta. Supe que estaba solo y continué avanzando por el largo pasillo  que me apareció extenso, igual que una planicie yerma e inhabitada que surge inacabable después de una batalla. Luego llegué al salón y al fin lo supe todo.
La causa estaba allí. Reconocí mi alergia.
Sobre la chimenea, decorando la sala había aquel bodegón pintado al natural que yo nunca había visto. Lo había pintado ella. Este era su secreto. Quería ser la sorpresa por nuestro aniversario, su dulce aportación:
Unos melocotones. Frescos, bellos, distantes, también irreprochables, ocupaban el lienzo.
 Me desplomé en silencio vencido por la asfixia.
 ( Y ella legó mas tarde cargada de naranjas – de las que nada temo- y me salvó la vida).

20.-La vida trataba mal a Maripili Autor: Jorge Barco (79

 1 Cuando aquel chico la besó en los labios, la primera vez, de ella, su corazón comenzó a palpitar más deprisa que de costumbre, se puso muy nerviosa, temblaba; pero hay que reconocer que se esperaba más: le supo a poco eso tan maravilloso que conocía como primer beso de amor, y ni siquiera ella se podía imaginar al mirar el reloj -las 18:53- para anotar tan emotivo instante en su diario, que le quedaban – casualidades de la vida, que a veces haylas- justo dos horas para morir. Y aunque en ese preciso momento -las 18:53- se lo hubieran dicho, no sé, alguien; aunque se lo hubieran dicho,  ni por lo más profundo de su imaginación se le hubiera pasado que en dos horas exactas iba a ser ella misma, voluntariamente -si un suicidio puede calificarse como un acto voluntario- la que colocaría su cabeza en la vía del tren, que estaba muy fría, y le heló, entonces, el cuello, y eran ya las 20:49, y era ya de noche, y esa noche era muy oscura. Sabemos la hora exacta del beso por su amiga Rebeca, que se lo dijo nada más llamarla, y la hora del suicidio, en punto, por una vecina que vive al lado de la estación de tren, que casualmente pasaba por la ventana en ese momento, y vio a una niña de unos catorce años, pantalón vaquero y suéter beige, y dijo, qué raro, ¿qué hará ahí a estas horas? Y claro, fue por eso que se quedó observando el discurrir de los acontecimientos, hasta el trágico desenlace, durante el que, la buena mujer se giró bruscamente, en cuanto las luces del tren Puente de los Fierros-Gijón apuntaron hacia su inevitable objetivo, y se encontró cara a cara con el reloj de péndulo que tiene en el salón. Las 20:53. Justo después llamó a la policía para que notificase lo sucedido a los familiares de la joven víctima, pero, hay cosas en un primer momento inexplicables, la policía ya estaba en camino. Pues claro que se le quedó la cabeza hecha un asco, triturada como quien dice, y medio brazo por un lado – desde el codo-, y el resto del cuerpo por otro; pero no es de lo que queremos tratar. El caso es que éste fue un suicidio que podía haberse evitado si se hubiera actuado a tiempo. Pero la pasividad, y en cierto modo la falta de preparación de las fuerzas de seguridad, convirtió el alegre día de una niña modelo entre las niñas de su edad en su perdición;. Aunque no soy yo quien piensa todo esto, porque me voy a limitar a narrar únicamente los hechos que haya podido demostrar que ocurrieron en realidad. Esta parrafada inútil y escabrosa pertenece a un programa especial que le dedicó al día siguiente una cadena de televisión a la hora de máxima audiencia. Pero digan lo que digan, la vida trataba mal a Maripili.
2   María del Pilar Fernández Moreno, natural de Pola de Lena, trece años para catorce, pero con unas tetas de diecisiete que nunca dejó que le sobaran, algo que ahora lamentan el 98% de los chicos de su colegio. Sus aficiones eran la Superpop, Leonardo Di Caprio, y Lo que necesitas es amor; su comida favorita los espaguetis; y nunca se duchaba sin haber hecho antes la digestión. Por supuesto que no fumaba ni bebía, y tenía amigos pero era demasiado pequeña para salir con chicos. -Esto lo dijo su abuela-. Le daba sobre todo al kalimotxo, aunque tabaco normalmente no, algún porrete los fines de semana, lo normal, pero eso no lo ponga en el libro. -No te preocupes, Rebeca-. Su profesora de Ciencias: llevaba las cosas bastante al día, hablaba un poco en clase, lo normal, y era muy lista aunque un poco vaga. Su profesor de inglés: bueno, ya sabes, lo típico que se dice en estos casos; pero entre tú y yo, y que no salga de aquí, a veces se sentaba en primera fila y se me iba la vista y me perdía de las tetazas que tenía. Tranquilo.
3    A las 19:50 estaba meando en el baño grande de su casa -debo ser totalmente fiel a los hechos-. Cuando dieron las 19:51 Maripili sincronizó las últimas gotitas que manaban de su cuerpo con el segundero de su reloj. Luego anotó esta experiencia en su diario, en la última página, al lado de los tres nombres que había pensado -a elegir uno- para cuando convenciera al fin a sus padres de que era lo suficientemente responsable como para tener un gato. Y a las 19:53 -podría incluso escribir los segundos, pero no quiero-, justo una hora después de su primer y último beso de amor, y exactamente una hora antes de que su cabeza estallase aquí y allá, a las 19:53 y 12 segundos, sonó el teléfono. Y claro, lo cogió. Estaba desnuda. Había comenzado a jugar con su propio cuerpo, a acariciar una parte casi imberbe todavía, usando el dedo meñique para sentirse menos culpable. Sabía que sus padres no llegarían todavía. Eso lo sabía antes de salir del baño y dirigirse hacia el teléfono, pero pudo constatarlo tras descolgar, preguntar que quién era y esperar la respuesta oportuna, una respuesta un tanto cruel si se tiene en cuenta que Maripili era una niña todavía. Pero no he de ser yo el que juzgue. Tus padres, querida, han fallecido en un accidente de tráfico esta tarde. Lo de querida lo recordaría el resto de su vida -concretamente los cincuenta y nueve minutos que le quedaban, pero mucho. 
 4 El diario de Mari Pili era rosa con manchitas azul cielo dispuestas de forma arbitraria. Como me parecía un objeto fundamental para entender este caso iba a pedírselo a su madre, pero como se había muerto tuve que optar por ir a ver a Rebeca. La pobre lloraba cada poco. Maripili, justo antes de salir de su casa en dirección a la estación de tren (no sabía adónde se dirigía), a eso de las 20:38, llamó a Rebeca para contarle desesperada lo de su repentina orfandad, y de paso lo del beso que ya creía lejano en el tiempo. No hay más que leer el diario al que nos hemos referido para conocer de primerísima mano los hechos que aquí se relatan. Eran las 19:54 de su primer día con novio, y se acababa de quedar sin padres. Salió a la calle en dirección a casa de su amiga Rebeca, pero nunca llegó. Caminaba como si sólo estuviera allí presente su alma sin cuerpo, un alma que llora, un alma a la que le palpita el corazón cada vez más aprisa. Necesitaba contárselo a alguien, buscaba en su mejor amiga un apoyo, pero se quedó a mitad de camino. Allá, a lo lejos, bajo la casa en la que una noche durmió Alfonso X, ya en ruinas, vio al que consideraba desde hacía poco más de una hora su novio. Eran las 20:01.
5  El destino, irónico como es en ciertas ocasiones, quiso poner de nombre a nuestro galán nada menos que Ángel. Maripili, tras el eufórico beso, había echado a correr y no había parado hasta llegar a casa, pero no era el momento este de andarse con contemplaciones y se acercó a él. Estaba demasiado mareada como para pasear, estaba demasiado triste como para hablar, Maripili estaba pero no estaba. Fue por eso que lo único que le dijo al llegar hasta Ángel fue: Vamos a mi casa. Necesitaba el silencio, sentarse, le temblaban las piernas. Y callados los dos, de la mano, llegaron hasta la casa que no llegaría a heredar Maripili, pero por falta de tiempo. Entraron. Ella le guió hasta el salón. Ambos se sentaron. Nuestro Ángel se dejó abrazar. Maripili no lloraba por vergüenza, pero sentía dolor y entonces se apretaba cada vez con más fuerza. El hombre, como es costumbre, lo interpretó todo a su manera; y correspondió a su abrazo. También acariciaba la espalda de Maripili y ésta, sin inmutarse, apenas lo notaba, continuaba con su llanto interior. Ángel introdujo su mano entre el jersey y la camiseta de su presa; ésta no estaba, sólo su cuerpo. Y fue dicho cuerpo, puro, suave, levemente tembloroso, el que comenzó a desnudar el Ángel de las tinieblas, con una maestría absoluta, como si en verdad se dedicara a violar niñas vírgenes, y entonces se puso en pie, agarró las manos de Maripili con fuerza para mostrar decisión, y dijo: vamos. La condujo hacia la primera habitación que encontró libre, y en cuanto entraron cerró la puerta. Ella se dejó hacer, tanto, que si el destino le hubiera dado unos días más hubiese muerto sabiéndose madre. Pero la pobre ni dolor sentía ya, ni ganas. Eran las 20:37.
6   Una llamada anónima alertó a la policía de un posible incidente en la estación de trenes; fue anónima por falta de tiempo porque Rebeca también quería ir corriendo hasta allí para evitar cualquier tragedia. Bueno, eso de también es relativo, porque quizá fue la única con prisa, al decir de los testigos que llegaron tras lo sucedido pero mucho antes que las fuerzas de la ley. El caso es que Maripili, en cuanto su ex novio abandonó la casa, que fue momentos después del éxtasis, se levantó, se vistió y apuntó su experiencia sin lujo de detalles. Justo después llamó a Rebeca. Estaba casi histérica. Y sola. Le dijo que se iba de casa, que siempre le habían gustados las flores y que Ángel se dirigía a la estación de trenes para coger el próximo que saliera hacia Campomanes, pero ella y su cuchillo evitarían que llegara a su destino. Entonces colgó y salió a la calle. Avanzaba muy deprisa, con ganas, apretando el cuchillo de cocina que portaba, sin novio, sin padres, sin virginidad y con un hijo en el vientre, pero ella no lo sabía, no lo sabría. En pocos minutos -las 20:46-  llegó a la estación.
 7 Allí no había nadie. Nuestra testigo presencial de los hechos afirmó haber visto alejarse un tren justo en ese momento; y tal vez fue por lo que Maripili echó a correr en dirección a la vía. Perdió el cuchillo por el camino. Quizá ella no llegó a ver el tren alejarse y puso su oído en la vía para comprobar que éste en verdad había pasado. Tal vez entonces se mareó y se quedó allí tendida hasta que a las 20:53 pasó el tren Puente de los Fierros-Gijón. No tenemos anotaciones en su diario para comprobarlo. La buena señora nos dijo después que ya se olía ella algo de que alguna niña se suicidaría aquella noche -si un suicidio puede calificarse como un acto voluntario-. El caso es que Maripili era una niña feliz, sin problemas, aquella tarde del mes de marzo, y murió ya huérfana, sin novio, y con algo que le crecería en el vientre. Fue ella misma la que colocó su cabeza en la vía del tren, que estaba muy fría, y le heló entonces, el cuello, y eran ya las 20:49 y era ya de noche, y era ya demasiado tarde para cualquier cosa. Así que, digan lo que digan, lo cierto es que la vida trataba mal a Maripili.

La vida trataba mal a Maripili

 1 Cuando aquel chico la besó en los labios, la primera vez, de ella, su corazón comenzó a palpitar más deprisa que de costumbre, se puso muy nerviosa, temblaba; pero hay que reconocer que se esperaba más: le supo a poco eso tan maravilloso que conocía como primer beso de amor, y ni siquiera ella se podía imaginar al mirar el reloj -las 18:53- para anotar tan emotivo instante en su diario, que le quedaban – casualidades de la vida, que a veces haylas- justo dos horas para morir. Y aunque en ese preciso momento -las 18:53- se lo hubieran dicho, no sé, alguien; aunque se lo hubieran dicho,  ni por lo más profundo de su imaginación se le hubiera pasado que en dos horas exactas iba a ser ella misma, voluntariamente -si un suicidio puede calificarse como un acto voluntario- la que colocaría su cabeza en la vía del tren, que estaba muy fría, y le heló, entonces, el cuello, y eran ya las 20:49, y era ya de noche, y esa noche era muy oscura. Sabemos la hora exacta del beso por su amiga Rebeca, que se lo dijo nada más llamarla, y la hora del suicidio, en punto, por una vecina que vive al lado de la estación de tren, que casualmente pasaba por la ventana en ese momento, y vio a una niña de unos catorce años, pantalón vaquero y suéter beige, y dijo, qué raro, ¿qué hará ahí a estas horas? Y claro, fue por eso que se quedó observando el discurrir de los acontecimientos, hasta el trágico desenlace, durante el que, la buena mujer se giró bruscamente, en cuanto las luces del tren Puente de los Fierros-Gijón apuntaron hacia su inevitable objetivo, y se encontró cara a cara con el reloj de péndulo que tiene en el salón. Las 20:53. Justo después llamó a la policía para que notificase lo sucedido a los familiares de la joven víctima, pero, hay cosas en un primer momento inexplicables, la policía ya estaba en camino. Pues claro que se le quedó la cabeza hecha un asco, triturada como quien dice, y medio brazo por un lado – desde el codo-, y el resto del cuerpo por otro; pero no es de lo que queremos tratar. El caso es que éste fue un suicidio que podía haberse evitado si se hubiera actuado a tiempo. Pero la pasividad, y en cierto modo la falta de preparación de las fuerzas de seguridad, convirtió el alegre día de una niña modelo entre las niñas de su edad en su perdición;. Aunque no soy yo quien piensa todo esto, porque me voy a limitar a narrar únicamente los hechos que haya podido demostrar que ocurrieron en realidad. Esta parrafada inútil y escabrosa pertenece a un programa especial que le dedicó al día siguiente una cadena de televisión a la hora de máxima audiencia. Pero digan lo que digan, la vida trataba mal a Maripili.
2   María del Pilar Fernández Moreno, natural de Pola de Lena, trece años para catorce, pero con unas tetas de diecisiete que nunca dejó que le sobaran, algo que ahora lamentan el 98% de los chicos de su colegio. Sus aficiones eran la Superpop, Leonardo Di Caprio, y Lo que necesitas es amor; su comida favorita los espaguetis; y nunca se duchaba sin haber hecho antes la digestión. Por supuesto que no fumaba ni bebía, y tenía amigos pero era demasiado pequeña para salir con chicos. -Esto lo dijo su abuela-. Le daba sobre todo al kalimotxo, aunque tabaco normalmente no, algún porrete los fines de semana, lo normal, pero eso no lo ponga en el libro. -No te preocupes, Rebeca-. Su profesora de Ciencias: llevaba las cosas bastante al día, hablaba un poco en clase, lo normal, y era muy lista aunque un poco vaga. Su profesor de inglés: bueno, ya sabes, lo típico que se dice en estos casos; pero entre tú y yo, y que no salga de aquí, a veces se sentaba en primera fila y se me iba la vista y me perdía de las tetazas que tenía. Tranquilo.
3    A las 19:50 estaba meando en el baño grande de su casa -debo ser totalmente fiel a los hechos-. Cuando dieron las 19:51 Maripili sincronizó las últimas gotitas que manaban de su cuerpo con el segundero de su reloj. Luego anotó esta experiencia en su diario, en la última página, al lado de los tres nombres que había pensado -a elegir uno- para cuando convenciera al fin a sus padres de que era lo suficientemente responsable como para tener un gato. Y a las 19:53 -podría incluso escribir los segundos, pero no quiero-, justo una hora después de su primer y último beso de amor, y exactamente una hora antes de que su cabeza estallase aquí y allá, a las 19:53 y 12 segundos, sonó el teléfono. Y claro, lo cogió. Estaba desnuda. Había comenzado a jugar con su propio cuerpo, a acariciar una parte casi imberbe todavía, usando el dedo meñique para sentirse menos culpable. Sabía que sus padres no llegarían todavía. Eso lo sabía antes de salir del baño y dirigirse hacia el teléfono, pero pudo constatarlo tras descolgar, preguntar que quién era y esperar la respuesta oportuna, una respuesta un tanto cruel si se tiene en cuenta que Maripili era una niña todavía. Pero no he de ser yo el que juzgue. Tus padres, querida, han fallecido en un accidente de tráfico esta tarde. Lo de querida lo recordaría el resto de su vida -concretamente los cincuenta y nueve minutos que le quedaban, pero mucho. 
 4 El diario de Mari Pili era rosa con manchitas azul cielo dispuestas de forma arbitraria. Como me parecía un objeto fundamental para entender este caso iba a pedírselo a su madre, pero como se había muerto tuve que optar por ir a ver a Rebeca. La pobre lloraba cada poco. Maripili, justo antes de salir de su casa en dirección a la estación de tren (no sabía adónde se dirigía), a eso de las 20:38, llamó a Rebeca para contarle desesperada lo de su repentina orfandad, y de paso lo del beso que ya creía lejano en el tiempo. No hay más que leer el diario al que nos hemos referido para conocer de primerísima mano los hechos que aquí se relatan. Eran las 19:54 de su primer día con novio, y se acababa de quedar sin padres. Salió a la calle en dirección a casa de su amiga Rebeca, pero nunca llegó. Caminaba como si sólo estuviera allí presente su alma sin cuerpo, un alma que llora, un alma a la que le palpita el corazón cada vez más aprisa. Necesitaba contárselo a alguien, buscaba en su mejor amiga un apoyo, pero se quedó a mitad de camino. Allá, a lo lejos, bajo la casa en la que una noche durmió Alfonso X, ya en ruinas, vio al que consideraba desde hacía poco más de una hora su novio. Eran las 20:01.
5  El destino, irónico como es en ciertas ocasiones, quiso poner de nombre a nuestro galán nada menos que Ángel. Maripili, tras el eufórico beso, había echado a correr y no había parado hasta llegar a casa, pero no era el momento este de andarse con contemplaciones y se acercó a él. Estaba demasiado mareada como para pasear, estaba demasiado triste como para hablar, Maripili estaba pero no estaba. Fue por eso que lo único que le dijo al llegar hasta Ángel fue: Vamos a mi casa. Necesitaba el silencio, sentarse, le temblaban las piernas. Y callados los dos, de la mano, llegaron hasta la casa que no llegaría a heredar Maripili, pero por falta de tiempo. Entraron. Ella le guió hasta el salón. Ambos se sentaron. Nuestro Ángel se dejó abrazar. Maripili no lloraba por vergüenza, pero sentía dolor y entonces se apretaba cada vez con más fuerza. El hombre, como es costumbre, lo interpretó todo a su manera; y correspondió a su abrazo. También acariciaba la espalda de Maripili y ésta, sin inmutarse, apenas lo notaba, continuaba con su llanto interior. Ángel introdujo su mano entre el jersey y la camiseta de su presa; ésta no estaba, sólo su cuerpo. Y fue dicho cuerpo, puro, suave, levemente tembloroso, el que comenzó a desnudar el Ángel de las tinieblas, con una maestría absoluta, como si en verdad se dedicara a violar niñas vírgenes, y entonces se puso en pie, agarró las manos de Maripili con fuerza para mostrar decisión, y dijo: vamos. La condujo hacia la primera habitación que encontró libre, y en cuanto entraron cerró la puerta. Ella se dejó hacer, tanto, que si el destino le hubiera dado unos días más hubiese muerto sabiéndose madre. Pero la pobre ni dolor sentía ya, ni ganas. Eran las 20:37.

6   Una llamada anónima alertó a la policía de un posible incidente en la estación de trenes; fue anónima por falta de tiempo porque Rebeca también quería ir corriendo hasta allí para evitar cualquier tragedia. Bueno, eso de también es relativo, porque quizá fue la única con prisa, al decir de los testigos que llegaron tras lo sucedido pero mucho antes que las fuerzas de la ley. El caso es que Maripili, en cuanto su ex novio abandonó la casa, que fue momentos después del éxtasis, se levantó, se vistió y apuntó su experiencia sin lujo de detalles. Justo después llamó a Rebeca. Estaba casi histérica. Y sola. Le dijo que se iba de casa, que siempre le habían gustados las flores y que Ángel se dirigía a la estación de trenes para coger el próximo que saliera hacia Campomanes, pero ella y su cuchillo evitarían que llegara a su destino. Entonces colgó y salió a la calle. Avanzaba muy deprisa, con ganas, apretando el cuchillo de cocina que portaba, sin novio, sin padres, sin virginidad y con un hijo en el vientre, pero ella no lo sabía, no lo sabría. En pocos minutos -las 20:46-  llegó a la estación.

 7 Allí no había nadie. Nuestra testigo presencial de los hechos afirmó haber visto alejarse un tren justo en ese momento; y tal vez fue por lo que Maripili echó a correr en dirección a la vía. Perdió el cuchillo por el camino. Quizá ella no llegó a ver el tren alejarse y puso su oído en la vía para comprobar que éste en verdad había pasado. Tal vez entonces se mareó y se quedó allí tendida hasta que a las 20:53 pasó el tren Puente de los Fierros-Gijón. No tenemos anotaciones en su diario para comprobarlo. La buena señora nos dijo después que ya se olía ella algo de que alguna niña se suicidaría aquella noche -si un suicidio puede calificarse como un acto voluntario-. El caso es que Maripili era una niña feliz, sin problemas, aquella tarde del mes de marzo, y murió ya huérfana, sin novio, y con algo que le crecería en el vientre. Fue ella misma la que colocó su cabeza en la vía del tren, que estaba muy fría, y le heló entonces, el cuello, y eran ya las 20:49 y era ya de noche, y era ya demasiado tarde para cualquier cosa. Así que, digan lo que digan, lo cierto es que la vida trataba mal a Maripili.

Autor:  Jorge Barco 
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Poemas – Charlye Almasy

Luz de día
que iluminas los corazones
das felicidad a los hombres
amor a la naturaleza
y sobre todo, sobre todo
esperanza a los hijos
que esperan su futuro.
Por muchas palabras que te diga,
no despertaré las amapolas al pasar,
solo en susurro y cerrando los ojos
te diré que pasear junto a ti
y saber que conoces lo que siento
es más que volar en el Universo.
Que estrella puedo tocar
para que veas que es importante lo que tengo que decirte?
Por que los cielos en los días claros,
cuando las nubes se asientan sobre el horizonte
y nuestros ojos unidos en el amor único se divisan,
palpita en nuestro interior un nuevo ser.
Ese ser que te aprieta el pecho
y te hace cosquillas en el estomago,
nos llega como una mañana temprana
y desbordando su alegría
nos llena de amor y de felicidad nuestras vidas.
Mirando los corazones
dormido sobre las hojas,
suena victorioso
la llegada de su dueño.
Viven con sus frutos
Encerrados, presos.
Sentimientos rebosan
y se derraman.
Suavemente va cayendo
el fruto preciado
y la tierra sedienta
bebe incansable
su liquido de amor.

El circo de las criaturas malignas.- Gerson Gómez

En renta 
Pim, pump, bang, ouch, plash: la televisión se ha encargado de modificar nuestras conductas sociales.
Ya el sólo hecho de aparecer a cuadro, o de plano ignorados, nos remite de manera brutal al reino de los arquetipos y supera el discurso tradicional.
Los talks shows, en donde el conductor toma de su fólder de tarjetas opinativas un gancho para el siguiente segmento, provocan en la audiencia una constante actitud descarnada de autocompasión.
Para lograrlo, la imagen de los participantes debe ser precaria. Los productores se encargan de motivar a la tarea de destruir la autoestima: la idea del mito-tabú-y-demás-razones-de-cuyo-nombre-no-hay-memoria, del animal social de Levis Strauss al complejo de Mc Luhan.
Los valores supuestos demuestran que, a mayor intensidad y parentesco con lo trivial, absurdo e imposible, mayor respuesta de la audiencia en puntos porcentuales: la televisión es un producto, ha pasado de aquel instrumento útil para ver al mundo en escenas, a ser el primer monstruo mitológico con miles de ojos: hay uno en mi sala, uno en mi cuarto, uno con mis hijos y uno en el bolsillo.
La televisión injerta en el espectador una vía efectiva de escape. 
Es para mañana
 El interlocutor aplaude exhaustivo al panelista invitado que ha robado una cantidad impresionante de carteras a las mujeres de la calle. Junto a él está el especialista en conductas criminales. Confeso, y jamás arrepentido, aparece con peluca para proteger su identidad solventada con el auspicio de una placa policiaca.
Afirmar o negar promete nuevas experiencias. Los latinos, por el hecho de ser una minoría abrumada en Norteamérica, se convierten para los productores del talk show en criaturas de circo inhumano.
El show de la mujer que por venganza hacia sus padres se convirtió en mitad araña, que durante la infancia escamoteó las travesuras del pueblo, mañana será visto y exclamado con repulsión por el auditorio multirracial en el continente.
El paradigma demuestra perfecta unión de tótem: te doy un poco de intimidad de mi hogar y me devuelves la oportunidad de viajar en avión, dormir y comer en un hotel mediano, para volver al país de origen con la maleta llena de recuerdos curiosos.
Te fijaste qué bien te veías en la televisión?, chance y te contraten para conducir un programa, al cabo todos te aplaudimos más que a la conductora. La dignidad de los medios en el talk show no permite alternancia, ni movimientos acompasados: yo digo, tú dices, él dice, todos decimos y, al fin, a quien le importa?
 Con tres es suficiente Rosita Alvires?
 La idea sacra del american way of life reenumera el potencial de individualizar razas. Los latinos, por el simple hecho de hablar castellano, merecen bailar salsa, merengue y cumbia (el rock es para culturas avanzadas), vivir en guettos, tener más de tres mujeres (la demografía en la silla del placer), fumar de manera criminal, casi industrial, tomar alcohol hasta el desmayo y convertirse en una figura surrealista (y, por ende, inútil), del narcotráfico (destruido por los extraordinarios héroes en el cine), llena de sentimientos de agradecimiento perpetuo hacia la grande América por su ayuda financiera, y de escándalos sexuales (la de los americanos; Centroamérica empieza desde el río Bravo).
La televisión de latinos en un talk show, de machos tatuados, con sospechosa barba de candado, mirada oculta tras los lentes solares, de curiosidades etnográficas, del exilio ondeando banderas de rencor, de aquel sueño francés llamando a la Unión de la América castellana; de dictaduras perfectas, de diálogos unilaterales (que se convierten en monólogos de poder); de intelectuales becados a perpetuidad y del desempleo consentido como parte del plan de los globalifóbicos. 
La ley de la selva 
Nada ha cambiado, usted es el invitado al circo interactivo.
Dice: tengo aquí en la tarjeta que le gusta, antes de comenzar el día, embarrarse la cara con mermelada de fresa (risas cómplices).
Tres mil millones de espectadores observan. Usted se limita a monosílabos. La conductora guía el micrófono entre los pasillos. Un invitado inquiere: Oiga, amigo, de casualidad no es usted el mismo que vio a Elvis en el supermercado hace algunos años? (mas risas). Se defiende como puede.
Su compañero de panel (en el otro extremo del continente, tiene la misma sensibilidad de usted, sólo que prefiere, en lugar de fresa, una mezcla de chorizo con ancas de rana panameñas) le ofrece la tarjeta del médico que lo atiende en una clínica de desintoxicación chilena, de acuerdo a sus necesidades (mas risas).
La conductora: Después de volver del corte tendremos a Eduardo Cienfuegos, cubano, apoya la nueva revolución y demás, se embarra de alfileres llenos de gasolina, sólo en los cabellos de la cabeza. (Aplausos).
El sudor baña su frente. La comunicación del satélite se pierde. El monitor de televisión en su sala lo sorprende con un ruido infernal. Misteriosamente, usted ha dejado de existir.
Al regresar, la conductora pide un minuto de aplausos en recuerdo suyo. Los créditos finales aparecen con sinceridad.
La voz en off concluye: a continuación, su novela favorita, y al terminar, el noticiero de la noche.

AUTOR:  Gerson Gómez es escritor, autor del libro de crónicas urbanas \”Hemisferio de las Estaciones\”
El ISBN del \”Hemisferio de las Estaciones\” es 970-18-3245-0
EL CIRCO DE LAS CRIATURAS MALIGNAS
Para Tony Hernandez y su Gran Silencio

28.- No era un árbol.- Gemma de Suñer (121

Quizá, desde un tiempo anterior a mi nacimiento, el árbol permanecía ahí. Me abracé a su corteza rugosa y trepé con habilidad. Subida en las ramas más altas disfruto de una vista placentera y domino los tejados verde moho de las casas y, más lejos desfigurada por la luz y la distancia, tu silueta triste. Sopla un viento frío que sacude las hojas y me despeina.
El horizonte malva pálido se tiñe de un rosa intenso. Nubes verdes se desprenden de las colinas altas, suben, suben hasta formar una espesa cortina que recuerda el mar. El sol bracea como un niño que intenta librarse de un mal sueño y una inmensa araña teje su red azul para atraparlo.  Despierta armado de cuchillos y abre una rendija entre las nubes. El primer rayo, helado, me quema la mejilla.
Amanece, no hacen falta relojes para contar las horas de la espera. Las sombras que se proyectan allá abajo, sobre el suelo cubierto de hojas secas,  reproducen tu figura. Mi mirada se detiene en la superficie lustrosa de una hoja, se abre camino entre el follaje y descubre un nido, sigue en la dirección inversa de la savia y penetra en la oscuridad de tus raíces.

29.- Miedo a la locura. Blanca Villar (122

Mi miedo a la locura es temer encontrarme sola conmigo misma, cuando dentro de mí existe el caos, la pena o la incertidumbre. Mi miedo es no encontrar en mí, respuestas y no encontrar a nadie en ese momento que me alargue una mano o me acerque su hombro.
Miedo a la locura cuando ésta surge para huir de una realidad que no me gusta. Soledad, incomprensión, desamor entre el mundo y uno mismo.

Miedo de que aunque busque estar loca, como el que se droga, para sentirse bien, luego no pueda controlar los efectos y mi cerebro se niegue a ser como antes. Temor a lo desconocido, a no ser dueña de mis actos, temor a autodestruirme.

Pero todos estos miedos míos y temores, a veces justificados, se mejoran y hasta desaparecen cuando encuentro a un amigo. Entonces mis dudas, mis preocupaciones, se reparten al cincuenta por ciento, la carga ya es menos pesada, más llevadera. Incluso puedo dejarla en el camino y no volver la vista atrás.

Quizás mi miedo no sea a la locura, sino miedo a encontrarme tan sola y confusa que tenga que recurrir a crearme un mundo imaginario donde me resulte grato vivir.

El mundo que me rodea está lleno de caballeros andantes, con la salvedad de que no son idealistas y nobles, como Don Quijote, tan sólo se parecen a él porque llevan coraza, no para salir ilesos de las batallas, como nuestro loco hidalgo, sino para no mostrar debilidades y que nadie las llegue a conocer. Cuantos infelices con coraza, aunque yo me incluya a veces, cuanta hipocresía y diálogos superfluos que no nos llevan a ningún sitio. Vida monótona y fingida que nos aísla aún más, si no buscamos dentro de nosotros mismos, y damos importancia a los valores de verdad: La Solidaridad, El Amor, La Familia, La Amistad, 
¿De qué me sirven mis vanidades si no tengo amor?.

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